—Sí, bueno, te cuento que el día de hoy Erika llegó tarde, se quedó platicando con Tomás en el café de la esquina. Él la cita ahí para esconderse de Lidia, porque es una tóxica. Le llama como cuarenta veces al día y lo stalkea todo el tiempo en redes; dicen que hasta creó un perfil falso para espiarlo. A mí una vez hasta me empujó sólo porque se me ocurrió hablarle a Tomás para que recogiera su correspondencia. ¿Tú crees?
Y luego, ¿ya supiste que Beto le mandó una nude a Gina?, no sé cómo, pero la foto ya anda rolando por el whats, y ¿qué te digo?, ahora Beto hasta tiene un club de fans. Y yo creo que discutieron por eso, porque por las cámaras de recepción, vi que Gina llegó entró llorando, igual y ya terminaron. ¿Será?
—Señora, me refiero, a que ¿si todo está bien con su pedido?
*Koutsompolévopatia: Del griego κουτσομπόλης. Sustantivo masculino: chismoso (aquel que habla de terceros partidos, a menudo negativamente). Y del griego πάθεια: sufrir, experimentar, padecer. Irrefrenable impulso por contar chismes.
Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de Sentimientos, Toc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.
Las hojas de los días caen como caen las hojas de la vida, hojas limpias y sucias.
Edmundo: La mejor definición de la Sheinbaum es la de Savater: «Es López Obrador sin gracia». Cuídate, échale paciencia y sigue atormentado buscando la palabra exacta.
Final Copa Oro Estados Unidos-México… Himnos… Comerciales… Gol de EU… Gol de México… Gol de México… Un juego apretado. Buenos goles. México venció 2-1 y es campeón de la Copa Oro 2025. Gran alegría para el público mexicano-americano de allá y acá.
El canario en huesos todavía canta. ¿Qué canta? La vida y la muerte, el amor y la pelea, la amistad y la adversidad…
Como decía Eduardo Nicol: «Es necesario ejercer el magisterio de la interrogación».
Nueva transferencia de la UAQ por 3,750 pesos (4-Jul-2025, lo de siempre), gracias.
No precipites las cosas. Un día malo puede ser un día bueno. Dignidad en la adversidad.
¿Renovarse o morir? Los viejos redoblamos nuestros vicios y defectos. Letras de Emergencia 27 y Letras en Movimiento 19.
Cae el sol sobre mi piel desnuda, brazos, piernas, cara, muy agradable, la certeza y la dicha de estar vivo.
Las explosiones de odio envenenan la vida social y familiar-personal.
Una hojita amorosamente armada con la retacería encontrada.
Voy casi en cámara lenta frente a la prisa del mundo allá afuera.
Dos semanas vitales rumbo al 19 de julio.
Perdido en un mar de direcciones, nombres, calles, en duermevela.
Luz, mucha luz, pura luz, bendita luz, en el silencio y la oscuridad.
El ruido de las llantas y los motores no deja oír el dulce trinar de las aves.
El viejo y el hombre llamado Solo, solos los dos. Oscuridad. Silencio. Soledad. Diario del viejo. Lo lee Solo. Cada mirada es otra interpretación, otra perspectiva, una rendija del mundo.
Las palabras esenciales me persiguen: dignidad, adversidad, vivir, sobrevivir, no hundirse, resistir, pelear…
El hambre, el frío, el miedo. La última mirada al cielo. Dos películas de Gillo Pontocorvo. La otra es Queimada, con Marlon Brando, 1969.
Mundial de clubes, semifinales y final. Quedan cuatro: Fluminense, Chelsea, PSG y Real Madrid. ¿Quiénes disputarán la final?
Carísimas las cosas en los súpers de la colonia fifí y las banquetas como las de la Presidentes.
Mala noche. No llegó el sueño reparador. Excelentes actuaciones de Marlon Brando y del esclavo negro José Dolores. Historia conocida y repetida. Gran música de fondo de Ennio Morricone.
PSG borró 4-0 al Real Madrid. Sin palabras. Un concierto de buen futbol de los ganadores. Un acordeón. Esperaba un juego apretado y no tan desigual. PSG-Chelsea será la final del Mundial de Clubes el domingo 13-VII-2025. ¿Quién es el gran favorito?
