Autor: Carlos Campos

  • Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Por Samanta Echevarría

    Amor Towles se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Lo descubrí por casualidad, en una cápsula televisiva sobre él y su obra, transmitida en el programa norteamericano CBS Sunday Morning, un espacio que aborda temas de noticias, política, cultura, arte y eventos históricos, enfocado a un público más culto.

    Originario de Boston, Towles tenía un contrato para enseñar inglés durante dos años en China, tras graduarse de la Universidad de Yale en 1989. Sin embargo, el proyecto fue cancelado abruptamente por las protestas en la Plaza de Tiananmén. Decepcionado, comenzó a trabajar en una firma financiera en Nueva York, oficio que desempeñó por más de veinte años. Aunque siempre le había gustado la literatura y había escrito algunos relatos, Towles empezó a escribir de manera formal a partir de los cuarenta años, y lo ha hecho de forma extraordinaria.

    Intrigada por este nuevo autor, compré uno de sus libros, A Gentleman in Moscow (Un caballero en Moscú, Salamandra, 2016). En aquel entonces no podía imaginar la joya literaria que acababa de adquirir: una verdadera obra de arte, una historia magnífica, extraordinariamente escrita, con un cúmulo de emociones de principio a fin.

    El libro inicia al final de la Revolución rusa, cuando un conde aristocrático es juzgado por un tribunal bolchevique y condenado al paredón por su condición de noble, considerada enemiga del nuevo régimen. Sin embargo, un poema atribuido a su autoría —que exaltaba la revolución— lo salva de la muerte. El conde es puesto bajo arresto domiciliario en el Hotel Metropol, en el centro de Moscú.
    La novela transcurre a lo largo de los dieciséis años que el conde pasa confinado en el hotel bajo el régimen soviético, sabiendo que, si se asoma siquiera a la puerta, será ejecutado. Este libro se ha convertido en uno de mis favoritos, por lo que tengo muchas ganas de ver la serie de televisión recientemente estrenada, protagonizada por Ewan McGregor.

    En 2023, en el club de lectura, leímos otro de sus libros: The Lincoln Highway (Penguin, 2023). Towles no decepcionó. También se trata de una obra espectacular. Ambientada en 1953, narra el viaje por carretera que emprenden varios jóvenes al escapar de un centro de detención juvenil, intentando llegar a California a través de la histórica carretera que cruza los Estados Unidos de este a oeste.
    Muchas de las integrantes del club coincidieron en que este es uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos años. La historia explora la naturaleza de la juventud —su impredecibilidad y espíritu de rebeldía—, pero también los desvíos de la vida, las segundas oportunidades y la redención. El final de este libro es, simplemente, espectacular.

    Al final de este verano leí A Table for Two (Viking, 2024), también de Towles, una colección de seis relatos cortos escritos con ingenio, humor y sofisticación. El primero de ellos, y el que más me gustó, al igual que Un caballero en Moscú, se sitúa en la era soviética. Es evidente la profunda influencia que la literatura rusa, y en particular Fiódor Dostoievski, ejercen en la obra de Towles. En sus textos aparecen citas de Los hermanos Karamázov y guiños a Crimen y castigo, así como discusiones entre sus personajes y los grandes escritores de la llamada “Edad de Oro” de la literatura rusa del siglo XIX: Aleksandr Pushkin y León Tolstói. Novelistas que, al igual que Towles, abordan temas como la moralidad, el sufrimiento y la complejidad del ser humano, a través de personajes que enfrentan conflictos existenciales, luchas de clase y tensiones políticas.

    Este verano tuve la fortuna de conocer y charlar en Querétaro —mi ciudad natal— con Maurick Ilich, seudónimo de Óscar Mauricio Sosa, escritor y presidente del Consejo Literario de Querétaro. Aunque originario de la Ciudad de México, lleva muchos años viviendo aquí. Me llamó la atención su nombre, y me pregunté si sería una referencia a la literatura rusa y a León Tolstói. La muerte de Iván Ilich es, sin duda, una de las obras más profundas y conmovedoras de Tolstói, una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. La novela narra los últimos meses de Iván Ilich, un juez del sistema zarista ruso, quien, al enfrentarse a una enfermedad terminal, se ve obligado a mirar su existencia con nuevos ojos.

    Ilich (el autor, no el juez zarista) me entrevistó para su programa de radio y pódcast En pos de la palabra, transmitido en redes sociales y en Spotify, acerca de mi libro Memorias de Tierra Adentro. La charla, que duró más de dos horas —y pudo haber durado dos más—, fue increíblemente amena y profunda. Me impresionó no sólo la capacidad de retención de Ilich, sino también su análisis y su agudeza lectora. A mi parecer, Maurick Ilich realiza un trabajo admirable al apoyar y dar visibilidad a escritores independientes a través de entrevistas razonadas, profundas y bien estructuradas.

