Etiqueta: Literatura

  • Los libros místicos de la ciudad

    Los libros místicos de la ciudad

    Por Diana Galindo

    La rutina de Cristóbal para escribir un libro formaba parte de una vida ascética que, a simple vista, nadie hubiera podido adivinar. Incluía levantarse a las cinco de la mañana, tomar baños de agua fría y sumergirse en el mar durante el punto más crudo del invierno, cuando las aguas recibían las corrientes intensas del Polo Sur.

    Su dieta era frugal: arroz y pescado, y eventualmente alguna pasta. Cristóbal pasaba largas horas caminando por la ciudad en busca de inspiración para sus cuentos. Practicaba ejercicios de respiración, oración, meditación y contemplación. Cuando se sentaba con una taza de té, las horas transcurrían hasta que concluía su obra, normalmente en un día o dos.

    El resto del mes lo dedicaba a su búsqueda literaria: leer hasta sentir que la cabeza le daba vueltas, como si se elevara en un mareo constante y luminoso. Él mismo encuadernaba sus libros y los llevaba al muelle, donde los ofrecía a precios elevados. Sin embargo, cada uno contenía soluciones para las personas con las que se cruzaba en su camino. Con solo mirarlas, las analizaba hasta sentir las dolencias de sus almas; entonces regresaba a casa y se entregaba a las hojas en blanco, donde ideaba remedios para los males de sus sujetos de contemplación.

    Incluso a las aves les encontró un remedio. Una vez, al escucharlas, comprendió que se sentían asediadas por algunos habitantes de la ciudad. En un cuento les explicaba las transformaciones que a veces sufrían esos mismos habitantes: algunos se convertían en aves, otros en puercos o en lobos; luego se enredaban en la materia onírica de la noche y se devoraban unos a otros, dejando por algunas calles un aroma persistente a sangre.

    Por eso les pedía que fueran condescendientes, que dejaran a los hombres aprender el arte de la transformación en ave, pues vivían tiempos de casas abandonadas y violencia extrema, donde las migraciones crecían y la humanidad necesitaba aprender ese arte. Algunas aves se mostraban reticentes, pero las más risueñas aceptaron y estallaron en carcajadas al sentir, entre sus filas, a hombres que huían de la ciudad: escritores, poetas, pintores, cocineros, choferes; toda clase de personas que alcanzaban cierta purificación de su alma.

    Así, los libros contribuyeron a la transformación de la ciudad. Más allá de las calles donde se cometían crímenes, los ejemplares se hallaban en cafés donde intelectuales y curiosos se reunían a hablar de este conocimiento práctico. Algunos discutían sobre liberación, otros sobre fe.

    Con el tiempo, el conocimiento se transmitió de boca en boca y los libros de sabiduría quedaron como reliquias olvidadas en las repisas de los cafés, donde las reuniones intelectuales se volvieron costumbre. Mientras tanto, el sabio escritor envejecía, pero seguía dando consejos desde su lejana casa móvil, que eran también sus propios libros.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es magíster en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

    Foto de Marjhon Obsioma en Unsplash

  • Aforismos

    Aforismos

    El aforismo es un género literario que busca incentivar el pensamiento reflexivo. Leibniz propuso que la mayor tarea de la filosofía es plantear preguntas, más que responderlas. Por ello, comparto a continuación quince aforismos cuyo propósito es invitar al lector a la duda, la pregunta o la reflexión.

    Antes del pensamiento, el eco de las palabras enseña al hombre a construir enigmas.

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    Los genios que se alejan de la poesía, ¿qué vida les queda?

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    Las ganas de transformar el silencio en algo más hacen posible pensar la eternidad.

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    Convertir el silencio en poema es el levantamiento con el que comienza la sabiduría.

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    Si el hombre es un ser de definiciones, la letra se vuelve parte de la encrucijada entre pensamiento y palabra, entre el silencio y las voces —a veces desarticuladas— de su vida.

    *

    La vida del hombre se juega en palabras: de juegos, de reflexiones, de acciones y de algo siempre inasible que, por instantes, alcanza a nombrar.

