Autor: Carlos Campos

  • Distrito Central, una novela polifónica sobre identidades y memorias

    En la vasta producción literaria de Juan Antonio Isla (Querétaro, 1950), Distrito Central: un nuevo modelo para armar (Helvética, 2024) se erige como una pieza narrativa clave que explora las fronteras entre lo personal, lo colectivo y lo artístico. A través de un complejo entramado de voces y memorias, Isla entrelaza los secretos familiares con las realidades sociales de una entidad geográfica cambiante, revelando una obra de inusitada profundidad que desafía las convenciones de la novela tradicional. Este próximo 29 de noviembre, en el Museo de Arte de Querétaro, se presentará oficialmente esta obra, invitando a lectores a ser parte de en una experiencia literaria cautivadora.

    En el centro de la novela se encuentra Gerardo Santander, un personaje que, tras un exilio autoimpuesto en Nueva York y Hollywood, regresa al Distrito Central, el barrio que lo vio crecer, con un ambicioso proyecto: crear un filme híbrido, a medio camino entre el documental y la autobiografía. Acompañado por Djurek Volta, un productor ucraniano que comparte su visión artística, Gerardo decide construir su película con las historias de su comunidad, utilizando a sus propios vecinos y familiares como protagonistas.

    El proyecto de Gerardo, aunque ficticio, se convierte en un espejo de las dinámicas narrativas de la novela misma. Isla estructura Distrito Central como un rompecabezas narrativo, donde las piezas —cada historia, cada personaje— se ensamblan en un corpus que trasciende la suma de sus partes. Este enfoque, descrito por el propio autor como una sucesión de pequeñas historias agrupadas, permite al lector asumir un rol activo en la construcción de sentido, configurando un diálogo íntimo entre texto y lector.

    Una de las mayores fortalezas de esta obra radica en su habilidad para capturar lo extraordinario en lo ordinario. Las calles del Distrito Central, sus habitantes y sus rutinas se convierten en escenarios que Isla describe con minuciosidad y sensibilidad. A través de esta lente, la novela da voz a una comunidad que, aunque aparentemente periférica, es el corazón palpitante de las transformaciones sociales y culturales.

    La introspección psicológica de los personajes es otro de los elementos destacados de la novela. Isla profundiza en los conflictos internos de sus protagonistas, abordando temas como el alcoholismo, los secretos familiares, la sexualidad y la memoria colectiva. Esto no solo humaniza a los personajes, sino que los sitúa como representantes de una sociedad en transición, atrapada entre el peso de las tradiciones y las exigencias de la modernidad.

    El erotismo emerge como un eje transversal en Distrito Central. Sin caer en lo explícito, Isla dota a su prosa de una carga sensual que se convierte en un vehículo para explorar las pasiones humanas y los vínculos afectivos. Las escenas de corte erótico, descritas con maestría, oscilan entre lo visceral y lo poético, aportando matices a la narrativa que enriquecen su profundidad emocional.

    Este erotismo, sin embargo, no es un fin en sí mismo, sino un medio para desentrañar las complejidades de las relaciones humanas. En las palabras del propio autor, su intención no es únicamente describir una realidad externa, sino involucrarse profundamente con las emociones y los conflictos de sus personajes. Esto confiere a la novela un carácter visceral y honesto que resuena con los lectores.

    Uno de los logros más destacados de la novela es su capacidad para situar a un ente geográfico contemporáneo (quizás Querétaro) en el contexto de su propia historia. Isla retrata una ciudad en constante evolución, donde las tradiciones y costumbres del siglo XIX conviven, a veces de forma conflictiva, con las inercias del siglo XXI. Este enfoque histórico y sociológico dota a la novela de una dimensión adicional, convirtiéndola en un testimonio de las transformaciones culturales y sociales de nuestra región.

    El Distrito Central se convierte así en un microcosmos que encapsula los desafíos y las oportunidades de la modernidad. Las historias individuales de los personajes, aunque profundamente personales, adquieren un carácter universal al situarse en este contexto más amplio, haciendo de la novela una reflexión tanto sobre la identidad colectiva como sobre las contradicciones inherentes al progreso.

    La estructura polifónica de Distrito Central es otro de sus rasgos definitorios. Isla no se limita a una única perspectiva narrativa, sino que emplea múltiples voces para construir un mosaico de experiencias y emociones. Esta técnica no sólo enriquece la complejidad de la trama, sino que también refuerza el tema central de la novela: la multiplicidad de perspectivas que conforman la verdad colectiva.

    El narrador omnisciente, aunque presente, no es un observador distante. Por el contrario, Isla lo describe como un participante con agencia, involucrado emocionalmente con sus personajes y sus historias. Este enfoque permite a los lectores experimentar la narrativa desde dentro, sintiéndose parte del entramado emocional que da vida a la novela.

    Distrito Central: un nuevo modelo para armar es mucho más que una novela; es una experiencia literaria que invita a los lectores a reflexionar sobre las complejidades de la identidad, la memoria y la comunidad. Con una prosa que combina la precisión de un documentalista con la sensibilidad de un poeta, Juan Antonio Isla nos entrega una obra que, al igual que la película ficticia de Gerardo Santander, se convierte en un espejo multifacético de nuestra propia realidad.

    Distrito central es un testimonio del poder de la literatura para capturar lo efímero, para dar voz a los marginados y para explorar las infinitas posibilidades del arte como medio de representación. En el panorama de la literatura contemporánea, Distrito Central se yergue como un hito que reafirma el talento y la visión de Juan Antonio Isla.

    *Fotografías: Mónica Zárate

  • Manuel Naredo emociona con Braulio en el círculo de lectura Descorchando Libros

    Querétaro, Qro., 11 de junio.— Ni la lluvia impidió que la literatura hiciera lo suyo. La más reciente sesión del círculo de lectura Descorchando Libros se convirtió en una velada entrañable gracias a la presencia del escritor Manuel Naredo Naredo, quien conversó con los asistentes sobre Braulio (Calygramma, 2022), novela que entrelaza memoria, historia y emoción.

    Durante el encuentro, llevado a cabo en el espacio cultural La Bohena Vida, el autor compartió detalles sobre el proceso de escritura y las motivaciones personales que lo llevaron a narrar la vida de su padre, marcada por los ecos de la Guerra Civil Española, el exilio y las búsquedas de sentido en tierras ajenas.

    Inspirado en largas conversaciones con su padre, pero también en sus propios recuerdos de infancia, Naredo construye en Braulio un retrato íntimo y conmovedor. La obra narra las vivencias de su padre como soldado republicano, atrapado en una de las etapas más oscuras del siglo XX, pero también como un hombre severo, protector y profundamente humano en el entorno familiar.