    Para retribuir el gesto, decidí leer su obra. Compré en Querétaro su más reciente libro, Andares Literarios (El Desvelo, 2024), un pequeño volumen compuesto por nueve relatos cortos.

    En Andares Literarios, Maurick Ilich nos traslada a su niñez en la Ciudad de México de los años ochenta: a las historias de los barrios, la familia y lo cotidiano. Sus relatos evocan la nostalgia del ayer mediante un lenguaje común, cercano, a veces pintoresco y del arrabal, lo que los vuelve profundamente identificables. También aparecen las caminatas por las calles, los mercados, los tianguis, las cascaritas de futbol, la hora de la comida y la vida de barrio que, aunque ocurre en la inmensa urbe capitalina, parece transcurrir en un pequeño pueblo de provincia.

    Los relatos de Maurick Ilich reflexionan sobre la memoria y el paso del tiempo; y, al igual que su homónimo, Iván Ilich, el juez zarista de Tolstói, el autor se pregunta también por su propia existencia.

    Andares Literarios (El Desvelo, 2024) ★★★★★

    Para escuchar las entrevistas de Maurick Ilich, visita En Pos de la Palabra Podcast:
    🔗 https://open.spotify.com/show/15GP6QSjDYD225G31bEecm

  • Prácticas en diálogo: lo que el arte conversa

    Prácticas en diálogo: lo que el arte conversa

    Una edición especial de Aula Abierta: Pedagogías del Arte
    Conversatorio con Claudia Luna, Uriel López y Jésica Cruz

    Por Miriam Uribe

    Hay conversaciones que no buscan respuestas, sino resonancias. Que nacen del deseo de escuchar cómo otros piensan, trabajan, dudan. Prácticas en diálogo surge de ese impulso: reunir en un mismo espacio a tres artistas —Claudia Luna, Uriel López y Jésica Cruz— para hablar no del resultado, sino del proceso.

    Este próximo sábado 18 de octubre, de 1 a 3 p. m., en Galería Libertad, el aula se abrirá más allá de sus muros habituales, extendiéndose hacia la sala de exhibición, hacia el público que mira, pregunta e interviene.

    La idea que articula el encuentro es simple, pero profunda: la práctica como pensamiento. No como repetición, sino como un modo de conocer el mundo a través de la experiencia. En la docencia artística, esta perspectiva ha cobrado cada vez más relevancia: enseñar no es dictar modelos, sino compartir modos de hacer. La práctica, entonces, no es una rutina, sino un campo de investigación viva.

    Claudia Luna, por ejemplo, trabaja con la escultura y el espacio urbano. En su serie Vasto paisaje de ruinas, convierte los restos del equipamiento público en metáforas del habitar contemporáneo. Sus obras parecen recordar que la ciudad también tiene memoria, que los muros, las bancas y los escombros son huellas de nuestra forma de estar en el mundo.

    Su proceso dialoga con esa pedagogía del cuerpo que tanto me interesa: aprender a mirar el entorno como un aula abierta, donde cada grieta puede ser una lección sobre fragilidad y permanencia.

    Uriel López, por su parte, parte del gesto pictórico para pensar el lenguaje. En su proyecto Pinturas de conversación, la observación de la cetrería —esa relación de entrenamiento y confianza entre humano y ave— se convierte en una metáfora sobre la comunicación. ¿Cómo se traduce una conversación en color? ¿Qué lugar ocupa la palabra dentro de la pintura? Uriel nos recuerda que el arte también es un ejercicio de escucha: pintar es, de alguna manera, dejar que la materia nos hable.

    Y está Jésica Cruz, quien explora el paisaje desde la memoria y la migración. Su proyecto Una casa aborda la infancia, el desplazamiento y la pertenencia. En sus dibujos, la casa no es un espacio fijo, sino una sensación, un territorio emocional que se reconstruye cada vez que alguien recuerda. En su trabajo hay una ternura política: la de entender que todo viaje deja rastros, que habitar implica volver a inventarse.

    Los tres artistas coinciden en una pregunta central: ¿cómo se piensa desde la práctica artística?

    Desde la enseñanza, sé que esa pregunta atraviesa también el aula. Mis estudiantes lo viven al enfrentarse a una hoja en blanco, al decidir dónde comienza una línea o cómo equilibrar la composición. Pensar, en arte, no es abstracto: ocurre en la materia, en el tiempo, en la conversación.

    El conversatorio se plantea como un espacio horizontal y abierto al público, una extensión natural de lo que en Aula Abierta defendemos cada semana: la posibilidad de compartir el pensamiento artístico sin jerarquías. El formato no busca discursos cerrados ni conferencias unidireccionales, sino un diálogo donde la curiosidad sea el punto de partida.

    Hablaremos de cómo nace una idea, de cómo el error puede volverse descubrimiento, de las tensiones entre la libertad creativa y las exigencias institucionales. También del papel de la comunidad: de cómo los artistas construyen redes de colaboración y resistencia, de cómo los proyectos circulan en un sistema que a veces parece olvidar que el arte nace del encuentro.

