Categoría: Samanta Echevarría

  • Querido soldado desconocido

    Querido soldado desconocido

    Por Samanta Echevarría

    En el colegio, mis clases favoritas siempre fueron las de historia; sin embargo, algunas veces los maestros solamente nos inundaban de fechas que había que memorizar, sin adentrarnos mucho en los porqués de la historia y de los hechos —Claro que la pasión o el rechazo hacia una asignatura tenía mucho que ver con el maestro en turno—. Aunque debo decir que a mí siempre me gustó ir más allá del temario e investigar por mi cuenta, mientras algunos de mis compañeros sólo se dedicaban a saber lo mínimo indispensable para el examen y algunos otros, ni eso: a pasar en blanco. Por eso, lo confieso, siempre he sido una nerd.

    Por el contrario, mi “coco” fueron las matemáticas, «ciencia que inventara Satanás», se lo oí decir a algún profesor mientras sufríamos con el cálculo diferencial. Las mates no me derrotaron, ya que ciertamente me gradué con una maestría en economía, aunque seguí padeciendo las clases de econometría y microeconomía avanzada. La econometría es odiada entre los estudiantes de economía debido a su rigor matemático; frecuentemente es citada como una de las clases más difíciles de la carrera, ya que integra la teoría económica con matemáticas avanzadas y estadística para resolver problemas.

    Veinte años después, el destino me llevó a dar clases de español y literatura en Estados Unidos, pero la vida siguió llamándome hacia la parte histórica. Desde el año 2018 comencé a apasionarme por la memoria histórica, lo que me condujo a escribir mi primer libro: Memorias de Tierra Adentro, una novela histórica sobre México y, en particular, sobre Querétaro, mi ciudad de nacimiento, combinando la historia nacional con la genealogía y la memoria familiar.

    La memoria histórica es un concepto de la historiografía relativamente reciente, atribuido a Pierre Nora, historiador francés y uno de los representantes más destacados de la Nueva Historia Francesa, conocido por sus trabajos sobre identidad y memoria. No obstante, es importante señalar que la recreación de los hechos históricos ha sido un tema recurrente en todas las artes desde el origen de la humanidad.

    En la literatura, la novela histórica como género literario occidental contemporáneo tiene sus bases en las obras de principios del siglo XIX de Sir Walter Scott —considerado el creador del género por novelas como Waverley e Ivanhoe— y de sus contemporáneos: Víctor Hugo (Nuestra Señora de París, Los miserables); Alessandro Manzoni (Los novios); Alexandre Dumas (Los tres mosqueteros); León Tolstói (La guerra y la paz, considerada una obra cumbre del género); Henryk Sienkiewicz (Quo vadis?); James Fenimore Cooper (El último mohicano); Theodor Fontane (Antes de la tormenta); y, más adelante, Umberto Eco con El nombre de la rosa.

    Es necesario hacer una distinción importante: la diferencia fundamental entre la novela histórica de rigor y la ficción histórica —es decir, la historia novelada— radica en el grado de fidelidad a los hechos históricos. La novela histórica busca recrear un periodo del pasado con rigor, incluyendo personajes y eventos reales; mientras que la ficción histórica utiliza la historia como telón de fondo y se permite mayor libertad creativa, con personajes y tramas inventadas. Es decir, la novela histórica se centra en la verosimilitud histórica, mientras que la ficción histórica prioriza la narración inventada sobre el marco histórico. No obstante, para el lector no especializado, muchas veces resulta difícil distinguir una de la otra. Tradicionalmente, se considera que las obras del género deben escribirse al menos cincuenta años después de los hechos narrados —aunque hoy algunos sostienen que veinticinco años son suficientes—.

    En la literatura española, destacan como exponentes de la novela histórica Benito Pérez Galdós con sus Episodios nacionales; Mariano José de Larra y José de Espronceda; y, en épocas más recientes, Javier Negrete (Salamina, Las puertas de fuego); Santiago Posteguillo, con sus extensas novelas ambientadas en la Antigua Roma; Jesús Sánchez Adalid (El mozárabe); Arturo Pérez-Reverte con las series de El capitán Alatriste y Falcó; e Ildefonso Falcones (La catedral del mar), uno de los autores contemporáneos más reconocidos del género, con más de cuarenta millones de libros vendidos. Cabe destacar también la aparición de una nueva ola de escritores de novela épica, como Jorge Molist (El español), entre otros.

    En México, los mayores representantes de la novela histórica incluyen figuras como Mariano Azuela (Los de abajo); Agustín Yáñez (Al filo del agua); Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz, Gringo viejo); José Mancisidor (La asonada); y Francisco Hinojosa, quien se ha enfocado en la novela histórica para jóvenes. En años recientes, ha surgido también una nueva generación de escritores contemporáneos, como Paco Ignacio Taibo II o Alejandro J. Fernández, destacados por sus biografías históricas.

    No es de sorprender que las circunstancias sociales hicieran casi imposible que las mujeres formaran parte de las letras durante gran parte de la historia. Antes del siglo XIX son pocos los nombres de autoras conocidos; algunas incluso escribieron bajo seudónimos masculinos. Existen excepciones notables, como Santa Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz. Tampoco resulta extraño que aquellas autoras que lograron moverse en círculos de élite fueran vistas con recelo, y que las pocas mujeres que se atrevieron a ingresar al ámbito público literario fueran recibidas con desconfianza. Se acepta que las mujeres fueron relegadas de la literatura durante siglos y que el mundo literario y editorial estuvo dominado mayoritariamente por hombres. No es sino hasta el siglo XIX y principios del XX cuando más mujeres comienzan a publicar, como Jane Austen, las hermanas Brontë, Louisa May Alcott, Virginia Woolf o Agatha Christie.

    Algunas mujeres lograron abrirse paso de manera extraordinaria en la novela histórica, como la baronesa Emmuska Orczy (La pimpinela escarlata) o Harriet Beecher Stowe (La cabaña del tío Tom). Otra pionera fue la estadounidense Margaret Mitchell, periodista nacida en Atlanta en 1900, quien publicó en 1936 Lo que el viento se llevó, novela ambientada en la Guerra Civil estadounidense, con la que obtuvo el National Book Award y el Premio Pulitzer, convirtiéndose en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos, junto con su adaptación cinematográfica.

    En la literatura en español del siglo XX, la chilena Isabel Allende abrió camino en el género al fusionar la ficción histórica con el realismo mágico. En México, han sido pioneras Rosario Castellanos, Elena Poniatowska y Nellie Campobello —con la temática de la Revolución mexicana—; Elena Garro con Los recuerdos del porvenir; Laura Esquivel y Ángeles Mastretta, quienes han explorado personajes femeninos en contextos históricos, entre muchas otras.

    En el último medio siglo, las mujeres —antes marginadas o relegadas— se han convertido en figuras centrales y muy populares dentro de la narrativa histórica y de ficción histórica. Este auge responde al deseo de contar nuevas historias desde perspectivas distintas, de rescatar narrativas olvidadas y de explorar la experiencia histórica desde ángulos antes marginados. También ha influido la creciente presencia de mujeres en la industria editorial y el aumento de lectoras, lo que ha incrementado la demanda de estas historias que conciben la historia como una colección de experiencias humanas.

    Las autoras contemporáneas están rompiendo moldes tradicionales, mostrando a las mujeres como protagonistas de contextos históricos complejos, no solo como figuras secundarias o intereses románticos, sino como heroínas de sus propias historias, con ambiciones, deseos y autonomía. Hoy los lectores buscan personajes sólidos y bien construidos, que enfrenten conflictos marcados por la lucha, el amor, la pérdida y el triunfo, sin perder el rigor del género ni la fidelidad al contexto histórico.

    En la literatura de habla inglesa, las mujeres dominan actualmente la ficción histórica con autoras como Alice Walker (El color púrpura), Margaret Atwood (El cuento de la criada), Toni Morrison, Diana Gabaldon (Outlander) y, más recientemente, Kristin Hannah (The Women). Uno de los temas más recurrentes ha sido la Segunda Guerra Mundial, con títulos populares como El ruiseñor de Kristin Hannah, La red Alice de Kate Quinn y Code Name Verity de Elizabeth Wein, entre muchos otros.

    En España, algunas de las voces más populares de la novela histórica actual son Julia Navarro, María Dueñas (El tiempo entre costuras), Almudena Grandes, Paloma Sánchez-Garnica (Victoria), Eva García Sáenz de Urturi (Aquitania), Laura Martínez-Belli, Begoña Valero, Matilde Asensi y Luz Gabás, entre muchas otras. El género vive un momento de gran expansión.

