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  • «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    «Hitlaro» de Mariana Perusquía: el nuevo gótico mexicano

    Por Samanta Echevarría

    En lo que respecta a la literatura de terror y horror, siempre me he sentido identificada con el personaje de Joey Tribbiani, en aquel famoso episodio trece de la temporada tres de la popular serie de televisión Friends de mi juventud; en el cual Joey (Matt LeBlanc) y Rachel (Jennifer Aniston) intercambian sus libros favoritos. Él debía leer Mujercitas, de Louisa May Alcott, y ella, a su vez, El resplandor, de Stephen King. Lo gracioso, y lo que hace memorable el episodio, es la reacción de Joey al libro de King: aunque sea su favorito, debido a lo espeluznante de la historia, lo guarda en el lugar más recóndito de su pequeño apartamento neoyorquino, dentro del congelador de la cocina, para que, literalmente, se «enfríe» la trama del terrorífico libro.

    Leí Mujercitas, el libro favorito de Rachel Green, cuando tenía once o doce años; gocé, reí y viví en carne propia esta historia clásica, y, por supuesto, también lloré como una «Magdalena», así como Joey lo hizo en el episodio al enterarse de que (spoiler) una de las hermanas March muere. Por el contrario, vi la película de El resplandor (1980), basada en el libro de King y protagonizada por Jack Nicholson, ya en mi edad adulta, debido a la insistencia de mi esposo al enterarse de que nunca la había visto. Debo confesar que cerré los ojos en algunas escenas, y otras aún siguen marcadas en mi memoria. Así que, personalmente, nunca he leído a Stephen King. Estoy segura de que tendría exactamente la misma reacción que Joey, y mi ejemplar terminaría dentro del congelador. Admito que soy demasiado «cobarde» para leer a King, y que no tengo las agallas ni el estómago para digerirlo, aunque soy consciente de su estatus como el «Rey» absoluto de la literatura de terror, y de sus numerosos libros, hoy convertidos en clásicos, que lo han elevado a un lugar privilegiado en la ficción estadounidense.

    Dicho lo anterior, el suspenso policiaco y el murder mystery, por el contrario, siempre me han atraído, al igual que la literatura gótica. Al igual que Alcott, me devoré en mi adolescencia las historias de los detectives más famosos del mundo: en la clase de inglés, los relatos cortos de Sir Arthur Conan Doyle y su detective Sherlock Holmes, que leí de principio a fin sin poder detenerme; más adelante, los volúmenes más célebres de Agatha Christie y su detective Hercule Poirot, como Muerte en el Orient Express y Muerte en el Nilo, historias que me siguen fascinando aún hoy y que he releído varias veces; así como mi detective favorito de todos, el popular Tintín, protagonista de las historietas del autor belga Hergé. Favorito también de mis hijas.

    La literatura gótica, por su parte, es un género que combina elementos de terror, misterio y lo sobrenatural, con emociones intensas como el miedo y la angustia. Surgió en Inglaterra a finales del siglo XVIII como respuesta al sentimentalismo del Romanticismo. Se caracteriza por ambientaciones lúgubres, tramas que exploran temas como la venganza, la muerte y los secretos familiares, y la intrusión del pasado en el presente. Algunos de los ejemplos más famosos son: El castillo de Otranto de Horace Walpole —obra fundacional del género—, Drácula de Bram Stoker, Frankenstein de Mary Shelley, Cumbres borrascosas de Emily Brontë, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, así como varios relatos de Edgar Allan Poe.

    En México, la fascinación por la muerte como rasgo identitario se ha expresado en la literatura a través del humor negro, el realismo mágico y la mezcla constante entre realidad y fantasía. Tal es el caso de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, o Aura, de Carlos Fuentes —libro que considero una joya del terror psicológico y lo gótico, aunque reitero que, a mi parecer, ambos textos son para lectores adultos—.

    Otros escritores mexicanos destacados en el género del suspenso y el terror son Amparo Dávila, Francisco Tario, Bernardo Esquinca y Antonio Malpica; mientras que, en América Latina, la literatura de terror contemporánea se ha nutrido de los miedos sociales y políticos de la región: desapariciones, violencia y desigualdad. Autores como Horacio Quiroga, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Leopoldo Lugones han explorado estos temas desde distintas perspectivas.

    En cuanto al gótico mexicano escrito por mujeres, este género sigue renovándose. Hace poco vi con interés la entrevista que Pepe Cantellano hizo a la escritora Sandra Becerril en su programa Noches de Lectura, con motivo de su nueva novela El carnaval diabólico, y me dejó un grato sabor de boca al escucharla hablar de su proceso creativo.

    De igual manera, hace un par de años leímos en el club de lectura Mexican Gothic (Penguin, 2020), de Silvia Moreno-García. Leí la versión en inglés y me pareció un libro espectacular, pues logra una mezcla notable entre lo gótico y la cultura mexicana. Sin embargo, la traducción al castellano peninsular me decepcionó, pues al estar ubicada la historia en Hidalgo, las expresiones españolas resultan poco convincentes para ese contexto. Otro título reciente dentro de este mismo espectro es The Hacienda, de Isabel Cañas, aunque aún no he tenido oportunidad de leerlo.

    Pero, sin duda, una de las nuevas exponentes del gótico mexicano es la queretana Mariana Perusquía con su novela Hitlaro (Helvética, 2025).