    Detrás de cada práctica artística hay una pedagogía silenciosa. Cada obra enseña algo: sobre el tiempo, la materia, la vulnerabilidad. El público, al mirar, también aprende —y esa reciprocidad es la que hace posible la conversación.

    Quizá por eso Prácticas en diálogo no es solo un título, sino una declaración de principios. Practicar es dialogar. Pensar, crear y compartir no son actos separados, sino gestos de un mismo cuerpo en movimiento.

    La conversación del 18 de octubre será, en ese sentido, un aula expandida: un espacio donde el arte y la palabra se encuentren para seguir pensando juntos.

    En el aula abierta, las prácticas se vuelven conversación. Y el diálogo —como el arte— es una forma de aprender a mirar de nuevo.

  • The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    By Samanta Echevarría

    My father always loved the seventh art. He enjoyed Mexican cinema, especially that of its golden age, but he also admired international cinema. When I was a little girl, he often spoke about the famous international movie stars of the 1960s, such as Marcello Mastroianni, Alain Delon, Sophia Loren, Brigitte Bardot, and Claudia Cardinale, among many others. During his youth, he saw all these films in the theaters of Mexico City. Most of these cinematic works became classics over time. He would recount them in such detail that, when he did, we felt as if we had seen them with him during that golden age of cinema.

    In my adolescence and youth, inspired by those narratives, I watched some of those films— not all, but a good number of classics. I owe my father that knowledge of international and classic cinema, which was uncommon among teenagers of my age in the 1990s. Some of the films that impacted me most back then were:

    • La Dolce Vita (1960), with Marcello Mastroianni — about the lives of tabloid journalists in Rome, the famous “paparazzi” (a word the film made famous).
    • Psycho (1960), with Anthony Perkins — turned into a cult classic of horror by the superb director Alfred Hitchcock.
    • Il Sorpasso (1962), with Vittorio Gassman — one of the first “road movies,” about a student who travels from Rome to Tuscany.
    • The spectacular and epic Lawrence of Arabia (1962), with Peter O’Toole and Anthony Quinn — based on the life of T. E. Lawrence and his memoir The Seven Pillars of Wisdom.
    • Dr. Strangelove (1964), directed by Stanley Kubrick — a black comedy that satirizes the Cold War.
    • Zorba the Greek (1964) — a film that brought fame to Anthony Quinn and to the exuberant Greek dances.
    • The Good, the Bad and the Ugly (1966) — one of the celebrated “Spaghetti Westerns,” directed by Sergio Leone and starring Clint Eastwood as “the Good,” Lee Van Cleef as “the Bad,” and Eli Wallach as “the Ugly.”

    There were also several musicals, such as West Side Story (1961), Mary Poppins (1964), and The Sound of Music (1965), to name just a few—the list is endless.

    All these films are magnificent; however, my favorite old movie is a bit older: Roman Holiday (1953), starring Audrey Hepburn and Gregory Peck. It tells the story of a princess who escapes her royal life for an adventure through the streets of Rome. I can watch this movie over and over again and still enjoy it just as much.

    The film my father always spoke of as one of his favorites, also from 1951, was A Streetcar Named Desire. Directed by Elia Kazan and starring a young and handsome Marlon Brando, it tells the story of a Southern belle, Blanche DuBois, who, after a series of personal misfortunes, takes a streetcar named “Desire” to New Orleans to live in a modest apartment with her sister, Stella, and her brother-in-law, Stanley. Her arrival provokes chaos and tension, leading to a dramatic triangle among the characters. Blanche urges her sister to leave her alcoholic husband.

    The film is based on the 1947 Broadway play of the same name, one of the most acclaimed of the 20th century and winner of the Pulitzer Prize. It was written by Thomas Lanier Williams III, better known as Tennessee Williams. The iconic scene where Brando cries “Stella!” has become a classic of classics, endlessly adapted and parodied—even by The Simpsons.

    A Streetcar Named Desire regained relevance with my generation in the late 1990s, when Spanish director Pedro Almodóvar referenced it in his film All About My Mother. The reference is essential to Almodóvar’s film, as the play becomes a thematic thread that expresses solidarity among women who support one another through pain and adversity.

    I met Dr. Cristian Martín Padilla Vega this summer in Querétaro, during the editorial presentation of his book The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics (published by Editorial Helvética). The first thing I asked myself when I was invited to this event was: What on earth is this book about? My mother and I discussed it.
    “I remember semiotics—syntax, semantics, and pragmatics,” I told her.
    She replied, reading from her phone: “Semiotics is the study of signs, symbols, and meaning—that is, how symbols and nonverbal language are interpreted by the brain. It’s fundamental to understanding human communication and the way we interact with the world. For example: graphic symbols, traffic signs, musical notation, and so on.”

