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  • Good Will Hunting

    Good Will Hunting

    Por Raúl Álvarez Huerta I Rock & Raul

    Good Will Hunting (Mente indomable, 1997) vino a impactar a los persistentes en el cine de argumento: ese cine que deja mensajes sustanciosos en el cinéfilo, los guarda en su interior, los comparte y, quizá, logra hacerlos parte de su vida, de su filosofía personal. Robin Williams, Matt Damon y Ben Affleck conforman el elenco estelar que da vida a Sean Maguire, Will Hunting y Chuckie Sullivan. Tras su estreno y la obtención de dos premios Óscar, la película apareció en el catálogo de Videocentro. La cinta está basada en un hecho real sucedido justamente en la ciudad donde se ambienta, con locaciones en Boston, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, consideradas por especialistas como las mejores universidades de Estados Unidos, ambas de prestigio académico e investigativo a nivel internacional. En esa misma línea competitiva, el autor resalta la importancia nacional de la UAG (Tecos), la UNAM (Pumas) y el ITESM.

    Mente indomable (1997) relata la historia de un joven reprimido, deprimido y violento; en síntesis, un inadaptado social. Hasta ahí, todo normal, nada trascendente. Salvo por un detalle: Will Hunting posee un coeficiente intelectual de grado superior. Según la famosa gráfica de clasificación del CI, el promedio de 90 a 109 lo tiene el 47% de la población; el resto se distribuye en minorías: de 110 a 119 puntos (inteligencia superior), de 120 a 129 (muy superior) y de 130 a 139 (dotados), apenas un 2.3% de la población. El CI de Will es de 160.

    Para llegar a su trabajo de intendente en el MIT, Will debe atravesar la ciudad. Podría encontrar empleo cerca de su modesta vivienda, pero viaja todos los días en metro para limpiar pisos… y, cuidándose de que nadie lo vea, resolver planteamientos matemáticos aptos solo para mentes brillantes, expuestos en un pizarrón de uso común para que los estudiantes del Tecnológico los intenten resolver, reto complicado para la mayoría. Will los soluciona sin mayor esfuerzo.

    El profesor Gerald Lambeau (Stellan Skarsgård), un académico obsesionado con la fama por encima de valores humanos, lo descubre. Prestigiado catedrático, arenga al alumnado a volverse matemáticos célebres. Pronto percibe las conductas antisociales de Will, pero también la satisfacción de haber encontrado una mente excepcional. Se asume como su tutor. Will acepta las condiciones de tutoría con la garantía de obtener su libertad tras verse involucrado en una pelea callejera. Gerald obtiene un triunfo parcial, pero su descubrimiento necesita terapia: Will es rebelde, no tolera la autoridad, es huérfano y vive solo. El profesor lo canaliza con colegas psicólogos, sin éxito. Will no se deja domar. Queda una última opción: Sean Maguire, especialista en casos espinosos. Tras una primera sesión difícil, Sean acepta el desafío; será el encargado de llevar a buen puerto a su complicado paciente. Siente que puede con esa mente indomable.

    Chuckie Sullivan es su mejor amigo. Trabajan como albañiles, viven para beber cerveza, ver béisbol y practicarlo. Chuckie guarda cosas sobre Will y, cuando se las expresa, el joven matemático se incomoda ante las expectativas que su amigo tiene de él. Chuckie sabe que jamás será un gran estudiante, es consciente de sus limitantes, pero no siente envidia: sabe que Will está parado sobre un billete de lotería y no es capaz de cobrarlo. Desea verlo codeándose con alumnos y egresados en las grandes ligas del conocimiento.

    Skylar (Minnie Driver), su novia, estudia en Harvard y es dueña de una considerable herencia, situación material que no altera sus relaciones personales. Tampoco afecta su noviazgo con un chico de extracción humilde pero dotado de una inteligencia que la atrae, aunque también ve en él otros valores. Lo único que le pide es que la ame y se vayan a vivir juntos a California. Skylar es su alma gemela, una pieza necesaria para completar la terapia de su vida: su coeficiente intelectual es lo de menos.

    Sean y Will entablan una relación de amistad que rebasa el esquema psicólogo-paciente. Gerald está ansioso porque su protegido sea dado de alta, pero ni al psicólogo ni al paciente les importa la prisa: en ambos han nacido expectativas de vida en las que no caben los planes que Gerald tiene para Will. Con todo, la terapia de Sean ha logrado avances. Sean es viudo, pero ha decidido volver al juego del amor; su paciente le ha permitido ver cosas que él mismo no podía —el psicólogo no se cura a sí mismo— y, de paso, ha ayudado a Will a descubrir qué quiere.

    Will Hunting es la mente brillante que resuelve fórmulas imposibles, jugando a las escondidas con las autoridades académicas, alimentando su alter ego al sentirse superior a profesores y alumnos. Con todo su dinero, no podrían hacer lo que él hace por simple pasatiempo. Eso no le importa a Skylar: ella ama a Will, no al joven dotado. Gerald lo quiere para ganar fama internacional; Sean solo desea lo mejor para él; Chuckie, también. Al final, Will toma la mejor decisión: ir a California en busca del amor de Skylar.

  • «Distrito Central» by Juan Antonio Isla

    «Distrito Central» by Juan Antonio Isla

    Countless American college students between the ages of eighteen and twenty-three passed through my classrooms during my more than fifteen years as a Spanish instructor in the United States. Making a quick mental calculation, I can assume there were probably around two thousand young people whom I taught in that time. I had all kinds of students: good, bad, and so-so; most of them of Anglo-Saxon origin, but I also had African American, Asian, Hispanic, and international students in my classes. There were students of every kind—from those who took Spanish only to fulfill an academic requirement to those whose lives were changed by learning a new language. In general, they were all relatively serious students, as it was an expensive university.

    However, despite what is often said in politics or in the media, my experience showed that most American college students ended their courses with a genuine appreciation for the Spanish language and for Hispanic culture in general. Most students chose to continue studying Spanish in higher education after beginning in high school. They started out attracted by the food and ended up falling in love with the culture. Many wanted to keep learning after the course ended and even considered traveling to Latin America or Spain before finishing their university studies.

    Most of my courses focused on teaching the language—from the basics to more complex rules. But in a few of the more advanced classes, I had the opportunity to go beyond grammar and delve into Spanish literature with passages, essays, and short stories by some of the most outstanding contemporary authors. Considering that, for these students, Spanish was their second or third language, the ability to read in a tongue that was not their “mother” language was, naturally, more challenging.

    In my experience, when reading the “great” and the “consecrated,” Federico García Lorca was immediately liked for his frankness and eloquence when we read excerpts from Blood Wedding or The House of Bernarda Alba. Carlos Fuentes resonated deeply with almost everyone—especially with the “heritage speakers” of Latin American background—because his essays often addressed identity, which made them feel immediately represented. The stories of Isabel Allende, Ángeles Mastretta, and Elena Poniatowska were perennial favorites, especially among women, due to their sensitivity, nostalgia, and captivating language. Gabriel García Márquez, though one of the greatest, was challenging for students because of his many colloquialisms and regionalisms. Meanwhile, Vargas Llosa—although extraordinary, in my opinion—was sometimes perceived as a little “pretentious.” However, the short stories of Arturo Pérez-Reverte and Edmundo Paz Soldán were widely enjoyed because they were easy to understand and addressed contemporary issues without delving too deeply into cultural intricacies.

    Despite being more complex, many students found great fascination in Jorge Luis Borges, especially in his laborious narratives and metaphors that invited reflection. “Emma Zunz” was one of their favorite stories. They also found Augusto Monterroso and his micro-stories captivating. By the end of the course, we read Julio Cortázar, which for many students “blew their minds.” For others, Cortázar was simply too complex—difficult to understand and analyze. I don’t blame them; Cortázar’s most important novel, Hopscotch, is still one of the most complex books I have read so far.