    En el ámbito queretano contemporáneo, la novela histórica también ha tenido un desarrollo notable. Destacan autores como Jesús Reyes Bustos (Circunstancias, La quimera imperial, De aquellas sombras frente al puerto) y Juan Antonio Isla (Bajo los almendros). Entre las autoras, en la novela histórica de rigor se encuentra la maestra Araceli Ardón con Josefa, muy señora mía, sobre la vida de Josefa Ortiz de Domínguez; y me incluyo yo con Memorias de Tierra Adentro. En la ficción histórica figuran Alexandra Lobato (Mulata), Marian Ortiz y su trilogía (La mujer de las águilas, El sabor de la tierra, Raíz), así como la alemana residente en Querétaro, Sabine Schütze.

    Conocí a Sabine Schütze este verano en Querétaro. Nos contactamos por redes sociales, intercambiamos mensajes y finalmente nos conocimos en persona. Sabine es originaria de Oschersleben, a unos 130 kilómetros de Hannover, en lo que fuera la República Democrática Alemana. Vivió la caída del Muro de Berlín a los doce años y posteriormente estudió traducción técnica de idiomas (español, inglés y alemán). Realizó prácticas profesionales en España, Londres y Querétaro, en el Centro Nacional de Metrología, traduciendo textos técnicos. Aunque regresó a Alemania y luego a Inglaterra, México la conquistó, y desde 2001 reside en Querétaro.

    Siempre tuvo gusto por la escritura, desde sus años formativos en el consejo estudiantil durante el socialismo alemán. Durante la pandemia encontró el tiempo para escribir formalmente su primer libro, Detrás del muro (Par-Tres, 2021), una novela autobiográfica. Desde entonces no ha dejado de escribir: hoy cuenta con cuatro libros publicados y más de setenta cuentos en antologías, además de trabajar de tiempo completo y ser madre. Es miembro de la AMMP y de la Banda Literaria de Escritores Queretanos, y colabora con diversas columnas culturales.

    Su primera novela histórica, Querido soldado desconocido (Shanti Nilaya, 2024), narra una historia de amor basada en la vida de sus abuelos durante la Segunda Guerra Mundial, contada a través de cartas. Su más reciente publicación es De Berlín a Tlatelolco (Par-Tres, 2025), una ficción histórica escrita a cuatro manos junto con la maestra Alejandra Camposeco.

  • Entre archivos, memoria y papel: una experiencia de investigación histórica en Querétaro

    Entre archivos, memoria y papel: una experiencia de investigación histórica en Querétaro

    Este verano tuve la fortuna de estar en Querétaro, mi tierra natal, presentando mi primer libro, Memorias de Tierra Adentro (Helvética, 2025), una novela histórica sobre México, producto de una extenuante y minuciosa investigación de genealogía, historia y literatura. Un proceso que comenzó en el año 2018, a partir de la búsqueda de documentos en el Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya, y que poco a poco me fue adentrando en diversas plataformas de investigación histórica y genealógica. A partir de allí comenzó un proceso detectivesco por reconstruir el pasado.

    A lo largo de la investigación de esta, mi primera novela, calculo que leí aproximadamente 500 textos de un sinnúmero de autores mexicanos y extranjeros. En esta obra están citados cerca de 450 de ellos, que utilicé para reconstruir el pasado: artículos históricos, investigaciones académicas, periódicos, libros completos, colecciones de varios volúmenes, columnas de opinión e investigación, páginas web, testimonios orales, entrevistas, etcétera. Mi intención era realizar un trabajo serio, una narración lo más precisa posible desde el punto de vista histórico y con rigor académico.

    Gracias a la tecnología y a la reciente digitalización de archivos históricos, pude acceder a estos registros a través de diversas plataformas y organismos en línea, algunos gratuitos y otros que requerían suscripciones mensuales, anuales o pagos únicos por la información. Este esfuerzo reciente de digitalización de documentos por parte de diversas instituciones, universidades y organismos públicos y privados, nacionales y extranjeros, fue la pieza clave para que yo pudiera realizar mi obra. Acceder a esta magnitud de datos, incluso hace pocos años, hubiera sido prácticamente imposible sin los registros digitales que, a través de nuevos algoritmos, se conectan unos con otros. Aun así, pese a las mejores tecnologías, pasé a lo largo de estos años infinidad de horas buscando y analizando datos desde mi computadora.

    Después de presentar mi novela en Querétaro y con la intención de continuar con mi investigación histórica, tuve la oportunidad de pasar varios días como investigadora en el Archivo Histórico de Querétaro, ubicado en la calle de Madero, en el centro histórico de la ciudad, donde se resguardan documentos que datan del siglo XVI hasta la fecha.

    Me presenté con la titular de la Dirección Estatal de Archivos, la licenciada María del Carmen Zúñiga, quien muy amablemente me recibió, y de inmediato me puse a trabajar. Tuve la oportunidad de acceder a los documentos del Fondo Colonial de Querétaro y de ver de primera mano los registros históricos del estado, donde se encuentra la historia de la administración pública de Querétaro y de las zonas aledañas, documentos que deben tratarse con sumo cuidado y con equipo especializado. Pasé varios días analizando, registrando y tomando datos, viendo y capturando infinidad de documentos.

    Todo el personal del Archivo Histórico de Querétaro fue muy amable conmigo y sumamente profesional en su trato, especialmente los archivistas Jorge y Montse. Presenciar la historia en vivo y a todo color fue una experiencia invaluable. Fue muy grato sentir en mis manos el papel, percibir el olor de los documentos, observar los distintos colores y matices de las tintas, así como las diversas caligrafías de los pergaminos históricos. Esta experiencia sensorial de investigación me resultó, a mi parecer, más humana y personal que la digital. Sin embargo, debo admitir que el acceso a documentos históricos en formato digital ha transformado profundamente la investigación histórica en los últimos años.

    El Archivo Histórico de Querétaro abrió sus puertas el 21 de julio de 1986, por acuerdo del entonces gobernador Mariano Palacios Alcocer, dándose a la tarea de rescatar y catalogar infinidad de documentos que se encontraban en el abandono.

    Allí, en la sala de investigación, tuve la oportunidad de conocer, charlar y coincidir con otros investigadores dedicados a dar a conocer la historia de Querétaro a través de sus publicaciones: desde la encantadora investigadora norteña Flora Gámez, quien lleva dos años de residencia en el AHQ realizando una minuciosa investigación, hasta el destacado autor, el doctor Juan Ricardo Jiménez Gómez, una de las figuras más importantes en la investigación histórica de Querétaro y del país, con quienes tuve la oportunidad de conversar de manera muy afectuosa.

    Otro de estos inesperados encuentros fue conocer al autor e investigador Jesús Mendoza Muñoz, quien en estos momentos es uno de los investigadores más prolíferos de México. A su llegada al recinto, los archivistas inmediatamente me lo presentaron:
    —Se trata de Chucho Mendoza, uno de los investigadores con más experiencia y conocimientos del AHQ; sabe de todo—, fue la introducción.

    Durante la conversación, Jesús Mendoza me comentó que no tiene redes sociales y que no acostumbra tomarse fotos, pero que haría una excepción por mí. Me regaló uno de sus libros, que me dedicó allí mismo, e intercambiamos correos electrónicos. Se trataba de un hombre muy joven y sencillo, sin pretensiones, pero empapado de conocimientos, con una cámara fotográfica análoga marca Canon en la mano, cuyos jeans desgastados, tenis y chaqueta tipo hoodie deportiva escondían a un verdadero erudito de la paleografía y de los archivos históricos de México, de Querétaro y de su natal Cadereyta de Montes, municipio de la Sierra Gorda y el más extenso de los 18 que conforman el estado.

    Mendoza cuenta con una cantidad impresionante de publicaciones e investigaciones históricas de documentos que hasta hace poco eran inaccesibles. Entre ellas destaca su obra Capitán Alonso de Tovar y Guzmán, fundador de Cadereyta (Fomento Histórico y Cultural de Cadereyta, Serie Divulgación, vol. II, 2013), en la que aborda la fundación, en 1640, de la villa de españoles en memoria del virrey y marqués de Cadereyta, Lope Díez de Armendáriz, quien apoyó decididamente la pacificación de aquella región.

    Jesús Mendoza Muñoz tiene estudios en administración de documentos, paleografía, diplomática y archivística eclesiástica por el Archivo General de la Nación y la Universidad Pontificia de México, donde además estudió latín, teología y filosofía. Ha obtenido los premios Banamex “Anastasio G. Saravia” de Historia Regional en los años 2004 y 2012, así como los premios APOYARTE a la creación artística del Instituto Queretano de Cultura. Desde 2004 se ha dedicado a la actividad editorial a través del Fomento Histórico y Cultural de Cadereyta. Cuenta con una treintena de libros de investigación histórica, muchos de los cuales se encuentran a la venta en la Librería Cultural del Centro de Querétaro.