    *

    Difícilmente la naturaleza ignora a la belleza o al silencio; la fuerza siempre permanece.

    *

    Juego y fiesta son, a veces, destellos de la luminosidad de la energía. ¿Quién no se siente renovado, aun cuando obliga a su cuerpo a visitar al amigo, solo para encarar vestigios de la celebración de la vida?

    *

    Muchas veces decimos “no”, pero un “sí” imposible nos da la vuelta, siempre escondido en cada respirar.

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    La pasión es una forma infantil del amor; la piedad, una forma madura.

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    Medicina y visión, razón y fe: así aparecen análogos fortuitos en la frágil piel de la vida.

    *

    Hay símbolos que cambian el destino de una ciencia: piénsese en la corona de espinas y en la teología.

    *

    La disciplina es una ciencia de negaciones; y como toda ciencia, es un arte, cuyo fruto, en la pérdida de sí mismo, es un encuentro.

    *

    Escribir es vislumbrar; leer es danzar sin pisar el suelo.

    *

    La memoria es capaz de levantarse contra el peso de la gravedad que todo lo arrastra, porque se guarda en lo recóndito de la palabra.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

    Foto de Kristaps Ungurs en Unsplash

  • Tres poemas del libro Atlas magnético

    Tres poemas del libro Atlas magnético


    En la suave geografía,
    cada plano nos carga de energía,
    minerales, recuerdos.
    Ando por el lugar de calles
    de nombres únicos, edificios de numismática, bailan bajo la luna sobre la cabeza de los
    prófugos.
    No olvidaré esos días,
    esa niebla que me protegía
    mientras leía libros y me adentraba en bucles temporales para olvidarme del dolor.

    El tiempo explotó.
    No hay flores muertas,
    sigo aquí escribiendo.
    Pero de esas flechas doradas,
    la materia de los sueños
    pone cerca de mi mano lo que mi voluntad deseaba.
    Un negocio que me roba el tiempo,
    las flores se abren más rápido,
    el amor llega como una flecha, se va igual, dejando la canasta llena de flores doradas.
    En estos tiempos, la abundancia rebosa,
    miel y rosas se derraman,
    faltan manos para recoger
    lo que va quedando.

    En el camino

    El encuentro en la geografía adecuada
    protegía tu cabeza, que estaba llena de dones.
    Yo era quien buscaba,
    me volví gloriosa de tanto templar el carácter.
    Quizás algo nos preparaba para la pérdida,
    esa íntima verdad que esconden los humanos sobre el escorial de las lágrimas vividas y
    soñadas.
    Los suspiros sobre la cama, y,
    aun así, nuestros ángeles
    nos escondían con su poder,
    hasta donde una línea del tiempo
    iluminaba, más allá de donde la nostalgia
    abarcó con su luz.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

    Foto de Jr Korpa en Unsplash

  • San Juan del Río abre su ciclo “Letras que resuenan” con la presentación de Hitlaro

    San Juan del Río abre su ciclo “Letras que resuenan” con la presentación de Hitlaro

    El histórico recinto del Foro San Juan del Portal del Diezmo se convirtió, la tarde de este jueves, en un punto de encuentro para la literatura y la conversación creativa, con la presentación de Hitlaro, novela debut de la escritora queretana Mariana Perusquía, publicada bajo el sello de Helvética Editorial.

    Gracias a la gestión de la Lic. Leticia Mendoza, titular de la Dirección de Bellas Artes de San Juan del Río, este evento inauguró el ciclo de presentaciones literarias “Letras que resuenan”, una iniciativa que busca acercar a la comunidad con autores contemporáneos y propiciar espacios de diálogo en torno a la creación literaria.

    La presentación estuvo a cargo de Susana Robles Reyes, reconocida gestora cultural, quien destacó “el poder de la novela de Mariana para generar atmósferas en donde el lector se encuentra a sí mismo”. Con palabras cercanas y una lectura sensible, Robles invitó a adentrarse en esta historia que, desde lo íntimo y lo simbólico, explora la memoria, lo femenino y la tensión entre lo real y lo imaginario.