    Los lectores compartieron impresiones y lecturas del libro, destacando su calidad narrativa, el cuidado en el lenguaje y la capacidad del autor para conmover sin recurrir al artificio. La novela provocó momentos de profunda reflexión en torno al dolor, el desarraigo y la identidad, abordados desde una voz literaria íntima y cuidadosamente elaborada.

    La experiencia dejó claro que Braulio no sólo posee un valor testimonial, sino también una belleza literaria que lo vuelve una obra digna de ser leída, comentada y compartida.

    Descorchando Libros, que se realiza en La Bohena Vida, ubicado en Madero 153, Centro, continúa consolidándose como un espacio plural, afectivo y abierto al diálogo literario. La visita de Manuel Naredo lo confirmó: la literatura sigue convocando, incluso cuando el cielo se desploma sobre la ciudad.

  • Anamnesis o la Tempestad de la Memoria

    Mayo de 2025 fue el mes de las tempestades en Querétaro capital. No había llovido con tal intensidad desde hacía siete años, según las estadísticas de Protección Civil. La tarde, bochornosa y amenazada por la lluvia, coincidía con la expectativa futbolera del fallido tetracampeonato del América en la final del fútbol mexicano: no era, en apariencia, el mejor día para ir al teatro un domingo a las siete de la tarde, en el foro principal del Museo de la Ciudad.

    La anamnesis es una reminiscencia. Recuerdos vagos e imprecisos. Traer a la memoria lo que está lejano en el tiempo o casi olvidado. En medicina, es la información aportada por el paciente durante la consulta para construir su historial clínico.

    En la fila, el público no pasa de las diez personas. Es el cierre de temporada. Aun así, la compañía Barón Negro, fundada por Carlos Casas, ha estandarizado y madurado desde hace tiempo la calidad de sus montajes a un nivel que sobresale en el ámbito local, y que fácilmente podría exportarse a otras latitudes latinoamericanas. La recompensa del público a este esfuerzo es ingrata: si la función no es gratuita o no está subsidiada por las instituciones, el espectador promedio queretano difícilmente paga un boleto de 200 pesos para ir al teatro.

    Anamnesis es la reescritura e interpretación de El rey Lear, de William Shakespeare, realizada por Jaime Chabaud. La escenografía propuesta por Daniel Velázquez consiste en una cortina blanca que cubre todo el ancho y alto de la caja escénica, como metáfora de un mar de la memoria que se desvanece en el infinito. Quizá lo único que persista —y lo último que se nos olvide— sea el nombre propio. En la esquina superior izquierda de esta memoria de tela sobresale un letrero luminoso con la palabra LEAR. La cortina es iluminada con cinco arbotantes superiores que proyectan cascadas de luz —o de recuerdos— que pronto se perderán en el dolor del personaje principal. Una silla de ruedas sirve como trono desvencijado. Dos bancos y una lámpara crean una atmósfera lúgubre, como si estuviéramos en el cuarto de hospital de un moribundo. La imagen en conjunto evoca una ausencia minimalista.

    Las actuaciones de las tres hijas de Lear —Goneril, Regan y Cordelia— recaen en la actriz María Fernanda Monroy Gómez. El bufón, quien a su vez cumple el papel de enfermero, es interpretado por Mauricio Figueroa. Las actuaciones de ambos son sobrias. Destaca la interpretación del rey Lear por Franco Vega, quien, ataviado con una bata de hospital, nos contagia el sufrimiento de una enfermedad mental incurable. La dirección de Carlos Casas construye postales escénicas en las cuales cada actor irradia un carácter distintivo, apoyado por la impecable iluminación de Alfredo Pérez. Asistimos a un microuniverso trágico en blanco y negro que ocurre en el necrocapitalismo del siglo XXI. Los reyes, cuando caen en desgracia, lo hacen con elegancia.

    Jaime Chabaud es un dramaturgo de amplio oficio. Toma la parte final de la extensa obra y la inicia cuando el Rey Lear ha perdido casi toda su memoria y es incapaz de limpiarse el culo. Altera la anécdota al insertar un periodo de quince años en los cuales no ha visto a Cordelia, después de haber repartido su reino. Al reencontrarse padre e hija, ocurre una vuelta de tuerca arriesgada que se presta a la ambigüedad: ¿quién está soñando y recordando a quién?

    El texto conserva la complejidad de Lear, de sus hijas y la sabiduría e ironía del bufón-enfermero. Al terminar la obra, me queda la sensación de que todos, en algún momento de nuestras vidas, nos volveremos obsoletos en cuerpo y conocimiento. Seremos reemplazados por nuevas generaciones que hacen las cosas más rápido. Lo más preciado que perdemos no es el dinero. El amor, y el recuerdo del amor, se desvanecerán dentro de la estatua de carne en que nos convertiremos. Es inevitable padecer el olvido propio y ajeno. Anamnesis, o El rey Lear reloaded, estarán ahí para recordárnoslo.

    *Texto y fotografías de Rafael Volta

    Rafael Volta, (Querétaro, 1977).

    Becario del PECDA Querétaro 2023 en al área de Literatura-Creadores Con Trayectoria. Actualmente funge como gestor cultural de la sala de lectura Edgar Allan Poe, especializada en poesía, ciencia ficción y terror. Organiza noches de Poesía Open Mic y de Crítica Literaria.

    Sus libros se pueden descargar en rafaelvolta.hotglue.me

  • Arrebatos, desvelos y verdades: una noche con Yadira Cruz

    El Centro de las Artes de Querétaro fue sede de la presentación del nuevo libro de la escritora y artista plástica Yadira Cruz M. El pasado jueves 29 de mayo, dentro del programa de presentaciones Tomo la Palabra —espacio gestionado por el Consejo Literario Queretano— y enmarcada por la arquitectura del Coro Bajo, mismo lugar donde, hace siete años, cuando aún funcionaba como galería, vio la luz el movimiento plástico WomenPOPwer, la autora dio a conocer su obra: Arrebatos, desvelos y verdades.

    La muestra se vistió de gala con la participación de la periodista y escritora Mariana Perusquía Mendoza y de la escritora y gestora cultural María Rebeca Mendoza, quienes desmenuzaron ante el público algunos fragmentos del libro, resaltando la versatilidad de Yadira para reunir distintos géneros literarios en una sola pieza que atrapa y desarma desde las primeras páginas. La obra fusiona poesía y narrativa en «textos que —en palabras de Mariana Perusquía— nos van describiendo ciertos momentos de su día a día, de su pasado, de momentos catárticos y de situaciones cotidianas que nos ponen un poco la piel eriza… Encuentro en las palabras de la autora un texto sanador, del que ella resurge como un ave fénix que se desprende de las letras para compartirlas sin esperar nada, pero con la certeza de que alguno de estos instantes narrativos pueda ser el cuadro de alguien más».