Como hay un último concierto hay una última palabra. Que es el principio y el fin. El ciclo se repite y parece interminable.
Sentado en un banco, atado con una bufanda que a veces era obra de su madre y otras del hermano de su madre, el niño observaba el mundo sin moverse. No porque no pudiera, sino porque no encontraba razón para hacerlo. Todo lo que le interesaba era lo que podía ver, tocar, oler, probar. Nunca se perdía en fantasías ni se distraía con juegos imaginarios: la realidad era suficiente, y lo demás le resultaba ajeno. Nadie parecía alarmado: comía bien, no mostraba dolor y su salud nunca fue motivo de preocupación. Tonto no era: rechazaba lo que no le gustaba, salvo que lograran convencerlo de que aquello era comestible y que, quizá, podría gustarle. No bastaba con insistir: hacía falta una buena charla, una invitación a descubrir, no una orden ni una explicación vacía.
El banco era siempre el mismo, uno de los que estaban afuera del puesto de comida, que un día decidieron meter adentro para colocar al niño ahí. A veces, el frío de la mañana se colaba por las rendijas y le hacía temblar, pero nadie parecía notarlo. La bufanda, más que abrigo, era una soga suave que lo mantenía en su sitio, como si el mundo temiera que, de soltarse, pudiera perderse para siempre. Los adultos pasaban de largo: algunos con miradas de lástima, otros con indiferencia. Nadie preguntaba por qué no jugaba, por qué no reía, por qué no hablaba.
No era que no pudiera hablar, simplemente no tenía nada que decir. Todo lo entendía, y cada detalle, cada gesto, cada palabra quedaba registrado en su mente con una precisión casi dolorosa. El hermano de su madre, paciente y atento, atendía a los clientes del puesto de comida mientras conversaba con ellos. La mayoría de las pláticas le parecían insulsas, carentes de profundidad, pero de vez en cuando llegaba alguien con una algarabía contagiosa o con un conocimiento tan nuevo que lo embelesaba y lo dejaba pensando durante días. Su madre y el hermano de su madre, en cambio, llenaban el aire de conversaciones profundas, de temas complejos que lo mantenían ocupado, saciando su hambre de conocimiento.
Había días en que la soledad era tan densa que podía sentirla en la lengua, como un sabor amargo que no se iba ni con el mejor de los dulces. No prestaba atención a otros niños ni le interesaba lo que hacían; su mundo giraba en torno a dos necesidades: el hambre de conocimiento y el hambre de comida. Nadie se acercaba. Nadie intentaba entenderlo. Los adultos, cuando se dignaban a hablarle, lo hacían con palabras huecas, con diminutivos que le resultaban insultantes: “¿Quieres agüita? ¿Quieres un dulce?”. Él solo quería que le hablaran de verdad, que le preguntaran qué pensaba, su opinión sobre cualquier cosa.
Con el tiempo, los libros dejaron de ser solo para los adultos: ahora leían en voz alta para él. La lectura, antes refugio de los mayores en los ratos libres, se convirtió en un ritual compartido. No escuchaba para imaginar, sino para entender: pedía respuestas, datos, explicaciones. Las historias fantásticas le resultaban irrelevantes; prefería los relatos donde todo podía comprobarse, donde nada quedaba a la interpretación. Los días pasaban, y la rutina le resultaba grata. Solo existían tres cosas en su mundo: hambre de alimento, hambre de conocimiento y una sensación rara.
Pero incluso la rutina puede volverse cruel. Había tardes en que el hambre de conocimiento era tan grande que dolía, un vacío en el pecho que no se llenaba ni con las mejores lecturas de unas horas antes. A veces, el hermano de su madre estaba demasiado ocupado para leerle, y entonces el niño se quedaba mirando un punto fijo, repasando mentalmente lo que había aprendido, reconstruyendo detalles de la realidad, nunca inventando nada. No sabía cómo imaginar: su mente no fabricaba mundos, solo ordenaba lo que ya existía.
En esos momentos de pausa, notaba que la casa seguía vibrando con la energía de su madre. Ella no se detenía nunca: siempre inventando algo nuevo, preparando la mejor comida, buscando sorprender a todos con algo diferente e innovador. Eso lo confundía. Sus silencios no eran de cansancio, sino de concentración, de estar tramando la siguiente maravilla. Así, mientras el niño se refugiaba en la realidad y el conocimiento, la madre tejía a su alrededor un mundo de posibilidades concretas, de sabores y sorpresas tangibles.