    Por su parte, Carlos Campos, director de Helvética Editorial, subrayó “la importancia de que se lleven a cabo estos eventos, ya que se puede establecer un diálogo con los talentos sanjuanenses y con los autores, como en este caso, con Mariana Perusquía”. Campos recalcó que este tipo de encuentros fortalecen el vínculo entre la obra y el público, permitiendo que la literatura trascienda el papel y se instale en la conversación colectiva.

    El público, conformado por lectores, estudiantes y amantes de la cultura, respondió con calidez y curiosidad, llenando el recinto de preguntas, reflexiones y comentarios que prolongaron el evento más allá de la presentación formal.

    Con esta apertura, “Letras que resuenan” promete consolidarse como un espacio imprescindible para las letras en San Juan del Río, y Hitlaro, con su atmósfera envolvente y su carga simbólica, se perfila como una obra que resonará por mucho tiempo entre quienes la lean.

  • Pez rojo

    Pez rojo

    Leonardo viajó a las gélidas aguas del sur de América, sólo porque un pez se lo pidió en un sueño. Hizo sus maletas, sacó sus ahorros y tomó un avión. Llegó a la capital y de ahí abordó un autobús que lo llevó, a través de un largo bosque, hasta una ciudad marina. Esa noche se hospedó en un hostal y, en sus sueños, volvió a escuchar la agradable voz del pez, más cercana que nunca. Esta vez también pudo verlo. Supo que era una mujer: lo entendió por su energía, por su tono de voz.

    Este pez femenino lo arrullaba por las noches. Mientras hablaba, parecía contarle historias del mar, del cielo; le narraba poemas. Su voz fluía como un susurro entre el agua, un murmullo de fondo que lo calmaba en sus noches de insomnio. A sus cincuenta y tres años, sabía que llevaba décadas sin dormir bien. Por eso amó al pez desde que llegó a su vida.

    Durante las tardes iba al café y dibujaba a los paseantes de la ciudad. Buscó trabajo como profesor de arte en una academia francesa, pues no hablaba bien español.
    —Cántame —le pidió una noche al pez, y ella accedió.
    La melodía era inspiradora; le evocaba colores y paisajes. Entonces vio al pez transformarse en mujer, pero no lograba recordar bien su rostro. Esto le entristecía, aunque procuraba concentrarse en su trabajo artístico para no romper el frágil equilibrio de sueño al que había llegado tras toda una vida de desvelos.

    Una tarde, mientras pintaba en el café, vio pasar a una mujer por la playa. Era ella: la mujer que en sus sueños era un pez rojo. Hizo un boceto rápidamente para no olvidar sus facciones y salió tras ella. La siguió en silencio hasta su casa. Desde ese día, merodear por ahí se volvió parte de su rutina. Ella tendría unos treinta años y, al parecer, se dedicaba a estudiar.

    Las noches de insomnio regresaron, sumiéndolo en la desesperación. Su instinto le decía que fuera al mar, y así lo hizo. Volvió a escuchar el susurro: la voz del pez rojo que emergía de las olas. Pasaba horas contemplando el mar vaporoso, los barcos lejanos, la gente sentada en la orilla tomando el sol.

    Un día, se encontró con la mujer: iba corriendo junto al mar. Sintió un regocijo al verla, y ella también lo miró. De alguna forma, ella también lo soñaba. En su ensoñación, era un pez que se encontraba con un hombre en una barca. Él la convertía en humana, y juntos se quedaban a vivir en esa barca.

    Ella lo miró con insistencia, pero él la encontró demasiado joven. Tal vez, pensó, debería buscar a alguien de su edad. Sin embargo, no tenía ganas: lo único que amaba verdaderamente era el sonido del mar. Ella también adoraba esa música, que la consolaba en sus tardes solitarias de invierno.

    Ambos contemplaban el mar, aunque en horarios distintos. Y aunque deseaban encontrarse, a esas alturas del destino, aquello se volvió algo muy difícil.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

    Ilustración de ilham saputra en Unsplash

  • Coordenada Artística: ἐγέρσις*

    Coordenada Artística: ἐγέρσις*

    Para M. D.