    Tuve la oportunidad de conocer a Mariana este verano. No sólo es una excelente periodista, sino una gran persona. Después de conversar por redes sociales y mensajes, finalmente nos conocimos en Querétaro, pues tuvo la gentileza de entrevistarme para su programa de radio con motivo de la presentación de mi novela, mientras ella también estaba por presentar la suya. Hitlaro fue escrita en sus años universitarios y guardada durante veinte años, hasta que finalmente salió a la luz.

    Unos días después asistí a una de sus presentaciones. Leí la novela en dos días, de un solo tirón.

    Hitlaro es una excelente novela corta. Con una narrativa entre lo sobrenatural y lo fantasmagórico, combina Aura, Pedro Páramo y Mexican Gothic. Ambientada en un pueblo ficticio, entrelaza una historia que fusiona lo gótico con el realismo mágico, atrapando al lector en un viaje entre la vida, la muerte y la memoria. Explora la culpa, la redención y el legado de las mujeres que desafían el destino. Con buena trama, ritmo y una atmósfera poderosa, me enganchó de principio a fin. Me quedé con ganas de más.

    Mariana Perusquía es licenciada en Comunicación y Periodismo, y maestra en Literatura Contemporánea. Destacada periodista queretana, es productora y locutora en Radio y Televisión Querétaro (RTQ), donde lidera el noticiero matutino. Ganadora del Premio Estatal de Periodismo 2023, es una voz influyente en los medios locales.

    Su novela Hitlaro está disponible en Amazon.

    Hitlaro ★★★★★

  • Presentación de «Josefa, muy señora mía» de Araceli Ardón

    Presentación de «Josefa, muy señora mía» de Araceli Ardón

    El legado de una mujer imprescindible vuelve a cobrar vida.

    El Museo de Arte de Querétaro te invita a la presentación del libro Josefa, muy señora mía de Araceli Ardón, una obra que rinde homenaje a la inteligencia, fuerza y sensibilidad de Josefa Ortiz de Domínguez, figura clave en nuestra historia nacional.

    📅 Jueves 20 de noviembre
    🕖 19:00 h
    📍 Museo de Arte de Querétaro, Allende 14 sur, Centro Histórico.

    🎟️ Entrada libre
    Una cita imperdible con la literatura, la historia y el arte.

    #JosefaMuySeñoraMía #AraceliArdón #MuseoDeArteDeQuerétaro #CulturaQuerétaro #LecturasQueInspiran #HelvéticaEditorial

  • El torturador

    El torturador

    Por Diana Galindo

    Diego le cortaba las patas a las palomas que fallaban en sus labores: el transporte de sustancias ilegales. Para ganarse el alimento, para calmar el hambre que lastimaba sus estómagos, ellas debían ser eficaces. A veces parecía que una paloma tenía más hambre que un león, capaz de comer varias bolsas de pan al día; al final de su vida, podía haber comido cientos de kilos.

    El trabajo también era duro para la paloma obnubilada por el hambre. Debía transportar la carga en su pata pintada de negro, amarrada con un hilo y una bolsita del mismo color. Pero a veces le daba hambre en el camino, entonces se equivocaba de destinatario y todo se volvía un caos, porque trabajaban juntas. Si una se equivocaba, debido a su tendencia a copiarse, las demás la seguían, y a veces perdían la mercancía.

    El trabajo de Diego consistía en torturar a las palomas que se equivocaban. Les cortaba una pata y, si volvían a fallar, les sacaba los intestinos y luego les cortaba la cabeza. Lo hacía frente a las demás, pero ellas solo sentían hambre, no miedo; su verdadero temor era quedarse sin comida. Sin embargo, Diego no se daba cuenta de esto. Le gustaba cortarles las patas. En su casa había ciento veinte palomas, cada una con su número. El lugar estaba lleno de excremento por fuera, y nadie sospechaba lo que allí ocurría porque la gente no ponía atención. El suelo de su casa estaba salpicado de sangre y de patitas de ave que quedaban tiradas, y que a veces las mismas palomas se tragaban junto con las migas de pan.

    Aunque no mucha gente se fijaba, un joven sí se dio cuenta de la situación. Su nombre era Isaac. Amaba contemplar a las aves, sobre todo a las gaviotas. Gentilmente se acercaba a platicar con ellas. Éstas volaban tan alto, tan lejos, que parecía que sus palabras no llegarían. Pero él se percató de que algo pasaba con las palomas: se dio cuenta de que eran traficantes y que las castigaban mutilándolas o aplastándolas hasta dejarlas sin vida en las calles.

    —¿Qué pasa con las palomas? —preguntó.
    —Te llevaremos ahí —le respondió la voz grave de una gaviota desde el cielo.

    Isaac sintió miedo mientras caminaba por las calles llenas de niebla, guiado por las aves hacia un cerro. Llegó a la casa del criminal, distinguible porque estaba repleta de palomas y de excremento. No quiso pensar en el sufrimiento que se vivía allí y se fue.

    Desde ese día comenzó a ir seguido al mar. Su forma de hacer la guerra era conversando con las gaviotas. Hablaba sobre moral, sobre la felicidad y los deberes de los hombres. Las gaviotas se sentían atraídas por sus palabras, por aquello que les contaba mientras él se sentaba junto al mar.

