Por Samanta Echevarría

El encanto de Querétaro como joya del barroco mexicano es innegable: sus calles, fuentes y edificios de cantera rosa, así como sus templos y retablos adornados al estilo churrigueresco, hacen de esta ciudad colonial una de las más bellas de México. Allí crecí. Sin embargo, su importancia no ha radicado en su belleza, sino en su ubicación. Históricamente ha sido un punto estratégico dentro del territorio de lo que hoy es México. Precisamente por estar situada en el corazón del país, Querétaro ha sido un cruce de caminos y de encuentros. Desde el virreinato funcionó como un punto crucial en la comercialización y el abastecimiento de la Nueva España, y ya para el siglo XVIII era considerada la tercera ciudad más importante de América Latina, después de Lima, Perú, y de la Ciudad de México.

Esta ubicación estratégica llevó a Querétaro a ser escenario de importantes gestas históricas: fue cuna de la Independencia de México, centro de su conspiración y lugar clave para el inicio de la lucha armada. Más tarde, sería escenario del fin del Segundo Imperio, con el juicio y fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. En el siglo XX se convirtió en la sede del Congreso Constituyente que promulgó la Constitución de 1917.

Señala Rodrigo Romero, investigador y doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que desde sus inicios las hazañas históricas del Estado mexicano han sido motivo de estudio y de numerosas interpretaciones. La historiografía nacional evolucionó desde las crónicas y panfletos postindependentistas hasta los acercamientos monográficos de la gesta épica y heroica que sirvieron de base para consolidar la identidad nacional.

Han sentado las bases de la historia de México numerosos investigadores, desde La historia de la Revolución de la Nueva España de Servando Teresa de Mier, publicada en Londres en 1813, hasta México a través de los siglos de Julio Zárate, pasando por Cuadro histórico de la Revolución Mexicana de Carlos María de Bustamante, el Ensayo histórico de las revoluciones de México de Lorenzo de Zavala, México y sus revoluciones de José María Luis Mora, la Historia de Méjico de Lucas Alamán, o los textos de Justo Sierra y José Vasconcelos, por mencionar sólo algunos nombres.

Sin embargo, a medida que ha avanzado el tiempo, la historiografía mexicana ha evolucionado desde una visión centrada en el pueblo y la lucha contra el poder extranjero hacia una comprensión más amplia de los movimientos armados, que incluye factores sociales, económicos, regionales e internacionales más complejos, así como la participación de un cúmulo de personajes que aún desconocemos.

Romero indica que, si bien aparecieron esfuerzos previos, es probable que la publicación de 1953 con motivo del bicentenario del nacimiento de Miguel Hidalgo —La Revolución de Independencia de Luis Villoro— marque el inicio de esta nueva historiografía. No obstante, no fue sino hasta los años noventa, y sobre todo a partir de 2010 con motivo del bicentenario de la Independencia, cuando los investigadores comenzaron a replantearse la Historia Nacional.

Una de esas nuevas voces es, sin duda, la de Jesús Reyes Bustos (1972), antropólogo por la Universidad Autónoma de Querétaro, quien, aunque originario de la Ciudad de México, tiene profundas raíces queretanas. Reyes Bustos ha ido más allá de la investigación histórica; explica que se ha dedicado a escribir novela histórica para «sacar la ciencia de los archivos, de la academia y de los términos técnicos, con la intención de divulgarla y hacerla más accesible al lector y a la sociedad».

En 2011 publicó de forma independiente su primera novela, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), que le valió el Premio Nacional de Novela Histórica 2010. La obra explora la extraordinaria vida de Epigmenio González, quien, al integrarse a la conspiración de Querétaro en los inicios de la Independencia, se convierte en el primer insurgente aprehendido por las autoridades realistas, pero también en uno de los últimos personajes revolucionarios liberados por el Imperio español. Aun después de la consumación de la Independencia, pasó más de 25 años en prisión —en Filipinas y posteriormente en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz—. Logró regresar a México y murió en su cama en 1858.

Me encontré con la magnífica obra de Jesús Reyes Bustos durante la investigación de mi propia novela Memorias de Tierra Adentro, y quedé encantada con Circunstancias: inmediatamente me cautivó. Más adelante, con la publicación de mi libro, nuestras historias se cruzaron y hemos mantenido comunicación a través de redes sociales y mensajes de texto.

El autor me explicó, en una conversación telefónica entrecortada desde Mazunte, Oaxaca —su actual residencia—: «Estoy en el paraíso, pero con poca señal de internet». Me contó que su novela Circunstancias surgió a partir de la enorme cantidad de información obtenida durante su tesis doctoral:

«Yo no deseaba que la vida de Epigmenio González —este personaje que sufrió mucho por México— se quedara reducida a mi tesis y vuelta a archivar. Pensaba que este extraordinario queretano debía tener el reconocimiento que merece de la sociedad. Decidí novelar el libro académico para dar a conocer su historia, ya que, por no tratarse de un Allende o un Hidalgo, su extraordinaria historia de supervivencia quedó de lado y olvidada por la Historia Nacional. Durante el movimiento cultural de Juárez y los liberales, a finales del siglo XIX, al construir el Estado nacional, Epigmenio González seguía aún milagrosamente vivo en Guadalajara, y su historia no cupo en el ‘santoral cívico’ de los héroes patrios. No se le dio el reconocimiento que debía», explica.

Reyes Bustos tiene dos novelas más. En 2013 presentó, en el Centro de las Artes de Querétaro (exconvento de Santa Rosa de Viterbo), su segunda novela: La quimera imperial, cuya premisa gira en torno a La operación Pavorreal, un plan para traer a México el Penacho de Moctezuma, que se encuentra en Austria, a cambio de la carroza de Maximiliano, localizada en el Castillo de Chapultepec. En esta segunda entrega, de ficción histórica y corte policiaco, Reyes Bustos deja de lado el lenguaje académico para integrar elementos de suspenso en su trama.

En su tercera obra, De aquellas sombras frente al puerto (2018), Reyes Bustos retoma nuevamente a Querétaro como escenario. Utiliza el raccourci —un atajo o aceleración en la narrativa, a menudo para saltar el tiempo o el desarrollo de ciertos eventos. Puede manifestarse como un salto temporal para mostrar la madurez de un personaje o como una elipsis para omitir detalles innecesarios y concentrarse en lo esencial. En algunos casos, puede referirse a la aceleración del conflicto de un personaje— para desarrollar su trama en el marco del Congreso Constituyente de Querétaro de 1917 y los días previos al asesinato de Venustiano Carranza. El Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) y la cantina El Puerto de Mazatlán sirven de escenario a las intrigas de los diputados constituyentes al proponer la nueva Constitución de México.

Las tres novelas son extraordinarias. Recomiendo ampliamente leer su obra. Jesús Reyes Bustos se encuentra trabajando en una nueva novela y mantiene la intención de seguir dándole relevancia a Epigmenio González dentro de la Historia Nacional.

Reyes Bustos obtuvo el Premio Nacional de Novela Histórica (2010) por Circunstancias, y ha sido galardonado con otros reconocimientos: Primer Lugar en el Cuento Universitario (UAQ, 2003); Primer Lugar en Cuento (CONACULTA, Gómez Morin, 2005); Mención Honorífica en Cuento Breve en Español “Letras Nómadas” (Tulsa, Oklahoma, 2007). Además, ha sido columnista en el periódico El Universal Querétaro y en el suplemento dominical Barroco del Diario de Querétaro. Actualmente reside junto al mar, en Oaxaca.

★★★★★ Epigmenio González. Circunstancias —Jesús Reyes Bustos

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