    —¿Puedo preguntarte algo?

    —Adelante.

    —¿Cómo llegaste aquí?

    —Esa no es la pregunta adecuada.

    —¿De dónde sacaste tus alas?

    —Esa no es la pregunta adecuada.

    —Es que te veo tan libre, extendiéndote, volando por todo el jardín, yendo y viniendo, sonriente y feliz. ¿Cómo puedo ser como tú?

    —Esa no es la pregunta adecuada.

    —¿Por qué no me quieres ayudar?

    —Te estoy ayudando; esa no es la pregunta adecuada.

    —Entonces, ¿cuál es la pregunta adecuada?

    —La pregunta adecuada es «¿Para qué?».

    —¿Para qué?

    —Sí, ¿para qué llegaste aquí? Esa es la pregunta: cuando emprendas el viaje hacia la respuesta, te reencontrarás contigo, recordarás y reconocerás quién eres; en consecuencia, comprenderás que no quieres ser como nadie más. Si persistes en el camino, te darás cuenta de la crisálida en que estás envuelta y que te impide extender tus propias alas; y entonces, podrás romperla y extender tu ser. Sabrás que la felicidad es un estilo de vida y no una utopía: superarás tus límites y emergerás siéndote leal a ti misma.

    —Tus palabras iluminan mi alma, mi corazón te agradece infinitamente.

    * ἐγέρσις. Griego. Resurrección, despertar.

    Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de SentimientosToc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.

    Foto de Olivia Houck en Unsplash

  • Narrar desde la experiencia: Fernando Tamariz impartirá taller de narrativa por Zoom

    Narrar desde la experiencia: Fernando Tamariz impartirá taller de narrativa por Zoom

    A partir del próximo 7 de agosto, el escritor y tallerista Fernando Tamariz impartirá un Taller de Narrativa en modalidad virtual. El curso consta de 12 sesiones semanales, que se llevarán a cabo los jueves de 7 a 9 pm, vía Zoom.

    Con una trayectoria sólida en la promoción de la lectura y la escritura creativa, Tamariz ofrecerá un espacio donde los participantes podrán desarrollar sus proyectos narrativos, compartir avances y recibir retroalimentación profesional. El taller está dirigido tanto a quienes inician en la escritura como a autoras y autores con obra en proceso que deseen afinar su estilo.

    La propuesta del taller se basa en una metodología participativa, donde el análisis de textos, los ejercicios de escritura y la conversación crítica forman parte esencial del proceso formativo.

    Para informes e inscripciones, se puede contactar vía WhatsApp al 442 322 9298.

  • Coordenada Artística: Toda mi vida me han juzgado

    Coordenada Artística: Toda mi vida me han juzgado

    Me han juzgado por ser alta, tener sobrepeso, usar lentes y odiar el futbol.

    De niña me juzgaron por preferir una bicicleta, ser hija de madre divorciada, gustar del ajedrez; elegir cereal de vainilla, subirme a un árbol, no saber usar vestido, y escoger leer en vez de TV.

    Me han juzgado por atreverme a crear sin miedo al qué dirán, escuchar la música que escucho, hacerme tatuajes, pensar libre, amar incondicionalmente, elegir a mis amigos, y preferir una tarde de café que una noche de alcohol.

    Me han juzgado por no cumplir estereotipos, no ajustarme al molde de lo que dicen que se debe ser o hacer, no aspirar a ser un ama de casa, decidir no ser madre; aún hay quien me juzga por no depender de un varón para hacer y tomar decisiones en mi vida. 

    Me han juzgado por soñar, creer y alcanzar…

    Toda mi vida me han juzgado…

    Y esos jueces me causaron mucho daño, pero también, me ayudaron a conocer, aceptar y amar a la persona que soy hoy. Entendí que son personas que tienen tanto miedo, que prefieren poner su atención en terceros que en sí mismos. Lo sé porque en algún momento yo también me juzgue sin darme la oportunidad de conocerme.

    Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de SentimientosToc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.