    Convenció a las gaviotas, y fueron a pelear contra las palomas. Las exterminaron durante una noche y un día. Esa mañana, la gente de la ciudad, distraída como siempre, no se dio cuenta de lo ocurrido. Sin embargo, después de aquella batalla, las palomas que habían invadido la ciudad redujeron su número hasta casi desaparecer.

    Ya no atacaban a la gente que comía pan en la calle, ya no golpeaban con sus alas el rostro de los transeúntes. Las pocas que quedaron eran calladas, discretas, casi imitando el elevado comportamiento de las gaviotas. Éstas, en cambio, se alejaron de la ciudad para evitar represalias de los traficantes.

    Sin embargo, el cuerpo de Isaac fue encontrado flotando en el mar. Lo habían torturado y le habían sacado los intestinos. Las gaviotas lo guiaron en su último vuelo, cuando su espíritu se elevaba hacia el sol de la tarde; lo ayudaron para que no volteara a ver su cuerpo muerto, que yacía sin vísceras sobre el agua.

    Aunque al principio morir le costó trabajo, ángeles y pájaros de la ciudad descendieron en su ayuda y volaron triunfales en el cielo. Las gaviotas que se habían ido regresaron graznando y permanecieron tranquilas todo el día, pescando y velando durante la madrugada. Conversaban sobre la partida de Isaac y sobre las cosas que él les contaba cuando se sentaba a la orilla del mar: su amor por la filosofía aristotélica, su gusto por la pintura y la música.

    Ahora él escuchaba una melodía suave, en la espera más allá del tiempo.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es magíster en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

  • Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Epigmenio González. Circunstancias, por Jesús Reyes Bustos

    Por Samanta Echevarría

    El encanto de Querétaro como joya del barroco mexicano es innegable: sus calles, fuentes y edificios de cantera rosa, así como sus templos y retablos adornados al estilo churrigueresco, hacen de esta ciudad colonial una de las más bellas de México. Allí crecí. Sin embargo, su importancia no ha radicado en su belleza, sino en su ubicación. Históricamente ha sido un punto estratégico dentro del territorio de lo que hoy es México. Precisamente por estar situada en el corazón del país, Querétaro ha sido un cruce de caminos y de encuentros. Desde el virreinato funcionó como un punto crucial en la comercialización y el abastecimiento de la Nueva España, y ya para el siglo XVIII era considerada la tercera ciudad más importante de América Latina, después de Lima, Perú, y de la Ciudad de México.

    Esta ubicación estratégica llevó a Querétaro a ser escenario de importantes gestas históricas: fue cuna de la Independencia de México, centro de su conspiración y lugar clave para el inicio de la lucha armada. Más tarde, sería escenario del fin del Segundo Imperio, con el juicio y fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. En el siglo XX se convirtió en la sede del Congreso Constituyente que promulgó la Constitución de 1917.

    Señala Rodrigo Romero, investigador y doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que desde sus inicios las hazañas históricas del Estado mexicano han sido motivo de estudio y de numerosas interpretaciones. La historiografía nacional evolucionó desde las crónicas y panfletos postindependentistas hasta los acercamientos monográficos de la gesta épica y heroica que sirvieron de base para consolidar la identidad nacional.

    Han sentado las bases de la historia de México numerosos investigadores, desde La historia de la Revolución de la Nueva España de Servando Teresa de Mier, publicada en Londres en 1813, hasta México a través de los siglos de Julio Zárate, pasando por Cuadro histórico de la Revolución Mexicana de Carlos María de Bustamante, el Ensayo histórico de las revoluciones de México de Lorenzo de Zavala, México y sus revoluciones de José María Luis Mora, la Historia de Méjico de Lucas Alamán, o los textos de Justo Sierra y José Vasconcelos, por mencionar sólo algunos nombres.

    Sin embargo, a medida que ha avanzado el tiempo, la historiografía mexicana ha evolucionado desde una visión centrada en el pueblo y la lucha contra el poder extranjero hacia una comprensión más amplia de los movimientos armados, que incluye factores sociales, económicos, regionales e internacionales más complejos, así como la participación de un cúmulo de personajes que aún desconocemos.

    Romero indica que, si bien aparecieron esfuerzos previos, es probable que la publicación de 1953 con motivo del bicentenario del nacimiento de Miguel Hidalgo —La Revolución de Independencia de Luis Villoro— marque el inicio de esta nueva historiografía. No obstante, no fue sino hasta los años noventa, y sobre todo a partir de 2010 con motivo del bicentenario de la Independencia, cuando los investigadores comenzaron a replantearse la Historia Nacional.

    Una de esas nuevas voces es, sin duda, la de Jesús Reyes Bustos (1972), antropólogo por la Universidad Autónoma de Querétaro, quien, aunque originario de la Ciudad de México, tiene profundas raíces queretanas. Reyes Bustos ha ido más allá de la investigación histórica; explica que se ha dedicado a escribir novela histórica para «sacar la ciencia de los archivos, de la academia y de los términos técnicos, con la intención de divulgarla y hacerla más accesible al lector y a la sociedad».

    En 2011 publicó de forma independiente su primera novela, Epigmenio González. Circunstancias (El Asado Servicios Editoriales), que le valió el Premio Nacional de Novela Histórica 2010. La obra explora la extraordinaria vida de Epigmenio González, quien, al integrarse a la conspiración de Querétaro en los inicios de la Independencia, se convierte en el primer insurgente aprehendido por las autoridades realistas, pero también en uno de los últimos personajes revolucionarios liberados por el Imperio español. Aun después de la consumación de la Independencia, pasó más de 25 años en prisión —en Filipinas y posteriormente en el fuerte de San Juan de Ulúa, Veracruz—. Logró regresar a México y murió en su cama en 1858.