    One can read that novel in several ways: following the traditional order from beginning to end, skipping chapters according to Cortázar’s “table of instructions” (reading sequentially from chapters 1 to 56 and dispensing with the rest, or starting at chapter 73 and continuing in the order suggested), or reading in free form, jumping through fragments in different directions.

    Julio Cortázar (1914–1984), Argentine novelist, short-story writer, essayist, and translator—later naturalized French—is one of the most important representatives of the Latin American Boom. He is possibly one of the most innovative and original authors of his time, a master of prose and of the short story. He broke classical molds and inaugurated a new way of writing literature with multiple narrative perspectives that challenged the temporal linearity of traditional fiction. Cortázar became notable for his numerous short stories, collected in volumes such as Bestiary (1951), End of the Game (1956), and The Secret Weapons (1959), establishing himself as one of the greatest storytellers of the twentieth century. His stories often include fantastical or mythical elements; protagonists who begin in ordinary situations but end in strange or terrifying circumstances; and bold jumps in time from one paragraph to the next.

    This summer I was in Querétaro, Mexico, my hometown, to present my first novel, Memorias de Tierra Adentro. At the end of my stay, I had the opportunity to chat with the writer Juan Antonio Isla, who is also originally from Querétaro. Although I had known of him since childhood—through his friendship with my parents and because we are from the same town—I had never had the chance to chat with him in person. Very kindly, he invited me for a cup of coffee and a delicious slice of cake in a lovely café near the striking Querétaro aqueduct. He gifted me two of his books and signed them on the spot—a great honor. I began reading one of them immediately; I read the second upon arriving home in the United States.

    Under the Almond Trees: Prints of Love and Death (Editorial Siglo XXI, 2017) was the first. I enjoyed it immensely because it combined two of my favorite subjects: historical fiction and the city of Querétaro. I read it in two days without stopping. It is a story based on true events about two rival families during the Mexican Revolution. I loved the histories behind the monument to La Corregidora (which I have walked past countless times), the story of the city’s modernization, and the tale of the first car in town. In this book, in my opinion, Juan Antonio Isla establishes himself as a true “Master of the Querétaro Novel.”

    Later, upon returning home, I read his latest book, Central District: A New Model to Assemble (Editorial helvética, 2024). I was fascinated by it. Set in the 1950s, the novel is a circular narrative composed of story fragments arranged in a documentary style in the fictional town of Distrito Central—an allusion to Querétaro. The novel invites the reader to assemble their own version of the story. Some passages are humorous, others raw; many have a strong sexual charge, making it a book for adults (surprising, given its portrayal of a conservative town). Yet all are magnificently narrated. It is difficult to read in one sitting; it must be read slowly, and sometimes reread, to avoid losing the thread.

    Isla’s narrative style reminds me quite a bit of Carlos Fuentes, but the novel’s complexity is more akin to Cortázar, as Isla often embeds stories within stories. This intentional “chaos” is precisely the effect the author seeks. The book is full of characters, and yet each serves a purpose. Central District reminded me of Cortázar’s Hopscotch, where the reader can jump from one part to another, start in the middle or at the end—much like the children’s game of the same name—or like those “Choose Your Own Adventure” books I read in the eighties, but in a far more sophisticated way. A book of this nature is difficult to achieve, and it speaks to an author who is a master of narrative with great experience.

    Distrito Central: Un Nuevo Modelo para Armar
    (Editorial helvética, 2024) ★★★★★
    (Spanish edition)
    The book is available on Amazon.

  • «Hitlaro» by Mariana Perusquía: The New Mexican Gothic

    «Hitlaro» by Mariana Perusquía: The New Mexican Gothic

    By Samanta Echevarría

    As for terror and horror literature, I have always felt identified with Joey Tribbiani in that famous thirteenth episode of season three of the television series Friends, in which Joey (Matt LeBlanc) and Rachel (Jennifer Aniston) exchange their favorite books. In the episode, Joey must read Little Women by Louisa May Alcott, and Rachel, in turn, must read The Shining by Stephen King. What is funny, and what makes the episode memorable, is Joey’s reaction to King’s book: although it is his favorite, the terrifying nature of the story is such that he keeps it stored in the most remote place of his small New York apartment—inside the kitchen freezer—so that the plot can literally “cool down.”

    I read Rachel Green’s favorite book, Little Women, when I was eleven or twelve. I enjoyed it, laughed, and experienced that classic firsthand, and of course I also cried, memorably, like “Mary Magdalene,” just as Joey does in the Friends episode when he discovers that (spoiler) one of the March sisters dies. In contrast, I did not watch the 1980 film The Shining, based on Stephen King’s novel and starring Jack Nicholson, until adulthood, and only because my husband insisted that I should watch this psychological suspense classic. I must confess that I closed my eyes in several scenes, and others, I still cannot get out of my mind.

    So, I have personally never read Stephen King, simply because I know I would react just as Joey Tribbiani does—my copy would probably end up in the freezer. I admit I am too “cowardly” to read King, and that I do not have the stomach for it, even though I recognize his status as the absolute “King” (as his last name suggests) of horror literature and the importance of his many works, now classics of American fiction.

    Despite being a scaredy-cat, I do enjoy police suspense, murder mystery, and Gothic literature. As I did with Alcott’s novel in my adolescence, I devoured the stories of the world’s most famous detectives: in English class, the short stories of Sir Arthur Conan Doyle and his detective Sherlock Holmes, which I read without being able to stop; later, the most famous volumes of Agatha Christie and her detective Hercule Poirot, such as Murder on the Orient Express and Death on the Nile, which continue to captivate me to this day and which I have reread many times; as well as my favorite detective of all, the beloved Tintin, protagonist of the graphic stories by Belgian author Hergé—my daughters’ favorite too.

    Gothic literature, for its part, is a genre that combines elements of horror, mystery, and the supernatural, with intense emotions such as fear and anguish. It emerged in England at the end of the eighteenth century as a response to sentimental Romanticism and is characterized by gloomy settings, plots centered on revenge, death, and family secrets, and the intrusion of the past into the present. Some of the most famous examples include The Castle of Otranto by Horace Walpole, Dracula by Bram Stoker, Frankenstein by Mary Shelley, Wuthering Heights by Emily Brontë, The Picture of Dorian Gray by Oscar Wilde, as well as several stories by Edgar Allan Poe.

    In Mexican literature, the fascination with death and its mysteries—one of the defining features of Mexican identity—has been portrayed with black humor, blurred boundaries between reality and fiction, and touches of magical realism. This makes it difficult for the reader to distinguish between the real and the imagined. Such is the case of Pedro Páramo by Juan Rulfo, or one of my favorite books, Aura by Carlos Fuentes. And I want to emphasize that both books are, in my opinion, absolutely for adult readers, given the controversies the latter has faced in Mexico and its episodes of school censorship. Aura is narrated unusually in the second person and describes the haunting experience of a young student who becomes a French translator in an old house on Donceles Street in Mexico City in the 1960s, where he undergoes a supernatural encounter. This psychological horror novella—mixing fantasy, reality, and the Gothic—is a jewel of Mexican literature.

    Other Mexican authors who have excelled in suspense and horror include Amparo Dávila, known as a master of the genre; Francisco Tario, a classic of the fantastic tale; Bernardo Esquinca, considered one of the leading contemporary authors of horror and crime fiction; and Antonio Malpica, who mixes horror and adventure in works such as Isla de Apocalipsis. Other notable figures include Adela Fernanda, Emiliano González, and Atenea Cruz.

    Latin American horror, more broadly, has often focused on fears rooted in social and political violence—disappearances, coups, inequality. Authors such as Horacio Quiroga, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin (my namesake), and Leopoldo Lugones explore terrors that reflect historical and contemporary traumas.