  • Hitlaro: el eco de lo no dicho

    En el horizonte literario de Querétaro, pocas primeras novelas se atreven a explorar con tanta osadía los territorios del tiempo, la muerte y lo femenino como lo hace Hitlaro (Helvética, 2025), ópera prima de Mariana Perusquía. Concebida durante su etapa universitaria y escrita con la espontaneidad y la intensidad de quien aún no sabe del todo que está escribiendo una novela, este libro aparece finalmente publicado dos décadas después bajo el sello de Helvética, con una portada realizada por la artista Andrea Perusquía Mendoza, hermana de la autora. Más que un debut tardío, Hitlaro es una aparición madurada por el tiempo y por la conciencia de que toda historia importante encuentra su propio momento para ser contada.

    La novela abre con un gesto íntimo y sencillo: Sara, una mujer joven, regresa con su esposo Adrián y su hijo Julián al pueblo de donde él es originario. La motivación parece inocente: acompañar a su suegra tras la muerte del patriarca. Pero pronto el lector intuye que hay algo más denso, algo no resuelto en ese regreso a lo rural. Hitlaro, el pueblo que da nombre al libro, es un lugar imaginario, pero se siente profundamente real: una comunidad marcada por el abandono, las supersticiones y la persistencia de lo no dicho. En sus calles polvorientas y casas detenidas en el tiempo se agitan fuerzas invisibles, memorias enterradas y ecos que susurran a través de las generaciones.

    Lo más fascinante de Hitlaro es cómo combina el drama familiar con una atmósfera sobrenatural que nunca se recarga del todo en lo fantástico, sino que se desliza como una presencia latente. A lo largo de la historia, Mariana Perusquía construye un universo donde la maldición, la reencarnación y el enfrentamiento intergeneracional se entretejen sin perder la dimensión humana de sus personajes. Sara, la protagonista, es una figura compleja: madre, esposa, forastera, y poco a poco, médium involuntaria de una memoria ancestral. Su travesía no es sólo geográfica ni doméstica; es una incursión en los pliegues del tiempo y en los traumas heredados, particularmente aquellos vinculados a la violencia, el linaje y el poder masculino.

    En el centro de la trama resuenan elementos del gótico rural: la mansión familiar detenida en un esplendor polvoriento, las visiones en el espejo, los susurros que cruzan la barrera entre vivos y muertos. No obstante, Perusquía evita los clichés del género para ofrecer algo más cercano a una alegoría íntima. La aparición de personajes como Rebeca —figura espectral que acompaña y confronta a Sara— sugiere la existencia de una genealogía femenina de resistencia que se perpetúa a través de los siglos. Hitlaro no es simplemente una historia de fantasmas: es un relato sobre la transmisión del dolor y la necesidad de redención.

    Uno de los momentos más potentes del libro ocurre cuando Sara, atrapada en un fragmento de espejo —una imagen que resuena con el mito de Narciso pero también con el trauma de lo inasible—, debe enfrentar a su propio hijo, Julián, que ha dejado de ser el niño tímido que conocía para transformarse en una figura ambigua y amenazante. La tensión entre el amor maternal y la sospecha del mal se convierte aquí en una alegoría poderosa: ¿cómo distinguir al heredero de la herencia? ¿Qué parte de lo que se transmite es inevitable, y cuál puede ser interrumpida por el acto consciente de una mujer?

    Perusquía escribe con un estilo directo, lírico por momentos, pero sin afectación. Hay una sensibilidad clara por el ritmo narrativo, por la cadencia del habla popular y por el suspenso emocional. La novela avanza entre escenas oníricas, recuerdos brumosos y confrontaciones físicas que, lejos de saturar la prosa, la llenan de matices. El lector no siempre tiene la certeza de lo que ocurre —ni falta que hace— porque lo importante en Hitlaro no es tanto el qué sino el cómo se revela lo invisible, cómo se filtra lo soterrado.

    Desde un punto de vista temático, Hitlaro podría leerse como una meditación sobre la reencarnación, pero también como una crítica al peso de las estructuras patriarcales y al silenciamiento de las mujeres dentro de las genealogías familiares. El pueblo como escenario es también una metáfora del cuerpo femenino: un espacio ocupado, abandonado, lleno de secretos. Sara, al final, no es sólo una protagonista sino una especie de conducto entre generaciones, una intérprete que escucha lo que las otras no pudieron decir.