    Me encontré con la magnífica obra de Jesús Reyes Bustos durante la investigación de mi propia novela Memorias de Tierra Adentro, y quedé encantada con Circunstancias: inmediatamente me cautivó. Más adelante, con la publicación de mi libro, nuestras historias se cruzaron y hemos mantenido comunicación a través de redes sociales y mensajes de texto.

    El autor me explicó, en una conversación telefónica entrecortada desde Mazunte, Oaxaca —su actual residencia—: «Estoy en el paraíso, pero con poca señal de internet». Me contó que su novela Circunstancias surgió a partir de la enorme cantidad de información obtenida durante su tesis doctoral:

    «Yo no deseaba que la vida de Epigmenio González —este personaje que sufrió mucho por México— se quedara reducida a mi tesis y vuelta a archivar. Pensaba que este extraordinario queretano debía tener el reconocimiento que merece de la sociedad. Decidí novelar el libro académico para dar a conocer su historia, ya que, por no tratarse de un Allende o un Hidalgo, su extraordinaria historia de supervivencia quedó de lado y olvidada por la Historia Nacional. Durante el movimiento cultural de Juárez y los liberales, a finales del siglo XIX, al construir el Estado nacional, Epigmenio González seguía aún milagrosamente vivo en Guadalajara, y su historia no cupo en el ‘santoral cívico’ de los héroes patrios. No se le dio el reconocimiento que debía», explica.

    Reyes Bustos tiene dos novelas más. En 2013 presentó, en el Centro de las Artes de Querétaro (exconvento de Santa Rosa de Viterbo), su segunda novela: La quimera imperial, cuya premisa gira en torno a La operación Pavorreal, un plan para traer a México el Penacho de Moctezuma, que se encuentra en Austria, a cambio de la carroza de Maximiliano, localizada en el Castillo de Chapultepec. En esta segunda entrega, de ficción histórica y corte policiaco, Reyes Bustos deja de lado el lenguaje académico para integrar elementos de suspenso en su trama.

    En su tercera obra, De aquellas sombras frente al puerto (2018), Reyes Bustos retoma nuevamente a Querétaro como escenario. Utiliza el raccourci —un atajo o aceleración en la narrativa, a menudo para saltar el tiempo o el desarrollo de ciertos eventos. Puede manifestarse como un salto temporal para mostrar la madurez de un personaje o como una elipsis para omitir detalles innecesarios y concentrarse en lo esencial. En algunos casos, puede referirse a la aceleración del conflicto de un personaje— para desarrollar su trama en el marco del Congreso Constituyente de Querétaro de 1917 y los días previos al asesinato de Venustiano Carranza. El Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) y la cantina El Puerto de Mazatlán sirven de escenario a las intrigas de los diputados constituyentes al proponer la nueva Constitución de México.

    Las tres novelas son extraordinarias. Recomiendo ampliamente leer su obra. Jesús Reyes Bustos se encuentra trabajando en una nueva novela y mantiene la intención de seguir dándole relevancia a Epigmenio González dentro de la Historia Nacional.

    Reyes Bustos obtuvo el Premio Nacional de Novela Histórica (2010) por Circunstancias, y ha sido galardonado con otros reconocimientos: Primer Lugar en el Cuento Universitario (UAQ, 2003); Primer Lugar en Cuento (CONACULTA, Gómez Morin, 2005); Mención Honorífica en Cuento Breve en Español “Letras Nómadas” (Tulsa, Oklahoma, 2007). Además, ha sido columnista en el periódico El Universal Querétaro y en el suplemento dominical Barroco del Diario de Querétaro. Actualmente reside junto al mar, en Oaxaca.

    ★★★★★ Epigmenio González. Circunstancias —Jesús Reyes Bustos

  • Café de la Memoria con Rodolfo Loyola Vera

    Café de la Memoria con Rodolfo Loyola Vera

    Por Redacción

    Este jueves 30 de octubre, Atenea Café Bistró abre sus puertas para un nuevo encuentro del ciclo “Café de la Memoria”, un espacio dedicado a las voces que construyen nuestra literatura y nuestro pensamiento contemporáneo.

    En esta ocasión, el invitado es Rodolfo Loyola Vera, autor, ensayista y pensador queretano, quien compartirá una conversación alrededor de tres de sus libros, explorando los hilos que unen la memoria, la escritura y la reflexión sobre la vida.

    Será una velada íntima, cálida y llena de diálogo en torno a la palabra, ideal para quienes disfrutan del arte de escuchar y pensar desde la literatura.

    🗓️ Jueves 30 de octubre
    🕡 Recepción: 18:30 hrs.
    📍 Atenea Café Bistró, Independencia 26, Col. Centro Histórico, Querétaro, Qro.
    🎟️ Entrada libre. Cupo limitado.

    Ven a compartir un café y una conversación que promete quedarse en la memoria.

    👉 Síguenos para más eventos culturales:
    Facebook | Instagram: Atenea Café Bistró

  • Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Andares Literarios, de Maurick Ilich

    Por Samanta Echevarría

    Amor Towles se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Lo descubrí por casualidad, en una cápsula televisiva sobre él y su obra, transmitida en el programa norteamericano CBS Sunday Morning, un espacio que aborda temas de noticias, política, cultura, arte y eventos históricos, enfocado a un público más culto.