    En una frase o en varias páginas, la habilidad de Yadira para tocar las fibras más sensibles del lector se percibe en cada una de las piezas. «Este libro la describe tal cual… Creo que, más allá de todo, está lleno de verdades. Ella se conoce y se da a conocer a través de él, pero al mismo tiempo nos provoca conocernos a nosotros mismos en alguno de sus poemas o de la narrativa, en los que podemos identificar esos momentos que todos pasamos en nuestras vidas», apunta Rebeca Mendoza, quien además compartió la anécdota de cómo se conocieron y cómo la literatura las salvó para poder llegar a la FIL Guadalajara en 2022, en un contexto marcado por intensas protestas en sus inmediaciones.

    La velada cerró con la presentación de Disidentes, proyecto musical en el que la autora Yadira Cruz M. y el escritor Héctor Alejo Rodríguez mostraron sus dotes de cantautores, interpretando Lejos de mi lado y, por primera vez, Incapaz. Entre los invitados se dieron cita diversas personalidades del ámbito literario y cultural, como la secretaria de Cultura Ana Paola López Birlaín; la comisionada de la DGETi en el estado de Querétaro, Julieta González Juárez; el director de Difusión y Patrimonio Cultural de la SECULT, Arturo Mora Campos; el presidente de la mesa directiva del Consejo Literario Queretano, Mauricio Sosa; la artista plástica Norma Ballesteros; y las escritoras Andrea Luna y Tzolkin Montiel, además de familiares y amigos.

    Fotografías: Andrea Luna y Santiago Quintero

  • Té chai

    Photo by hayriyenur . on Pexels.com

    A las siete de la noche, Carla se sumerge en una nueva sensación del tiempo. Se prepara un té caliente; con libreta y bolígrafo en mano, se sienta a escribir. En enero comenzó una historia sobre unos jóvenes que estudiaban magia en una escuela donde les enseñaban a transformarse en criaturas mitológicas; la terminó en abril.

    Poco a poco descubrió que el tiempo que dedicaba a tomar té y escribir era mágico. Al terminar aquel libro, comenzó otro de haikus y poemas breves. Cuando lo finalizó, se sintió fatigada y sin inspiración; dejó de escribir y también de tomar el té a las siete.

    Esos días pensó mucho en su vida, y sintió el peso de su soledad. Hacía tiempo que había pospuesto ver a sus amigas. Se había sumergido tanto en sus escritos que se olvidó de su vida social.

    Como si fuera una coincidencia, una de sus amigas la contactó y acordaron ir a tomar un café. El aroma de la mezcla chai le recordó su labor literaria, que había detenido por varios meses. Mientras platicaban, Carla le contó a su amiga sobre los libros que escribió y sobre unos sueños que tuvo.

    —Hace poco he vuelto a soñar que camino por las calles de Europa. Me he dado cuenta de que las ciudades son muy similares y están conectadas por túneles y pasadizos.

    —Creo que tengo que ir a Lisboa a tomar el té y escribir un nuevo libro de cuentos —le dijo a su amiga Olivia, mientras tomaba un sorbo de su té.

    —Es muy interesante que puedas ver calles y ciudades en sueños. Significa que estás por moverte a un nuevo lugar.

    —Me gustaría tener más tiempo para viajar —el anhelo se notaba en la voz de Carla—. Luego de que empecé a beber té regularmente, ¿te diste cuenta de que los rituales alargan el tiempo?

    —Sí, me gusta esa sensación. Viajar también es un ritual.

    —Te deseo mucho éxito, amiga.

    —Gracias. Espero que podamos vernos pronto, para intercambiar nuestros libros.

    —Yo también —concluyó Olivia amablemente, y salieron del café.

    Diana Galindo Barajas
    Escritora mexicana nacida en el Estado de México en 1994. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Ha publicado los libros Despliegue de pájaros (Ediciones El Humo, 2012), Spiritual Kingdom (El Humo, 2014), El mundo desde afuera (El Humo, 2019), Las pasiones de la luz (Infame Turba Editorial, 2022) y Atlas magnético (Ígneo Editorial, 2025). Su obra poética forma parte de la antología Poesía en sí (Escuela Normal Superior de Querétaro, 2015).

  • Antes de que los olvides

    Los hombres excepcionales enfrentan su vida a fuerzas oscuras incapaces de soportar la luz que irradia su espíritu, y de esas fuerzas oscuras, formadas por sombras de mediocridad, hipocresía social, fanatismo, envidia y rencores, sale la mano del sempiterno descendiente de Caín que los asesina.

    —Alfonso Quiroz Cuarón, Psicoanálisis del magnicidio (1965)

    La contradicción es tan humana como la imperfección. Se puede ser material en extremo sin poder evitarlo, al igual que espiritual sin desearlo ni mediatizarlo… es una inercia social infalible con la cual deben alternar quienes llegan al estrellato. Las personas encasillamos a nuestros semejantes —y a la gente del ambiente artístico— en estereotipos, pero no hay estereotipo que valga cuando se vive constantemente en el efecto pendular de ir de un lado a otro. Nada es estático. En el mundo de la música, las cosas no son distintas: con el regreso mediático (y añorado) de Caifanes, el negocio del entretenimiento estaba de fiesta… también sus fans.

    OCESA, Ticketmaster, Televisa y Coca-Cola no desaprovecharon el momento de ser parte del show business. Los integrantes de Caifanes pueden ser espirituales y tener ideales inmutables, pero eso no significa que le rehúyan al dinero ni a la megalomanía. La banda es, en su esencia, aspaventera y vive para el aplauso; difícilmente se iban a privar de ver el Foro Sol rendido a sus pies.

    Comenzaron siendo una banda para un público que, por antonomasia, iba contra el monopolio televisivo en México. Por eso, cuando los vieron en el Canal de las Estrellas, primero con Raúl Velasco en Siempre en Domingo y luego con Verónica Castro en Aquí está, muchos se desencantaron de su grupo preferido. En los años ochenta, ser anti-Televisa era ser cool. El tradicional esquema de fabricar artistas —impulsado por Emilio Azcárraga Milmo y su comité ejecutivo conformado por Emilio Díaz Barroso, Guillermo Cañedo de la Bárcena y Miguel Alemán Velasco— generaba millones, pero resultaba chocante para la clase pensante e independiente de una nación ávida de nuevas propuestas. Sin embargo, a Caifanes el mainstream les llegó al precio… y la oportunidad de ser completamente famosos estaba a sus pies. Desde entonces, aquella banda de rock que se inició en los bares del entonces Distrito Federal se convirtió en una rockstar nacional. De México para el mundo.