  • «Distrito Central» by Juan Antonio Isla

    «Distrito Central» by Juan Antonio Isla

    Countless American college students between the ages of eighteen and twenty-three passed through my classrooms during my more than fifteen years as a Spanish instructor in the United States. Making a quick mental calculation, I can assume there were probably around two thousand young people whom I taught in that time. I had all kinds of students: good, bad, and so-so; most of them of Anglo-Saxon origin, but I also had African American, Asian, Hispanic, and international students in my classes. There were students of every kind—from those who took Spanish only to fulfill an academic requirement to those whose lives were changed by learning a new language. In general, they were all relatively serious students, as it was an expensive university.

    However, despite what is often said in politics or in the media, my experience showed that most American college students ended their courses with a genuine appreciation for the Spanish language and for Hispanic culture in general. Most students chose to continue studying Spanish in higher education after beginning in high school. They started out attracted by the food and ended up falling in love with the culture. Many wanted to keep learning after the course ended and even considered traveling to Latin America or Spain before finishing their university studies.

    Most of my courses focused on teaching the language—from the basics to more complex rules. But in a few of the more advanced classes, I had the opportunity to go beyond grammar and delve into Spanish literature with passages, essays, and short stories by some of the most outstanding contemporary authors. Considering that, for these students, Spanish was their second or third language, the ability to read in a tongue that was not their “mother” language was, naturally, more challenging.

    In my experience, when reading the “great” and the “consecrated,” Federico García Lorca was immediately liked for his frankness and eloquence when we read excerpts from Blood Wedding or The House of Bernarda Alba. Carlos Fuentes resonated deeply with almost everyone—especially with the “heritage speakers” of Latin American background—because his essays often addressed identity, which made them feel immediately represented. The stories of Isabel Allende, Ángeles Mastretta, and Elena Poniatowska were perennial favorites, especially among women, due to their sensitivity, nostalgia, and captivating language. Gabriel García Márquez, though one of the greatest, was challenging for students because of his many colloquialisms and regionalisms. Meanwhile, Vargas Llosa—although extraordinary, in my opinion—was sometimes perceived as a little “pretentious.” However, the short stories of Arturo Pérez-Reverte and Edmundo Paz Soldán were widely enjoyed because they were easy to understand and addressed contemporary issues without delving too deeply into cultural intricacies.

    Despite being more complex, many students found great fascination in Jorge Luis Borges, especially in his laborious narratives and metaphors that invited reflection. “Emma Zunz” was one of their favorite stories. They also found Augusto Monterroso and his micro-stories captivating. By the end of the course, we read Julio Cortázar, which for many students “blew their minds.” For others, Cortázar was simply too complex—difficult to understand and analyze. I don’t blame them; Cortázar’s most important novel, Hopscotch, is still one of the most complex books I have read so far.

    One can read that novel in several ways: following the traditional order from beginning to end, skipping chapters according to Cortázar’s “table of instructions” (reading sequentially from chapters 1 to 56 and dispensing with the rest, or starting at chapter 73 and continuing in the order suggested), or reading in free form, jumping through fragments in different directions.

    Julio Cortázar (1914–1984), Argentine novelist, short-story writer, essayist, and translator—later naturalized French—is one of the most important representatives of the Latin American Boom. He is possibly one of the most innovative and original authors of his time, a master of prose and of the short story. He broke classical molds and inaugurated a new way of writing literature with multiple narrative perspectives that challenged the temporal linearity of traditional fiction. Cortázar became notable for his numerous short stories, collected in volumes such as Bestiary (1951), End of the Game (1956), and The Secret Weapons (1959), establishing himself as one of the greatest storytellers of the twentieth century. His stories often include fantastical or mythical elements; protagonists who begin in ordinary situations but end in strange or terrifying circumstances; and bold jumps in time from one paragraph to the next.

    This summer I was in Querétaro, Mexico, my hometown, to present my first novel, Memorias de Tierra Adentro. At the end of my stay, I had the opportunity to chat with the writer Juan Antonio Isla, who is also originally from Querétaro. Although I had known of him since childhood—through his friendship with my parents and because we are from the same town—I had never had the chance to chat with him in person. Very kindly, he invited me for a cup of coffee and a delicious slice of cake in a lovely café near the striking Querétaro aqueduct. He gifted me two of his books and signed them on the spot—a great honor. I began reading one of them immediately; I read the second upon arriving home in the United States.

    Under the Almond Trees: Prints of Love and Death (Editorial Siglo XXI, 2017) was the first. I enjoyed it immensely because it combined two of my favorite subjects: historical fiction and the city of Querétaro. I read it in two days without stopping. It is a story based on true events about two rival families during the Mexican Revolution. I loved the histories behind the monument to La Corregidora (which I have walked past countless times), the story of the city’s modernization, and the tale of the first car in town. In this book, in my opinion, Juan Antonio Isla establishes himself as a true “Master of the Querétaro Novel.”

    Later, upon returning home, I read his latest book, Central District: A New Model to Assemble (Editorial helvética, 2024). I was fascinated by it. Set in the 1950s, the novel is a circular narrative composed of story fragments arranged in a documentary style in the fictional town of Distrito Central—an allusion to Querétaro. The novel invites the reader to assemble their own version of the story. Some passages are humorous, others raw; many have a strong sexual charge, making it a book for adults (surprising, given its portrayal of a conservative town). Yet all are magnificently narrated. It is difficult to read in one sitting; it must be read slowly, and sometimes reread, to avoid losing the thread.

    Isla’s narrative style reminds me quite a bit of Carlos Fuentes, but the novel’s complexity is more akin to Cortázar, as Isla often embeds stories within stories. This intentional “chaos” is precisely the effect the author seeks. The book is full of characters, and yet each serves a purpose. Central District reminded me of Cortázar’s Hopscotch, where the reader can jump from one part to another, start in the middle or at the end—much like the children’s game of the same name—or like those “Choose Your Own Adventure” books I read in the eighties, but in a far more sophisticated way. A book of this nature is difficult to achieve, and it speaks to an author who is a master of narrative with great experience.

    Distrito Central: Un Nuevo Modelo para Armar
    (Editorial helvética, 2024) ★★★★★
    (Spanish edition)
    The book is available on Amazon.

  • «Distrito Central» de Juan Antonio Isla

    «Distrito Central» de Juan Antonio Isla

    Durante mis más de quince años como instructora de español en Estados Unidos pasaron por mis aulas infinidad de chicos universitarios, entre los dieciocho y los veintitrés años. Haciendo un cálculo mental rápido, puedo pensar que fueron alrededor de dos mil estudiantes los que tuve durante ese tiempo. Tuve todo tipo de alumnos: buenos, malos y regulares. La gran mayoría era de origen anglosajón, pero también tomaron mis clases varios afroamericanos, asiáticos, hispanos y estudiantes internacionales. Había de todo: desde quienes cursaban español solo para cumplir un requisito académico, hasta quienes encontraban en el aprendizaje del idioma una experiencia transformadora. En general, eran estudiantes más o menos serios, pues se trataba de una universidad costosa.

    A pesar de lo que suele decirse en la política o en los medios, según mi experiencia, la mayoría de los universitarios norteamericanos terminaban apreciando profundamente el idioma y la cultura hispana. Muchos continuaban estudiando español después de haber comenzado su aprendizaje en la escuela media o en el “high school”. Empezaban atraídos por la comida, y terminaban enamorados de la cultura. Algunos incluso se planteaban viajar a Latinoamérica o España antes de concluir sus estudios universitarios.

    La mayoría de mis cursos se enfocaba en enseñar la lengua y sus reglas básicas y complejas. Sin embargo, en algunos cursos con estudiantes jóvenes un poco más avanzados tuve la oportunidad de ir más allá de la gramática y adentrarme con ellos en la Literatura Hispana, leyendo pasajes, cuentos e historias cortas de algunos de los autores contemporáneos más destacados en lengua castellana. Hay que recordar que para estos chicos el español era su segunda o tercera lengua, y que leer en una lengua no materna —aunque similar— puede ser complejo. Aun así, en el aula, al acercarnos a los “grandes” y a los “consagrados”, surgían momentos memorables.

    Federico García Lorca les gustaba inmediatamente por su franqueza y elocuencia cuando leíamos fragmentos de Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba. Carlos Fuentes resonaba de manera especial, sobre todo entre quienes tenían algún origen latinoamericano, los llamados “heritage speakers”, porque sus ensayos sobre identidad los hacían sentirse reflejados. Las historias de Isabel Allende, Ángeles Mastretta y Elena Poniatowska eran favoritas entre las mujeres por su impronta sensible, nostálgica y su lenguaje cautivador. Gabriel García Márquez, aunque grandioso, resultaba difícil para ellos, saturado de coloquialismos y regionalismos. Vargas Llosa, extraordinario a mi parecer, a veces les resultaba un poco “petulante”. Los relatos cortos de Arturo Pérez-Reverte y Edmundo Paz Soldán, en cambio, gustaban porque eran más accesibles y abordaban temas contemporáneos sin profundizar demasiado en contextos culturales.