    Originario de Boston, Towles tenía un contrato para enseñar inglés durante dos años en China, tras graduarse de la Universidad de Yale en 1989. Sin embargo, el proyecto fue cancelado abruptamente por las protestas en la Plaza de Tiananmén. Decepcionado, comenzó a trabajar en una firma financiera en Nueva York, oficio que desempeñó por más de veinte años. Aunque siempre le había gustado la literatura y había escrito algunos relatos, Towles empezó a escribir de manera formal a partir de los cuarenta años, y lo ha hecho de forma extraordinaria.

    Intrigada por este nuevo autor, compré uno de sus libros, A Gentleman in Moscow (Un caballero en Moscú, Salamandra, 2016). En aquel entonces no podía imaginar la joya literaria que acababa de adquirir: una verdadera obra de arte, una historia magnífica, extraordinariamente escrita, con un cúmulo de emociones de principio a fin.

    El libro inicia al final de la Revolución rusa, cuando un conde aristocrático es juzgado por un tribunal bolchevique y condenado al paredón por su condición de noble, considerada enemiga del nuevo régimen. Sin embargo, un poema atribuido a su autoría —que exaltaba la revolución— lo salva de la muerte. El conde es puesto bajo arresto domiciliario en el Hotel Metropol, en el centro de Moscú.
    La novela transcurre a lo largo de los dieciséis años que el conde pasa confinado en el hotel bajo el régimen soviético, sabiendo que, si se asoma siquiera a la puerta, será ejecutado. Este libro se ha convertido en uno de mis favoritos, por lo que tengo muchas ganas de ver la serie de televisión recientemente estrenada, protagonizada por Ewan McGregor.

    En 2023, en el club de lectura, leímos otro de sus libros: The Lincoln Highway (Penguin, 2023). Towles no decepcionó. También se trata de una obra espectacular. Ambientada en 1953, narra el viaje por carretera que emprenden varios jóvenes al escapar de un centro de detención juvenil, intentando llegar a California a través de la histórica carretera que cruza los Estados Unidos de este a oeste.
    Muchas de las integrantes del club coincidieron en que este es uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos años. La historia explora la naturaleza de la juventud —su impredecibilidad y espíritu de rebeldía—, pero también los desvíos de la vida, las segundas oportunidades y la redención. El final de este libro es, simplemente, espectacular.

    Al final de este verano leí A Table for Two (Viking, 2024), también de Towles, una colección de seis relatos cortos escritos con ingenio, humor y sofisticación. El primero de ellos, y el que más me gustó, al igual que Un caballero en Moscú, se sitúa en la era soviética. Es evidente la profunda influencia que la literatura rusa, y en particular Fiódor Dostoievski, ejercen en la obra de Towles. En sus textos aparecen citas de Los hermanos Karamázov y guiños a Crimen y castigo, así como discusiones entre sus personajes y los grandes escritores de la llamada “Edad de Oro” de la literatura rusa del siglo XIX: Aleksandr Pushkin y León Tolstói. Novelistas que, al igual que Towles, abordan temas como la moralidad, el sufrimiento y la complejidad del ser humano, a través de personajes que enfrentan conflictos existenciales, luchas de clase y tensiones políticas.

    Este verano tuve la fortuna de conocer y charlar en Querétaro —mi ciudad natal— con Maurick Ilich, seudónimo de Óscar Mauricio Sosa, escritor y presidente del Consejo Literario de Querétaro. Aunque originario de la Ciudad de México, lleva muchos años viviendo aquí. Me llamó la atención su nombre, y me pregunté si sería una referencia a la literatura rusa y a León Tolstói. La muerte de Iván Ilich es, sin duda, una de las obras más profundas y conmovedoras de Tolstói, una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. La novela narra los últimos meses de Iván Ilich, un juez del sistema zarista ruso, quien, al enfrentarse a una enfermedad terminal, se ve obligado a mirar su existencia con nuevos ojos.

    Ilich (el autor, no el juez zarista) me entrevistó para su programa de radio y pódcast En pos de la palabra, transmitido en redes sociales y en Spotify, acerca de mi libro Memorias de Tierra Adentro. La charla, que duró más de dos horas —y pudo haber durado dos más—, fue increíblemente amena y profunda. Me impresionó no sólo la capacidad de retención de Ilich, sino también su análisis y su agudeza lectora. A mi parecer, Maurick Ilich realiza un trabajo admirable al apoyar y dar visibilidad a escritores independientes a través de entrevistas razonadas, profundas y bien estructuradas.

    Para retribuir el gesto, decidí leer su obra. Compré en Querétaro su más reciente libro, Andares Literarios (El Desvelo, 2024), un pequeño volumen compuesto por nueve relatos cortos.

    En Andares Literarios, Maurick Ilich nos traslada a su niñez en la Ciudad de México de los años ochenta: a las historias de los barrios, la familia y lo cotidiano. Sus relatos evocan la nostalgia del ayer mediante un lenguaje común, cercano, a veces pintoresco y del arrabal, lo que los vuelve profundamente identificables. También aparecen las caminatas por las calles, los mercados, los tianguis, las cascaritas de futbol, la hora de la comida y la vida de barrio que, aunque ocurre en la inmensa urbe capitalina, parece transcurrir en un pequeño pueblo de provincia.