    As for Mexican Gothic literature written by women, the genre continues to generate interest with new voices. Recently, I watched an interview on social media by host Pepe Cantellano in his program Noches de Lectura, where he spoke with Mexican horror author Sandra Becerril about her new novel El Carnaval del Diablo. Her explanations about her narrative process intrigued me.

    Some years ago, our book club read Mexican Gothic (Penguin, 2020) by Mexican-Canadian author Silvia Moreno-García. I read the English version and found it spectacular—controversies aside—because it combines Gothic tradition with Mexican literature in a powerful way. I loved the cultural references. Set in 1950s Hidalgo, the novel follows a socialite who must rescue her cousin from a remote country mansion inhabited by a peculiar British family. The Spanish translation, however, disappointed me—not because of the story itself, but because it was translated into Peninsular Spanish and not Mexican Spanish. Since the story is set in Pachuca, the “Castilian” expressions felt out of place. A great book with an unfortunate translation choice. Another book in this genre that has been discussed in the United States is The Hacienda by Isabel Cañas, though I have not yet had the chance to read it.

    However, without a doubt, one of the promising new voices in this Mexican Gothic revival is Mariana Perusquía from Querétaro, with her literary debut Hitlaro (Helvética, 2025).

    I had the opportunity to meet Mariana this summer, and it was a pleasant experience. Mariana is not only an excellent journalist, but an even better human being. We connected on social media and exchanged messages about her work as a communicator. We later met in person in Querétaro when she interviewed me for her radio program for the release of my own novel, and she was about to present hers. A novel she had written during her university years and kept for twenty years was finally coming to light. A few days after my interview aired on La Hora Nacional, I attended one of her readings. I finished her novel in just two days.

    Hitlaro is an excellent short novel, with a narrative that moves between the supernatural and the phantasmagorical. It is a blend of Aura, Pedro Páramo, and Mexican Gothic. In her literary debut, Perusquía sets the novel in the fictional town of Hitlaro, weaving a story that fuses Gothic elements with magical realism, immersing the reader in a journey between life, death, and memory. The book explores themes such as guilt, redemption, and the legacy of women who dare to defy fate. It is impeccably crafted, with a strong plot and rhythm. It hooked me from beginning to end. I was left wanting more.

    Mariana Perusquía holds a degree in Communication and Journalism and a master’s degree in Contemporary Literature. A well-regarded journalist in Querétaro, she is a producer and host at Radio y Televisión Querétaro (RTQ), where she leads the morning newscast. Recognized for her work, she received the 2023 State Journalism Award. Her experience and professionalism position her as an influential voice in Querétaro’s media landscape.

    Her novel Hitlaro is available on Amazon.

    Hitlaro *****.

  • «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    Por Samanta Echevarría

    En lo que respecta a la literatura de terror y horror, siempre me he sentido identificada con el personaje de Joey Tribbiani, en aquel famoso episodio trece de la temporada tres de la popular serie de televisión Friends de mi juventud; en el cual Joey (Matt LeBlanc) y Rachel (Jennifer Aniston) intercambian sus libros favoritos. Él debía leer Mujercitas, de Louisa May Alcott, y ella, a su vez, El resplandor, de Stephen King. Lo gracioso, y lo que hace memorable el episodio, es la reacción de Joey al libro de King: aunque sea su favorito, debido a lo espeluznante de la historia, lo guarda en el lugar más recóndito de su pequeño apartamento neoyorquino, dentro del congelador de la cocina, para que, literalmente, se «enfríe» la trama del terrorífico libro.

    Leí Mujercitas, el libro favorito de Rachel Green, cuando tenía once o doce años; gocé, reí y viví en carne propia esta historia clásica, y, por supuesto, también lloré como una «Magdalena», así como Joey lo hizo en el episodio al enterarse de que (spoiler) una de las hermanas March muere. Por el contrario, vi la película de El resplandor (1980), basada en el libro de King y protagonizada por Jack Nicholson, ya en mi edad adulta, debido a la insistencia de mi esposo al enterarse de que nunca la había visto. Debo confesar que cerré los ojos en algunas escenas, y otras aún siguen marcadas en mi memoria. Así que, personalmente, nunca he leído a Stephen King. Estoy segura de que tendría exactamente la misma reacción que Joey, y mi ejemplar terminaría dentro del congelador. Admito que soy demasiado «cobarde» para leer a King, y que no tengo las agallas ni el estómago para digerirlo, aunque soy consciente de su estatus como el «Rey» absoluto de la literatura de terror, y de sus numerosos libros, hoy convertidos en clásicos, que lo han elevado a un lugar privilegiado en la ficción estadounidense.

    Dicho lo anterior, el suspenso policiaco y el murder mystery, por el contrario, siempre me han atraído, al igual que la literatura gótica. Al igual que Alcott, me devoré en mi adolescencia las historias de los detectives más famosos del mundo: en la clase de inglés, los relatos cortos de Sir Arthur Conan Doyle y su detective Sherlock Holmes, que leí de principio a fin sin poder detenerme; más adelante, los volúmenes más célebres de Agatha Christie y su detective Hercule Poirot, como Muerte en el Orient Express y Muerte en el Nilo, historias que me siguen fascinando aún hoy y que he releído varias veces; así como mi detective favorito de todos, el popular Tintín, protagonista de las historietas del autor belga Hergé. Favorito también de mis hijas.

    La literatura gótica, por su parte, es un género que combina elementos de terror, misterio y lo sobrenatural, con emociones intensas como el miedo y la angustia. Surgió en Inglaterra a finales del siglo XVIII como respuesta al sentimentalismo del Romanticismo. Se caracteriza por ambientaciones lúgubres, tramas que exploran temas como la venganza, la muerte y los secretos familiares, y la intrusión del pasado en el presente. Algunos de los ejemplos más famosos son: El castillo de Otranto de Horace Walpole —obra fundacional del género—, Drácula de Bram Stoker, Frankenstein de Mary Shelley, Cumbres borrascosas de Emily Brontë, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, así como varios relatos de Edgar Allan Poe.

    En México, la fascinación por la muerte como rasgo identitario se ha expresado en la literatura a través del humor negro, el realismo mágico y la mezcla constante entre realidad y fantasía. Tal es el caso de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, o Aura, de Carlos Fuentes —libro que considero una joya del terror psicológico y lo gótico, aunque reitero que, a mi parecer, ambos textos son para lectores adultos—.

    Otros escritores mexicanos destacados en el género del suspenso y el terror son Amparo Dávila, Francisco Tario, Bernardo Esquinca y Antonio Malpica; mientras que, en América Latina, la literatura de terror contemporánea se ha nutrido de los miedos sociales y políticos de la región: desapariciones, violencia y desigualdad. Autores como Horacio Quiroga, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Leopoldo Lugones han explorado estos temas desde distintas perspectivas.

    En cuanto al gótico mexicano escrito por mujeres, este género sigue renovándose. Hace poco vi con interés la entrevista que Pepe Cantellano hizo a la escritora Sandra Becerril en su programa Noches de Lectura, con motivo de su nueva novela El carnaval diabólico, y me dejó un grato sabor de boca al escucharla hablar de su proceso creativo.

    De igual manera, hace un par de años leímos en el club de lectura Mexican Gothic (Penguin, 2020), de Silvia Moreno-García. Leí la versión en inglés y me pareció un libro espectacular, pues logra una mezcla notable entre lo gótico y la cultura mexicana. Sin embargo, la traducción al castellano peninsular me decepcionó, pues al estar ubicada la historia en Hidalgo, las expresiones españolas resultan poco convincentes para ese contexto. Otro título reciente dentro de este mismo espectro es The Hacienda, de Isabel Cañas, aunque aún no he tenido oportunidad de leerlo.

    Pero, sin duda, una de las nuevas exponentes del gótico mexicano es la queretana Mariana Perusquía con su novela Hitlaro (Helvética, 2025).