    No es casual que Mariana Perusquía haya elegido publicarse como autora independiente. La historia de Hitlaro no sólo narra una lucha contra el destino sino que también representa, en su publicación misma, una forma de tomar las riendas de su voz como narradora. Escribir desde Querétaro, desde lo íntimo, desde la marginalidad de una autora debutante, es también un gesto político. Esta es una novela que nació a contracorriente del tiempo editorial, escrita por alguien que, como ella misma ha dicho, soñaba con ser Isabel Allende y encontró, en la escritura, una forma de actuar: Mariana encontró a Mariana.

    Al final del libro, cuando Sara despierta sin saber si todo lo vivido ha sido un sueño, una visión o una reencarnación, el lector también queda suspendido en ese limbo entre lo real y lo simbólico. Esa es, quizás, la mayor virtud de Hitlaro: su capacidad de perturbarnos suavemente, como lo hacen los sueños que parecen tener un mensaje cifrado.

    Mariana Perusquía se suma, con esta primera novela, a una generación de escritoras mexicanas que están renovando el imaginario literario desde lo local, lo simbólico y lo femenino. Hitlaro es un debut honesto, inquietante y lleno de posibilidades. Un libro que no grita, pero resuena como un eco persistente que seguirá acompañando a quienes se atrevan a cruzar ese espejo donde el tiempo, la historia y los afectos se reflejan una y otra vez.

  • La memoria es un campo magnético

    La memoria es un campo magnético

    Hace poco escuché que la Tierra funciona gracias a un campo magnético que nos protege de la radiación solar. Este fenómeno se debe a que su núcleo líquido genera una especie de capa protectora que se extiende desde el interior hasta los límites del planeta. Esa protección, presente en toda la superficie terrestre, me parece una metáfora poderosa: una memoria latente que sólo necesita un estímulo, una imagen o una cierta cantidad de energía para activarse.

    Me gusta pensar que, al igual que la Tierra, nuestra memoria es algo que nos fue asignado desde el origen: un acervo de revelaciones ocultas que, mediante algún estímulo, se desdobla y nos ofrece epifanías cotidianas. Atlas magnético (Ígneo Chile, 2025) es una invocación a esa memoria onírica que fluye, que gotea entre cornisas, fisuras y ramificaciones de una existencia que se manifiesta en la carne de los días.

    Diana Galindo construye un rito escritural a partir de imágenes sagradas y surrealistas, evocando una memoria suspendida que espera ser revelada mediante un proceso de presentificación. En Atlas magnético, la escritora recupera los pasos perdidos a partir de un destello de realidad que, como una pizca de verdad, se vuelve poema. Galindo desdobla, a través del proceso poético, una visión perenne del instante para regalarnos una epifanía que otorga memoria e identidad a los días y a las horas.

    A continuación, les presentamos un fragmento de libro:

    Manto 

    No sé en qué viento, entre qué tierra, descansará mi cuerpo un día.

    Pero mientras vivo, aprendo.

    La experiencia se conoce 

    a la orilla de los ojos y del agua.

    Sí, el mar desaparecerá, 

    lo sabe quien ha sido apuntado con un arma

    o con un símbolo sobre la cabeza.

    El cuerpo se contrae, jadeante, 

    busca el amor y la calma.

    Agustín Vizcayno Sánchez (Querétaro, 1986) es licenciado en Lenguas Modernas en Español y maestro en Estudios Literarios. Ha publicado Cuando Dios usa mallones (Ediciones El Humo, 2018), El canto del Kaiju (Fondo Editorial de Querétaro, 2019), Once señores gordos en uniforme unitalla (Fondo Editorial de Querétaro, 2021), y en 2024, Yo también fui James Bond y Soy huapanguero (Letra Capital). Ha colaborado en revistas como El Grito Literario, El Humo, Fantastique, Enchiridion y Teresa Magazine.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.