Woman Taking Her Chemise (c by National Gallery of Art is licensed under CC-CC0 1.0

Soy todas 

Soy todas mis edades

La adultez que intento ignorar

cuando observo las manchas en mis manos

mientras corto frutas para el almuerzo.

Las náuseas de mi adolescencia,

la vejez prematura que me susurra,

empujándome poco a poco hacia la soledad.

Pero, sobre todo,

soy esa niña infinita

que nunca se ha ido,

la que corre descalza bajo la lluvia,

la que trepa los árboles

y se queda abrazada a ellos,

susurrándoles secretos.

Soy esta infancia absoluta

que atraviesa mi vida como un río eterno:

mi ingenuidad, mi valentía,

mi risa y mis lágrimas.

Soy la rodilla lacerada,

los rasguños de mi gato.

Soy el vaivén de un columpio oxidado,

la valentía de lanzar una carcajada al cielo,

la ingenuidad que sigue creyendo en lo imposible.

Soy el abrazo eterno de mis abuelos,

el eco de sus bendiciones,

la cocina viva de mis tías del pueblo,

donde el maíz canta en el comal

y el aroma a flores frescas

me recuerda de dónde vengo.

Soy la flor amarilla

que se aferra a la vida

en medio del campo,

la que gira al sol sin miedo.

Soy los libros que me construyeron,

los poemas que me salvaron,

el abrazo de la naturaleza

que siempre me devuelve a mí misma.

Soy las risas de mis hijos,

el reflejo de su alegría,

la promesa de que esa niña en mí

nunca desaparecerá.

Soy la guerra que no entiendo afuera

y la batalla que arde dentro de mí.

Soy el recuerdo de mis padres felices,

el viento al que entrego mis penas,

el fuego al que confío mi dolor,

pidiéndole que deje el aprendizaje.

Todo nace y muere en mi niña infinita.

Soy todas las mujeres antes de mí.

Soy la abuela revolucionaria,

la que tejió sueños de libertad

con las manos arrugadas por el tiempo.

Soy la mujer medicina,

Aquella que canta a la luna y al fuego,

la que susurra secretos al viento

y sana con hierbas y palabras.

Fui la esclava mutilada,

la que resistió con el alma intacta.

La escritora en anonimato,

la que escribió en sombras

para que otros pudieran ver la luz.

Huelo a palo santo,

y del romero en mi cabello

brotan raíces de protección.

Soy todas las mujeres que caminaron antes,

las que, firmes en guerra,

atacan sin piedad alguna,

pero con justicia en el corazón.

Soy el copal a medianoche,

un rezo que sube al cielo entre el humo sagrado.

Soy poesía a las tres de la madrugada,

esas palabras que sangran desde el alma

cuando todo duerme.

Soy el café amargo de la mañana,

El bolero de antaño que invoca,

la danza que envuelve la pasión

y despierta los cuerpos al amor.

Soy todas ellas.

Soy cada verso, cada nota, cada batalla.

Soy la memoria viva

de las que soñaron, lucharon y amaron.

Pero nada puede robarme esa niña:

ni el tiempo,

ni las responsabilidades,

ni los días grises.

Sigo abrazada a la vida

y a la tierra que me vio nacer.

Ayahuasca

Aún conservo invierno de aquel momento,

cinco hectáreas de abrazo, un corcho de vino,

79 maneras para defenderse de la vida

y el desespero de encontrarte.

Recordé que alguna vez escuché del anciano

que las personas pueden vivir hasta trece vidas.

Así que, retornando al desespero de encontrarte,

y ver el cielo en tus pupilas,

quise comprobar por medio de lo sagrado

y en mi auxilio viajar a tu encuentro.

La poderosa diosa femenina vegetal

se apoderó de mí,

cada átomo se convirtió en complejos y hermosísimos fractales

que formaban infinitas galaxias.

Viajando entre mundos, por fin te encontré:

viajabas con Alejandro Magno

a la conquista de Persépolis.

Fue rápido, pero pude rozar

la huella del índice de tu muñeca.

Años después te encontré

pintando un cuadro en el Renacimiento.

Supe que eras tú al ver tu pincel

dibujando mi cabello

y esa silueta que tanto te gusta.

Amé encontrarte en los setenta, Londres,

concierto de Led Zeppelin.

No me extrañó, entendí por qué irradias

energía pura con la música.

Las veces que te busqué y otras tantas que te encontré,

sumaron diez, en punto de las diez.

Mi alma se aferró a tus vidas,

mi espíritu a mi vida.

Piloto de carreras, filósofo,

vaya combinación de arte y perfección.

Aunque no nos conocíamos,

cuando nuestros ojos se encontraron

en aquel momento inefable.

En este momento, mi búsqueda de la felicidad

había terminado.

Es algo extraño, ¿sabes?,

porque, a pesar de no estar a tu lado en el presente,

en el pasado siempre te encontré.

Me tomaste de la mano,

y el venado azul apareció.

Sus ojos como espejos reflejaron

las constelaciones dentro de su pecho,

su aliento perfumado de tierra y hojas secas.