    Tuve la oportunidad de conocer a Mariana este verano. No sólo es una excelente periodista, sino una gran persona. Después de conversar por redes sociales y mensajes, finalmente nos conocimos en Querétaro, pues tuvo la gentileza de entrevistarme para su programa de radio con motivo de la presentación de mi novela, mientras ella también estaba por presentar la suya. Hitlaro fue escrita en sus años universitarios y guardada durante veinte años, hasta que finalmente salió a la luz.

    Unos días después asistí a una de sus presentaciones. Leí la novela en dos días, de un solo tirón.

    Hitlaro es una excelente novela corta. Con una narrativa entre lo sobrenatural y lo fantasmagórico, combina Aura, Pedro Páramo y Mexican Gothic. Ambientada en un pueblo ficticio, entrelaza una historia que fusiona lo gótico con el realismo mágico, atrapando al lector en un viaje entre la vida, la muerte y la memoria. Explora la culpa, la redención y el legado de las mujeres que desafían el destino. Con buena trama, ritmo y una atmósfera poderosa, me enganchó de principio a fin. Me quedé con ganas de más.

    Mariana Perusquía es licenciada en Comunicación y Periodismo, y maestra en Literatura Contemporánea. Destacada periodista queretana, es productora y locutora en Radio y Televisión Querétaro (RTQ), donde lidera el noticiero matutino. Ganadora del Premio Estatal de Periodismo 2023, es una voz influyente en los medios locales.

    Su novela Hitlaro está disponible en Amazon.

    Hitlaro ★★★★★

  • «El guardián de mi hermano» de Daniel Vázquez

    «El guardián de mi hermano» de Daniel Vázquez

    Por Rafael Volta

    La vanguardia nace de la tradición

    Llama la atención que un poeta joven como Daniel Vázquez, nacido en 1997, apueste en su primer libro por revisar el mito de Caín y Abel cuando la mayoría de los poetas de su generación abordan otros temas relacionados con la cultura digital, lo pop y la inteligencia artificial. Podría sonar a una escritura anquilosada, donde no hay nada nuevo que decir sobre el capítulo 4 del Génesis, más allá de las clases de catecismo. No habría nada que decir cuando un escritor no ha interiorizado profundamente un tema. Pero más allá de las creencias o vida personal del autor, destaca justamente la profunda interiorización del mito, que le ha permitido a Daniel Vázquez construir cinco yoes líricos verosímiles y poderosos: Abel, Adán-Eva, Dios y Caín.

    El poeta ruso Vladímir Mayakovski decía en Cómo hacer versos que «el poeta debe colocarse a la vanguardia de su clase, en todos los frentes, y que solo la elaboración técnica hace a los poetas diferentes; sólo el perfeccionamiento, la acumulación y la variedad de procedimientos crean al escritor profesional».

    El guardián de mi hermano contiene una variedad de epígrafes para introducir cada una de las cuatro secciones del libro. Incluso la cantante Beyoncé se cuela juguetonamente para introducir a Dios. La vanguardia no es negar la tradición, sino aprenderla, intervenirla, aportarle algo, ampliarla y pasarla a la siguiente generación. Al abrir el libro, lo primero que llama la atención, desde su índice, es el uso elegante de los espacios en la página en blanco. Visualmente, es el mejor libro de poesía editado por Letra Capital –la editorial del Municipio de Querétaro fundada por Carlos Campos y ahora gestionada por Margarita Ladrón de Guevara–, cuyo único defecto sigue siendo el minúsculo tamaño de su fuente, discriminatorio de las capacidades visuales del lector.

    El buen gusto del poeta, junto con la edición a cargo de César Báez, vuelve significativos los silencios y espacios de la página en blanco al justificar por la izquierda la voz de Abel, justificar al centro las voces de los padres (Adán, Eva y Dios) y justificar a la derecha la voz de Caín.

    Asimismo, los versos dísticos en las secciones de Caín y Abel muestran esa dualidad de la que habla José Saramago en uno de los epígrafes: “Nadie es una sola persona, tú, Caín, eres también Abel”. El libro nos hace viajar en el tiempo y en el espacio para asistir como testigos a la escena bíblica, escuchando la voz interior de los hermanos, de los padres y del propio Dios.

    El yo lírico de Dios

    Lo que distingue a los buenos poetas de los malos es conocer la diferencia entre el yo del autor y el yo lírico en el poema: ignorancia que aparece con frecuencia en escritores publicados con poca formación, incapaces de distinguir el plano literario del plano real. Esta torpeza incluso provoca, en algunos «poetas», delirios de persecución. Daniel Vázquez, con una madurez literaria notable, logra algo dificilísimo, incluso para bardos aguascalenteños laureados: crear y diferenciar las voces entre los hermanos, los padres y, sobre todo, la voz de Dios.

    A continuación, algunos fragmentos de la voz de Abel, retratado como un pastor místico y observador, que ama profundamente a su hermano y nos muestra que el verdadero celo de Caín es que Abel dialoga con el Creador:

    ABEL

    Nadie ha escrito aún que la muerte
    es la boca de las piedras

    Caín podría florecer el desierto

    ¿A qué suena su voz?
    Preguntó un día en la cocina
    después de las ofrendas

    A muerte aplacada
    trueno sobre la montaña
    colisión entre estrellas

    Por su parte, las voces de Adán y Eva muestran, por un lado, el cuidado maternal y, por el otro, la preocupación terrenal y patriarcal de un Adán desterrado y condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente:

    LIMEN: ADÁN Y EVA

    Eva:

    Pero llegó Caín
    y lo hizo todo sencillo: el sol salía
    y se volvía a esconder
    Las flores crecían entre sus pies

    Adán:

    Creí que sería más sencillo
    tener solamente hijos varones

    Creí que sería más sencillo
    solo tendría que enseñarles
    a arar el campo
    a degollar los corderos

    Criar una mujer es más difícil
    tienes que enseñarles a apuntar
    tienes que enseñarles a disparar.


    Qué clase de padre
    abandona a su hijo en manos de Dios.

    Un lector despistado podría acusar estos versos de misoginia o ingratitud religiosa, pero aquí no habla Daniel Vázquez sino el yo lírico de Adán. La línea es delgada, como delgada es la línea entre cordura y locura, entre sueño y vigilia, entre verdad y posverdad.

    El mayor hallazgo del libro es renovar la voz de Yahvé: una voz bíblica presente en Génesis, Éxodo y los profetas. El guardián de mi hermano muestra a un Dios juguetón y caótico, que se interpela a sí mismo, repitiéndose como quien sabe que lo sabe todo. Un Dios adaptado a la época aceleracionista y algorítmica del siglo XXI. Dios hecho a nuestra semejanza. ¿O al revés?

    […]

    El guardián de mi hermano expande el capítulo 4 del Génesis, casi en su totalidad diegético, hacia una mímesis que nos hace sentir el interior de los personajes. Incluso podría representarse en un no-lugar, como un invernadero abandonado o debajo de un puente en ruinas, como pieza posdramática. A pesar de ser un libro de debut, logra unidad en su composición, resignifica y actualiza un mito, entiende la pausa versal en la poesía contemporánea, y sobre todo, construye una diversidad de yoes líricos dentro de un pequeño universo suspendido en el tiempo.

    Daniel Vázquez (2025). El guardián de mi hermano. Editorial Letra Capital. 67 páginas.

  • Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos

    Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos

    By Samanta Echevarría

    The charm of Querétaro as a jewel of Mexican baroque architecture is undeniable. Its streets, fountains, and pink quarry buildings, as well as its temples and altarpieces adorned in the Churrigueresque style, make this colonial city one of the most beautiful in Mexico. I grew up there. However, its importance has not lain in its beauty itself, but in its location. Historically, it has been a strategic point within the territory of what is now Mexico. Precisely because it is located in the heart of the country, Querétaro has been a crossroads of paths and encounters. Since the viceregal period, it functioned as a crucial point for the trade and supply of New Spain, and by the eighteenth century, it was considered the third most important city in Latin America, after Lima (Peru) and Mexico City.