Así durante un número incalculable de días. No había prisa, no había necesidad de apresurarse. La vida transcurría tranquila, entre lecturas, comidas y silencios compartidos.
Hasta que un día, algo cambió. Un nuevo sentimiento irrumpió en su vida: la ira. Todo ocurrió mientras escuchaba una lectura sobre edificios, muy técnica… hermosa; por fin comprendía cómo se mantenían en pie las construcciones cercanas. El hermano de su madre, como siempre, le explicaba con detalle cada elemento del entorno. A diferencia de otros niños, a él no le hablaban con diminutivos ni simplificaciones; sabían que distinguía alimentos, bebidas, y sabía perfectamente cuáles prefería y por qué. Parecía entender todo lo que se le leía.
Ese día, sin embargo, la lectura fue interrumpida por la llegada de un hombre desconocido. Era uno de esos clientes que nunca miran a los ojos, que hablan fuerte para que todos los escuchen, pero que no dicen nada. Se acercó al niño y, sin pensarlo, comenzó a hablarle como si fuera un animal cualquiera, con una voz chillona y palabras torpes. “¿Quién tiene tu nariz? ¿Sabes aplaudir? A ver… di Ma… Ma…”. El niño sintió una punzada en el pecho, una mezcla de vergüenza y rabia. ¿Por qué todos asumían que era menos pensante que una bestia? ¿Por qué nadie veía lo que pasaba por su mente?
La palabra salió como un disparo, clara y fuerte, cargada de todo el desprecio que sentía. No era una palabra bonita ni amable, pero era suya. Por un instante, el mundo se detuvo. El hombre se quedó boquiabierto, incapaz de responder. El hermano de su madre, al escuchar la voz, dejó caer todo, incluso el dinero sobre la mesa, y gritó: “¡Está hablando! ¡Está hablando!”. La madre llegó corriendo, pero no hubo lágrimas ni abrazos, solo una mirada de satisfacción, como si al fin hubiera hecho lo que se esperaba de él.
Después de ese día, todos querían escucharlo hablar. Le hacían preguntas tontas, le pedían que repitiera palabras, que dijera su nombre, que contara hasta diez. Nadie parecía interesado en lo que realmente pensaba. Nadie preguntaba por lo que observaba, por lo que entendía del mundo real. El niño, agotado, dejó de hablar tanto como pudo. Descubrió que el cansancio era el único refugio, el único lugar donde nadie podía alcanzarlo, donde podía ser solo él, sin expectativas, sin decepciones, sin la presión de fingir que podía soñar o imaginar.
Los días siguieron, y con ellos, nuevas explosiones de ira, nuevas palabras que sorprendían y descolocaban a quienes lo rodeaban. No todos estaban preparados para un ser así, tan pequeño y tan ajeno a lo esperado. Apenas tenía unos cuantos años vividos, y ya el mundo parecía no saber dónde ponerlo. La infancia apenas comenzaba a mostrar su verdadero rostro: uno donde la realidad era la única guía, y la incomodidad de los demás, una constante.
Enseñar arte no es enseñar a copiar una técnica. Es abrir un espacio donde el error es fértil, donde la voz se afina no solo con palabras, sino con formas, gestos, colores, materiales
Cada aula de artes visuales, por precaria o improvisada que parezca, es un territorio de posibilidad. ¿Qué se enseña ahí, realmente? ¿A dibujar? ¿A pintar? ¿A reproducir estilos? No. Se enseña —o al menos se intenta— a mirar distinto, a sentir con más capas, a sostener una intención.
En estos tiempos, donde lo inmediato domina y lo estético se confunde con lo superficial, formar a un creador es casi un acto de resistencia. No se trata de moldear genios ni de fabricar artistas con nombre comercial, sino de acompañar procesos auténticos, incluso contradictorios, muchas veces frágiles. Desde el primer trazo en un diario de trabajo hasta la última pincelada de una pieza en exposición, hay todo un recorrido que merece ser valorado, visibilizado, reflexionado.