    Intrigued, we went to the presentation, which took place a few days before my own book Memorias de Tierra Adentro was presented. What I hadn’t noticed until arriving at Padilla Vega’s book signing at Galería Libertad (in the historic center of the beautiful colonial city of Querétaro) was the subtitle: An Approach to the Works of Tennessee Williams. Suddenly, everything made sense.

    My interest in the subject was immediate. I began reading the book that same evening at my mother’s house—and devoured it in one sitting.

    Because of my love for classic cinema, I was fascinated by this book. Based on his doctoral thesis and with a prologue by Fr. Mauricio Beuchot (Torreón, Coahuila, 1950)—one of the foremost contemporary philosophers of Ibero-America—Padilla Vega analyzes and dissects the work of Tennessee Williams through the lens of semiotics. Moreover, he goes even further, exploring how Williams’s tragic life—his sister’s schizophrenia, his homosexuality, and his addictions—influenced his work.

    The book demonstrates academic rigor without being dull; it is profound and invites reflection. Reading it makes you want to revisit all the classic films based on Williams’s works, analyzing them from a new perspective and unraveling the complex drama of his characters. I found the book truly engaging. Turning this academic research into a literary narrative was an excellent idea.

    Padilla Vega writes:

    «For the semiotic study of Williams’s work in cinema, and for the analysis of the seventh art in general, it is necessary to address the cinematographic discourse and understand the elements that create it, as well as its insertion in the imaginary and in the collective unconscious» (Helvética, p. 50).

    «Both at the individual and social level, when there is awareness of suffering… the possibility arises of taking responsibility for that pain, for that adverse or tragic condition, and of channeling it toward the sublime» (ibid., p. 135).

    Cristian Martín Padilla Vega is also a poet and the author of several works in Spanish: La emancipación del aire (UAQ, 2009), La guitarra y el mar (La Testadura, 2013), El migrante perdido and Diles que no te maten (La Testadura, 2015), Instrucciones para manejar el abandono (UAQ, 2016), and El cuerpo de la vida (UAQ, 2020).

    The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics: An Approach to the Work of Tennessee Williams by Cristian Martín Padilla Vega (Helvética, 2025)
    ***** (Spanish edition)
    Available on Amazon.

    https://samantaechevarria.com/

  • Aquí no es así

    Aquí no es así

    Por Raúl Álvarez Huerta / Rock & Raul

    El nervio del volcán fue el trabajo discográfico cumbre de Caifanes, la banda de rock liderada por Saúl Hernández en la voz principal, guitarra rítmica y letrista del grupo. Lo acompañaban Alfonso André en las percusiones (Sabo Romo y Diego Herrera habían dejado la banda antes de la creación del disco), Federico Fong en el bajo principal (Stuart Hamm colaboró con el bajo fretless en «Quisiera ser alcohol») y Alejandro Marcovich en la guitarra líder, eléctrica y acústica.
    De este último disco de Caifanes se desprende «Aquí no es así», la rola que hoy nos ocupa, donde Cecilia Toussaint acompaña con los coros de manera magistral y mística. Sobresalen la guitarra de Marcovich y los tambores de André.

    «Aquí no es así» es una canción bien elaborada, con matices que la hacen única en su género por el contexto histórico y prehispánico en el cual fue escrita. Es, a la vez, un viaje con retorno a la llegada de los españoles al Valle de Anáhuac. La canción está cubierta de metáforas y glosas que la convierten, por su propia virtud, en un legado musical que data de 1994: el paradójico año que fue crucial para los mexicanos por razones sociales y políticas, el año en que los naturales del país habían vuelto a ser tema.

    El fraseo de la rola provoca que los escuchas —y no necesariamente los fans de Caifanes o Jaguares— vuelvan a oírla una y otra vez. «Aquí no es así» es la visión antropológica de Saúl Hernández justo cuando Caifanes era la banda mexicana que gran parte de Latinoamérica veneraba: el sueño de Simón Bolívar unido por una banda de rock. Eran los años noventa, y desde Tijuana, Baja California —donde comienza la patria— hasta la Patagonia y la Tierra del Fuego, el disco compacto El nervio del volcán era idolatrado como se merece en el mundo hispánico y allende sus fronteras.

    «Aquí no es así» nos invita a leer la historia de México en su origen prehispánico, teniendo como referentes tres extraordinarios textos: La conquista de México de Hugh Thomas; Hernán Cortés (Inventor de México) de Juan Miralles; y Hernán Cortés de José Luis Martínez.
    De los libros citados, es obligado remontarnos a la llegada del conquistador español venido de Extremadura, cuando comienza su largo peregrinar hacia la tierra prometida: el camino a la Gran Tenochtitlan.

    Vienes caminando y no sabes tu destino, conquistando sueños sueñas llegar a ser deidad.

    Un hidalgo de Medellín en lugares extraños. Sus aliados —los enemigos del tributo azteca-mexica— son sus mejores amigos y enemigos de Moctezuma II.

    Sigues caminando sobre viejos territorios, ignorando fuerzas que jamás entenderás.