    This strategic location made Querétaro the scene of important historical feats: it was the cradle of Mexico’s independence, the center of its conspiracy, and a key site for the beginning of the armed struggle. Later, it witnessed the end of the Second Empire with the trial and execution of Maximilian of Habsburg. In the twentieth century, it became the headquarters of the Constituent Congress that signed the Mexican Constitution of 1917.

    Rodrigo Romero, researcher and PhD in History from the Faculty of Philosophy and Letters at UNAM, points out that, since its beginnings, the historical feats of the Mexican state have been the subject of study and numerous interpretations. Mexican historiography evolved from post-independence chronicles and pamphlets to monographic approaches to the epic and heroic deeds that served as the foundation for consolidating Mexican national identity.

    The foundations of Mexico’s history have been laid by numerous researchers, ranging from The History of the Revolution of New Spain by Servando Teresa de Mier (London, 1813), to Mexico through the Centuries by Julio Zárate; from Historical Picture of the Mexican Revolution by Carlos María de Bustamante, to Historical Essay of the Revolutions of Mexico by Lorenzo de Zavala; from Mexico and Its Revolutions by José María Luis Mora, to History of Mexico by Lucas Alamán, and the works of Justo Sierra and José Vasconcelos, to mention just a few.

    However, as time has passed, Mexican historiography has evolved from a vision centered on “the people versus the foreign power” to a broader understanding of these armed movements—one that includes more complex social, economic, regional, and international factors, as well as the participation of many figures about whom we still know little.

    Romero affirms that although earlier efforts had appeared in the past, it is likely that the 1953 publication commemorating the bicentennial of Miguel Hidalgo’s birth—The Revolution of Independence by Luis Villoro—marked the beginning of this new historiography. Yet it was not until later, in the 1990s and especially after 2010 with the bicentennial of Mexican Independence, that researchers began to rethink Mexico’s national history.

    One of these new voices is undoubtedly that of Jesús Reyes Bustos (b. 1972), an anthropologist from the Autonomous University of Querétaro, who, although originally from Mexico City, has deep roots in Querétaro. Reyes Bustos has gone beyond historical research; he explains that he has dedicated himself to writing historical novels in order to “take science out of the archives, the academy, and the technical terms, with the intention of disseminating it and making it more accessible to readers and to society in general.”

    In 2011, he independently published his first novel, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), which earned him Mexico’s National Award for Historical Novel in 2010. The novel explores the extraordinary life of Epigmenio González, who, upon joining the Querétaro conspiracy at the beginning of Mexico’s Independence, was one of the first insurgents apprehended by Spanish royalist authorities—and also one of the last revolutionary leaders to be released by the Spanish Empire, even after the consummation of Independence. After having spent more than 25 years imprisoned in the Philippines, and several more in the fortress of San Juan de Ulúa in Veracruz, he managed to return to Mexico and died peacefully in his bed in 1858.

    I came across the wonderful work of Jesús Reyes Bustos while researching my own novel Memorias de Tierra Adentro. I was immediately captivated by his novel Circunstancias. Later, with the publication of my book, our paths crossed, and Reyes Bustos and I have kept in touch through social media and text messages.

    In a halting telephone conversation from Mazunte, Oaxaca—his current residence—he tells me, “I’m in paradise, but with little internet signal.” He explains that his novel Circunstancias arose from the enormous amount of information he gathered during his doctoral thesis. “I didn’t want the life of Epigmenio González—this extraordinary man who suffered so much for Mexico—to be reduced to my PhD thesis and then re-archived. I thought this amazing Queretano deserved recognition from society. I decided to novelize my academic research to make his story known. Because he wasn’t an Allende or a Hidalgo, his extraordinary story of survival was left aside and forgotten by national history. During the cultural movement of Juárez and the liberals at the end of the nineteenth century, when the Mexican nation-state was being built, Epigmenio González was still miraculously alive in Guadalajara, and his story didn’t fit into the ‘Civic Calendar of Saints’ of patriotic heroes. He never received the recognition he deserved.”

    Reyes Bustos has published two more novels. In 2013, he presented La Quimera Imperial at the Center of the Arts of Querétaro (formerly the Convent of Santa Rosa de Viterbo). Its premise revolves around “Operation Peacock,” a plan to bring Moctezuma’s Plume from Austria to Mexico in exchange for Maximilian of Habsburg’s carriage, which is housed in Chapultepec Castle. In this second work of historical fiction—part detective story—Reyes Bustos moves away from academic language and integrates elements of suspense into his plot.

    In his third novel, De esas Sombras Frente al Puerto (2018), Reyes Bustos returns to Querétaro as the setting. He employs the racconto (a narrative device in which a story is told retrospectively) to develop a plot set during the Constituent Congress of Querétaro in 1917 and the days preceding the assassination of Venustiano Carranza. The story unfolds amid the intrigues of the congressmen in the Iturbide Theater (today the Theater of the Republic) and the Cantina El Puerto de Mazatlán, where the new Mexican constitution was being shaped.

    All three novels are extraordinary. I highly recommend reading his work. Jesús Reyes Bustos continues to write, driven by the intention of giving Epigmenio González the place he deserves in Mexico’s national history.

    Reyes Bustos won Mexico’s National Award for Historical Fiction (2010) for his novel Circunstancias and has received other distinctions: First Place in University Short Story (UAQ, 2003); First Place in Short Story (Conaculta, Gómez Morin, 2005); and Honorable Mention in the Spanish-language category of Letras Nómadas (Tulsa, Oklahoma, 2007). He has also been a columnist for El Universal Querétaro and the Sunday supplement Barroco of Diario de Querétaro. He currently resides by the beach in Oaxaca.

    Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos ***** (Spanish edition)

  • Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Por Samanta Echevarría

    El encanto de Querétaro como joya del barroco mexicano es innegable: sus calles, fuentes y edificios de cantera rosa, así como sus templos y retablos adornados al estilo churrigueresco, hacen de esta ciudad colonial una de las más bellas de México. Allí crecí. Sin embargo, su importancia no ha radicado en su belleza, sino en su ubicación. Históricamente ha sido un punto estratégico dentro del territorio de lo que hoy es México. Precisamente por estar situada en el corazón del país, Querétaro ha sido un cruce de caminos y de encuentros. Desde el virreinato funcionó como un punto crucial en la comercialización y el abastecimiento de la Nueva España, y ya para el siglo XVIII era considerada la tercera ciudad más importante de América Latina, después de Lima, Perú, y de la Ciudad de México.

    Esta ubicación estratégica llevó a Querétaro a ser escenario de importantes gestas históricas: fue cuna de la Independencia de México, centro de su conspiración y lugar clave para el inicio de la lucha armada. Más tarde, sería escenario del fin del Segundo Imperio, con el juicio y fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. En el siglo XX se convirtió en la sede del Congreso Constituyente que promulgó la Constitución de 1917.

    Señala Rodrigo Romero, investigador y doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que desde sus inicios las hazañas históricas del Estado mexicano han sido motivo de estudio y de numerosas interpretaciones. La historiografía nacional evolucionó desde las crónicas y panfletos postindependentistas hasta los acercamientos monográficos de la gesta épica y heroica que sirvieron de base para consolidar la identidad nacional.

    Han sentado las bases de la historia de México numerosos investigadores, desde La historia de la Revolución de la Nueva España de Servando Teresa de Mier, publicada en Londres en 1813, hasta México a través de los siglos de Julio Zárate, pasando por Cuadro histórico de la Revolución Mexicana de Carlos María de Bustamante, el Ensayo histórico de las revoluciones de México de Lorenzo de Zavala, México y sus revoluciones de José María Luis Mora, la Historia de Méjico de Lucas Alamán, o los textos de Justo Sierra y José Vasconcelos, por mencionar sólo algunos nombres.