    Aunque más difícil, Jorge Luis Borges fascinaba a la gran mayoría por sus narraciones elaboradas y sus metáforas que invitaban a la reflexión; “Emma Zunz” era uno de los cuentos favoritos. También encontraban maravillosos los microcuentos de Augusto Monterroso. Al final del curso leíamos a Julio Cortázar: para muchos, “les volaba la cabeza”; para otros, Cortázar era demasiado complejo y difícil de estudiar. No los culpo: Rayuela sigue siendo, para mí, uno de los libros más complejos que he leído.

    Rayuela puede leerse de varias maneras: siguiendo el orden tradicional, saltando capítulos según el tablero de dirección propuesto por Cortázar —leyendo del capítulo 1 al 56 y prescindiendo del resto, o comenzando en el 73 y siguiendo el orden indicado—, o de forma libre, eligiendo fragmentos en cualquier dirección.

    Julio Cortázar (1914-1984), novelista, cuentista, ensayista y traductor argentino nacionalizado francés, uno de los representantes más importantes del “boom latinoamericano”, es posiblemente uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro de la prosa y del cuento breve. Rompió moldes clásicos e inauguró nuevas formas narrativas, desafiando la linealidad temporal de la literatura tradicional. Se volvió notable por sus cuentos, recopilados en volúmenes como Bestiario (1951), Final del juego (1956) y Las armas secretas (1959), consolidándose como uno de los mejores cuentistas del siglo XX. Sus historias suelen incluir elementos fantásticos o míticos, donde protagonistas que comienzan en situaciones ordinarias terminan envueltos en circunstancias extrañas o inquietantes, con frecuentes saltos temporales de un párrafo a otro.

    Este verano estuve en Querétaro, mi ciudad natal, para presentar mi primera novela, Memorias de Tierra Adentro. Al final de mi estadía, tuve la oportunidad de conversar con el escritor queretano Juan Antonio Isla. Aunque lo conocía desde pequeña, por su amistad con mis padres y por nuestra común “queretaneidad”, nunca había tenido la oportunidad de hablar con él en persona. Muy gentilmente, me invitó a tomar un café con un delicioso pastel en una linda cafetería cerca del imponente Acueducto. Me regaló dos de sus libros y me los firmó allí mismo: un gran honor. Uno de ellos lo comencé a leer de inmediato; el segundo lo leí al volver a Estados Unidos.

    Bajo los almendros: Estampas de amor y muerte (Siglo XXI, 2017) fue el primero. Me gustó muchísimo porque combinaba dos de mis temas favoritos: la novela histórica y la ciudad de Querétaro. Lo leí en dos días, sin poder soltarlo. Es una historia basada en hechos reales sobre dos familias rivales en tiempos de la Revolución Mexicana. Me encantó descubrir la historia detrás del monumento a la Corregidora (por el que he caminado infinidad de veces), los trazos modernos de la ciudad y la llegada del primer automóvil. A mi parecer, en este libro Juan Antonio Isla se consagra como un verdadero “Maestro de la novela queretana”.

    Más tarde, en casa, leí su libro más reciente: Distrito Central: Un nuevo modelo para armar (Editorial Helvética, 2024). Me fascinó. La novela, circular en su estructura, narra fragmentos de historias en un orden no lineal, como si se tratara de un documental situado en el pueblo ficticio de Distrito Central —una clara alusión a Querétaro— recreado en los años cincuenta. El libro propone múltiples mini-historias que desafían al lector a armar su propio modelo de lectura. Algunas son simpáticas, otras crudas; muchas tienen una fuerte carga sexual —es un libro para adultos, sorprendente por retratar un pueblo conservador—, pero todas están magníficamente narradas. No es un libro para leer de una sola sentada: requiere ir despacio, releer, volver sobre pistas narrativas.

    El estilo de Isla me recuerda mucho al de Carlos Fuentes, pero la complejidad estructural se asemeja más a la de Julio Cortázar, pues el autor suele incluir historias dentro de historias. Ese caos es deliberado: el libro está lleno de personajes y todos tienen un propósito narrativo. Distrito Central me recordó mucho a Rayuela, por la libertad estructural que permite brincar de un lado a otro, comenzar en medio, atrás, adelante, como un “avioncito” literario, o como aquellos libros de los años ochenta, Elige tu propia aventura, pero en una versión más profunda y compleja. Un libro así es difícil de lograr, y habla de un autor que domina la narrativa con gran maestría.

    Distrito Central: Un nuevo modelo para armar (Editorial Helvética, 2024) ★★★★★
    El libro está disponible en Amazon.

  • «Hitlaro» by Mariana Perusquía: The New Mexican Gothic

    «Hitlaro» by Mariana Perusquía: The New Mexican Gothic

    By Samanta Echevarría

    As for terror and horror literature, I have always felt identified with Joey Tribbiani in that famous thirteenth episode of season three of the television series Friends, in which Joey (Matt LeBlanc) and Rachel (Jennifer Aniston) exchange their favorite books. In the episode, Joey must read Little Women by Louisa May Alcott, and Rachel, in turn, must read The Shining by Stephen King. What is funny, and what makes the episode memorable, is Joey’s reaction to King’s book: although it is his favorite, the terrifying nature of the story is such that he keeps it stored in the most remote place of his small New York apartment—inside the kitchen freezer—so that the plot can literally “cool down.”

    I read Rachel Green’s favorite book, Little Women, when I was eleven or twelve. I enjoyed it, laughed, and experienced that classic firsthand, and of course I also cried, memorably, like “Mary Magdalene,” just as Joey does in the Friends episode when he discovers that (spoiler) one of the March sisters dies. In contrast, I did not watch the 1980 film The Shining, based on Stephen King’s novel and starring Jack Nicholson, until adulthood, and only because my husband insisted that I should watch this psychological suspense classic. I must confess that I closed my eyes in several scenes, and others, I still cannot get out of my mind.

    So, I have personally never read Stephen King, simply because I know I would react just as Joey Tribbiani does—my copy would probably end up in the freezer. I admit I am too “cowardly” to read King, and that I do not have the stomach for it, even though I recognize his status as the absolute “King” (as his last name suggests) of horror literature and the importance of his many works, now classics of American fiction.

    Despite being a scaredy-cat, I do enjoy police suspense, murder mystery, and Gothic literature. As I did with Alcott’s novel in my adolescence, I devoured the stories of the world’s most famous detectives: in English class, the short stories of Sir Arthur Conan Doyle and his detective Sherlock Holmes, which I read without being able to stop; later, the most famous volumes of Agatha Christie and her detective Hercule Poirot, such as Murder on the Orient Express and Death on the Nile, which continue to captivate me to this day and which I have reread many times; as well as my favorite detective of all, the beloved Tintin, protagonist of the graphic stories by Belgian author Hergé—my daughters’ favorite too.

    Gothic literature, for its part, is a genre that combines elements of horror, mystery, and the supernatural, with intense emotions such as fear and anguish. It emerged in England at the end of the eighteenth century as a response to sentimental Romanticism and is characterized by gloomy settings, plots centered on revenge, death, and family secrets, and the intrusion of the past into the present. Some of the most famous examples include The Castle of Otranto by Horace Walpole, Dracula by Bram Stoker, Frankenstein by Mary Shelley, Wuthering Heights by Emily Brontë, The Picture of Dorian Gray by Oscar Wilde, as well as several stories by Edgar Allan Poe.

    In Mexican literature, the fascination with death and its mysteries—one of the defining features of Mexican identity—has been portrayed with black humor, blurred boundaries between reality and fiction, and touches of magical realism. This makes it difficult for the reader to distinguish between the real and the imagined. Such is the case of Pedro Páramo by Juan Rulfo, or one of my favorite books, Aura by Carlos Fuentes. And I want to emphasize that both books are, in my opinion, absolutely for adult readers, given the controversies the latter has faced in Mexico and its episodes of school censorship. Aura is narrated unusually in the second person and describes the haunting experience of a young student who becomes a French translator in an old house on Donceles Street in Mexico City in the 1960s, where he undergoes a supernatural encounter. This psychological horror novella—mixing fantasy, reality, and the Gothic—is a jewel of Mexican literature.

    Other Mexican authors who have excelled in suspense and horror include Amparo Dávila, known as a master of the genre; Francisco Tario, a classic of the fantastic tale; Bernardo Esquinca, considered one of the leading contemporary authors of horror and crime fiction; and Antonio Malpica, who mixes horror and adventure in works such as Isla de Apocalipsis. Other notable figures include Adela Fernanda, Emiliano González, and Atenea Cruz.

    Latin American horror, more broadly, has often focused on fears rooted in social and political violence—disappearances, coups, inequality. Authors such as Horacio Quiroga, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin (my namesake), and Leopoldo Lugones explore terrors that reflect historical and contemporary traumas.