    Las Insólitas Imágenes de Aurora fue el subterráneo antecedente de Caifanes. Caifanes es la historia de un final no feliz que no termina; la historia de una banda que nació fiel a sus principios anticomerciales, pero que, cuando llegó a la cima, se convirtió en iconoclasta de su propio mito. Un surrealismo mexicano que permitió a miles de fans verlos juntos durante años, y en intervalos con Jaguares, con la esperanza de volver a reunir a los miembros originales y sanar heridas internas. Es el voyeurismo por excelencia que alimenta al espectáculo, siempre hambriento de noticias sensacionalistas. Son, también, la nostalgia de un tiempo que no volverá: los años noventa fueron su época dorada.

    Con la llegada de The Rolling Stones a México, Caifanes fue elegida para abrir sus conciertos en enero de 1995, justo al concluir el año de los demonios sueltos en la política mexicana. Tras su plausible actuación, Saúl se despidió del público de sus Majestades Británicas con un: «Gracias, raza, los dejamos con la banda más grande del planeta… ».

    La creatividad brillaba en Diego Herrera, Sabo Romo, Alfonso André, Saúl Hernández y Alejandro Marcovich. Protagonistas de una historia pop masificada que nació en el underground del rock mexicano, con Rockotitlán como punto de partida. Desde allí despegaron hacia la cumbre con varios discos bien elaborados. Hispanoamérica ya los esperaba con los brazos abiertos, justo cuando irrumpía la maquinaria enajenante de «Rock en tu Idioma”. En el ámbito hispanohablante, diversas bandas alzaron la voz: Argentina con Soda Stereo, España con Héroes del Silencio y México con Caifanes a la vanguardia.

    Una nueva generación de jóvenes mexicanos —distantes de los hippies de Avándaro— estaba ávida de propuestas musicales y literarias distintas. Lejos también del rock urbano que giraba en círculos imaginarios, envuelto en tópicos de resentimiento social y anarquismo ya anacrónicos. Muchos de sus fans originales, veteranos de Avándaro, habían sido convertidos por el establishment en héroes y víctimas, sin oponer resistencia a esa narrativa impuesta desde las sombras del poder. La entonces PGR formó gruesos expedientes.

    Los poderes fácticos habían ganado la batalla contra el rock. Después de Avándaro, la herencia de Three Souls in My Mind fue condenada al ostracismo de los hoyos funky que ya había profetizado Parménides García Saldaña. Con El Tri de Alex y Chela Lora, las cosas comenzaron a cambiar.

    Caifanes vino a ser, en parte, iconoclasta del rock hecho en México que revistas como La Mosca en la Pared denostaron en varias ediciones, a diferencia de Conecte, de José Luis Pluma, y Banda Rockera, de Vladimir Hernández, que siempre apoyaron el movimiento sin condiciones. Hugo García Michel y su línea editorial representaban la postura crítica, a veces con apelativos que no reproduciremos aquí. El tema sigue abierto.

    «Demasiado bueno para ser real», dice un dicho común. Con Caifanes no fue la excepción. Tras el lanzamiento de El nervio del volcán, y su última presentación el 18 de agosto de 1995 en San Luis Potosí, anunciaron su fin. Justo en la cima. Las razones, múltiples y sensacionalistas, se resumieron en emociones, vísceras y sangre. Dos personalidades disímiles pero creativas —Saúl y Alejandro— marcaron el rumbo del pop mexicano y sacaron a relucir sus diferencias en el estudio de grabación. Los rencores afloraron.

    El introvertido Marcovich no iba a permitir que Saúl le dictara cómo hacer las cosas. Sabía lo que hacía, y comenzaban a notarse celos profesionales hacia el poder mediático del vocalista. Cada quien tiene su versión.

    Resulta irónico: cuando lograron lo que tanto soñaron, todo se vino abajo. El nervio del volcán vendía como nunca, y aún no había piratería. El legado de Caifanes quedó intacto en la memoria de sus fans. Algún día serán una banda de culto. Es una pena que los conflictos entre Marcovich y Saúl hayan dejado en el limbo a Sabo, Diego y Alfonso. Los cinco eran Caifanes, y lo serán siempre.

    En entrevista con Javier Poza, Sabo Romo expresó que nunca le agradó la llegada de Marcovich, aunque aceptó por consenso. Según él, Alejandro no aportó gran cosa, algo con lo que —quien esto escribe— no concuerda. El guitarrista argentino fue fundamental: compositor, arreglista, letrista. Su visión antropológica aportó a la banda la importancia de los ritmos del folclor mexicano y el uso de samplers. Aquí no es así lo demuestra: Saúl solo aportó la voz.

    La disolución de Caifanes refleja también aspectos de nuestra idiosincrasia. Los egos dominaron. Aunque hubo una reconciliación, las diferencias resurgieron. El vocalista y el guitarrista exponen sus argumentos, dejando al resto sin voz ni voto, lo cual rompe cualquier equilibrio.

    La primera reconciliación llegó tarde. Muchos fans ya tenían otras prioridades. La voz de Saúl ya no era la misma, tras varias operaciones de garganta. Basta escucharlo en vivo con Afuera para notar que ya no alcanza las notas altas. Aunque dijeron que su regreso no fue por dinero, los precios de los boletos dicen otra cosa. Antes, ir a un toquín era mucho más accesible.

    Querétaro (Querétarock) tampoco fue ajeno al hechizo de Caifanes. En 1988, el auditorio Josefa Ortiz de Domínguez los recibió con entusiasmo juvenil. La tecnología del recinto lucía, y el público se entregó, esperando que cerraran con La Negra Tomasa. No ocurrió, pese a las insistencias. Desde su lanzamiento, esa canción sonó en todas las fiestas ochenteras, aunque Caifanes ya tenía suficiente material como para no ser encasillado por ella.

    En marzo de 1989 se anunció la gira Rockonexión Pepsi con Rod Stewart, y Caifanes sería telonero en el Estadio Corregidora. Pero, para sorpresa general, la empresa Art Beat Music, filial de Televisa, condicionó su participación a que la banda pagara por tocar. Rechazaron dignamente y fueron reemplazados.

    Volvieron en 1994 con El nervio del volcán en la Plaza de Toros Santa María. Como Jaguares, regresaron en 1999 a una tocada cargada de nostalgia. El público pedía canciones de Caifanes. Y cuando por fin “El Vampiro” tocó el rasgueo acústico de La célula que explota, el entusiasmo fue total: «Hay veces que no tengo ganas de verte…».