Trabajo con jóvenes de preparatoria y universidad. Cada semestre me sorprenden con las preguntas que traen consigo: —¿Esto está bien? —¿Puedo hacer esto así? —¿Cómo sé si ya terminé?
Detrás de esas dudas, lo que emerge es la necesidad de afirmar su autonomía creativa. Y ahí, como docente, más que corregir, mi tarea es abrir caminos. No existe una fórmula única ni un trayecto recto. Hay obras que nacen de la duda, del ensayo torpe, de la conversación inesperada.
Recuerdo, por ejemplo, una sesión en la que trabajábamos máscaras de cartonería en primer grado de bachillerato. Una alumna decidió romper el molde y construir una máscara a partir de su historia familiar, fusionando elementos naturales —ramas secas, flores prensadas— con papel maché. Lo que surgió no fue solo un objeto estéticamente potente, sino un relato íntimo, una afirmación visual de su identidad. En lugar de evaluarla con criterios técnicos aislados, el grupo se reunió en un ejercicio colectivo de lectura e interpretación: —¿Qué transmite esta pieza? —¿Cómo dialoga con la tradición? —¿Qué recursos usó para narrarse a sí misma?
Ese tipo de experiencias son fundamentales para entender la pedagogía artística. No se trata solo de enseñar a producir objetos, sino de formar una sensibilidad, una forma de estar en el mundo con preguntas, con cuerpo, con imágenes.
Hablar de pedagogía artística es hablar de tiempo: el tiempo que toma encontrar una voz propia, el tiempo que no siempre encaja en los calendarios escolares. Pero también es hablar de libertad, de vínculos, de ese espacio íntimo y colectivo donde alguien se atreve, por fin, a decir algo con una imagen.
Esta columna se asoma al “aula abierta” como un territorio de gestos, preguntas y silencios, donde el arte y la enseñanza se entrelazan en su forma más viva. Porque formar artistas es también formar ciudadanas, testigos, hacedores de mundo. Y porque detrás de cada obra estudiantil —incluso la más sencilla— hay una decisión ética: la de expresarse cuando nadie lo pidió, la de resistir al olvido, la de dejar una huella.
Miriam Uribe Zavala es artista visual, docente en artes plásticas y cultura visual, y colaboradora en procesos pedagógicos y creativos. Su trabajo se desarrolla en la intersección entre la enseñanza, la expresión artística y la reflexión crítica sobre las formas de ver y hacer en el aula.
Se trastocaron los planes y todo cambió de ruta. Vuelta a empezar. ¿Cuál es el hilo?
Vuelven las malditas y benditas preguntas.
Es humano interrogarnos y dudar.
Buen artículo de Edmundo González Llaca (“Exorcizando mis fantasmas políticos”, El Jicote, Diálogo Q, 24-Jun-2025), hay que ver la segunda parte de su exorcismo. ¿Poco a poco o de golpe nos convertimos en lo que odiamos? ¿Es el caso de Andrés Manuel López Obrador? ¿Dios del poder? ¿La verdad o la justicia o el poder? Reflexiones críticas en torno a la 4T y el sistema mexicano. ¿Qué piensan y que dicen los ciudadanos? (La segunda parte el próximo viernes, si vivos, 11-Jul-2025).
¿Cuál era la idea original del techo? Que todos tenemos un techo, que es elástico y se rompe.
Van y vienen las ideas y me dejan exhausto.
No agotes las ideas ni las fuerzas, deja algo para mañana, cuando el agua vuelva a fluir. Allí va la bestia negra, mugiendo.
Dos películas fallidas ayer con Marina. Una no la pudimos ver y la otra nos sacó de onda. Y las moscas. El pollo a la plancha estuvo rico.
¿Es AMLO el payaso continental americano? Carlos Fuentes y JCMR a propósito de Hugo Chávez. El político y el contexto.
Recibí transferencia de la UAQ por 3,750 pesos. Gracias.
Nada compensa la carestía de la vida, semana a semana, en el súper, el mercado, los Oxxos, las tiendas de la esquina.
Como sea aún tengo recursos y es mejor poco que nada. Ya hice el trabajo de la semana. ¿Qué haré ahora? Ver futbol, cine, poesía, hacer los ejercicios del cuerpo y la cabeza. Preguntar y dudar.