    As for Mexican Gothic literature written by women, the genre continues to generate interest with new voices. Recently, I watched an interview on social media by host Pepe Cantellano in his program Noches de Lectura, where he spoke with Mexican horror author Sandra Becerril about her new novel El Carnaval del Diablo. Her explanations about her narrative process intrigued me.

    Some years ago, our book club read Mexican Gothic (Penguin, 2020) by Mexican-Canadian author Silvia Moreno-García. I read the English version and found it spectacular—controversies aside—because it combines Gothic tradition with Mexican literature in a powerful way. I loved the cultural references. Set in 1950s Hidalgo, the novel follows a socialite who must rescue her cousin from a remote country mansion inhabited by a peculiar British family. The Spanish translation, however, disappointed me—not because of the story itself, but because it was translated into Peninsular Spanish and not Mexican Spanish. Since the story is set in Pachuca, the “Castilian” expressions felt out of place. A great book with an unfortunate translation choice. Another book in this genre that has been discussed in the United States is The Hacienda by Isabel Cañas, though I have not yet had the chance to read it.

    However, without a doubt, one of the promising new voices in this Mexican Gothic revival is Mariana Perusquía from Querétaro, with her literary debut Hitlaro (Helvética, 2025).

    I had the opportunity to meet Mariana this summer, and it was a pleasant experience. Mariana is not only an excellent journalist, but an even better human being. We connected on social media and exchanged messages about her work as a communicator. We later met in person in Querétaro when she interviewed me for her radio program for the release of my own novel, and she was about to present hers. A novel she had written during her university years and kept for twenty years was finally coming to light. A few days after my interview aired on La Hora Nacional, I attended one of her readings. I finished her novel in just two days.

    Hitlaro is an excellent short novel, with a narrative that moves between the supernatural and the phantasmagorical. It is a blend of Aura, Pedro Páramo, and Mexican Gothic. In her literary debut, Perusquía sets the novel in the fictional town of Hitlaro, weaving a story that fuses Gothic elements with magical realism, immersing the reader in a journey between life, death, and memory. The book explores themes such as guilt, redemption, and the legacy of women who dare to defy fate. It is impeccably crafted, with a strong plot and rhythm. It hooked me from beginning to end. I was left wanting more.

    Mariana Perusquía holds a degree in Communication and Journalism and a master’s degree in Contemporary Literature. A well-regarded journalist in Querétaro, she is a producer and host at Radio y Televisión Querétaro (RTQ), where she leads the morning newscast. Recognized for her work, she received the 2023 State Journalism Award. Her experience and professionalism position her as an influential voice in Querétaro’s media landscape.

    Her novel Hitlaro is available on Amazon.

    Hitlaro *****.

  • «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    Por Samanta Echevarría

    En lo que respecta a la literatura de terror y horror, siempre me he sentido identificada con el personaje de Joey Tribbiani, en aquel famoso episodio trece de la temporada tres de la popular serie de televisión Friends de mi juventud; en el cual Joey (Matt LeBlanc) y Rachel (Jennifer Aniston) intercambian sus libros favoritos. Él debía leer Mujercitas, de Louisa May Alcott, y ella, a su vez, El resplandor, de Stephen King. Lo gracioso, y lo que hace memorable el episodio, es la reacción de Joey al libro de King: aunque sea su favorito, debido a lo espeluznante de la historia, lo guarda en el lugar más recóndito de su pequeño apartamento neoyorquino, dentro del congelador de la cocina, para que, literalmente, se «enfríe» la trama del terrorífico libro.

    Leí Mujercitas, el libro favorito de Rachel Green, cuando tenía once o doce años; gocé, reí y viví en carne propia esta historia clásica, y, por supuesto, también lloré como una «Magdalena», así como Joey lo hizo en el episodio al enterarse de que (spoiler) una de las hermanas March muere. Por el contrario, vi la película de El resplandor (1980), basada en el libro de King y protagonizada por Jack Nicholson, ya en mi edad adulta, debido a la insistencia de mi esposo al enterarse de que nunca la había visto. Debo confesar que cerré los ojos en algunas escenas, y otras aún siguen marcadas en mi memoria. Así que, personalmente, nunca he leído a Stephen King. Estoy segura de que tendría exactamente la misma reacción que Joey, y mi ejemplar terminaría dentro del congelador. Admito que soy demasiado «cobarde» para leer a King, y que no tengo las agallas ni el estómago para digerirlo, aunque soy consciente de su estatus como el «Rey» absoluto de la literatura de terror, y de sus numerosos libros, hoy convertidos en clásicos, que lo han elevado a un lugar privilegiado en la ficción estadounidense.

    Dicho lo anterior, el suspenso policiaco y el murder mystery, por el contrario, siempre me han atraído, al igual que la literatura gótica. Al igual que Alcott, me devoré en mi adolescencia las historias de los detectives más famosos del mundo: en la clase de inglés, los relatos cortos de Sir Arthur Conan Doyle y su detective Sherlock Holmes, que leí de principio a fin sin poder detenerme; más adelante, los volúmenes más célebres de Agatha Christie y su detective Hercule Poirot, como Muerte en el Orient Express y Muerte en el Nilo, historias que me siguen fascinando aún hoy y que he releído varias veces; así como mi detective favorito de todos, el popular Tintín, protagonista de las historietas del autor belga Hergé. Favorito también de mis hijas.

    La literatura gótica, por su parte, es un género que combina elementos de terror, misterio y lo sobrenatural, con emociones intensas como el miedo y la angustia. Surgió en Inglaterra a finales del siglo XVIII como respuesta al sentimentalismo del Romanticismo. Se caracteriza por ambientaciones lúgubres, tramas que exploran temas como la venganza, la muerte y los secretos familiares, y la intrusión del pasado en el presente. Algunos de los ejemplos más famosos son: El castillo de Otranto de Horace Walpole —obra fundacional del género—, Drácula de Bram Stoker, Frankenstein de Mary Shelley, Cumbres borrascosas de Emily Brontë, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, así como varios relatos de Edgar Allan Poe.

    En México, la fascinación por la muerte como rasgo identitario se ha expresado en la literatura a través del humor negro, el realismo mágico y la mezcla constante entre realidad y fantasía. Tal es el caso de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, o Aura, de Carlos Fuentes —libro que considero una joya del terror psicológico y lo gótico, aunque reitero que, a mi parecer, ambos textos son para lectores adultos—.

    Otros escritores mexicanos destacados en el género del suspenso y el terror son Amparo Dávila, Francisco Tario, Bernardo Esquinca y Antonio Malpica; mientras que, en América Latina, la literatura de terror contemporánea se ha nutrido de los miedos sociales y políticos de la región: desapariciones, violencia y desigualdad. Autores como Horacio Quiroga, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Leopoldo Lugones han explorado estos temas desde distintas perspectivas.

    En cuanto al gótico mexicano escrito por mujeres, este género sigue renovándose. Hace poco vi con interés la entrevista que Pepe Cantellano hizo a la escritora Sandra Becerril en su programa Noches de Lectura, con motivo de su nueva novela El carnaval diabólico, y me dejó un grato sabor de boca al escucharla hablar de su proceso creativo.

    De igual manera, hace un par de años leímos en el club de lectura Mexican Gothic (Penguin, 2020), de Silvia Moreno-García. Leí la versión en inglés y me pareció un libro espectacular, pues logra una mezcla notable entre lo gótico y la cultura mexicana. Sin embargo, la traducción al castellano peninsular me decepcionó, pues al estar ubicada la historia en Hidalgo, las expresiones españolas resultan poco convincentes para ese contexto. Otro título reciente dentro de este mismo espectro es The Hacienda, de Isabel Cañas, aunque aún no he tenido oportunidad de leerlo.

    Pero, sin duda, una de las nuevas exponentes del gótico mexicano es la queretana Mariana Perusquía con su novela Hitlaro (Helvética, 2025).

    Tuve la oportunidad de conocer a Mariana este verano. No sólo es una excelente periodista, sino una gran persona. Después de conversar por redes sociales y mensajes, finalmente nos conocimos en Querétaro, pues tuvo la gentileza de entrevistarme para su programa de radio con motivo de la presentación de mi novela, mientras ella también estaba por presentar la suya. Hitlaro fue escrita en sus años universitarios y guardada durante veinte años, hasta que finalmente salió a la luz.

    Unos días después asistí a una de sus presentaciones. Leí la novela en dos días, de un solo tirón.

    Hitlaro es una excelente novela corta. Con una narrativa entre lo sobrenatural y lo fantasmagórico, combina Aura, Pedro Páramo y Mexican Gothic. Ambientada en un pueblo ficticio, entrelaza una historia que fusiona lo gótico con el realismo mágico, atrapando al lector en un viaje entre la vida, la muerte y la memoria. Explora la culpa, la redención y el legado de las mujeres que desafían el destino. Con buena trama, ritmo y una atmósfera poderosa, me enganchó de principio a fin. Me quedé con ganas de más.