    El tan esperado regreso fue en octubre de 2011, en el Estadio Municipal. Los precios, inalcanzables para la clase trabajadora, atrajeron a un público snob más preocupado por figurar que por disfrutar. La magia era otra. En marzo de 2022 tocaron de nuevo en el Josefa Ortiz de Domínguez. Los precios, una vez más, excluyeron al pueblo. ¿Para qué insistir? La clase trabajadora sigue sin acceso.

  • La ventana

    Cada mañana despertaba deseando que el suave viento tocara su rostro y refrescara su vida, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Recorría las cortinas y tapaba la ventana, tratando de ocultar ese espacio cuadrado que prometía sensaciones que ella insistía en negar. Su rostro estaba cada día más pálido; resentía la ausencia del calor del sol y la falta de aire fresco, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Se refugiaba en aquel rincón de la habitación donde el olor a moho le recordaba los años de humedad oculta.

    Su salud física y emocional comenzaban a resentir aquel encierro, la falta de luz, de aire, de vida. Pero ella se resistía a dejar abierta la ventana… Se santiguaba sentada en la cama para alejar los pensamientos que la asaltaban de vez en cuando al ver las sábanas, impecablemente blancas, horrorosamente pulcras.

    Un día se hartó. Ya no pudo respirar. Sintió asco del olor a moho y de aquel espacio reducido y oscuro, tan oscuro y lúgubre que lo blanco de las sábanas lastimó sus ojos.

    ¡¡Y decidió abrir la ventana!!

    Pero no fue un viento suave lo que entró… Fue un huracán que mezcló sus cabellos, sus ideas y sus sentidos. Tiró y desordenó lo que encontró a su paso, revolvió y ensució las sábanas de tal manera que le encantó y nunca más las quiere ver pulcras.

    Desvaneció el olor a moho de aquel rincón humedecido. Cambió todo de lugar y de sentido de manera tan radical que nunca volverá a ser como antes… Su cabeza, sus sentidos y el mundo entero giraban en una vorágine sin sentido, pero tortuosamente gozosa y placentera.

    ¡¡Y luego se fue!!
    ¡¡Revolvió su mundo y luego se fue!!

    Quisiera culparlo por todo lo que cambió, por lo que destruyó, pero no puede… porque fue ella quien abrió la ventana.

    Alma Rosa Olvera Santos
    Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.

  • Poemas

    Woman Taking Her Chemise (c by National Gallery of Art is licensed under CC-CC0 1.0

    Soy todas 

    Soy todas mis edades

    La adultez que intento ignorar

    cuando observo las manchas en mis manos

    mientras corto frutas para el almuerzo.

    Las náuseas de mi adolescencia,

    la vejez prematura que me susurra,

    empujándome poco a poco hacia la soledad.

    Pero, sobre todo,

    soy esa niña infinita

    que nunca se ha ido,

    la que corre descalza bajo la lluvia,

    la que trepa los árboles

    y se queda abrazada a ellos,

    susurrándoles secretos.

    Soy esta infancia absoluta

    que atraviesa mi vida como un río eterno:

    mi ingenuidad, mi valentía,

    mi risa y mis lágrimas.

    Soy la rodilla lacerada,

    los rasguños de mi gato.

    Soy el vaivén de un columpio oxidado,

    la valentía de lanzar una carcajada al cielo,

    la ingenuidad que sigue creyendo en lo imposible.

    Soy el abrazo eterno de mis abuelos,

    el eco de sus bendiciones,

    la cocina viva de mis tías del pueblo,

    donde el maíz canta en el comal

    y el aroma a flores frescas

    me recuerda de dónde vengo.

    Soy la flor amarilla

    que se aferra a la vida

    en medio del campo,

    la que gira al sol sin miedo.

    Soy los libros que me construyeron,

    los poemas que me salvaron,

    el abrazo de la naturaleza

    que siempre me devuelve a mí misma.

    Soy las risas de mis hijos,

    el reflejo de su alegría,

    la promesa de que esa niña en mí

    nunca desaparecerá.

    Soy la guerra que no entiendo afuera

    y la batalla que arde dentro de mí.

    Soy el recuerdo de mis padres felices,

    el viento al que entrego mis penas,

    el fuego al que confío mi dolor,

    pidiéndole que deje el aprendizaje.

    Todo nace y muere en mi niña infinita.

    Soy todas las mujeres antes de mí.

    Soy la abuela revolucionaria,

    la que tejió sueños de libertad

    con las manos arrugadas por el tiempo.

    Soy la mujer medicina,

    Aquella que canta a la luna y al fuego,

    la que susurra secretos al viento

    y sana con hierbas y palabras.

    Fui la esclava mutilada,

    la que resistió con el alma intacta.

    La escritora en anonimato,

    la que escribió en sombras

    para que otros pudieran ver la luz.

    Huelo a palo santo,

    y del romero en mi cabello

    brotan raíces de protección.

    Soy todas las mujeres que caminaron antes,

    las que, firmes en guerra,

    atacan sin piedad alguna,

    pero con justicia en el corazón.

    Soy el copal a medianoche,

    un rezo que sube al cielo entre el humo sagrado.

    Soy poesía a las tres de la madrugada,

    esas palabras que sangran desde el alma

    cuando todo duerme.

    Soy el café amargo de la mañana,

    El bolero de antaño que invoca,

    la danza que envuelve la pasión

    y despierta los cuerpos al amor.

    Soy todas ellas.

    Soy cada verso, cada nota, cada batalla.

    Soy la memoria viva

    de las que soñaron, lucharon y amaron.

    Pero nada puede robarme esa niña:

    ni el tiempo,

    ni las responsabilidades,

    ni los días grises.

    Sigo abrazada a la vida

    y a la tierra que me vio nacer.

    Ayahuasca

    Aún conservo invierno de aquel momento,

    cinco hectáreas de abrazo, un corcho de vino,

    79 maneras para defenderse de la vida

    y el desespero de encontrarte.

    Recordé que alguna vez escuché del anciano

    que las personas pueden vivir hasta trece vidas.

    Así que, retornando al desespero de encontrarte,

    y ver el cielo en tus pupilas,

    quise comprobar por medio de lo sagrado

    y en mi auxilio viajar a tu encuentro.

    La poderosa diosa femenina vegetal

    se apoderó de mí,

    cada átomo se convirtió en complejos y hermosísimos fractales

    que formaban infinitas galaxias.

    Viajando entre mundos, por fin te encontré:

    viajabas con Alejandro Magno

    a la conquista de Persépolis.

    Fue rápido, pero pude rozar

    la huella del índice de tu muñeca.

    Años después te encontré

    pintando un cuadro en el Renacimiento.

    Supe que eras tú al ver tu pincel

    dibujando mi cabello

    y esa silueta que tanto te gusta.