Danzamos con él en un círculo sagrado,

bajo la luna llena que iluminaba el rito.

El suelo vibraba en geometría sagrada,

en cada paso, una línea,

una forma perfecta que tejía el universo.

Y la voz ancestral nos susurraba,

nos guiaba a través de los latidos del cosmos.

Cerré los ojos, y vi el mar,

el río, las estrellas, y tú.

En cada rincón de la tierra,

había una historia de nosotros,

un susurro, una danza,

una vida compartida que no termina

Porque incluso en lo sagrado sigues apareciendo tú. 

n243_w1150 by BioDivLibrary is licensed under CC-PDM 1.0

Bordados de vida 

Bordas la vida con tus manos gastadas,  

refugias la historia,  

transmites la esencia que nos fue robada.  

En hamaca,  

o en petate,  

de tu luna dorada.  

Remachas la vida,  

suspiros en verde,  

anhelos en blanco,  

tristezas de rojo,  

cada unión es un día,  

plasmado en el tiempo,  

tenangos coloridos  

formando la flora,  

formando la fauna,  

sembradora de semillas  

en los surcos de la tela,  

raíces enlazadas con los hilos del amor,  

fortaleza a tu nación.  

Con habilidosas manos,  

tejiendo historias en telas,  

los pueblos originarios 

forjando su legado,  

cada puntada un eco  

de susurros ancestrales,  

un canto que resuena  

en el viento de los valles.  

Hamacas y petates,  

Con tu luna dorada,  

resguardan secretos,  

sueños y pasados,  

en hilos de colores,  

la vida se entrelaza,  

cada puntada es un día,  

un instante guardado.  

Tenangos brillantes,  

con flora y fauna enlazada,  

sembradora de semillas  

en el corazón bordado,  

raíz de un pueblo fuerte,  

en su tejido, 

toda la historia,  

la esencia que fue robada  

ahora florece con ardor,  

la cultura y la memoria,  

en cada tejido, con amor 

y calma,  

como un canto eterno  

de amor y esperanza.  

Más allá de la pantalla

En el vasto océano de pantallas brillantes,

donde la perfección se vuelve un eco lejano,

fingido, impuesto, como un reflejo distante,

navegamos entre redes,

atrapados en la trama de un tiempo virtual.

Sexo gratis, libros de almas,

tesoros escondidos en un mar de bits y bytes,

bellezas fugaces, frágiles,

como hojas que caen en un otoño sin fin.

Pláticas profundas, pero ¿son reales?

Voces que flotan en la niebla digital,

donde la verdad se convierte en un lujo,

cada vez más cara,

como el oro olvidado en un naufragio virtual.

Duele ver la vida así,

en este laberinto de ilusiones,

donde lo simple se vuelve espejismo,

la esencia ahogada en la velocidad del clic.

Corazón Enjaulado

En un rincón del alma, un jilguero canta,

400 voces que al viento se levantan.

Su trino es un susurro de libertad anhelada,

pero el eco del mundo lo mantiene enjaulada.

Mujer, portadora de mil melodías,

con la esencia del sol y la luna en tus días,

naciste con el don de pintar con palabras,

pero el mundo a veces te guarda en sombras.

Cada nota que brota es un grito callado,

un canto silenciado, un sueño olvidado.

Las hojas susurran secretos al viento,

mientras tu corazón lucha lento.

Eres el jilguero que anhela volar,

pero la jaula del juicio te impide soñar.

Las 400 voces que el cielo te dio,

se ahogan en un mundo que no te escuchó.

Despierta, ¡oh musa!, en tu esencia pura,

rompe las cadenas, deja que se cure

tu arte, tu fuerza, tu luz desbordante,

pues en tu corazón, hay un canto vibrante.

La vida es un lienzo donde debes pintar,

tu historia, tus sueños, tu verdad sin par.

Que el jilguero vuele, que el viento lo abrace,

mujer de mil voces, ¡tu espíritu no cese!

En cada verso, en cada suspiro,

hay un eco de lucha que nunca se retira.

Corazón enjaulado, pero fuerte y sincero,

tus 400 voces un canto eterno.

Daniela Quintero Hernández es promotora y gestora cultural, así como escritora autodidacta. Licenciada en Turismo Alternativo, cuenta con diplomados en Literatura, Letras Hispánicas, Escritura Creativa, Arteterapia, Herbolaria Mexicana, Historia y Filosofía. Su obra ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, con distinciones como el premio de narrativa poética Matriz de amor y el fragmento Cuahuitl. Es autora de dos libros publicados y ha participado en diversas antologías. Su poesía y narrativa abordan temas como la maternidad, la justicia social y la conexión espiritual con la naturaleza. Actualmente trabaja en su tercer libro, centrado en el vínculo entre las raíces indígenas y la modernidad. Además, imparte talleres de escritura creativa, arteterapia y círculos de sanación para mujeres. Es locutora en la radiodifusora Radioactivatx.org y se desempeña como vicepresidenta del Consejo Mundial de la Paz en el estado de Querétaro.

Deja un comentario