    Pero Hernán Cortés es un guerrero medieval en cabalgadura ecuestre, iconoclasta de tradiciones ancestrales. Mucho antes de llegar a la calzada de Iztapalapa, él lo sabe, lo intuye, cuando en Cozumel destruye un templo sagrado de los mayas:

    Ignorando sagrados ritos, pisoteando sabios templos de amor espiritual.

    La mítica fecha del 8 de noviembre de 1519 parece ser el referente final de la rola caifanesca:

    Vienes caminando y no sabes tu destino, conquistando sueños sueñas llegar a ser deidad.

    Para Moctezuma, él es… él es Quetzalcóatl.

    En el Templo Mayor y tratado como un distinguido huésped, Hernán Cortés contempla la capital azteca soñando que esa ciudad será suya. Sin embargo, las creencias de sus anfitriones lo tienen desconcertado.

    Sigues caminando sobre viejos territorios, ignorando fuerzas que jamás entenderás.

    Ha viajado miles de kilómetros deseoso de mandarle misivas al rey Carlos V informándole de sus logros y conquistas en sus Cartas de relación. Lo que menos le interesa es la opinión de los habitantes de una ciudad construida sobre el lago de Texcoco. España está muy lejos y puede tomar la decisión que mejor le plazca. Antes había desafiado el poder del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, y quemado sus naves. Malinali, su mejor compañera.

    El pacto de bienvenida no puede ser eterno. Hernán Cortés tiene enemigos entre sus soldados, pero cuenta con los tlaxcaltecas de su lado. La guerra es ineludible, el tiempo apremia…

    Y vienes desde allá donde no sale el sol, donde no hay calor, donde la sangre nunca se sacrificó por un amor.

    Pero aquí no es así.

    El Tzompantli no parece causarle temor y sigue conociendo la ciudad azteca.

    Sigues caminando, ignorando sagrados ritos, pisoteando sabios templos de amor espiritual.

    Por la noche, el Popocatépetl observa silencioso. Los tambores comienzan a sonar en la oscuridad. La guerra es inminente. Dos años después cae la Gran Tenochtitlan.

    Larga vida sigue velando el sueño de un volcán; para un alma en pena, cada piedra es un altar.

    En 1978 ocurre el fortuito hallazgo de Coyolxauhqui: viene el redescubrimiento.

    «Aquí no es así» es un canto —en una voz que hoy parece extinguirse— lleno de paráfrasis de fácil entendimiento, sin relieves que señalen a Saúl como un resentido histórico contra Hernán Cortés. La rola conlleva varias interpretaciones en el mejor de los sentidos. En su rítmica composición no encontramos elogios al conquistador ni nada que se le parezca; hallamos, más bien, palabras que buscan explicar su valor histórico.

    Alguna vez Octavio Paz —mi prócer— escribió:

    Apenas deje Cortés de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente —un personaje histórico—, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, más generosa, más serena.

  • Ese ruido: un cortometraje de Sebastián Isla

    Ese ruido: un cortometraje de Sebastián Isla

    Por Luna Negra

    Hay ruidos que no vienen del exterior, sino de las grietas internas: los ecos de una culpa, un recuerdo o una palabra no dicha. Ese ruido, cortometraje de Sebastián Isla basado en un relato de Juan Antonio Isla, es justamente eso: una inmersión en la conciencia atormentada, en ese instante donde lo cotidiano se distorsiona y la mente se convierte en un laberinto de sonidos y sombras.

    Protagonizado por Diego Calva, el filme propone una experiencia sensorial donde el espacio —una casa, un pasillo, una escalera— se vuelve metáfora del encierro interior. Isla traslada al lenguaje cinematográfico la tensión latente del cuento original, en una pieza que oscila entre la realidad y la percepción distorsionada.

    La cinta, producida por Búho 44, con fotografía de Gabriel Selassie y diseño sonoro de Jerónimo González, se sostiene en una atmósfera de extrañeza sostenida por silencios precisos y miradas que inquietan.

    La proyección de Ese ruido será el 9 de octubre de 2025 a las 17:00 horas en la Cineteca Rosalío Solano, una oportunidad para descubrir cómo la narrativa literaria de Juan Antonio Isla encuentra, en la cámara de Sebastián, una nueva resonancia: la del cine que escucha lo que nadie quiere oír.

  • Chicharrón de cerdo (o la gula por el poder): el festín solitario de Juancho

    Chicharrón de cerdo (o la gula por el poder): el festín solitario de Juancho

    Por Luna Negra

    Juancho está de vuelta. Pero esta vez no viene solo: trae consigo una manada invisible de demonios, carcajadas y billetes arrugados. En Chicharrón de cerdo (o la gula por el poder), el creador del Laboratorio Escénico Barón Negro se lanza al vacío con una comedia negra clownesca donde hace absolutamente todo: actúa, dirige, musicaliza, diseña el vestuario, arma la escenografía, vende los boletos y, si hace falta, corre a la cabina para picarle al botón de la iluminación.