    Amé encontrarte en los setenta, Londres,

    concierto de Led Zeppelin.

    No me extrañó, entendí por qué irradias

    energía pura con la música.

    Las veces que te busqué y otras tantas que te encontré,

    sumaron diez, en punto de las diez.

    Mi alma se aferró a tus vidas,

    mi espíritu a mi vida.

    Piloto de carreras, filósofo,

    vaya combinación de arte y perfección.

    Aunque no nos conocíamos,

    cuando nuestros ojos se encontraron

    en aquel momento inefable.

    En este momento, mi búsqueda de la felicidad

    había terminado.

    Es algo extraño, ¿sabes?,

    porque, a pesar de no estar a tu lado en el presente,

    en el pasado siempre te encontré.

    Me tomaste de la mano,

    y el venado azul apareció.

    Sus ojos como espejos reflejaron

    las constelaciones dentro de su pecho,

    su aliento perfumado de tierra y hojas secas.

    Danzamos con él en un círculo sagrado,

    bajo la luna llena que iluminaba el rito.

    El suelo vibraba en geometría sagrada,

    en cada paso, una línea,

    una forma perfecta que tejía el universo.

    Y la voz ancestral nos susurraba,

    nos guiaba a través de los latidos del cosmos.

    Cerré los ojos, y vi el mar,

    el río, las estrellas, y tú.

    En cada rincón de la tierra,

    había una historia de nosotros,

    un susurro, una danza,

    una vida compartida que no termina

    Porque incluso en lo sagrado sigues apareciendo tú. 

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    Bordados de vida 

    Bordas la vida con tus manos gastadas,  

    refugias la historia,  

    transmites la esencia que nos fue robada.  

    En hamaca,  

    o en petate,  

    de tu luna dorada.  

    Remachas la vida,  

    suspiros en verde,  

    anhelos en blanco,  

    tristezas de rojo,  

    cada unión es un día,  

    plasmado en el tiempo,  

    tenangos coloridos  

    formando la flora,  

    formando la fauna,  

    sembradora de semillas  

    en los surcos de la tela,  

    raíces enlazadas con los hilos del amor,  

    fortaleza a tu nación.  

    Con habilidosas manos,  

    tejiendo historias en telas,  

    los pueblos originarios 

    forjando su legado,  

    cada puntada un eco  

    de susurros ancestrales,  

    un canto que resuena  

    en el viento de los valles.  

    Hamacas y petates,  

    Con tu luna dorada,  

    resguardan secretos,  

    sueños y pasados,  

    en hilos de colores,  

    la vida se entrelaza,  

    cada puntada es un día,  

    un instante guardado.  

    Tenangos brillantes,  

    con flora y fauna enlazada,  

    sembradora de semillas  

    en el corazón bordado,  

    raíz de un pueblo fuerte,  

    en su tejido, 

    toda la historia,  

    la esencia que fue robada  

    ahora florece con ardor,  

    la cultura y la memoria,  

    en cada tejido, con amor 

    y calma,  

    como un canto eterno  

    de amor y esperanza.  

    Más allá de la pantalla

    En el vasto océano de pantallas brillantes,

    donde la perfección se vuelve un eco lejano,

    fingido, impuesto, como un reflejo distante,

    navegamos entre redes,

    atrapados en la trama de un tiempo virtual.

    Sexo gratis, libros de almas,

    tesoros escondidos en un mar de bits y bytes,

    bellezas fugaces, frágiles,

    como hojas que caen en un otoño sin fin.

    Pláticas profundas, pero ¿son reales?

    Voces que flotan en la niebla digital,

    donde la verdad se convierte en un lujo,

    cada vez más cara,

    como el oro olvidado en un naufragio virtual.

    Duele ver la vida así,

    en este laberinto de ilusiones,

    donde lo simple se vuelve espejismo,

    la esencia ahogada en la velocidad del clic.

    Corazón Enjaulado

    En un rincón del alma, un jilguero canta,

    400 voces que al viento se levantan.

    Su trino es un susurro de libertad anhelada,

    pero el eco del mundo lo mantiene enjaulada.

    Mujer, portadora de mil melodías,

    con la esencia del sol y la luna en tus días,

    naciste con el don de pintar con palabras,

    pero el mundo a veces te guarda en sombras.

    Cada nota que brota es un grito callado,

    un canto silenciado, un sueño olvidado.

    Las hojas susurran secretos al viento,

    mientras tu corazón lucha lento.

    Eres el jilguero que anhela volar,

    pero la jaula del juicio te impide soñar.

    Las 400 voces que el cielo te dio,

    se ahogan en un mundo que no te escuchó.

    Despierta, ¡oh musa!, en tu esencia pura,

    rompe las cadenas, deja que se cure

    tu arte, tu fuerza, tu luz desbordante,

    pues en tu corazón, hay un canto vibrante.

    La vida es un lienzo donde debes pintar,

    tu historia, tus sueños, tu verdad sin par.

    Que el jilguero vuele, que el viento lo abrace,

    mujer de mil voces, ¡tu espíritu no cese!

    En cada verso, en cada suspiro,

    hay un eco de lucha que nunca se retira.

    Corazón enjaulado, pero fuerte y sincero,

    tus 400 voces un canto eterno.

    Daniela Quintero Hernández es promotora y gestora cultural, así como escritora autodidacta. Licenciada en Turismo Alternativo, cuenta con diplomados en Literatura, Letras Hispánicas, Escritura Creativa, Arteterapia, Herbolaria Mexicana, Historia y Filosofía. Su obra ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, con distinciones como el premio de narrativa poética Matriz de amor y el fragmento Cuahuitl. Es autora de dos libros publicados y ha participado en diversas antologías. Su poesía y narrativa abordan temas como la maternidad, la justicia social y la conexión espiritual con la naturaleza. Actualmente trabaja en su tercer libro, centrado en el vínculo entre las raíces indígenas y la modernidad. Además, imparte talleres de escritura creativa, arteterapia y círculos de sanación para mujeres. Es locutora en la radiodifusora Radioactivatx.org y se desempeña como vicepresidenta del Consejo Mundial de la Paz en el estado de Querétaro.

  • Dos escritores secretos: Efrén Hernández y Francisco Tario

    Fue aquel jueves 24 de mayo del 2007 cuando Alejandro Toledo presentó su entonces reciente trabajo editorial, Dos escritores secretos, una compilación de trece ensayos sobre los escritores mexicanos Efrén Hernández y Francisco Tario, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Gracias al auspicio del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, la presentación tuvo lugar en una conocida cafetería del centro de la ciudad.

