Por Raúl Álvarez Huerta I Rock & Raul
Good Will Hunting (Mente indomable, 1997) vino a impactar a los persistentes en el cine de argumento: ese cine que deja mensajes sustanciosos en el cinéfilo, los guarda en su interior, los comparte y, quizá, logra hacerlos parte de su vida, de su filosofía personal. Robin Williams, Matt Damon y Ben Affleck conforman el elenco estelar que da vida a Sean Maguire, Will Hunting y Chuckie Sullivan. Tras su estreno y la obtención de dos premios Óscar, la película apareció en el catálogo de Videocentro. La cinta está basada en un hecho real sucedido justamente en la ciudad donde se ambienta, con locaciones en Boston, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, consideradas por especialistas como las mejores universidades de Estados Unidos, ambas de prestigio académico e investigativo a nivel internacional. En esa misma línea competitiva, el autor resalta la importancia nacional de la UAG (Tecos), la UNAM (Pumas) y el ITESM.

Mente indomable (1997) relata la historia de un joven reprimido, deprimido y violento; en síntesis, un inadaptado social. Hasta ahí, todo normal, nada trascendente. Salvo por un detalle: Will Hunting posee un coeficiente intelectual de grado superior. Según la famosa gráfica de clasificación del CI, el promedio de 90 a 109 lo tiene el 47% de la población; el resto se distribuye en minorías: de 110 a 119 puntos (inteligencia superior), de 120 a 129 (muy superior) y de 130 a 139 (dotados), apenas un 2.3% de la población. El CI de Will es de 160.
Para llegar a su trabajo de intendente en el MIT, Will debe atravesar la ciudad. Podría encontrar empleo cerca de su modesta vivienda, pero viaja todos los días en metro para limpiar pisos… y, cuidándose de que nadie lo vea, resolver planteamientos matemáticos aptos solo para mentes brillantes, expuestos en un pizarrón de uso común para que los estudiantes del Tecnológico los intenten resolver, reto complicado para la mayoría. Will los soluciona sin mayor esfuerzo.
El profesor Gerald Lambeau (Stellan Skarsgård), un académico obsesionado con la fama por encima de valores humanos, lo descubre. Prestigiado catedrático, arenga al alumnado a volverse matemáticos célebres. Pronto percibe las conductas antisociales de Will, pero también la satisfacción de haber encontrado una mente excepcional. Se asume como su tutor. Will acepta las condiciones de tutoría con la garantía de obtener su libertad tras verse involucrado en una pelea callejera. Gerald obtiene un triunfo parcial, pero su descubrimiento necesita terapia: Will es rebelde, no tolera la autoridad, es huérfano y vive solo. El profesor lo canaliza con colegas psicólogos, sin éxito. Will no se deja domar. Queda una última opción: Sean Maguire, especialista en casos espinosos. Tras una primera sesión difícil, Sean acepta el desafío; será el encargado de llevar a buen puerto a su complicado paciente. Siente que puede con esa mente indomable.
Chuckie Sullivan es su mejor amigo. Trabajan como albañiles, viven para beber cerveza, ver béisbol y practicarlo. Chuckie guarda cosas sobre Will y, cuando se las expresa, el joven matemático se incomoda ante las expectativas que su amigo tiene de él. Chuckie sabe que jamás será un gran estudiante, es consciente de sus limitantes, pero no siente envidia: sabe que Will está parado sobre un billete de lotería y no es capaz de cobrarlo. Desea verlo codeándose con alumnos y egresados en las grandes ligas del conocimiento.
Skylar (Minnie Driver), su novia, estudia en Harvard y es dueña de una considerable herencia, situación material que no altera sus relaciones personales. Tampoco afecta su noviazgo con un chico de extracción humilde pero dotado de una inteligencia que la atrae, aunque también ve en él otros valores. Lo único que le pide es que la ame y se vayan a vivir juntos a California. Skylar es su alma gemela, una pieza necesaria para completar la terapia de su vida: su coeficiente intelectual es lo de menos.
Sean y Will entablan una relación de amistad que rebasa el esquema psicólogo-paciente. Gerald está ansioso porque su protegido sea dado de alta, pero ni al psicólogo ni al paciente les importa la prisa: en ambos han nacido expectativas de vida en las que no caben los planes que Gerald tiene para Will. Con todo, la terapia de Sean ha logrado avances. Sean es viudo, pero ha decidido volver al juego del amor; su paciente le ha permitido ver cosas que él mismo no podía —el psicólogo no se cura a sí mismo— y, de paso, ha ayudado a Will a descubrir qué quiere.
Will Hunting es la mente brillante que resuelve fórmulas imposibles, jugando a las escondidas con las autoridades académicas, alimentando su alter ego al sentirse superior a profesores y alumnos. Con todo su dinero, no podrían hacer lo que él hace por simple pasatiempo. Eso no le importa a Skylar: ella ama a Will, no al joven dotado. Gerald lo quiere para ganar fama internacional; Sean solo desea lo mejor para él; Chuckie, también. Al final, Will toma la mejor decisión: ir a California en busca del amor de Skylar.


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