    Sin embargo, a medida que ha avanzado el tiempo, la historiografía mexicana ha evolucionado desde una visión centrada en el pueblo y la lucha contra el poder extranjero hacia una comprensión más amplia de los movimientos armados, que incluye factores sociales, económicos, regionales e internacionales más complejos, así como la participación de un cúmulo de personajes que aún desconocemos.

    Romero indica que, si bien aparecieron esfuerzos previos, es probable que la publicación de 1953 con motivo del bicentenario del nacimiento de Miguel Hidalgo —La Revolución de Independencia de Luis Villoro— marque el inicio de esta nueva historiografía. No obstante, no fue sino hasta los años noventa, y sobre todo a partir de 2010 con motivo del bicentenario de la Independencia, cuando los investigadores comenzaron a replantearse la Historia Nacional.

    Una de esas nuevas voces es, sin duda, la de Jesús Reyes Bustos (1972), antropólogo por la Universidad Autónoma de Querétaro, quien, aunque originario de la Ciudad de México, tiene profundas raíces queretanas. Reyes Bustos ha ido más allá de la investigación histórica; explica que se ha dedicado a escribir novela histórica para «sacar la ciencia de los archivos, de la academia y de los términos técnicos, con la intención de divulgarla y hacerla más accesible al lector y a la sociedad».

    En 2011 publicó de forma independiente su primera novela, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), que le valió el Premio Nacional de Novela Histórica 2010. La obra explora la extraordinaria vida de Epigmenio González, quien, al integrarse a la conspiración de Querétaro en los inicios de la Independencia, se convierte en el primer insurgente aprehendido por las autoridades realistas, pero también en uno de los últimos personajes revolucionarios liberados por el Imperio español. Aun después de la consumación de la Independencia, pasó más de 25 años en prisión —en Filipinas y posteriormente en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz—. Logró regresar a México y murió en su cama en 1858.

    Me encontré con la magnífica obra de Jesús Reyes Bustos durante la investigación de mi propia novela Memorias de Tierra Adentro, y quedé encantada con Circunstancias: inmediatamente me cautivó. Más adelante, con la publicación de mi libro, nuestras historias se cruzaron y hemos mantenido comunicación a través de redes sociales y mensajes de texto.

    El autor me explicó, en una conversación telefónica entrecortada desde Mazunte, Oaxaca —su actual residencia—: «Estoy en el paraíso, pero con poca señal de internet». Me contó que su novela Circunstancias surgió a partir de la enorme cantidad de información obtenida durante su tesis doctoral:

    «Yo no deseaba que la vida de Epigmenio González —este personaje que sufrió mucho por México— se quedara reducida a mi tesis y vuelta a archivar. Pensaba que este extraordinario queretano debía tener el reconocimiento que merece de la sociedad. Decidí novelar el libro académico para dar a conocer su historia, ya que, por no tratarse de un Allende o un Hidalgo, su extraordinaria historia de supervivencia quedó de lado y olvidada por la Historia Nacional. Durante el movimiento cultural de Juárez y los liberales, a finales del siglo XIX, al construir el Estado nacional, Epigmenio González seguía aún milagrosamente vivo en Guadalajara, y su historia no cupo en el ‘santoral cívico’ de los héroes patrios. No se le dio el reconocimiento que debía», explica.

    Reyes Bustos tiene dos novelas más. En 2013 presentó, en el Centro de las Artes de Querétaro (exconvento de Santa Rosa de Viterbo), su segunda novela: La quimera imperial, cuya premisa gira en torno a La operación Pavorreal, un plan para traer a México el Penacho de Moctezuma, que se encuentra en Austria, a cambio de la carroza de Maximiliano, localizada en el Castillo de Chapultepec. En esta segunda entrega, de ficción histórica y corte policiaco, Reyes Bustos deja de lado el lenguaje académico para integrar elementos de suspenso en su trama.

    En su tercera obra, De aquellas sombras frente al puerto (2018), Reyes Bustos retoma nuevamente a Querétaro como escenario. Utiliza el raccourci —un atajo o aceleración en la narrativa, a menudo para saltar el tiempo o el desarrollo de ciertos eventos. Puede manifestarse como un salto temporal para mostrar la madurez de un personaje o como una elipsis para omitir detalles innecesarios y concentrarse en lo esencial. En algunos casos, puede referirse a la aceleración del conflicto de un personaje— para desarrollar su trama en el marco del Congreso Constituyente de Querétaro de 1917 y los días previos al asesinato de Venustiano Carranza. El Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) y la cantina El Puerto de Mazatlán sirven de escenario a las intrigas de los diputados constituyentes al proponer la nueva Constitución de México.

    Las tres novelas son extraordinarias. Recomiendo ampliamente leer su obra. Jesús Reyes Bustos se encuentra trabajando en una nueva novela y mantiene la intención de seguir dándole relevancia a Epigmenio González dentro de la Historia Nacional.

    Reyes Bustos obtuvo el Premio Nacional de Novela Histórica (2010) por Circunstancias, y ha sido galardonado con otros reconocimientos: Primer Lugar en el Cuento Universitario (UAQ, 2003); Primer Lugar en Cuento (CONACULTA, Gómez Morin, 2005); Mención Honorífica en Cuento Breve en Español “Letras Nómadas” (Tulsa, Oklahoma, 2007). Además, ha sido columnista en el periódico El Universal Querétaro y en el suplemento dominical Barroco del Diario de Querétaro. Actualmente reside junto al mar, en Oaxaca.

    ★★★★★ Epigmenio González. Circunstancias —Jesús Reyes Bustos

  • Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Por Samanta Echevarría

    Amor Towles se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Lo descubrí por casualidad, en una cápsula televisiva sobre él y su obra, transmitida en el programa norteamericano CBS Sunday Morning, un espacio que aborda temas de noticias, política, cultura, arte y eventos históricos, enfocado a un público más culto.

    Originario de Boston, Towles tenía un contrato para enseñar inglés durante dos años en China, tras graduarse de la Universidad de Yale en 1989. Sin embargo, el proyecto fue cancelado abruptamente por las protestas en la Plaza de Tiananmén. Decepcionado, comenzó a trabajar en una firma financiera en Nueva York, oficio que desempeñó por más de veinte años. Aunque siempre le había gustado la literatura y había escrito algunos relatos, Towles empezó a escribir de manera formal a partir de los cuarenta años, y lo ha hecho de forma extraordinaria.

    Intrigada por este nuevo autor, compré uno de sus libros, A Gentleman in Moscow (Un caballero en Moscú, Salamandra, 2016). En aquel entonces no podía imaginar la joya literaria que acababa de adquirir: una verdadera obra de arte, una historia magnífica, extraordinariamente escrita, con un cúmulo de emociones de principio a fin.

    El libro inicia al final de la Revolución rusa, cuando un conde aristocrático es juzgado por un tribunal bolchevique y condenado al paredón por su condición de noble, considerada enemiga del nuevo régimen. Sin embargo, un poema atribuido a su autoría —que exaltaba la revolución— lo salva de la muerte. El conde es puesto bajo arresto domiciliario en el Hotel Metropol, en el centro de Moscú.
    La novela transcurre a lo largo de los dieciséis años que el conde pasa confinado en el hotel bajo el régimen soviético, sabiendo que, si se asoma siquiera a la puerta, será ejecutado. Este libro se ha convertido en uno de mis favoritos, por lo que tengo muchas ganas de ver la serie de televisión recientemente estrenada, protagonizada por Ewan McGregor.

    En 2023, en el club de lectura, leímos otro de sus libros: The Lincoln Highway (Penguin, 2023). Towles no decepcionó. También se trata de una obra espectacular. Ambientada en 1953, narra el viaje por carretera que emprenden varios jóvenes al escapar de un centro de detención juvenil, intentando llegar a California a través de la histórica carretera que cruza los Estados Unidos de este a oeste.
    Muchas de las integrantes del club coincidieron en que este es uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos años. La historia explora la naturaleza de la juventud —su impredecibilidad y espíritu de rebeldía—, pero también los desvíos de la vida, las segundas oportunidades y la redención. El final de este libro es, simplemente, espectacular.