    Enfático, Toledo afirmó que Dos escritores secretos no pretende “crear monumentos a Efrén Hernández ni a Francisco Tario, sino lograr que la obra de estos escritores secretos y raros encuentre lectores que deseen explorarlos, que se sientan atraídos por una literatura diferente y particular emanada de nuestra nación”. Esta ambición representa, para el autor, un buen riesgo: “se trata de que las obras de Hernández y Tario sean necesariamente leídas”.

    La presentación consistió en una reflexión en torno a los textos reunidos en la compilación. Según el compilador, “se puede apreciar incluso el carácter extraño y raro de los dos escritores mexicanos”. Para Toledo, el objetivo principal es “compartir el descubrimiento de dos escritores mexicanos que han sido poco valorados en el espectro literario nacional y permitir que sus obras circulen; no busco que se les rindan homenajes oficiales, sino que sepamos que existen”.

    El evento, que derivó en una charla entre el autor y los asistentes, sirvió como marco para debatir las aportaciones literarias de Hernández y Tario, así como para descubrir similitudes y diferencias entre ambos escritores. Sus obras fueron analizadas por los trece ensayistas jóvenes que participaron en la compilación, provenientes de distintas regiones de la República.

    Toledo destacó la principal característica que define a los escritores raros, como Hernández y Tario: su escasa producción literaria, que, sin embargo, delata su genialidad. Puso como ejemplo a Juan Rulfo, “quien, con solo dos libros, desistió de ser una figura intelectual permanente; quizás, en caso contrario, habría escrito solamente libros malos”.

    Los ensayos reunidos en Dos escritores secretos tienen un doble propósito: fomentar el estudio del estado del arte de la literatura nacional y promover la producción ensayística entre jóvenes escritores mexicanos. “Se trató de extender una invitación a compartir puntos de vista sobre los diferentes enfoques creativos que ofrecen Hernández y Tario. Los ensayistas se sintieron afortunados de recibir esta invitación y respondieron con un buen trabajo, que ahora el lector tiene en sus manos”, refirió Toledo.

    El compilador reconoce que la propuesta de crear esta obra fue bien recibida por los ensayistas jóvenes: “A quienes contribuyeron con la obra les gustó haber tenido un contacto literario con Efrén Hernández y Francisco Tario”. Además, destacó que la compilación cumple con dos funciones esenciales: “Por un lado, permite que los escritores tomen conciencia de las sociedades literarias que se agrupan en torno a un autor; por otro, ayuda a los jóvenes ensayistas a descubrir que, muchas veces, los escritores menos conocidos son los más interesantes”.

    Lejos de la mecánica tradicional de una presentación de libro, este evento prescindió de panel, moderador y un gran foro para convertirse en un diálogo directo entre el autor y los asistentes, construido a partir del libro. Para Toledo, en esta presentación la forma fue fondo: “Los mismos Hernández y Tario promueven ser leídos por públicos muy selectos, que aspiran a tener una experiencia literaria diferente y que no necesariamente se cuentan por cientos. No buscamos una lectura masiva, sino adecuada”.

    Autor de James Joyce y sus alrededores (2005), Alejandro Toledo sostiene que “a la mayoría de los críticos literarios les cuesta mucho entender el trabajo de los escritores raros, como en el caso de Hernández y Tario. Frecuentemente, este tipo de escritores son tachados de menores, dado que no se adaptan a las formas literarias típicas, como la novela, la poesía o el relato, sino todo lo contrario”.

    Sobre los perfiles de Dos escritores secretos, el autor destaca: “Los escritores raros presentan generalmente una peculiaridad tanto en su escritura como en su personalidad y figura pública. Efrén Hernández era muy carismático, amable y simpático; incluso contaba con un círculo de seguidores, a pesar de su escritura transgresora. En contraste, Francisco Tario siempre se mantuvo distante de todo contacto público: no presentó ningún libro ni otorgó entrevistas”.

    Alejandro Toledo explicó que la selección de los ensayos no fue un proceso estricto. “A partir de la invitación a los ensayistas, los textos fueron surgiendo y se incluyeron conforme me llegaban; no hubo una selección de material”. No obstante, destacó que trató de evitar la repetición temática: “Algunos escribieron sobre poesía, otros sobre narrativa y algunos más sobre los aforismos de Hernández”.

    A partir de la lectura de los ensayos, se advierte un interesante valor pedagógico para el estudio y análisis literario, según la interpretación de los textos que cada ensayista aporta. Alejandro Toledo no descarta la posibilidad de que los ensayos reunidos en Dos escritores secretos constituyan una contribución relevante para el estudio de la literatura nacional desconocida o infravalorada: “Creo que los ensayistas encontraron en esta propuesta una oportunidad para interpretar a Hernández y Tario desde una perspectiva particular. Su trabajo constituye una forma de revelar alternativas creativas ante los modelos literarios impuestos. Pero el mayor beneficiado es el lector, quien tendrá la oportunidad de acercarse a la obra de dos genios de la literatura poco valorados”, concluyó.

  • Sentimiento culposo

    La música y la imaginación son el poder de la mente para formar imágenes de cosas no presentes en los sentidos. La historia del pop y su música pueden ser un indicador de cómo usar la imaginación para cambiar el mundo, dejarlo como está o volverlo intrascendente. La tendencia global es hacerlo intrascendente y dejarlo como está.

    En los años abruptos del rock, cuando este se asumía por antonomasia como una música iconoclasta y juvenil, sus paladines y héroes (de vinilo) difícilmente podían caer en la incongruencia del ser. La filosofía de Heidegger —toda proporción guardada— bien podría caber en este escrito. Las acepciones están aquí.

    El origen y nacimiento del rock en esas décadas no eran precisamente un tópico que los seguidores de las bandas y solistas de ese género habrían llevado a un simposio. Las universidades públicas no estaban abiertas para eso. En México, el rock era denostado por las clases sociales y políticas, y todos cabían en el mismo saco. Ni cómo ayudarlos. Los enemigos del capitalismo y, por consecuencia, amigos del comunismo, se escuchaban obtusos en cuanto al rock. Lo siguen estando. Sin embargo, en el origen del rock estaban —y siguen estando— las respuestas que no están en el viento.

    La historia es extensa y nace en los Estados Unidos. Cuando los actores del rock estaban en los estudios de grabación, la creatividad brotaba a flor de piel, y cada año surgían nuevas propuestas y, con ellas, novedosas rolas que sus millones de fans alrededor del mundo querían tener en sus respectivas colecciones de elepés, sencillos de 45 rpm y casetes. Las voraces compañías discográficas hacían su chamba, y el rock llegaba a todos los rincones del mundo occidental, donde el fetichismo del consumo era parte de la estructura del rock and roll. Lo sigue estando, pero ahora con otros matices y, ahora sí, en todo el planeta, donde la civilización del espectáculo gira en torno a revivals que se reproducen por todos los rincones del globo terráqueo.