    ¿La razón? El maldito dinero. Esa fuerza que nos mueve, nos devora y nos corrompe si le damos permiso. Juancho convierte esa condena cotidiana en una sátira feroz sobre el poder, el ego y la supervivencia artística. Entre risas, mugre y delirios, su personaje se desmorona en el escenario, revelando que todos, en algún punto, somos parte del banquete.

    Las funciones serán los días 3, 4, 10, 11, 17, 24 y 25 de octubre de 2025, a las 20:00 horas, en el Teatrino del Museo de la Ciudad, Guerrero #47, Col. Centro, Querétaro.

    Una obra que huele a sudor, ambición y humanidad.
    Un festín escénico que nadie debería perderse.

    📍Síguelos en redes: @baronnegrolab
    📞 Informes y boletos: +52 1 442 498 1597

  • Tapar los ojos: animar la verdad en tiempos de desinformación

    Tapar los ojos: animar la verdad en tiempos de desinformación

    Por Carlos Campos

    El cortometraje “Tapar los ojos”, realizado por Adrián Andreí Guerra y Sofía Romo Saavedra, obtuvo el primer lugar en la categoría 19 a 25 años dentro de la etapa estatal del Concurso Nacional de Transparencia en Corto 2025, convocado por la Secretaría de la Contraloría. Con el tema “Mecanismos de impulso a la transparencia para combatir la desinformación”, el corto propone una mirada crítica sobre la forma en que los medios distorsionan la realidad.

    ¿Cómo surgió la idea del corto?
    La idea nació al reflexionar sobre cómo los medios y la desinformación “tapan” la realidad. Ya sea a través de lo que escuchamos, leemos o vemos, muchas veces consumimos información falsa o manipulada. De ahí surge la metáfora de las manos: representan cómo se nos cubren los ojos para impedirnos ver con claridad. El mensaje principal es generar conciencia de que no todo lo que vemos es correcto o neutral; muchas veces hay una agenda detrás.

    ¿Cuál fue el mayor reto creativo o técnico al abordar la temática?
    El mayor reto fue terminar a tiempo el corto. Para una animación 2D, tres semanas es un periodo muy corto considerando la cantidad de segundos y frames que realizamos. Fue una carrera contrarreloj que nos obligó a planear con precisión cada movimiento y cada escena.

    ¿Cómo vivieron el proceso del concurso y qué significa para ustedes haber obtenido el primer lugar estatal?
    Lo vivimos como un gran trabajo en equipo. Uno avanzaba en una parte mientras el otro seguía con otra; fue un caos organizado donde la rapidez y la entrega a tiempo eran esenciales. Fue como armar un rompecabezas desde cero. Obtener el primer lugar representa el fruto de nuestro esfuerzo y la certeza de lo que podemos lograr con compromiso y colaboración.

    De cara a la etapa nacional, ¿qué expectativas tienen y cómo fortalecerán la propuesta?
    Nos emociona mucho haber pasado a la siguiente etapa; sinceramente, no lo esperábamos. Estamos ajustando detalles de edición e iluminación para resaltar aún más lo que ya tenemos. Nuestra meta es mantener una idea concisa y clara, de modo que el mensaje llegue de forma directa y comprensible.

    ¿Qué papel creen que juegan los jóvenes en la construcción de una cultura de transparencia y en la lucha contra la desinformación?
    Creemos que los jóvenes tenemos un papel clave. Somos quienes habitamos el mundo digital, donde la desinformación se propaga con mayor fuerza. Por eso, está en nosotros crear conciencia, aprender a verificar fuentes, revisar dos veces lo que compartimos y desarrollar un criterio propio. Hoy, eso es lo único que nos protege de caer en lo falso.

    “Tapar los ojos” es, al final, un llamado a mirar con más profundidad: a no dejar que nadie —ni las pantallas, ni los discursos, ni las apariencias— nos robe la posibilidad de ver la verdad.

    El cortometraje se puede ver aquí: https://www.facebook.com/share/v/1CugYsz3Pn/?mibextid=wwXIfr

  • A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    Fue un gusto recibir al autor y profesor Kelly Daniels en mi casa, en Davenport, Iowa (Estados Unidos), para la reunión mensual del club de lectura de las señoras del colegio de mis hijas. En este club se lee muchísimo, pero también se discute —tanto en persona, durante las reuniones mensuales, como en una infinidad de mensajes de texto—, se charla sobre la vida (los hijos, el colegio, los maridos), se ríe y hasta se llora. Además, en cada reunión abundan los platillos y postres para degustar.

    Ingresé al club de lectura por invitación de una de sus fundadoras, la querida Julie, mi vecina y amiga desde hace varios años. Julie, además de tener cuatro hijos adolescentes, ser doctora especializada en psiquiatría y caminar varios kilómetros por el vecindario, lee incansablemente en sus ratos libres. El club lleva más de diez años reuniéndose mes con mes, y yo me apunté hace apenas tres. Antes solía leer en solitario: sobre todo investigación y artículos académicos, lo que llegaba a mis manos o lo que se me antojaba. A veces leía a diario, otras pasaban semanas o meses sin abrir un libro. Pero me gustó la idea de hacerlo en compañía.

