
La música y la imaginación son el poder de la mente para formar imágenes de cosas no presentes en los sentidos. La historia del pop y su música pueden ser un indicador de cómo usar la imaginación para cambiar el mundo, dejarlo como está o volverlo intrascendente. La tendencia global es hacerlo intrascendente y dejarlo como está.
En los años abruptos del rock, cuando este se asumía por antonomasia como una música iconoclasta y juvenil, sus paladines y héroes (de vinilo) difícilmente podían caer en la incongruencia del ser. La filosofía de Heidegger —toda proporción guardada— bien podría caber en este escrito. Las acepciones están aquí.
El origen y nacimiento del rock en esas décadas no eran precisamente un tópico que los seguidores de las bandas y solistas de ese género habrían llevado a un simposio. Las universidades públicas no estaban abiertas para eso. En México, el rock era denostado por las clases sociales y políticas, y todos cabían en el mismo saco. Ni cómo ayudarlos. Los enemigos del capitalismo y, por consecuencia, amigos del comunismo, se escuchaban obtusos en cuanto al rock. Lo siguen estando. Sin embargo, en el origen del rock estaban —y siguen estando— las respuestas que no están en el viento.
La historia es extensa y nace en los Estados Unidos. Cuando los actores del rock estaban en los estudios de grabación, la creatividad brotaba a flor de piel, y cada año surgían nuevas propuestas y, con ellas, novedosas rolas que sus millones de fans alrededor del mundo querían tener en sus respectivas colecciones de elepés, sencillos de 45 rpm y casetes. Las voraces compañías discográficas hacían su chamba, y el rock llegaba a todos los rincones del mundo occidental, donde el fetichismo del consumo era parte de la estructura del rock and roll. Lo sigue estando, pero ahora con otros matices y, ahora sí, en todo el planeta, donde la civilización del espectáculo gira en torno a revivals que se reproducen por todos los rincones del globo terráqueo.
México no es la excepción. Desde el boom del rock en vivo en los años noventa, los rockstars que llegan a tierra azteca no traen nada nuevo ni algo que realmente valga la pena para pagar un boleto.

En diciembre de 1997, U2 regresó a tierra azteca con el PopMart Tour y la promoción de su nuevo disco, acompañado de una mercadotecnia sin límites. El compact disc Pop llegó a todos los rincones del planeta, y la gira estuvo en sintonía con el comercializado álbum de la banda irlandesa. Esto viene a cuento por una razón: las nuevas canciones de U2 no complacieron a miles de sus fans alrededor del mundo, y no faltaron los motivos. Pop adolecía de congruencia respecto a sus trabajos anteriores. U2 daba la impresión de haber caído en un bache creativo y, ante el millonario compromiso con su disquera de editar un nuevo disco, Bono tuvo la ocurrencia de mezclar su estilo característico con la onda discothèque. Pasada la efervescencia de la millonaria gira, el cd Pop pareció pasar sin pena ni gloria en las tiendas de discos, entiéndase Mix Up o Tower Records. The Joshua Tree y Achtung Baby habían sido la cúspide de U2, mientras que Pop quedaba como un sentimiento culposo para Bono.
En el fabuloso concierto David Foster and Friends celebrado en Las Vegas, con Peter Cetera como invitado, el exvocalista de Chicago amagó con cantar ópera —y lo hizo muy bien—, pero sólo por un instante. Valió la pena escucharlo incursionar en ese género, aunque rápidamente retomó su camino y deleitó a la audiencia con un medley de su autoría. Son esos detalles los que se agradecen en estos maestros del pop.
Cuando la gira 360° de U2 llegó a México en 2011, la banda irlandesa ofreció dos grandiosos conciertos en el Estadio Azteca, con la novedad de un escenario circular ubicado en el centro de la cancha. En el segundo concierto y casi al final, Bono hizo cantar a todo el respetable el Cielito Lindo, que comenzó a escucharse en las potentes bocinas. La canción emblema de una nación resonó gloriosa, y los fans de U2 le agradecieron a Bono la fabulosa ocurrencia. Extrañamente, los medios que cubrieron el evento no le dieron difusión a ese momento, que por minutos hizo sentir patriotas a más de 110 mil seguidores de U2; sin embargo, los asistentes salieron juntos y felices esa noche de primavera. El rock había hecho posible que un irlandés acompañara a miles de mexicanos en una sola voz. No era un hecho aislado: en su primera visita a México con la gira Zoo TV Tour, en el Palacio de los Deportes y tras cuatro noches de espectáculo, en la última Bono se desplayó con La Bamba, lo que provocó el paroxismo total entre los asistentes al Domo de Hierro de Iztacalco. En el siglo XXI, en una gira de Kiss en la Arena Monterrey, Paul Stanley hizo lo mismo con La Bamba para deleite del público regio. Esa noche, el riff del guitarrista y cantante de Kiss sonó elevado y el aplauso fue prolongado.
En febrero de 1990, Bon Jovi y su banda llegaron a Guadalajara con el New Jersey Tour, un evento accidentado celebrado en el Estadio Olímpico de la U de G. Originalmente, el concierto estaba planeado para realizarse en Querétaro, pero con el antecedente de nota roja en el primer concierto de Rod Stewart, el gobernador temió nuevos brotes de violencia y negó los permisos. Finalmente, tras amenazas de la poderosa FEG, el evento fue posible, y como grupo telonero, se presentó un mariachi. Los fans de Bon Jovi correspondieron con total entrega y disfrutaron la sorpresa de principio a fin. No se sabe si la idea fue del rockstar de la noche o de los organizadores, pero en la ciudad del mariachi, un mariachi abrió el concierto de una banda de rock pop. Esa noche, nadie le pudo dar un mal nombre al amor… Aventuro a pensar que el gran héroe de la guitarra, Carlos Santana, debió sentirse orgulloso al enterarse del suceso. Cabe decir que al ídolo de Autlán, Jalisco, siempre lo ha acompañado la congruencia en lo que hace, dice y toca para sus leales fans.