    Los relatos de Maurick Ilich reflexionan sobre la memoria y el paso del tiempo; y, al igual que su homónimo, Iván Ilich, el juez zarista de Tolstói, el autor se pregunta también por su propia existencia.

    Andares Literarios (El Desvelo, 2024) ★★★★★

    Para escuchar las entrevistas de Maurick Ilich, visita En Pos de la Palabra Podcast:
    🔗 https://open.spotify.com/show/15GP6QSjDYD225G31bEecm

  • The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    The Seventh Art and the Sign: A Journey from Classic Cinema to Semiotics

    By Samanta Echevarría

    My father always loved the seventh art. He enjoyed Mexican cinema, especially that of its golden age, but he also admired international cinema. When I was a little girl, he often spoke about the famous international movie stars of the 1960s, such as Marcello Mastroianni, Alain Delon, Sophia Loren, Brigitte Bardot, and Claudia Cardinale, among many others. During his youth, he saw all these films in the theaters of Mexico City. Most of these cinematic works became classics over time. He would recount them in such detail that, when he did, we felt as if we had seen them with him during that golden age of cinema.

    In my adolescence and youth, inspired by those narratives, I watched some of those films— not all, but a good number of classics. I owe my father that knowledge of international and classic cinema, which was uncommon among teenagers of my age in the 1990s. Some of the films that impacted me most back then were:

    • La Dolce Vita (1960), with Marcello Mastroianni — about the lives of tabloid journalists in Rome, the famous “paparazzi” (a word the film made famous).
    • Psycho (1960), with Anthony Perkins — turned into a cult classic of horror by the superb director Alfred Hitchcock.
    • Il Sorpasso (1962), with Vittorio Gassman — one of the first “road movies,” about a student who travels from Rome to Tuscany.
    • The spectacular and epic Lawrence of Arabia (1962), with Peter O’Toole and Anthony Quinn — based on the life of T. E. Lawrence and his memoir The Seven Pillars of Wisdom.
    • Dr. Strangelove (1964), directed by Stanley Kubrick — a black comedy that satirizes the Cold War.
    • Zorba the Greek (1964) — a film that brought fame to Anthony Quinn and to the exuberant Greek dances.
    • The Good, the Bad and the Ugly (1966) — one of the celebrated “Spaghetti Westerns,” directed by Sergio Leone and starring Clint Eastwood as “the Good,” Lee Van Cleef as “the Bad,” and Eli Wallach as “the Ugly.”

    There were also several musicals, such as West Side Story (1961), Mary Poppins (1964), and The Sound of Music (1965), to name just a few—the list is endless.

    All these films are magnificent; however, my favorite old movie is a bit older: Roman Holiday (1953), starring Audrey Hepburn and Gregory Peck. It tells the story of a princess who escapes her royal life for an adventure through the streets of Rome. I can watch this movie over and over again and still enjoy it just as much.

    The film my father always spoke of as one of his favorites, also from 1951, was A Streetcar Named Desire. Directed by Elia Kazan and starring a young and handsome Marlon Brando, it tells the story of a Southern belle, Blanche DuBois, who, after a series of personal misfortunes, takes a streetcar named “Desire” to New Orleans to live in a modest apartment with her sister, Stella, and her brother-in-law, Stanley. Her arrival provokes chaos and tension, leading to a dramatic triangle among the characters. Blanche urges her sister to leave her alcoholic husband.

    The film is based on the 1947 Broadway play of the same name, one of the most acclaimed of the 20th century and winner of the Pulitzer Prize. It was written by Thomas Lanier Williams III, better known as Tennessee Williams. The iconic scene where Brando cries “Stella!” has become a classic of classics, endlessly adapted and parodied—even by The Simpsons.

    A Streetcar Named Desire regained relevance with my generation in the late 1990s, when Spanish director Pedro Almodóvar referenced it in his film All About My Mother. The reference is essential to Almodóvar’s film, as the play becomes a thematic thread that expresses solidarity among women who support one another through pain and adversity.

    I met Dr. Cristian Martín Padilla Vega this summer in Querétaro, during the editorial presentation of his book The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics (published by Editorial Helvética). The first thing I asked myself when I was invited to this event was: What on earth is this book about? My mother and I discussed it.
    “I remember semiotics—syntax, semantics, and pragmatics,” I told her.
    She replied, reading from her phone: “Semiotics is the study of signs, symbols, and meaning—that is, how symbols and nonverbal language are interpreted by the brain. It’s fundamental to understanding human communication and the way we interact with the world. For example: graphic symbols, traffic signs, musical notation, and so on.”

    Intrigued, we went to the presentation, which took place a few days before my own book Memorias de Tierra Adentro was presented. What I hadn’t noticed until arriving at Padilla Vega’s book signing at Galería Libertad (in the historic center of the beautiful colonial city of Querétaro) was the subtitle: An Approach to the Works of Tennessee Williams. Suddenly, everything made sense.

    My interest in the subject was immediate. I began reading the book that same evening at my mother’s house—and devoured it in one sitting.

    Because of my love for classic cinema, I was fascinated by this book. Based on his doctoral thesis and with a prologue by Fr. Mauricio Beuchot (Torreón, Coahuila, 1950)—one of the foremost contemporary philosophers of Ibero-America—Padilla Vega analyzes and dissects the work of Tennessee Williams through the lens of semiotics. Moreover, he goes even further, exploring how Williams’s tragic life—his sister’s schizophrenia, his homosexuality, and his addictions—influenced his work.