–Edmundo: «Otro caso dramático de némesis son los judíos: víctimas del holocausto y ahora verdugos de un genocidio» (28-Jun-2025).
–Los políticos y los intelectuales se arrojan con saña puñados de arena en los ojos. Algunos se han quedado ciegos: ven sólo sus fantasmas, sus obsesiones. La mayoría ha perdido el habla, no la voz: gritan sin parar. ¿Cómo acabará todo esto? No lo sé. (OP, gracias a Casa Octavio Paz). Gracias a nuestro clásico siempre contemporáneo.
38 días sin salir a la calle. Ya hice mis ejercicios. Bajé y subí las escaleras casi clandestinamente. Con seguridad.
Veo de lejos la realidad del mundo.
–La realidad y los temas sociales son siempre una gran fuente de inspiración para crear historias. Santiago Requejo, cineasta español. Crear historias arriesgando el pellejo.
Replegarse es otra manera de seguir y estar en el frente. Sin bajar la guardia.
Comida con Marina y me trajo buena despensa, gracias. Falta mi milanesa con papas, jajaja.
Gracias al amigo Carlos Campos por publicar mis textos en la Revista Luna negra:
Ayer me di una vuelta por el primer Tianguis de Juguetes y Coleccionables en Satélite. Entre figuras, viniles, muñecos vintage y reliquias pop, me llevé más que recuerdos: capturé momentos.
No soy fotógrafo, pero le eché ganas.
David Álvarez (Querétaro, 1990) es sociólogo, periodista, director de la revista Saltapatrás y gestor cultural en la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha publicado los libros Porca Miseria y Vulgatría.
En un país donde las estadísticas suelen hablar de rezagos en lectura, Tisha Guevara apuesta por crear espacios donde leer no sea una actividad solitaria, mucho menos excluyente. Narradora, promotora cultural y mediadora de lectura, ha hecho de la literatura un puente para la escucha, el diálogo y la visibilidad de la diferencia. Desde proyectos como Diversidades Lectorxs y Sala de Lectura Parvada, su trabajo se distingue por el enfoque inclusivo, la horizontalidad y la convicción de que leer transforma tanto como acompaña.
Un club que nace del diálogo
Diversidades Lectorxs es uno de los proyectos más conocidos de Tisha Guevara. Su origen, como muchas iniciativas significativas, fue íntimo y familiar: «Fue idea de mi hijo, después de una charla en donde comentaba que hay población adolescente que no tiene un espacio imparcial para expresar sus ideas, identidad y pensamientos». Así nació este club de lectura para todas las edades, que trabaja desde una mirada diversa e incluyente.
Lo que distingue a Diversidades Lectorxs de otros espacios similares es su capacidad de albergar y potenciar la pluralidad: aquí se lee desde la diferencia, se conversa con apertura, se cuestionan los estereotipos. «La literatura da voz, representa, visibiliza, empodera y concientiza a la sociedad sobre las incuestionables diversidades», afirma Tisha, citando el lema que guía a su grupo.
La lectura como refugio y herramienta
En 2023, Tisha impulsó el proyecto Biblioteca Humana en el marco del Día Mundial contra la Homo Lesbo Bi Transfobia. Allí, como en muchos otros de sus esfuerzos, la oralidad y la literatura se convirtieron en herramientas poderosas para la empatía. Contar una historia —la propia o la ajena— implica un acto de reconocimiento que puede transformar la forma en que nos percibimos y somos percibidos.
«Nosotras apostamos por la literatura para generar y cultivar no exclusión, género disidente y diversidad. La literatura puede ser un refugio, una voz y un espejo», explica. Esa convicción se extiende a todos los proyectos que ha llevado adelante como mediadora de lectura, y que suelen ir más allá del texto escrito, incorporando lo corporal, lo artístico y lo comunitario.
Parvada: leer para volar en comunidad
Más que un círculo de lectura, Parvada es un formato de organización y dinámica de los clubes. Bajo ese nombre —que alude al vuelo colectivo de los pájaros— Tisha ha encabezado una serie de grupos, talleres y encuentros que buscan promover la lectura como experiencia estética, emocional y social. «Además de la literatura como herramienta artística, cultural y de conocimiento, el trabajo en equipo, la sincronicidad y la empatía han sido detonantes para una experiencia no sólo literaria sino humana», explica.