En una presentación de El Tri en el programa nocturno En Vivo, conducido por Ricardo Rocha en los años ochenta, la banda incluyó en su repertorio de esa noche la rola de Eric Burdon & The Animals, La Casa del Sol Naciente. La ocurrencia de Lora no desentonó con sus propias canciones; con esa ejecución en vivo en el Canal de las Estrellas de Televisa, Alex Lora dio cátedra de su talento para interpretar buen rock en inglés, con músicos a la altura de las circunstancias.
Cuando en los noventa se dio el boom de las grabaciones en vivo con orquesta sinfónica, el rock llevó el estandarte de esa novedosa manera de interpretar sus canciones junto a maestros de la música. Con el formato desenchufado ocurrió algo similar. Tesla lo inició con Five Man Acoustical Jam en 1990, y de ahí en adelante, la lista es larga. En México, El Tri lo grabó de ambas maneras. No era algo nuevo, ni con orquesta ni unplugged, pero la industria discográfica vio una veta de oro por explotar, coincidiendo con la llegada del Beta y el VHS. Para las grandes bandas de rock del planeta, tocar con una sinfónica o en versión unplugged era una forma de demostrar su adaptabilidad sin problemas, logrando que la música llegara, sin culpa alguna, tanto a los ortodoxos de la música clásica como a los fans del rock.

En una de las presentaciones de Coldplay en Buenos Aires, los fans de Soda Stereo debieron sentirse orgullosos cuando el vocalista de la banda rindió homenaje a Gustavo Cerati al interpretar De Música Ligera. Al final, los aplausos no cesaron.
Metallica, en septiembre de 2024 en México, con tres toquines de alarido, cubrió el otrora Foro Sol de un aura de sentimiento culposo entre sus fans o neofans convertidos en improvisados fotógrafos. ¿Dónde estaban los thrashers, los headbangers, el mosh, el slam que disfrutaron de Metallica en 1993 y 2009? La Chona, La Negra Tomasa, El ADO y Los Luchadores sonaron a una pachanga que dio pie a todo tipo de opiniones. En el ajedrez de la mercadotecnia, nada es casual; la dinámica consumista impone su propia lógica, y el sentimiento culposo no abona entre los fans de Metallica. Esas noches de heavy metal en la Magdalena Mixhuca demostraron que el fetichismo del consumo es un conjunto de elementos interrelacionados, donde la banda angelina también es pieza clave.
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