Por Samanta Echevarría

En el colegio, mis clases favoritas siempre fueron las de historia; sin embargo, algunas veces los maestros solamente nos inundaban de fechas que había que memorizar, sin adentrarnos mucho en los porqués de la historia y de los hechos —Claro que la pasión o el rechazo hacia una asignatura tenía mucho que ver con el maestro en turno—. Aunque debo decir que a mí siempre me gustó ir más allá del temario e investigar por mi cuenta, mientras algunos de mis compañeros sólo se dedicaban a saber lo mínimo indispensable para el examen y algunos otros, ni eso: a pasar en blanco. Por eso, lo confieso, siempre he sido una nerd.

Por el contrario, mi “coco” fueron las matemáticas, «ciencia que inventara Satanás», se lo oí decir a algún profesor mientras sufríamos con el cálculo diferencial. Las mates no me derrotaron, ya que ciertamente me gradué con una maestría en economía, aunque seguí padeciendo las clases de econometría y microeconomía avanzada. La econometría es odiada entre los estudiantes de economía debido a su rigor matemático; frecuentemente es citada como una de las clases más difíciles de la carrera, ya que integra la teoría económica con matemáticas avanzadas y estadística para resolver problemas.

Veinte años después, el destino me llevó a dar clases de español y literatura en Estados Unidos, pero la vida siguió llamándome hacia la parte histórica. Desde el año 2018 comencé a apasionarme por la memoria histórica, lo que me condujo a escribir mi primer libro: Memorias de Tierra Adentro, una novela histórica sobre México y, en particular, sobre Querétaro, mi ciudad de nacimiento, combinando la historia nacional con la genealogía y la memoria familiar.

La memoria histórica es un concepto de la historiografía relativamente reciente, atribuido a Pierre Nora, historiador francés y uno de los representantes más destacados de la Nueva Historia Francesa, conocido por sus trabajos sobre identidad y memoria. No obstante, es importante señalar que la recreación de los hechos históricos ha sido un tema recurrente en todas las artes desde el origen de la humanidad.

En la literatura, la novela histórica como género literario occidental contemporáneo tiene sus bases en las obras de principios del siglo XIX de Sir Walter Scott —considerado el creador del género por novelas como Waverley e Ivanhoe— y de sus contemporáneos: Víctor Hugo (Nuestra Señora de París, Los miserables); Alessandro Manzoni (Los novios); Alexandre Dumas (Los tres mosqueteros); León Tolstói (La guerra y la paz, considerada una obra cumbre del género); Henryk Sienkiewicz (Quo vadis?); James Fenimore Cooper (El último mohicano); Theodor Fontane (Antes de la tormenta); y, más adelante, Umberto Eco con El nombre de la rosa.

Es necesario hacer una distinción importante: la diferencia fundamental entre la novela histórica de rigor y la ficción histórica —es decir, la historia novelada— radica en el grado de fidelidad a los hechos históricos. La novela histórica busca recrear un periodo del pasado con rigor, incluyendo personajes y eventos reales; mientras que la ficción histórica utiliza la historia como telón de fondo y se permite mayor libertad creativa, con personajes y tramas inventadas. Es decir, la novela histórica se centra en la verosimilitud histórica, mientras que la ficción histórica prioriza la narración inventada sobre el marco histórico. No obstante, para el lector no especializado, muchas veces resulta difícil distinguir una de la otra. Tradicionalmente, se considera que las obras del género deben escribirse al menos cincuenta años después de los hechos narrados —aunque hoy algunos sostienen que veinticinco años son suficientes—.

En la literatura española, destacan como exponentes de la novela histórica Benito Pérez Galdós con sus Episodios nacionales; Mariano José de Larra y José de Espronceda; y, en épocas más recientes, Javier Negrete (Salamina, Las puertas de fuego); Santiago Posteguillo, con sus extensas novelas ambientadas en la Antigua Roma; Jesús Sánchez Adalid (El mozárabe); Arturo Pérez-Reverte con las series de El capitán Alatriste y Falcó; e Ildefonso Falcones (La catedral del mar), uno de los autores contemporáneos más reconocidos del género, con más de cuarenta millones de libros vendidos. Cabe destacar también la aparición de una nueva ola de escritores de novela épica, como Jorge Molist (El español), entre otros.

En México, los mayores representantes de la novela histórica incluyen figuras como Mariano Azuela (Los de abajo); Agustín Yáñez (Al filo del agua); Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz, Gringo viejo); José Mancisidor (La asonada); y Francisco Hinojosa, quien se ha enfocado en la novela histórica para jóvenes. En años recientes, ha surgido también una nueva generación de escritores contemporáneos, como Paco Ignacio Taibo II o Alejandro J. Fernández, destacados por sus biografías históricas.

No es de sorprender que las circunstancias sociales hicieran casi imposible que las mujeres formaran parte de las letras durante gran parte de la historia. Antes del siglo XIX son pocos los nombres de autoras conocidos; algunas incluso escribieron bajo seudónimos masculinos. Existen excepciones notables, como Santa Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz. Tampoco resulta extraño que aquellas autoras que lograron moverse en círculos de élite fueran vistas con recelo, y que las pocas mujeres que se atrevieron a ingresar al ámbito público literario fueran recibidas con desconfianza. Se acepta que las mujeres fueron relegadas de la literatura durante siglos y que el mundo literario y editorial estuvo dominado mayoritariamente por hombres. No es sino hasta el siglo XIX y principios del XX cuando más mujeres comienzan a publicar, como Jane Austen, las hermanas Brontë, Louisa May Alcott, Virginia Woolf o Agatha Christie.