Lo que Parvada deja claro es que leer no se trata sólo de acumular páginas, sino de construir vínculos, horizontes comunes y afectividades compartidas. En ese sentido, se trata también de una pedagogía del cuidado.
Autores locales: lectura con raíces
Uno de los sellos del trabajo de Tisha Guevara es el impulso a autores locales. En un contexto donde las grandes editoriales y los catálogos extranjeros suelen dominar, leer literatura queretana en voz alta y discutirla con lectores de todas las edades genera un impacto singular. «Cuando hemos leído obra literaria queretana hay curiosidad, emoción, mucha charla sobre las obras… el conocer a la escritora o al escritor es otra experiencia de acercamiento», comenta.
Este gesto, que parece simple, tiene implicaciones profundas: activa un sentido de pertenencia, de historia y de comunidad. Leer autores locales no sólo es reconocer la literatura que se escribe cerca, sino también afirmarse en el territorio, en la experiencia propia.
Cultura de paz y creatividad: el taller de Plush Toys
Además de sus clubes y círculos, Tisha ha participado en proyectos como el Taller de Plush Toys, una iniciativa original de otro mediador que ella llevó a escuelas primarias. Los personajes de peluche, diseñados con fines pedagógicos, fueron usados para trabajar con niñas y niños temas como cultura de paz, perspectiva de género, prevención del acoso escolar, inclusión, lenguaje incluyente y deconstrucción de estereotipos.
Esta forma lúdica y creativa de acercarse a temas complejos demuestra la amplitud del enfoque de Tisha, siempre en diálogo con las infancias y adolescencias. Leer, conversar, imaginar y jugar son parte de la misma constelación formativa.
Leer en comunidad, leer en horizontalidad
La experiencia de leer en comunidad es transformadora. En Diversidades Lectorxs, los asistentes —muchas veces adolescentes— llegan con timidez, pero rápidamente encuentran un espacio de confianza. «Sin duda se genera un gran compañerismo y amistad», comenta Tisha.
El criterio para seleccionar los textos es colectivo y horizontal. «Se busca de acuerdo a las personas que asisten: novela, narrativas educativas, cuentos, documentales…». La curaduría compartida es parte del espíritu del grupo: todas las voces importan, todas las experiencias suman.
Desafíos y resistencias
Como promotora cultural con un enfoque de inclusión, Tisha ha enfrentado desafíos importantes, sobre todo de tipo económico. «Lo más difícil es el recurso. Al ser un espacio gratuito para la población —que además son estudiantes— nos ha costado financiar materiales», dice. Aun así, han logrado salir adelante con creatividad, cooperación y apoyo comunitario. Un ejemplo es la donación de acervo literario por parte de la Secretaría de Cultura del Municipio de Querétaro, o la hospitalidad del Centro de Arte Emergente, donde actualmente sesionan.
Lecturas que marcan y textos que transforman
Más allá de los libros, lo que ha marcado recientemente a Tisha Guevara como lectora ha sido el testimonio vivo de la comunidad diversa. «No me ha marcado una novela, sino la realidad que la comunidad género inconforme y queer enfrenta en la vida real», asegura. En ese sentido, menciona ensayos, artículos, documentales y la labor de activistas como fuentes de inspiración y conocimiento.
Entre los autores que han leído en sus círculos figuran Meredith Russo, Alice Oseman, Fernando Rivas, Radclyffe Hall, Javier Malpica, entre otros. Narrativas contemporáneas que dialogan con la identidad, el amor, la diferencia y la transformación social.
Narrar también es resistir
Además de la mediación lectora, Tisha tiene otro amor: la narración oral. «Me gustaría mucho dedicarle más tiempo a ello», dice. La palabra dicha en voz alta, el cuento que se despliega en la presencia del otro, es también una forma de lectura en comunidad.
Y como todo en su camino, está atravesado por una intención: conectar con las demás personas. Porque en la literatura —leída, contada, compartida— cabe el mundo entero. Y también caben sus fracturas, sus diferencias, sus esperanzas.