    Al final de este verano leí A Table for Two (Viking, 2024), también de Towles, una colección de seis relatos cortos escritos con ingenio, humor y sofisticación. El primero de ellos, y el que más me gustó, al igual que Un caballero en Moscú, se sitúa en la era soviética. Es evidente la profunda influencia que la literatura rusa, y en particular Fiódor Dostoievski, ejercen en la obra de Towles. En sus textos aparecen citas de Los hermanos Karamázov y guiños a Crimen y castigo, así como discusiones entre sus personajes y los grandes escritores de la llamada “Edad de Oro” de la literatura rusa del siglo XIX: Aleksandr Pushkin y León Tolstói. Novelistas que, al igual que Towles, abordan temas como la moralidad, el sufrimiento y la complejidad del ser humano, a través de personajes que enfrentan conflictos existenciales, luchas de clase y tensiones políticas.

    Este verano tuve la fortuna de conocer y charlar en Querétaro —mi ciudad natal— con Maurick Ilich, seudónimo de Óscar Mauricio Sosa, escritor y presidente del Consejo Literario de Querétaro. Aunque originario de la Ciudad de México, lleva muchos años viviendo aquí. Me llamó la atención su nombre, y me pregunté si sería una referencia a la literatura rusa y a León Tolstói. La muerte de Iván Ilich es, sin duda, una de las obras más profundas y conmovedoras de Tolstói, una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. La novela narra los últimos meses de Iván Ilich, un juez del sistema zarista ruso, quien, al enfrentarse a una enfermedad terminal, se ve obligado a mirar su existencia con nuevos ojos.

    Ilich (el autor, no el juez zarista) me entrevistó para su programa de radio y pódcast En pos de la palabra, transmitido en redes sociales y en Spotify, acerca de mi libro Memorias de Tierra Adentro. La charla, que duró más de dos horas —y pudo haber durado dos más—, fue increíblemente amena y profunda. Me impresionó no sólo la capacidad de retención de Ilich, sino también su análisis y su agudeza lectora. A mi parecer, Maurick Ilich realiza un trabajo admirable al apoyar y dar visibilidad a escritores independientes a través de entrevistas razonadas, profundas y bien estructuradas.

    Para retribuir el gesto, decidí leer su obra. Compré en Querétaro su más reciente libro, Andares Literarios (El Desvelo, 2024), un pequeño volumen compuesto por nueve relatos cortos.

    En Andares Literarios, Maurick Ilich nos traslada a su niñez en la Ciudad de México de los años ochenta: a las historias de los barrios, la familia y lo cotidiano. Sus relatos evocan la nostalgia del ayer mediante un lenguaje común, cercano, a veces pintoresco y del arrabal, lo que los vuelve profundamente identificables. También aparecen las caminatas por las calles, los mercados, los tianguis, las cascaritas de futbol, la hora de la comida y la vida de barrio que, aunque ocurre en la inmensa urbe capitalina, parece transcurrir en un pequeño pueblo de provincia.

    Los relatos de Maurick Ilich reflexionan sobre la memoria y el paso del tiempo; y, al igual que su homónimo, Iván Ilich, el juez zarista de Tolstói, el autor se pregunta también por su propia existencia.

    Andares Literarios (El Desvelo, 2024) ★★★★★

    Para escuchar las entrevistas de Maurick Ilich, visita En Pos de la Palabra Podcast:
    🔗 https://open.spotify.com/show/15GP6QSjDYD225G31bEecm

  • Aquí no es así

    Aquí no es así

    Por Raúl Álvarez Huerta / Rock & Raul

    El nervio del volcán fue el trabajo discográfico cumbre de Caifanes, la banda de rock liderada por Saúl Hernández en la voz principal, guitarra rítmica y letrista del grupo. Lo acompañaban Alfonso André en las percusiones (Sabo Romo y Diego Herrera habían dejado la banda antes de la creación del disco), Federico Fong en el bajo principal (Stuart Hamm colaboró con el bajo fretless en «Quisiera ser alcohol») y Alejandro Marcovich en la guitarra líder, eléctrica y acústica.
    De este último disco de Caifanes se desprende «Aquí no es así», la rola que hoy nos ocupa, donde Cecilia Toussaint acompaña con los coros de manera magistral y mística. Sobresalen la guitarra de Marcovich y los tambores de André.

    «Aquí no es así» es una canción bien elaborada, con matices que la hacen única en su género por el contexto histórico y prehispánico en el cual fue escrita. Es, a la vez, un viaje con retorno a la llegada de los españoles al Valle de Anáhuac. La canción está cubierta de metáforas y glosas que la convierten, por su propia virtud, en un legado musical que data de 1994: el paradójico año que fue crucial para los mexicanos por razones sociales y políticas, el año en que los naturales del país habían vuelto a ser tema.

    El fraseo de la rola provoca que los escuchas —y no necesariamente los fans de Caifanes o Jaguares— vuelvan a oírla una y otra vez. «Aquí no es así» es la visión antropológica de Saúl Hernández justo cuando Caifanes era la banda mexicana que gran parte de Latinoamérica veneraba: el sueño de Simón Bolívar unido por una banda de rock. Eran los años noventa, y desde Tijuana, Baja California —donde comienza la patria— hasta la Patagonia y la Tierra del Fuego, el disco compacto El nervio del volcán era idolatrado como se merece en el mundo hispánico y allende sus fronteras.

    «Aquí no es así» nos invita a leer la historia de México en su origen prehispánico, teniendo como referentes tres extraordinarios textos: La conquista de México de Hugh Thomas; Hernán Cortés (Inventor de México) de Juan Miralles; y Hernán Cortés de José Luis Martínez.
    De los libros citados, es obligado remontarnos a la llegada del conquistador español venido de Extremadura, cuando comienza su largo peregrinar hacia la tierra prometida: el camino a la Gran Tenochtitlan.

    Vienes caminando y no sabes tu destino, conquistando sueños sueñas llegar a ser deidad.

    Un hidalgo de Medellín en lugares extraños. Sus aliados —los enemigos del tributo azteca-mexica— son sus mejores amigos y enemigos de Moctezuma II.

    Sigues caminando sobre viejos territorios, ignorando fuerzas que jamás entenderás.

    Pero Hernán Cortés es un guerrero medieval en cabalgadura ecuestre, iconoclasta de tradiciones ancestrales. Mucho antes de llegar a la calzada de Iztapalapa, él lo sabe, lo intuye, cuando en Cozumel destruye un templo sagrado de los mayas:

    Ignorando sagrados ritos, pisoteando sabios templos de amor espiritual.

    La mítica fecha del 8 de noviembre de 1519 parece ser el referente final de la rola caifanesca:

    Vienes caminando y no sabes tu destino, conquistando sueños sueñas llegar a ser deidad.

    Para Moctezuma, él es… él es Quetzalcóatl.

    En el Templo Mayor y tratado como un distinguido huésped, Hernán Cortés contempla la capital azteca soñando que esa ciudad será suya. Sin embargo, las creencias de sus anfitriones lo tienen desconcertado.

    Sigues caminando sobre viejos territorios, ignorando fuerzas que jamás entenderás.

    Ha viajado miles de kilómetros deseoso de mandarle misivas al rey Carlos V informándole de sus logros y conquistas en sus Cartas de relación. Lo que menos le interesa es la opinión de los habitantes de una ciudad construida sobre el lago de Texcoco. España está muy lejos y puede tomar la decisión que mejor le plazca. Antes había desafiado el poder del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, y quemado sus naves. Malinali, su mejor compañera.