    The book demonstrates academic rigor without being dull; it is profound and invites reflection. Reading it makes you want to revisit all the classic films based on Williams’s works, analyzing them from a new perspective and unraveling the complex drama of his characters. I found the book truly engaging. Turning this academic research into a literary narrative was an excellent idea.

    Padilla Vega writes:

    «For the semiotic study of Williams’s work in cinema, and for the analysis of the seventh art in general, it is necessary to address the cinematographic discourse and understand the elements that create it, as well as its insertion in the imaginary and in the collective unconscious» (Helvética, p. 50).

    «Both at the individual and social level, when there is awareness of suffering… the possibility arises of taking responsibility for that pain, for that adverse or tragic condition, and of channeling it toward the sublime» (ibid., p. 135).

    Cristian Martín Padilla Vega is also a poet and the author of several works in Spanish: La emancipación del aire (UAQ, 2009), La guitarra y el mar (La Testadura, 2013), El migrante perdido and Diles que no te maten (La Testadura, 2015), Instrucciones para manejar el abandono (UAQ, 2016), and El cuerpo de la vida (UAQ, 2020).

    The Alienation of the Self and the Creativity of Semiotics: An Approach to the Work of Tennessee Williams by Cristian Martín Padilla Vega (Helvética, 2025)
    ***** (Spanish edition)
    Available on Amazon.

    https://samantaechevarria.com/

  • Ese ruido: un cortometraje de Sebastián Isla

    Ese ruido: un cortometraje de Sebastián Isla

    Por Luna Negra

    Hay ruidos que no vienen del exterior, sino de las grietas internas: los ecos de una culpa, un recuerdo o una palabra no dicha. Ese ruido, cortometraje de Sebastián Isla basado en un relato de Juan Antonio Isla, es justamente eso: una inmersión en la conciencia atormentada, en ese instante donde lo cotidiano se distorsiona y la mente se convierte en un laberinto de sonidos y sombras.

    Protagonizado por Diego Calva, el filme propone una experiencia sensorial donde el espacio —una casa, un pasillo, una escalera— se vuelve metáfora del encierro interior. Isla traslada al lenguaje cinematográfico la tensión latente del cuento original, en una pieza que oscila entre la realidad y la percepción distorsionada.

    La cinta, producida por Búho 44, con fotografía de Gabriel Selassie y diseño sonoro de Jerónimo González, se sostiene en una atmósfera de extrañeza sostenida por silencios precisos y miradas que inquietan.

    La proyección de Ese ruido será el 9 de octubre de 2025 a las 17:00 horas en la Cineteca Rosalío Solano, una oportunidad para descubrir cómo la narrativa literaria de Juan Antonio Isla encuentra, en la cámara de Sebastián, una nueva resonancia: la del cine que escucha lo que nadie quiere oír.

  • A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    A Candle for San Simón de Kelly Daniels

    Fue un gusto recibir al autor y profesor Kelly Daniels en mi casa, en Davenport, Iowa (Estados Unidos), para la reunión mensual del club de lectura de las señoras del colegio de mis hijas. En este club se lee muchísimo, pero también se discute —tanto en persona, durante las reuniones mensuales, como en una infinidad de mensajes de texto—, se charla sobre la vida (los hijos, el colegio, los maridos), se ríe y hasta se llora. Además, en cada reunión abundan los platillos y postres para degustar.

    Ingresé al club de lectura por invitación de una de sus fundadoras, la querida Julie, mi vecina y amiga desde hace varios años. Julie, además de tener cuatro hijos adolescentes, ser doctora especializada en psiquiatría y caminar varios kilómetros por el vecindario, lee incansablemente en sus ratos libres. El club lleva más de diez años reuniéndose mes con mes, y yo me apunté hace apenas tres. Antes solía leer en solitario: sobre todo investigación y artículos académicos, lo que llegaba a mis manos o lo que se me antojaba. A veces leía a diario, otras pasaban semanas o meses sin abrir un libro. Pero me gustó la idea de hacerlo en compañía.

    Me impuse el reto de leer 24 libros al año: uno con el club y otro por mi cuenta. Dejé de mirar el celular en los ratos muertos y, en su lugar, empecé a leer, cargando siempre un libro en mi bolso. Al año siguiente leí 27, y el año pasado fueron 30. Sin embargo, algunas de las integrantes del club llegan a leer hasta 50 libros al año.

    En general, al norteamericano le gusta sentarse a leer; lo encuentra atractivo después de una larga semana laboral, aparte de Netflix. Desde la infancia, gran parte del vocabulario en inglés se aprende de memoria —con las famosas sight words— y, en las escuelas, la lectura recibe gran impulso. Algunos conservan ese hábito. Según estadísticas recientes (bookbrowse.com), alrededor de 13 millones de personas participan en clubes de lectura en Estados Unidos, aunque las cifras precisas varían de acuerdo con la fuente y la metodología. Se cree que el crecimiento de estos clubes se relaciona con la interacción social posterior a la pandemia y con el auge de comunidades en línea como #BookTok, donde los videos de recomendaciones se multiplican exponencialmente. La participación aumenta con un mayor nivel escolar y, lo más importante, hoy en día una parte significativa de los miembros son mujeres. A diferencia de décadas pasadas, hoy son ellas quienes más leen, sobre todo ficción.

