Por Samanta Echevarría

Amor Towles se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Lo descubrí por casualidad, en una cápsula televisiva sobre él y su obra, transmitida en el programa norteamericano CBS Sunday Morning, un espacio que aborda temas de noticias, política, cultura, arte y eventos históricos, enfocado a un público más culto.

Originario de Boston, Towles tenía un contrato para enseñar inglés durante dos años en China, tras graduarse de la Universidad de Yale en 1989. Sin embargo, el proyecto fue cancelado abruptamente por las protestas en la Plaza de Tiananmén. Decepcionado, comenzó a trabajar en una firma financiera en Nueva York, oficio que desempeñó por más de veinte años. Aunque siempre le había gustado la literatura y había escrito algunos relatos, Towles empezó a escribir de manera formal a partir de los cuarenta años, y lo ha hecho de forma extraordinaria.

Intrigada por este nuevo autor, compré uno de sus libros, A Gentleman in Moscow (Un caballero en Moscú, Salamandra, 2016). En aquel entonces no podía imaginar la joya literaria que acababa de adquirir: una verdadera obra de arte, una historia magnífica, extraordinariamente escrita, con un cúmulo de emociones de principio a fin.

El libro inicia al final de la Revolución rusa, cuando un conde aristocrático es juzgado por un tribunal bolchevique y condenado al paredón por su condición de noble, considerada enemiga del nuevo régimen. Sin embargo, un poema atribuido a su autoría —que exaltaba la revolución— lo salva de la muerte. El conde es puesto bajo arresto domiciliario en el Hotel Metropol, en el centro de Moscú.
La novela transcurre a lo largo de los dieciséis años que el conde pasa confinado en el hotel bajo el régimen soviético, sabiendo que, si se asoma siquiera a la puerta, será ejecutado. Este libro se ha convertido en uno de mis favoritos, por lo que tengo muchas ganas de ver la serie de televisión recientemente estrenada, protagonizada por Ewan McGregor.

En 2023, en el club de lectura, leímos otro de sus libros: The Lincoln Highway (Penguin, 2023). Towles no decepcionó. También se trata de una obra espectacular. Ambientada en 1953, narra el viaje por carretera que emprenden varios jóvenes al escapar de un centro de detención juvenil, intentando llegar a California a través de la histórica carretera que cruza los Estados Unidos de este a oeste.
Muchas de las integrantes del club coincidieron en que este es uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos años. La historia explora la naturaleza de la juventud —su impredecibilidad y espíritu de rebeldía—, pero también los desvíos de la vida, las segundas oportunidades y la redención. El final de este libro es, simplemente, espectacular.

Al final de este verano leí A Table for Two (Viking, 2024), también de Towles, una colección de seis relatos cortos escritos con ingenio, humor y sofisticación. El primero de ellos, y el que más me gustó, al igual que Un caballero en Moscú, se sitúa en la era soviética. Es evidente la profunda influencia que la literatura rusa, y en particular Fiódor Dostoievski, ejercen en la obra de Towles. En sus textos aparecen citas de Los hermanos Karamázov y guiños a Crimen y castigo, así como discusiones entre sus personajes y los grandes escritores de la llamada “Edad de Oro” de la literatura rusa del siglo XIX: Aleksandr Pushkin y León Tolstói. Novelistas que, al igual que Towles, abordan temas como la moralidad, el sufrimiento y la complejidad del ser humano, a través de personajes que enfrentan conflictos existenciales, luchas de clase y tensiones políticas.

Este verano tuve la fortuna de conocer y charlar en Querétaro —mi ciudad natal— con Maurick Ilich, seudónimo de Óscar Mauricio Sosa, escritor y presidente del Consejo Literario de Querétaro. Aunque originario de la Ciudad de México, lleva muchos años viviendo aquí. Me llamó la atención su nombre, y me pregunté si sería una referencia a la literatura rusa y a León Tolstói. La muerte de Iván Ilich es, sin duda, una de las obras más profundas y conmovedoras de Tolstói, una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. La novela narra los últimos meses de Iván Ilich, un juez del sistema zarista ruso, quien, al enfrentarse a una enfermedad terminal, se ve obligado a mirar su existencia con nuevos ojos.

Ilich (el autor, no el juez zarista) me entrevistó para su programa de radio y pódcast En pos de la palabra, transmitido en redes sociales y en Spotify, acerca de mi libro Memorias de Tierra Adentro. La charla, que duró más de dos horas —y pudo haber durado dos más—, fue increíblemente amena y profunda. Me impresionó no sólo la capacidad de retención de Ilich, sino también su análisis y su agudeza lectora. A mi parecer, Maurick Ilich realiza un trabajo admirable al apoyar y dar visibilidad a escritores independientes a través de entrevistas razonadas, profundas y bien estructuradas.

Para retribuir el gesto, decidí leer su obra. Compré en Querétaro su más reciente libro, Andares Literarios (El Desvelo, 2024), un pequeño volumen compuesto por nueve relatos cortos.

En Andares Literarios, Maurick Ilich nos traslada a su niñez en la Ciudad de México de los años ochenta: a las historias de los barrios, la familia y lo cotidiano. Sus relatos evocan la nostalgia del ayer mediante un lenguaje común, cercano, a veces pintoresco y del arrabal, lo que los vuelve profundamente identificables. También aparecen las caminatas por las calles, los mercados, los tianguis, las cascaritas de futbol, la hora de la comida y la vida de barrio que, aunque ocurre en la inmensa urbe capitalina, parece transcurrir en un pequeño pueblo de provincia.

Los relatos de Maurick Ilich reflexionan sobre la memoria y el paso del tiempo; y, al igual que su homónimo, Iván Ilich, el juez zarista de Tolstói, el autor se pregunta también por su propia existencia.

Andares Literarios (El Desvelo, 2024) ★★★★★

Para escuchar las entrevistas de Maurick Ilich, visita En Pos de la Palabra Podcast:
🔗 https://open.spotify.com/show/15GP6QSjDYD225G31bEecm

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