    Mariana Perusquía es licenciada en Comunicación y Periodismo, y maestra en Literatura Contemporánea. Destacada periodista queretana, es productora y locutora en Radio y Televisión Querétaro (RTQ), donde lidera el noticiero matutino. Ganadora del Premio Estatal de Periodismo 2023, es una voz influyente en los medios locales.

    Su novela Hitlaro está disponible en Amazon.

    Hitlaro ★★★★★

  • Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos

    Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos

    By Samanta Echevarría

    The charm of Querétaro as a jewel of Mexican baroque architecture is undeniable. Its streets, fountains, and pink quarry buildings, as well as its temples and altarpieces adorned in the Churrigueresque style, make this colonial city one of the most beautiful in Mexico. I grew up there. However, its importance has not lain in its beauty itself, but in its location. Historically, it has been a strategic point within the territory of what is now Mexico. Precisely because it is located in the heart of the country, Querétaro has been a crossroads of paths and encounters. Since the viceregal period, it functioned as a crucial point for the trade and supply of New Spain, and by the eighteenth century, it was considered the third most important city in Latin America, after Lima (Peru) and Mexico City.

    This strategic location made Querétaro the scene of important historical feats: it was the cradle of Mexico’s independence, the center of its conspiracy, and a key site for the beginning of the armed struggle. Later, it witnessed the end of the Second Empire with the trial and execution of Maximilian of Habsburg. In the twentieth century, it became the headquarters of the Constituent Congress that signed the Mexican Constitution of 1917.

    Rodrigo Romero, researcher and PhD in History from the Faculty of Philosophy and Letters at UNAM, points out that, since its beginnings, the historical feats of the Mexican state have been the subject of study and numerous interpretations. Mexican historiography evolved from post-independence chronicles and pamphlets to monographic approaches to the epic and heroic deeds that served as the foundation for consolidating Mexican national identity.

    The foundations of Mexico’s history have been laid by numerous researchers, ranging from The History of the Revolution of New Spain by Servando Teresa de Mier (London, 1813), to Mexico through the Centuries by Julio Zárate; from Historical Picture of the Mexican Revolution by Carlos María de Bustamante, to Historical Essay of the Revolutions of Mexico by Lorenzo de Zavala; from Mexico and Its Revolutions by José María Luis Mora, to History of Mexico by Lucas Alamán, and the works of Justo Sierra and José Vasconcelos, to mention just a few.

    However, as time has passed, Mexican historiography has evolved from a vision centered on “the people versus the foreign power” to a broader understanding of these armed movements—one that includes more complex social, economic, regional, and international factors, as well as the participation of many figures about whom we still know little.

    Romero affirms that although earlier efforts had appeared in the past, it is likely that the 1953 publication commemorating the bicentennial of Miguel Hidalgo’s birth—The Revolution of Independence by Luis Villoro—marked the beginning of this new historiography. Yet it was not until later, in the 1990s and especially after 2010 with the bicentennial of Mexican Independence, that researchers began to rethink Mexico’s national history.

    One of these new voices is undoubtedly that of Jesús Reyes Bustos (b. 1972), an anthropologist from the Autonomous University of Querétaro, who, although originally from Mexico City, has deep roots in Querétaro. Reyes Bustos has gone beyond historical research; he explains that he has dedicated himself to writing historical novels in order to “take science out of the archives, the academy, and the technical terms, with the intention of disseminating it and making it more accessible to readers and to society in general.”

    In 2011, he independently published his first novel, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), which earned him Mexico’s National Award for Historical Novel in 2010. The novel explores the extraordinary life of Epigmenio González, who, upon joining the Querétaro conspiracy at the beginning of Mexico’s Independence, was one of the first insurgents apprehended by Spanish royalist authorities—and also one of the last revolutionary leaders to be released by the Spanish Empire, even after the consummation of Independence. After having spent more than 25 years imprisoned in the Philippines, and several more in the fortress of San Juan de Ulúa in Veracruz, he managed to return to Mexico and died peacefully in his bed in 1858.

    I came across the wonderful work of Jesús Reyes Bustos while researching my own novel Memorias de Tierra Adentro. I was immediately captivated by his novel Circunstancias. Later, with the publication of my book, our paths crossed, and Reyes Bustos and I have kept in touch through social media and text messages.

    In a halting telephone conversation from Mazunte, Oaxaca—his current residence—he tells me, “I’m in paradise, but with little internet signal.” He explains that his novel Circunstancias arose from the enormous amount of information he gathered during his doctoral thesis. “I didn’t want the life of Epigmenio González—this extraordinary man who suffered so much for Mexico—to be reduced to my PhD thesis and then re-archived. I thought this amazing Queretano deserved recognition from society. I decided to novelize my academic research to make his story known. Because he wasn’t an Allende or a Hidalgo, his extraordinary story of survival was left aside and forgotten by national history. During the cultural movement of Juárez and the liberals at the end of the nineteenth century, when the Mexican nation-state was being built, Epigmenio González was still miraculously alive in Guadalajara, and his story didn’t fit into the ‘Civic Calendar of Saints’ of patriotic heroes. He never received the recognition he deserved.”

    Reyes Bustos has published two more novels. In 2013, he presented La Quimera Imperial at the Center of the Arts of Querétaro (formerly the Convent of Santa Rosa de Viterbo). Its premise revolves around “Operation Peacock,” a plan to bring Moctezuma’s Plume from Austria to Mexico in exchange for Maximilian of Habsburg’s carriage, which is housed in Chapultepec Castle. In this second work of historical fiction—part detective story—Reyes Bustos moves away from academic language and integrates elements of suspense into his plot.

    In his third novel, De esas Sombras Frente al Puerto (2018), Reyes Bustos returns to Querétaro as the setting. He employs the racconto (a narrative device in which a story is told retrospectively) to develop a plot set during the Constituent Congress of Querétaro in 1917 and the days preceding the assassination of Venustiano Carranza. The story unfolds amid the intrigues of the congressmen in the Iturbide Theater (today the Theater of the Republic) and the Cantina El Puerto de Mazatlán, where the new Mexican constitution was being shaped.

    All three novels are extraordinary. I highly recommend reading his work. Jesús Reyes Bustos continues to write, driven by the intention of giving Epigmenio González the place he deserves in Mexico’s national history.

    Reyes Bustos won Mexico’s National Award for Historical Fiction (2010) for his novel Circunstancias and has received other distinctions: First Place in University Short Story (UAQ, 2003); First Place in Short Story (Conaculta, Gómez Morin, 2005); and Honorable Mention in the Spanish-language category of Letras Nómadas (Tulsa, Oklahoma, 2007). He has also been a columnist for El Universal Querétaro and the Sunday supplement Barroco of Diario de Querétaro. He currently resides by the beach in Oaxaca.

    Epigmenio González. Circunstancias, by Jesús Reyes Bustos ***** (Spanish edition)

  • Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Por Samanta Echevarría

    El encanto de Querétaro como joya del barroco mexicano es innegable: sus calles, fuentes y edificios de cantera rosa, así como sus templos y retablos adornados al estilo churrigueresco, hacen de esta ciudad colonial una de las más bellas de México. Allí crecí. Sin embargo, su importancia no ha radicado en su belleza, sino en su ubicación. Históricamente ha sido un punto estratégico dentro del territorio de lo que hoy es México. Precisamente por estar situada en el corazón del país, Querétaro ha sido un cruce de caminos y de encuentros. Desde el virreinato funcionó como un punto crucial en la comercialización y el abastecimiento de la Nueva España, y ya para el siglo XVIII era considerada la tercera ciudad más importante de América Latina, después de Lima, Perú, y de la Ciudad de México.

    Esta ubicación estratégica llevó a Querétaro a ser escenario de importantes gestas históricas: fue cuna de la Independencia de México, centro de su conspiración y lugar clave para el inicio de la lucha armada. Más tarde, sería escenario del fin del Segundo Imperio, con el juicio y fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. En el siglo XX se convirtió en la sede del Congreso Constituyente que promulgó la Constitución de 1917.

    Señala Rodrigo Romero, investigador y doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que desde sus inicios las hazañas históricas del Estado mexicano han sido motivo de estudio y de numerosas interpretaciones. La historiografía nacional evolucionó desde las crónicas y panfletos postindependentistas hasta los acercamientos monográficos de la gesta épica y heroica que sirvieron de base para consolidar la identidad nacional.

    Han sentado las bases de la historia de México numerosos investigadores, desde La historia de la Revolución de la Nueva España de Servando Teresa de Mier, publicada en Londres en 1813, hasta México a través de los siglos de Julio Zárate, pasando por Cuadro histórico de la Revolución Mexicana de Carlos María de Bustamante, el Ensayo histórico de las revoluciones de México de Lorenzo de Zavala, México y sus revoluciones de José María Luis Mora, la Historia de Méjico de Lucas Alamán, o los textos de Justo Sierra y José Vasconcelos, por mencionar sólo algunos nombres.