    México no es la excepción. Desde el boom del rock en vivo en los años noventa, los rockstars que llegan a tierra azteca no traen nada nuevo ni algo que realmente valga la pena para pagar un boleto.

    En diciembre de 1997, U2 regresó a tierra azteca con el PopMart Tour y la promoción de su nuevo disco, acompañado de una mercadotecnia sin límites. El compact disc Pop llegó a todos los rincones del planeta, y la gira estuvo en sintonía con el comercializado álbum de la banda irlandesa. Esto viene a cuento por una razón: las nuevas canciones de U2 no complacieron a miles de sus fans alrededor del mundo, y no faltaron los motivos. Pop adolecía de congruencia respecto a sus trabajos anteriores. U2 daba la impresión de haber caído en un bache creativo y, ante el millonario compromiso con su disquera de editar un nuevo disco, Bono tuvo la ocurrencia de mezclar su estilo característico con la onda discothèque. Pasada la efervescencia de la millonaria gira, el cd Pop pareció pasar sin pena ni gloria en las tiendas de discos, entiéndase Mix Up o Tower Records. The Joshua Tree y Achtung Baby habían sido la cúspide de U2, mientras que Pop quedaba como un sentimiento culposo para Bono.

    En el fabuloso concierto David Foster and Friends celebrado en Las Vegas, con Peter Cetera como invitado, el exvocalista de Chicago amagó con cantar ópera —y lo hizo muy bien—, pero sólo por un instante. Valió la pena escucharlo incursionar en ese género, aunque rápidamente retomó su camino y deleitó a la audiencia con un medley de su autoría. Son esos detalles los que se agradecen en estos maestros del pop.

    Cuando la gira 360° de U2 llegó a México en 2011, la banda irlandesa ofreció dos grandiosos conciertos en el Estadio Azteca, con la novedad de un escenario circular ubicado en el centro de la cancha. En el segundo concierto y casi al final, Bono hizo cantar a todo el respetable el Cielito Lindo, que comenzó a escucharse en las potentes bocinas. La canción emblema de una nación resonó gloriosa, y los fans de U2 le agradecieron a Bono la fabulosa ocurrencia. Extrañamente, los medios que cubrieron el evento no le dieron difusión a ese momento, que por minutos hizo sentir patriotas a más de 110 mil seguidores de U2; sin embargo, los asistentes salieron juntos y felices esa noche de primavera. El rock había hecho posible que un irlandés acompañara a miles de mexicanos en una sola voz. No era un hecho aislado: en su primera visita a México con la gira Zoo TV Tour, en el Palacio de los Deportes y tras cuatro noches de espectáculo, en la última Bono se desplayó con La Bamba, lo que provocó el paroxismo total entre los asistentes al Domo de Hierro de Iztacalco. En el siglo XXI, en una gira de Kiss en la Arena Monterrey, Paul Stanley hizo lo mismo con La Bamba para deleite del público regio. Esa noche, el riff del guitarrista y cantante de Kiss sonó elevado y el aplauso fue prolongado.

    En febrero de 1990, Bon Jovi y su banda llegaron a Guadalajara con el New Jersey Tour, un evento accidentado celebrado en el Estadio Olímpico de la U de G. Originalmente, el concierto estaba planeado para realizarse en Querétaro, pero con el antecedente de nota roja en el primer concierto de Rod Stewart, el gobernador temió nuevos brotes de violencia y negó los permisos. Finalmente, tras amenazas de la poderosa FEG, el evento fue posible, y como grupo telonero, se presentó un mariachi. Los fans de Bon Jovi correspondieron con total entrega y disfrutaron la sorpresa de principio a fin. No se sabe si la idea fue del rockstar de la noche o de los organizadores, pero en la ciudad del mariachi, un mariachi abrió el concierto de una banda de rock pop. Esa noche, nadie le pudo dar un mal nombre al amor… Aventuro a pensar que el gran héroe de la guitarra, Carlos Santana, debió sentirse orgulloso al enterarse del suceso. Cabe decir que al ídolo de Autlán, Jalisco, siempre lo ha acompañado la congruencia en lo que hace, dice y toca para sus leales fans.

    En una presentación de El Tri en el programa nocturno En Vivo, conducido por Ricardo Rocha en los años ochenta, la banda incluyó en su repertorio de esa noche la rola de Eric Burdon & The Animals, La Casa del Sol Naciente. La ocurrencia de Lora no desentonó con sus propias canciones; con esa ejecución en vivo en el Canal de las Estrellas de Televisa, Alex Lora dio cátedra de su talento para interpretar buen rock en inglés, con músicos a la altura de las circunstancias.

    Cuando en los noventa se dio el boom de las grabaciones en vivo con orquesta sinfónica, el rock llevó el estandarte de esa novedosa manera de interpretar sus canciones junto a maestros de la música. Con el formato desenchufado ocurrió algo similar. Tesla lo inició con Five Man Acoustical Jam en 1990, y de ahí en adelante, la lista es larga. En México, El Tri lo grabó de ambas maneras. No era algo nuevo, ni con orquesta ni unplugged, pero la industria discográfica vio una veta de oro por explotar, coincidiendo con la llegada del Beta y el VHS. Para las grandes bandas de rock del planeta, tocar con una sinfónica o en versión unplugged era una forma de demostrar su adaptabilidad sin problemas, logrando que la música llegara, sin culpa alguna, tanto a los ortodoxos de la música clásica como a los fans del rock.

    En una de las presentaciones de Coldplay en Buenos Aires, los fans de Soda Stereo debieron sentirse orgullosos cuando el vocalista de la banda rindió homenaje a Gustavo Cerati al interpretar De Música Ligera. Al final, los aplausos no cesaron.

    Metallica, en septiembre de 2024 en México, con tres toquines de alarido, cubrió el otrora Foro Sol de un aura de sentimiento culposo entre sus fans o neofans convertidos en improvisados fotógrafos. ¿Dónde estaban los thrashers, los headbangers, el mosh, el slam que disfrutaron de Metallica en 1993 y 2009? La Chona, La Negra Tomasa, El ADO y Los Luchadores sonaron a una pachanga que dio pie a todo tipo de opiniones. En el ajedrez de la mercadotecnia, nada es casual; la dinámica consumista impone su propia lógica, y el sentimiento culposo no abona entre los fans de Metallica. Esas noches de heavy metal en la Magdalena Mixhuca demostraron que el fetichismo del consumo es un conjunto de elementos interrelacionados, donde la banda angelina también es pieza clave.