Algunas mujeres lograron abrirse paso de manera extraordinaria en la novela histórica, como la baronesa Emmuska Orczy (La pimpinela escarlata) o Harriet Beecher Stowe (La cabaña del tío Tom). Otra pionera fue la estadounidense Margaret Mitchell, periodista nacida en Atlanta en 1900, quien publicó en 1936 Lo que el viento se llevó, novela ambientada en la Guerra Civil estadounidense, con la que obtuvo el National Book Award y el Premio Pulitzer, convirtiéndose en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos, junto con su adaptación cinematográfica.

En la literatura en español del siglo XX, la chilena Isabel Allende abrió camino en el género al fusionar la ficción histórica con el realismo mágico. En México, han sido pioneras Rosario Castellanos, Elena Poniatowska y Nellie Campobello —con la temática de la Revolución mexicana—; Elena Garro con Los recuerdos del porvenir; Laura Esquivel y Ángeles Mastretta, quienes han explorado personajes femeninos en contextos históricos, entre muchas otras.

En el último medio siglo, las mujeres —antes marginadas o relegadas— se han convertido en figuras centrales y muy populares dentro de la narrativa histórica y de ficción histórica. Este auge responde al deseo de contar nuevas historias desde perspectivas distintas, de rescatar narrativas olvidadas y de explorar la experiencia histórica desde ángulos antes marginados. También ha influido la creciente presencia de mujeres en la industria editorial y el aumento de lectoras, lo que ha incrementado la demanda de estas historias que conciben la historia como una colección de experiencias humanas.

Las autoras contemporáneas están rompiendo moldes tradicionales, mostrando a las mujeres como protagonistas de contextos históricos complejos, no solo como figuras secundarias o intereses románticos, sino como heroínas de sus propias historias, con ambiciones, deseos y autonomía. Hoy los lectores buscan personajes sólidos y bien construidos, que enfrenten conflictos marcados por la lucha, el amor, la pérdida y el triunfo, sin perder el rigor del género ni la fidelidad al contexto histórico.

En la literatura de habla inglesa, las mujeres dominan actualmente la ficción histórica con autoras como Alice Walker (El color púrpura), Margaret Atwood (El cuento de la criada), Toni Morrison, Diana Gabaldon (Outlander) y, más recientemente, Kristin Hannah (The Women). Uno de los temas más recurrentes ha sido la Segunda Guerra Mundial, con títulos populares como El ruiseñor de Kristin Hannah, La red Alice de Kate Quinn y Code Name Verity de Elizabeth Wein, entre muchos otros.

En España, algunas de las voces más populares de la novela histórica actual son Julia Navarro, María Dueñas (El tiempo entre costuras), Almudena Grandes, Paloma Sánchez-Garnica (Victoria), Eva García Sáenz de Urturi (Aquitania), Laura Martínez-Belli, Begoña Valero, Matilde Asensi y Luz Gabás, entre muchas otras. El género vive un momento de gran expansión.

En el ámbito queretano contemporáneo, la novela histórica también ha tenido un desarrollo notable. Destacan autores como Jesús Reyes Bustos (Circunstancias, La quimera imperial, De aquellas sombras frente al puerto) y Juan Antonio Isla (Bajo los almendros). Entre las autoras, en la novela histórica de rigor se encuentra la maestra Araceli Ardón con Josefa, muy señora mía, sobre la vida de Josefa Ortiz de Domínguez; y me incluyo yo con Memorias de Tierra Adentro. En la ficción histórica figuran Alexandra Lobato (Mulata), Marian Ortiz y su trilogía (La mujer de las águilas, El sabor de la tierra, Raíz), así como la alemana residente en Querétaro, Sabine Schütze.

Conocí a Sabine Schütze este verano en Querétaro. Nos contactamos por redes sociales, intercambiamos mensajes y finalmente nos conocimos en persona. Sabine es originaria de Oschersleben, a unos 130 kilómetros de Hannover, en lo que fuera la República Democrática Alemana. Vivió la caída del Muro de Berlín a los doce años y posteriormente estudió traducción técnica de idiomas (español, inglés y alemán). Realizó prácticas profesionales en España, Londres y Querétaro, en el Centro Nacional de Metrología, traduciendo textos técnicos. Aunque regresó a Alemania y luego a Inglaterra, México la conquistó, y desde 2001 reside en Querétaro.

Siempre tuvo gusto por la escritura, desde sus años formativos en el consejo estudiantil durante el socialismo alemán. Durante la pandemia encontró el tiempo para escribir formalmente su primer libro, Detrás del muro (Par-Tres, 2021), una novela autobiográfica. Desde entonces no ha dejado de escribir: hoy cuenta con cuatro libros publicados y más de setenta cuentos en antologías, además de trabajar de tiempo completo y ser madre. Es miembro de la AMMP y de la Banda Literaria de Escritores Queretanos, y colabora con diversas columnas culturales.

Su primera novela histórica, Querido soldado desconocido (Shanti Nilaya, 2024), narra una historia de amor basada en la vida de sus abuelos durante la Segunda Guerra Mundial, contada a través de cartas. Su más reciente publicación es De Berlín a Tlatelolco (Par-Tres, 2025), una ficción histórica escrita a cuatro manos junto con la maestra Alejandra Camposeco.

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