    Sin embargo, a medida que ha avanzado el tiempo, la historiografía mexicana ha evolucionado desde una visión centrada en el pueblo y la lucha contra el poder extranjero hacia una comprensión más amplia de los movimientos armados, que incluye factores sociales, económicos, regionales e internacionales más complejos, así como la participación de un cúmulo de personajes que aún desconocemos.

    Romero indica que, si bien aparecieron esfuerzos previos, es probable que la publicación de 1953 con motivo del bicentenario del nacimiento de Miguel Hidalgo —La Revolución de Independencia de Luis Villoro— marque el inicio de esta nueva historiografía. No obstante, no fue sino hasta los años noventa, y sobre todo a partir de 2010 con motivo del bicentenario de la Independencia, cuando los investigadores comenzaron a replantearse la Historia Nacional.

    Una de esas nuevas voces es, sin duda, la de Jesús Reyes Bustos (1972), antropólogo por la Universidad Autónoma de Querétaro, quien, aunque originario de la Ciudad de México, tiene profundas raíces queretanas. Reyes Bustos ha ido más allá de la investigación histórica; explica que se ha dedicado a escribir novela histórica para «sacar la ciencia de los archivos, de la academia y de los términos técnicos, con la intención de divulgarla y hacerla más accesible al lector y a la sociedad».

    En 2011 publicó de forma independiente su primera novela, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), que le valió el Premio Nacional de Novela Histórica 2010. La obra explora la extraordinaria vida de Epigmenio González, quien, al integrarse a la conspiración de Querétaro en los inicios de la Independencia, se convierte en el primer insurgente aprehendido por las autoridades realistas, pero también en uno de los últimos personajes revolucionarios liberados por el Imperio español. Aun después de la consumación de la Independencia, pasó más de 25 años en prisión —en Filipinas y posteriormente en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz—. Logró regresar a México y murió en su cama en 1858.

    Me encontré con la magnífica obra de Jesús Reyes Bustos durante la investigación de mi propia novela Memorias de Tierra Adentro, y quedé encantada con Circunstancias: inmediatamente me cautivó. Más adelante, con la publicación de mi libro, nuestras historias se cruzaron y hemos mantenido comunicación a través de redes sociales y mensajes de texto.

    El autor me explicó, en una conversación telefónica entrecortada desde Mazunte, Oaxaca —su actual residencia—: «Estoy en el paraíso, pero con poca señal de internet». Me contó que su novela Circunstancias surgió a partir de la enorme cantidad de información obtenida durante su tesis doctoral:

    «Yo no deseaba que la vida de Epigmenio González —este personaje que sufrió mucho por México— se quedara reducida a mi tesis y vuelta a archivar. Pensaba que este extraordinario queretano debía tener el reconocimiento que merece de la sociedad. Decidí novelar el libro académico para dar a conocer su historia, ya que, por no tratarse de un Allende o un Hidalgo, su extraordinaria historia de supervivencia quedó de lado y olvidada por la Historia Nacional. Durante el movimiento cultural de Juárez y los liberales, a finales del siglo XIX, al construir el Estado nacional, Epigmenio González seguía aún milagrosamente vivo en Guadalajara, y su historia no cupo en el ‘santoral cívico’ de los héroes patrios. No se le dio el reconocimiento que debía», explica.

    Reyes Bustos tiene dos novelas más. En 2013 presentó, en el Centro de las Artes de Querétaro (exconvento de Santa Rosa de Viterbo), su segunda novela: La quimera imperial, cuya premisa gira en torno a La operación Pavorreal, un plan para traer a México el Penacho de Moctezuma, que se encuentra en Austria, a cambio de la carroza de Maximiliano, localizada en el Castillo de Chapultepec. En esta segunda entrega, de ficción histórica y corte policiaco, Reyes Bustos deja de lado el lenguaje académico para integrar elementos de suspenso en su trama.

    En su tercera obra, De aquellas sombras frente al puerto (2018), Reyes Bustos retoma nuevamente a Querétaro como escenario. Utiliza el raccourci —un atajo o aceleración en la narrativa, a menudo para saltar el tiempo o el desarrollo de ciertos eventos. Puede manifestarse como un salto temporal para mostrar la madurez de un personaje o como una elipsis para omitir detalles innecesarios y concentrarse en lo esencial. En algunos casos, puede referirse a la aceleración del conflicto de un personaje— para desarrollar su trama en el marco del Congreso Constituyente de Querétaro de 1917 y los días previos al asesinato de Venustiano Carranza. El Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) y la cantina El Puerto de Mazatlán sirven de escenario a las intrigas de los diputados constituyentes al proponer la nueva Constitución de México.

    Las tres novelas son extraordinarias. Recomiendo ampliamente leer su obra. Jesús Reyes Bustos se encuentra trabajando en una nueva novela y mantiene la intención de seguir dándole relevancia a Epigmenio González dentro de la Historia Nacional.

    Reyes Bustos obtuvo el Premio Nacional de Novela Histórica (2010) por Circunstancias, y ha sido galardonado con otros reconocimientos: Primer Lugar en el Cuento Universitario (UAQ, 2003); Primer Lugar en Cuento (CONACULTA, Gómez Morin, 2005); Mención Honorífica en Cuento Breve en Español “Letras Nómadas” (Tulsa, Oklahoma, 2007). Además, ha sido columnista en el periódico El Universal Querétaro y en el suplemento dominical Barroco del Diario de Querétaro. Actualmente reside junto al mar, en Oaxaca.

    ★★★★★ Epigmenio González. Circunstancias —Jesús Reyes Bustos

  • Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Por Samanta Echevarría

    Amor Towles se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Lo descubrí por casualidad, en una cápsula televisiva sobre él y su obra, transmitida en el programa norteamericano CBS Sunday Morning, un espacio que aborda temas de noticias, política, cultura, arte y eventos históricos, enfocado a un público más culto.

    Originario de Boston, Towles tenía un contrato para enseñar inglés durante dos años en China, tras graduarse de la Universidad de Yale en 1989. Sin embargo, el proyecto fue cancelado abruptamente por las protestas en la Plaza de Tiananmén. Decepcionado, comenzó a trabajar en una firma financiera en Nueva York, oficio que desempeñó por más de veinte años. Aunque siempre le había gustado la literatura y había escrito algunos relatos, Towles empezó a escribir de manera formal a partir de los cuarenta años, y lo ha hecho de forma extraordinaria.

    Intrigada por este nuevo autor, compré uno de sus libros, A Gentleman in Moscow (Un caballero en Moscú, Salamandra, 2016). En aquel entonces no podía imaginar la joya literaria que acababa de adquirir: una verdadera obra de arte, una historia magnífica, extraordinariamente escrita, con un cúmulo de emociones de principio a fin.

    El libro inicia al final de la Revolución rusa, cuando un conde aristocrático es juzgado por un tribunal bolchevique y condenado al paredón por su condición de noble, considerada enemiga del nuevo régimen. Sin embargo, un poema atribuido a su autoría —que exaltaba la revolución— lo salva de la muerte. El conde es puesto bajo arresto domiciliario en el Hotel Metropol, en el centro de Moscú.
    La novela transcurre a lo largo de los dieciséis años que el conde pasa confinado en el hotel bajo el régimen soviético, sabiendo que, si se asoma siquiera a la puerta, será ejecutado. Este libro se ha convertido en uno de mis favoritos, por lo que tengo muchas ganas de ver la serie de televisión recientemente estrenada, protagonizada por Ewan McGregor.

    En 2023, en el club de lectura, leímos otro de sus libros: The Lincoln Highway (Penguin, 2023). Towles no decepcionó. También se trata de una obra espectacular. Ambientada en 1953, narra el viaje por carretera que emprenden varios jóvenes al escapar de un centro de detención juvenil, intentando llegar a California a través de la histórica carretera que cruza los Estados Unidos de este a oeste.
    Muchas de las integrantes del club coincidieron en que este es uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos años. La historia explora la naturaleza de la juventud —su impredecibilidad y espíritu de rebeldía—, pero también los desvíos de la vida, las segundas oportunidades y la redención. El final de este libro es, simplemente, espectacular.

    Al final de este verano leí A Table for Two (Viking, 2024), también de Towles, una colección de seis relatos cortos escritos con ingenio, humor y sofisticación. El primero de ellos, y el que más me gustó, al igual que Un caballero en Moscú, se sitúa en la era soviética. Es evidente la profunda influencia que la literatura rusa, y en particular Fiódor Dostoievski, ejercen en la obra de Towles. En sus textos aparecen citas de Los hermanos Karamázov y guiños a Crimen y castigo, así como discusiones entre sus personajes y los grandes escritores de la llamada “Edad de Oro” de la literatura rusa del siglo XIX: Aleksandr Pushkin y León Tolstói. Novelistas que, al igual que Towles, abordan temas como la moralidad, el sufrimiento y la complejidad del ser humano, a través de personajes que enfrentan conflictos existenciales, luchas de clase y tensiones políticas.