Tisha Guevara (Orizaba, Veracruz) es mediadora de lectura, narradora coeducativa, gestora cultural y tallerista. Licenciada en Derecho por la Universidad Veracruzana, ha orientado su trayectoria a la promoción de los Derechos Humanos, la Cultura de Paz y las perspectivas de género, especialmente en el trabajo con infancias y adolescencias. Desde 2020 coordina clubes de lectura con enfoque inclusivo, como Nube de Luciérnagas, Diku Deni, Pan y Rosas y Diversidades Lectorxs, este último con una sólida labor en torno a la diversidad, el lenguaje incluyente y la horizontalidad lectora.
Actualmente colabora con la Biblioteca del Museo de la Ciudad y el Centro de Seguridad Social del IMSS, donde imparte talleres de comprensión lectora y clubes cinéfilo-literarios como Maestros del horror. Es también tallerista en prevención del acoso escolar y deconstrucción de estereotipos de género, y ha escrito sus propios cuentos cortos como parte de esta labor. Interesada en la neurocomunicación, la meditación, el diseño de experiencia y las neurodivergencias, Tisha integra diversas herramientas para enriquecer su práctica cultural y educativa. Se sigue formando en narración oral, experiencia del usuario y pedagogías críticas, apostando siempre por la lectura como un acto transformador.
¿Quieres unirte a Diversidades Lectorxs? Busca sus actividades en colaboración con el Centro de Arte Emergente, en la ciudad de Querétaro. Consulta más información y convocatorias en redes sociales o escribe directamente a Tisha Guevara. Leer en comunidad, desde la diferencia, también es un acto de amor.
AMLO es el político mexicano de la segunda mitad del siglo XX y primera del XXI.
Nadie como él entre nosotros, es fácil condenarlo, es humano reconocerlo.
El tiempo y los otros confirmarán lo que vemos y no vemos.
¿Es posible suspender el juicio y no equivocarse?
No somos marionetas del destino, pero sí damos maromas en el tiempo.
La peste de los buenos no blanquea la peste de los malos.
Nada quedará de ti, palabrero, salvo quizá tus palabras.
“Pasan / los semi-dioses desnudos / con pata de palo, tuertos, / diamantes y zafiros machacados, / el ritmo, roto, / el agua, seca. / Sería horrible morir en este día / en que ya todo está muerto…”. Carlos Pellicer, “Poema aislado”, 1970. (Gracias a Malva Flores).
(Con problemas para poner el punto y coma, la M, la C, la V).
Enigma electrónico personal.
¿Con quién dialogas, palabrero? Con la lluvia del tiempo.
Fuera del ChatGPT. Sin ninguna ayuda.
Como un pobre palabrero. Sin acordeones.
Me paro a limpiar la mesa extraña y lavar los trastes del fregadero.
Desconcentrado de mis humildes palabras.
Día de futbol y cine. Últimas entregas de junio. ¿Y luego
¿Cuánto tiempo estaré más aquí, maniatado?
Gracias por sus palabras de aliento y buenos deseos Alejandra, Germán, Efraín y estimada vecina y casera (saludos a don Manuel). Estoy bien, en lo posible y haciendo mucho ejercicio para recuperarme de la operación de la cadera. Y falta la de la hernia. Pues sí, ya viene el mes de julio y entonces festejaremos todo el mes. Saludos y gracias por sus buenas vibras. Fraternalmente, Julio F., Q, lunes 23-Jun-2025.
Al fin ha amainado la lluvia. Sabe bien el café con mi galletita.
¿Con quién dialogas? Las palabras hablan unas con otras y con el silencio. Silencio en la cuadra ajena y extraña.
¿Cuál es mi sitio en este estado de sitio?
¿Cuál es tu sitio en tu propio y ajeno estado de sitio? Ese es el dilema y la libertad de la vida.
No son preguntas retóricas, son preguntas y respuestas personales de adentro.
30 días lejos de casa y encerrado sin salir de este departamento del sur oriente de la ciudad. ¿Aguantaré otro mes encerrado?
Veo Papillon (de Franklin J. Schaffner, 1973, con Steve McQueen y Dustin Hoffman), quien pasó años encerrado en la celda de castigo de la Isla del Diablo. Ya recorriste buena parte del camino y no hay final ni salida, ya lo sabes palabrero.