    El pacto de bienvenida no puede ser eterno. Hernán Cortés tiene enemigos entre sus soldados, pero cuenta con los tlaxcaltecas de su lado. La guerra es ineludible, el tiempo apremia…

    Y vienes desde allá donde no sale el sol, donde no hay calor, donde la sangre nunca se sacrificó por un amor.

    Pero aquí no es así.

    El Tzompantli no parece causarle temor y sigue conociendo la ciudad azteca.

    Sigues caminando, ignorando sagrados ritos, pisoteando sabios templos de amor espiritual.

    Por la noche, el Popocatépetl observa silencioso. Los tambores comienzan a sonar en la oscuridad. La guerra es inminente. Dos años después cae la Gran Tenochtitlan.

    Larga vida sigue velando el sueño de un volcán; para un alma en pena, cada piedra es un altar.

    En 1978 ocurre el fortuito hallazgo de Coyolxauhqui: viene el redescubrimiento.

    «Aquí no es así» es un canto —en una voz que hoy parece extinguirse— lleno de paráfrasis de fácil entendimiento, sin relieves que señalen a Saúl como un resentido histórico contra Hernán Cortés. La rola conlleva varias interpretaciones en el mejor de los sentidos. En su rítmica composición no encontramos elogios al conquistador ni nada que se le parezca; hallamos, más bien, palabras que buscan explicar su valor histórico.

    Alguna vez Octavio Paz —mi prócer— escribió:

    Apenas deje Cortés de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente —un personaje histórico—, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, más generosa, más serena.

  • A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    Fue un gusto recibir al autor y profesor Kelly Daniels en mi casa, en Davenport, Iowa (Estados Unidos), para la reunión mensual del club de lectura de las señoras del colegio de mis hijas. En este club se lee muchísimo, pero también se discute —tanto en persona, durante las reuniones mensuales, como en una infinidad de mensajes de texto—, se charla sobre la vida (los hijos, el colegio, los maridos), se ríe y hasta se llora. Además, en cada reunión abundan los platillos y postres para degustar.

    Ingresé al club de lectura por invitación de una de sus fundadoras, la querida Julie, mi vecina y amiga desde hace varios años. Julie, además de tener cuatro hijos adolescentes, ser doctora especializada en psiquiatría y caminar varios kilómetros por el vecindario, lee incansablemente en sus ratos libres. El club lleva más de diez años reuniéndose mes con mes, y yo me apunté hace apenas tres. Antes solía leer en solitario: sobre todo investigación y artículos académicos, lo que llegaba a mis manos o lo que se me antojaba. A veces leía a diario, otras pasaban semanas o meses sin abrir un libro. Pero me gustó la idea de hacerlo en compañía.

    Me impuse el reto de leer 24 libros al año: uno con el club y otro por mi cuenta. Dejé de mirar el celular en los ratos muertos y, en su lugar, empecé a leer, cargando siempre un libro en mi bolso. Al año siguiente leí 27, y el año pasado fueron 30. Sin embargo, algunas de las integrantes del club llegan a leer hasta 50 libros al año.

    En general, al norteamericano le gusta sentarse a leer; lo encuentra atractivo después de una larga semana laboral, aparte de Netflix. Desde la infancia, gran parte del vocabulario en inglés se aprende de memoria —con las famosas sight words— y, en las escuelas, la lectura recibe gran impulso. Algunos conservan ese hábito. Según estadísticas recientes (bookbrowse.com), alrededor de 13 millones de personas participan en clubes de lectura en Estados Unidos, aunque las cifras precisas varían de acuerdo con la fuente y la metodología. Se cree que el crecimiento de estos clubes se relaciona con la interacción social posterior a la pandemia y con el auge de comunidades en línea como #BookTok, donde los videos de recomendaciones se multiplican exponencialmente. La participación aumenta con un mayor nivel escolar y, lo más importante, hoy en día una parte significativa de los miembros son mujeres. A diferencia de décadas pasadas, hoy son ellas quienes más leen, sobre todo ficción.

    Me gusta ser parte de este club y obligarme a leer en inglés, porque aquí se lee casi de todo. Desde que lo frecuento, me he acercado a autores que no habría conocido de otra forma, porque no son los nuestros: los hispanos, los que escriben en español o los pocos que todos conocen traducidos por las grandes editoriales. En el grupo, todas proponemos al autor y al libro del mes, y se somete a votación. Las propuestas varían y, aunque no todas asisten a las reuniones por compromisos sociales, la mayoría lee y participa en la discusión. Esta vez mi propuesta fue Daniels, y la aprobación fue unánime.

    La invitación a Kelly Daniels surgió de mi deseo de acercarme a autores locales y leernos entre nosotros, después del increíble éxito del tour de mi libro Memorias de Tierra Adentro (publicado este verano con editorial Helvética). Tras volver de Querétaro con el corazón lleno de tantos extraordinarios encuentros literarios, decidí seguir el mismo impulso en mi ciudad e involucrarme más en el ámbito literario local en Estados Unidos.

    Conocí a Kelly Daniels, doctor en Literatura por la Universidad de Western Michigan, hace muchos años, como colega y amigo en la Universidad Augustana College, en Rock Island, Illinois, donde es profesor de escritura creativa en la Facultad de Lengua y Literatura Inglesa. También conocí a su encantadora esposa, gran amiga mía. Sin embargo, nunca había leído su obra.

    Daniels tiene una vida interesante: oriundo de California, creció en una comuna en Hawái durante los años ochenta, pues sus padres se involucraron en la ideología y el movimiento hippie. Más tarde, en su juventud, viajó de mochilero por Europa, México y Centroamérica, antes de estudiar el doctorado y convertirse en profesor. Hace varios años publicó sus memorias en el estupendo libro Cloudbreak, California (Owl Canyon Press, 2013), donde relata estas experiencias. También ha publicado ensayos y cuentos en diversas revistas literarias, contribuye regularmente a la revista Sun y es uno de los conductores del popular pódcast The Moon Under Water —disponible en YouTube, Spotify y redes sociales—, donde conversa con su co-conductor, Steve Jones, sobre temas literarios y de cultura pop, en un tono irreverente.

    A Candle for San Simón (Owl Canyon Press, 2020) es su primera novela. Inspirada en sus viajes de juventud, la historia tiene como escenario Guatemala. Sin hacer spoilers, narra la vida de un norteamericano con recientes convicciones religiosas y misioneras que viaja de California a Guatemala en busca de su padre: un alcohólico empedernido y fracasado que lo abandonó de niño para irse a “perder al sur”. Ese padre aún bebe en un bar local y, para subsistir, conduce un autobús de pasajeros, que termina convirtiéndose en protagonista de la trama.

    En Guatemala, el padre está endeudado con un gánster por el cobro de piso, extorsionado por el jefe de policía y presionado por las maras, que buscan que “El Gringo” los ayude a traficar armas, drogas y mujeres en su autobús. El caos arrastra a todos en medio de esa vorágine. Daniels refleja con crudeza la realidad de algunas zonas de Centroamérica y plantea reflexiones sobre religión, moralidad, supervivencia, secuestro y violencia, traición, abandono, adicciones, gentrificación y la fragilidad de la vida. Algunas escenas contienen violencia física y sexual, pero también se narra una historia de amor entre los protagonistas, se exploran diferencias culturales y se profundiza en las complejas relaciones entre padres e hijos.

    Aunque algunas partes resultan difíciles de digerir por su crudeza y lenguaje, la novela ofrece lecciones de vida, abre espacio a la reflexión y plantea, al final, una esperanza utópica para Centroamérica. Es una historia con potencial para llevarse al cine o a la televisión.

    El libro me recordó dos lecturas de autores que admiro: la extraordinaria The Power and the Glory (1940), de Graham Greene, y La reina del sur (Alfaguara, 2010), de Arturo Pérez-Reverte.

    A Candle for San Simón ★★★★★
    (Versión en inglés)

    Su libro está disponible en Amazon, Barnes & Noble y Walmart.