    Este verano tuve la fortuna de conocer y charlar en Querétaro —mi ciudad natal— con Maurick Ilich, seudónimo de Óscar Mauricio Sosa, escritor y presidente del Consejo Literario de Querétaro. Aunque originario de la Ciudad de México, lleva muchos años viviendo aquí. Me llamó la atención su nombre, y me pregunté si sería una referencia a la literatura rusa y a León Tolstói. La muerte de Iván Ilich es, sin duda, una de las obras más profundas y conmovedoras de Tolstói, una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. La novela narra los últimos meses de Iván Ilich, un juez del sistema zarista ruso, quien, al enfrentarse a una enfermedad terminal, se ve obligado a mirar su existencia con nuevos ojos.

    Ilich (el autor, no el juez zarista) me entrevistó para su programa de radio y pódcast En pos de la palabra, transmitido en redes sociales y en Spotify, acerca de mi libro Memorias de Tierra Adentro. La charla, que duró más de dos horas —y pudo haber durado dos más—, fue increíblemente amena y profunda. Me impresionó no sólo la capacidad de retención de Ilich, sino también su análisis y su agudeza lectora. A mi parecer, Maurick Ilich realiza un trabajo admirable al apoyar y dar visibilidad a escritores independientes a través de entrevistas razonadas, profundas y bien estructuradas.

    Para retribuir el gesto, decidí leer su obra. Compré en Querétaro su más reciente libro, Andares Literarios (El Desvelo, 2024), un pequeño volumen compuesto por nueve relatos cortos.

    En Andares Literarios, Maurick Ilich nos traslada a su niñez en la Ciudad de México de los años ochenta: a las historias de los barrios, la familia y lo cotidiano. Sus relatos evocan la nostalgia del ayer mediante un lenguaje común, cercano, a veces pintoresco y del arrabal, lo que los vuelve profundamente identificables. También aparecen las caminatas por las calles, los mercados, los tianguis, las cascaritas de futbol, la hora de la comida y la vida de barrio que, aunque ocurre en la inmensa urbe capitalina, parece transcurrir en un pequeño pueblo de provincia.

    Los relatos de Maurick Ilich reflexionan sobre la memoria y el paso del tiempo; y, al igual que su homónimo, Iván Ilich, el juez zarista de Tolstói, el autor se pregunta también por su propia existencia.

    Andares Literarios (El Desvelo, 2024) ★★★★★

    Para escuchar las entrevistas de Maurick Ilich, visita En Pos de la Palabra Podcast:
    🔗 https://open.spotify.com/show/15GP6QSjDYD225G31bEecm

  • The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    By Samanta Echevarría

    My father always loved the seventh art. He enjoyed Mexican cinema, especially that of its golden age, but he also admired international cinema. When I was a little girl, he often spoke about the famous international movie stars of the 1960s, such as Marcello Mastroianni, Alain Delon, Sophia Loren, Brigitte Bardot, and Claudia Cardinale, among many others. During his youth, he saw all these films in the theaters of Mexico City. Most of these cinematic works became classics over time. He would recount them in such detail that, when he did, we felt as if we had seen them with him during that golden age of cinema.

    In my adolescence and youth, inspired by those narratives, I watched some of those films— not all, but a good number of classics. I owe my father that knowledge of international and classic cinema, which was uncommon among teenagers of my age in the 1990s. Some of the films that impacted me most back then were:

    • La Dolce Vita (1960), with Marcello Mastroianni — about the lives of tabloid journalists in Rome, the famous “paparazzi” (a word the film made famous).
    • Psycho (1960), with Anthony Perkins — turned into a cult classic of horror by the superb director Alfred Hitchcock.
    • Il Sorpasso (1962), with Vittorio Gassman — one of the first “road movies,” about a student who travels from Rome to Tuscany.
    • The spectacular and epic Lawrence of Arabia (1962), with Peter O’Toole and Anthony Quinn — based on the life of T. E. Lawrence and his memoir The Seven Pillars of Wisdom.
    • Dr. Strangelove (1964), directed by Stanley Kubrick — a black comedy that satirizes the Cold War.
    • Zorba the Greek (1964) — a film that brought fame to Anthony Quinn and to the exuberant Greek dances.
    • The Good, the Bad and the Ugly (1966) — one of the celebrated “Spaghetti Westerns,” directed by Sergio Leone and starring Clint Eastwood as “the Good,” Lee Van Cleef as “the Bad,” and Eli Wallach as “the Ugly.”

    There were also several musicals, such as West Side Story (1961), Mary Poppins (1964), and The Sound of Music (1965), to name just a few—the list is endless.

    All these films are magnificent; however, my favorite old movie is a bit older: Roman Holiday (1953), starring Audrey Hepburn and Gregory Peck. It tells the story of a princess who escapes her royal life for an adventure through the streets of Rome. I can watch this movie over and over again and still enjoy it just as much.

    The film my father always spoke of as one of his favorites, also from 1951, was A Streetcar Named Desire. Directed by Elia Kazan and starring a young and handsome Marlon Brando, it tells the story of a Southern belle, Blanche DuBois, who, after a series of personal misfortunes, takes a streetcar named “Desire” to New Orleans to live in a modest apartment with her sister, Stella, and her brother-in-law, Stanley. Her arrival provokes chaos and tension, leading to a dramatic triangle among the characters. Blanche urges her sister to leave her alcoholic husband.

    The film is based on the 1947 Broadway play of the same name, one of the most acclaimed of the 20th century and winner of the Pulitzer Prize. It was written by Thomas Lanier Williams III, better known as Tennessee Williams. The iconic scene where Brando cries “Stella!” has become a classic of classics, endlessly adapted and parodied—even by The Simpsons.

    A Streetcar Named Desire regained relevance with my generation in the late 1990s, when Spanish director Pedro Almodóvar referenced it in his film All About My Mother. The reference is essential to Almodóvar’s film, as the play becomes a thematic thread that expresses solidarity among women who support one another through pain and adversity.

    I met Dr. Cristian Martín Padilla Vega this summer in Querétaro, during the editorial presentation of his book The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics (published by Editorial Helvética). The first thing I asked myself when I was invited to this event was: What on earth is this book about? My mother and I discussed it.
    “I remember semiotics—syntax, semantics, and pragmatics,” I told her.
    She replied, reading from her phone: “Semiotics is the study of signs, symbols, and meaning—that is, how symbols and nonverbal language are interpreted by the brain. It’s fundamental to understanding human communication and the way we interact with the world. For example: graphic symbols, traffic signs, musical notation, and so on.”

    Intrigued, we went to the presentation, which took place a few days before my own book Memorias de Tierra Adentro was presented. What I hadn’t noticed until arriving at Padilla Vega’s book signing at Galería Libertad (in the historic center of the beautiful colonial city of Querétaro) was the subtitle: An Approach to the Works of Tennessee Williams. Suddenly, everything made sense.

    My interest in the subject was immediate. I began reading the book that same evening at my mother’s house—and devoured it in one sitting.

    Because of my love for classic cinema, I was fascinated by this book. Based on his doctoral thesis and with a prologue by Fr. Mauricio Beuchot (Torreón, Coahuila, 1950)—one of the foremost contemporary philosophers of Ibero-America—Padilla Vega analyzes and dissects the work of Tennessee Williams through the lens of semiotics. Moreover, he goes even further, exploring how Williams’s tragic life—his sister’s schizophrenia, his homosexuality, and his addictions—influenced his work.

    The book demonstrates academic rigor without being dull; it is profound and invites reflection. Reading it makes you want to revisit all the classic films based on Williams’s works, analyzing them from a new perspective and unraveling the complex drama of his characters. I found the book truly engaging. Turning this academic research into a literary narrative was an excellent idea.

    Padilla Vega writes:

    «For the semiotic study of Williams’s work in cinema, and for the analysis of the seventh art in general, it is necessary to address the cinematographic discourse and understand the elements that create it, as well as its insertion in the imaginary and in the collective unconscious» (Helvética, p. 50).

    «Both at the individual and social level, when there is awareness of suffering… the possibility arises of taking responsibility for that pain, for that adverse or tragic condition, and of channeling it toward the sublime» (ibid., p. 135).

    Cristian Martín Padilla Vega is also a poet and the author of several works in Spanish: La emancipación del aire (UAQ, 2009), La guitarra y el mar (La Testadura, 2013), El migrante perdido and Diles que no te maten (La Testadura, 2015), Instrucciones para manejar el abandono (UAQ, 2016), and El cuerpo de la vida (UAQ, 2020).

    The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics: An Approach to the Work of Tennessee Williams by Cristian Martín Padilla Vega (Helvética, 2025)
    ***** (Spanish edition)
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    https://samantaechevarria.com/