    Me impuse el reto de leer 24 libros al año: uno con el club y otro por mi cuenta. Dejé de mirar el celular en los ratos muertos y, en su lugar, empecé a leer, cargando siempre un libro en mi bolso. Al año siguiente leí 27, y el año pasado fueron 30. Sin embargo, algunas de las integrantes del club llegan a leer hasta 50 libros al año.

    En general, al norteamericano le gusta sentarse a leer; lo encuentra atractivo después de una larga semana laboral, aparte de Netflix. Desde la infancia, gran parte del vocabulario en inglés se aprende de memoria —con las famosas sight words— y, en las escuelas, la lectura recibe gran impulso. Algunos conservan ese hábito. Según estadísticas recientes (bookbrowse.com), alrededor de 13 millones de personas participan en clubes de lectura en Estados Unidos, aunque las cifras precisas varían de acuerdo con la fuente y la metodología. Se cree que el crecimiento de estos clubes se relaciona con la interacción social posterior a la pandemia y con el auge de comunidades en línea como #BookTok, donde los videos de recomendaciones se multiplican exponencialmente. La participación aumenta con un mayor nivel escolar y, lo más importante, hoy en día una parte significativa de los miembros son mujeres. A diferencia de décadas pasadas, hoy son ellas quienes más leen, sobre todo ficción.

    Me gusta ser parte de este club y obligarme a leer en inglés, porque aquí se lee casi de todo. Desde que lo frecuento, me he acercado a autores que no habría conocido de otra forma, porque no son los nuestros: los hispanos, los que escriben en español o los pocos que todos conocen traducidos por las grandes editoriales. En el grupo, todas proponemos al autor y al libro del mes, y se somete a votación. Las propuestas varían y, aunque no todas asisten a las reuniones por compromisos sociales, la mayoría lee y participa en la discusión. Esta vez mi propuesta fue Daniels, y la aprobación fue unánime.

    La invitación a Kelly Daniels surgió de mi deseo de acercarme a autores locales y leernos entre nosotros, después del increíble éxito del tour de mi libro Memorias de Tierra Adentro (publicado este verano con editorial Helvética). Tras volver de Querétaro con el corazón lleno de tantos extraordinarios encuentros literarios, decidí seguir el mismo impulso en mi ciudad e involucrarme más en el ámbito literario local en Estados Unidos.

    Conocí a Kelly Daniels, doctor en Literatura por la Universidad de Western Michigan, hace muchos años, como colega y amigo en la Universidad Augustana College, en Rock Island, Illinois, donde es profesor de escritura creativa en la Facultad de Lengua y Literatura Inglesa. También conocí a su encantadora esposa, gran amiga mía. Sin embargo, nunca había leído su obra.

    Daniels tiene una vida interesante: oriundo de California, creció en una comuna en Hawái durante los años ochenta, pues sus padres se involucraron en la ideología y el movimiento hippie. Más tarde, en su juventud, viajó de mochilero por Europa, México y Centroamérica, antes de estudiar el doctorado y convertirse en profesor. Hace varios años publicó sus memorias en el estupendo libro Cloudbreak, California (Owl Canyon Press, 2013), donde relata estas experiencias. También ha publicado ensayos y cuentos en diversas revistas literarias, contribuye regularmente a la revista Sun y es uno de los conductores del popular pódcast The Moon Under Water —disponible en YouTube, Spotify y redes sociales—, donde conversa con su co-conductor, Steve Jones, sobre temas literarios y de cultura pop, en un tono irreverente.

    A Candle for San Simón (Owl Canyon Press, 2020) es su primera novela. Inspirada en sus viajes de juventud, la historia tiene como escenario Guatemala. Sin hacer spoilers, narra la vida de un norteamericano con recientes convicciones religiosas y misioneras que viaja de California a Guatemala en busca de su padre: un alcohólico empedernido y fracasado que lo abandonó de niño para irse a “perder al sur”. Ese padre aún bebe en un bar local y, para subsistir, conduce un autobús de pasajeros, que termina convirtiéndose en protagonista de la trama.

    En Guatemala, el padre está endeudado con un gánster por el cobro de piso, extorsionado por el jefe de policía y presionado por las maras, que buscan que “El Gringo” los ayude a traficar armas, drogas y mujeres en su autobús. El caos arrastra a todos en medio de esa vorágine. Daniels refleja con crudeza la realidad de algunas zonas de Centroamérica y plantea reflexiones sobre religión, moralidad, supervivencia, secuestro y violencia, traición, abandono, adicciones, gentrificación y la fragilidad de la vida. Algunas escenas contienen violencia física y sexual, pero también se narra una historia de amor entre los protagonistas, se exploran diferencias culturales y se profundiza en las complejas relaciones entre padres e hijos.