    Me gusta ser parte de este club y obligarme a leer en inglés, porque aquí se lee casi de todo. Desde que lo frecuento, me he acercado a autores que no habría conocido de otra forma, porque no son los nuestros: los hispanos, los que escriben en español o los pocos que todos conocen traducidos por las grandes editoriales. En el grupo, todas proponemos al autor y al libro del mes, y se somete a votación. Las propuestas varían y, aunque no todas asisten a las reuniones por compromisos sociales, la mayoría lee y participa en la discusión. Esta vez mi propuesta fue Daniels, y la aprobación fue unánime.

    La invitación a Kelly Daniels surgió de mi deseo de acercarme a autores locales y leernos entre nosotros, después del increíble éxito del tour de mi libro Memorias de Tierra Adentro (publicado este verano con editorial Helvética). Tras volver de Querétaro con el corazón lleno de tantos extraordinarios encuentros literarios, decidí seguir el mismo impulso en mi ciudad e involucrarme más en el ámbito literario local en Estados Unidos.

    Conocí a Kelly Daniels, doctor en Literatura por la Universidad de Western Michigan, hace muchos años, como colega y amigo en la Universidad Augustana College, en Rock Island, Illinois, donde es profesor de escritura creativa en la Facultad de Lengua y Literatura Inglesa. También conocí a su encantadora esposa, gran amiga mía. Sin embargo, nunca había leído su obra.

    Daniels tiene una vida interesante: oriundo de California, creció en una comuna en Hawái durante los años ochenta, pues sus padres se involucraron en la ideología y el movimiento hippie. Más tarde, en su juventud, viajó de mochilero por Europa, México y Centroamérica, antes de estudiar el doctorado y convertirse en profesor. Hace varios años publicó sus memorias en el estupendo libro Cloudbreak, California (Owl Canyon Press, 2013), donde relata estas experiencias. También ha publicado ensayos y cuentos en diversas revistas literarias, contribuye regularmente a la revista Sun y es uno de los conductores del popular pódcast The Moon Under Water —disponible en YouTube, Spotify y redes sociales—, donde conversa con su co-conductor, Steve Jones, sobre temas literarios y de cultura pop, en un tono irreverente.

    A Candle for San Simón (Owl Canyon Press, 2020) es su primera novela. Inspirada en sus viajes de juventud, la historia tiene como escenario Guatemala. Sin hacer spoilers, narra la vida de un norteamericano con recientes convicciones religiosas y misioneras que viaja de California a Guatemala en busca de su padre: un alcohólico empedernido y fracasado que lo abandonó de niño para irse a “perder al sur”. Ese padre aún bebe en un bar local y, para subsistir, conduce un autobús de pasajeros, que termina convirtiéndose en protagonista de la trama.

    En Guatemala, el padre está endeudado con un gánster por el cobro de piso, extorsionado por el jefe de policía y presionado por las maras, que buscan que “El Gringo” los ayude a traficar armas, drogas y mujeres en su autobús. El caos arrastra a todos en medio de esa vorágine. Daniels refleja con crudeza la realidad de algunas zonas de Centroamérica y plantea reflexiones sobre religión, moralidad, supervivencia, secuestro y violencia, traición, abandono, adicciones, gentrificación y la fragilidad de la vida. Algunas escenas contienen violencia física y sexual, pero también se narra una historia de amor entre los protagonistas, se exploran diferencias culturales y se profundiza en las complejas relaciones entre padres e hijos.

    Aunque algunas partes resultan difíciles de digerir por su crudeza y lenguaje, la novela ofrece lecciones de vida, abre espacio a la reflexión y plantea, al final, una esperanza utópica para Centroamérica. Es una historia con potencial para llevarse al cine o a la televisión.

    El libro me recordó dos lecturas de autores que admiro: la extraordinaria The Power and the Glory (1940), de Graham Greene, y La reina del sur (Alfaguara, 2010), de Arturo Pérez-Reverte.

    A Candle for San Simón ★★★★★
    (Versión en inglés)

    Su libro está disponible en Amazon, Barnes & Noble y Walmart.

  • Círculo de creación poética en el MACQ

    La poesía vuelve a tomar un lugar central en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ) con el Círculo de Creación Poética, un espacio pensado para quienes desean explorar la palabra desde la colectividad y el cruce con la realidad que nos atraviesa.

    Este círculo no es un taller convencional: se trata de un espacio horizontal donde se comparten textos, ideas y borradores, con el propósito de construir juntos una experiencia literaria viva y cercana. La iniciativa será acompañada por Ricardo Escartín, poeta y narrador cuya obra se ha consolidado en el panorama contemporáneo con títulos como Uno que otro beso, Yo Nahual, El hilo que remienda y su más reciente publicación Los Boxeadores (Editorial Casa Bonsai, 2025).

    Con una amplia trayectoria como formador de escritores y coordinador de talleres, Escartín invita a quienes buscan un lugar de encuentro con la poesía a sumarse a este proyecto.

    📍 Museo de Arte Contemporáneo Querétaro (MACQ)
    🗓️ Sesión informativa: 04 de octubre, 5:00 PM
    📚 4 sesiones | Cooperación voluntaria

    Un espacio para dejar que la poesía se escriba y se viva en comunidad.