    Aunque algunas partes resultan difíciles de digerir por su crudeza y lenguaje, la novela ofrece lecciones de vida, abre espacio a la reflexión y plantea, al final, una esperanza utópica para Centroamérica. Es una historia con potencial para llevarse al cine o a la televisión.

    El libro me recordó dos lecturas de autores que admiro: la extraordinaria The Power and the Glory (1940), de Graham Greene, y La reina del sur (Alfaguara, 2010), de Arturo Pérez-Reverte.

    A Candle for San Simón ★★★★★
    (Versión en inglés)

    Su libro está disponible en Amazon, Barnes & Noble y Walmart.

  • Círculo de creación poética en el MACQ

    La poesía vuelve a tomar un lugar central en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ) con el Círculo de Creación Poética, un espacio pensado para quienes desean explorar la palabra desde la colectividad y el cruce con la realidad que nos atraviesa.

    Este círculo no es un taller convencional: se trata de un espacio horizontal donde se comparten textos, ideas y borradores, con el propósito de construir juntos una experiencia literaria viva y cercana. La iniciativa será acompañada por Ricardo Escartín, poeta y narrador cuya obra se ha consolidado en el panorama contemporáneo con títulos como Uno que otro beso, Yo Nahual, El hilo que remienda y su más reciente publicación Los Boxeadores (Editorial Casa Bonsai, 2025).

    Con una amplia trayectoria como formador de escritores y coordinador de talleres, Escartín invita a quienes buscan un lugar de encuentro con la poesía a sumarse a este proyecto.

    📍 Museo de Arte Contemporáneo Querétaro (MACQ)
    🗓️ Sesión informativa: 04 de octubre, 5:00 PM
    📚 4 sesiones | Cooperación voluntaria

    Un espacio para dejar que la poesía se escriba y se viva en comunidad.

  • Los libros místicos de la ciudad

    Los libros místicos de la ciudad

    Por Diana Galindo

    La rutina de Cristóbal para escribir un libro formaba parte de una vida ascética que, a simple vista, nadie hubiera podido adivinar. Incluía levantarse a las cinco de la mañana, tomar baños de agua fría y sumergirse en el mar durante el punto más crudo del invierno, cuando las aguas recibían las corrientes intensas del Polo Sur.

    Su dieta era frugal: arroz y pescado, y eventualmente alguna pasta. Cristóbal pasaba largas horas caminando por la ciudad en busca de inspiración para sus cuentos. Practicaba ejercicios de respiración, oración, meditación y contemplación. Cuando se sentaba con una taza de té, las horas transcurrían hasta que concluía su obra, normalmente en un día o dos.

    El resto del mes lo dedicaba a su búsqueda literaria: leer hasta sentir que la cabeza le daba vueltas, como si se elevara en un mareo constante y luminoso. Él mismo encuadernaba sus libros y los llevaba al muelle, donde los ofrecía a precios elevados. Sin embargo, cada uno contenía soluciones para las personas con las que se cruzaba en su camino. Con solo mirarlas, las analizaba hasta sentir las dolencias de sus almas; entonces regresaba a casa y se entregaba a las hojas en blanco, donde ideaba remedios para los males de sus sujetos de contemplación.

    Incluso a las aves les encontró un remedio. Una vez, al escucharlas, comprendió que se sentían asediadas por algunos habitantes de la ciudad. En un cuento les explicaba las transformaciones que a veces sufrían esos mismos habitantes: algunos se convertían en aves, otros en puercos o en lobos; luego se enredaban en la materia onírica de la noche y se devoraban unos a otros, dejando por algunas calles un aroma persistente a sangre.

    Por eso les pedía que fueran condescendientes, que dejaran a los hombres aprender el arte de la transformación en ave, pues vivían tiempos de casas abandonadas y violencia extrema, donde las migraciones crecían y la humanidad necesitaba aprender ese arte. Algunas aves se mostraban reticentes, pero las más risueñas aceptaron y estallaron en carcajadas al sentir, entre sus filas, a hombres que huían de la ciudad: escritores, poetas, pintores, cocineros, choferes; toda clase de personas que alcanzaban cierta purificación de su alma.

    Así, los libros contribuyeron a la transformación de la ciudad. Más allá de las calles donde se cometían crímenes, los ejemplares se hallaban en cafés donde intelectuales y curiosos se reunían a hablar de este conocimiento práctico. Algunos discutían sobre liberación, otros sobre fe.

    Con el tiempo, el conocimiento se transmitió de boca en boca y los libros de sabiduría quedaron como reliquias olvidadas en las repisas de los cafés, donde las reuniones intelectuales se volvieron costumbre. Mientras tanto, el sabio escritor envejecía, pero seguía dando consejos desde su lejana casa móvil, que eran también sus propios libros.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es magíster en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

    Foto de Marjhon Obsioma en Unsplash