Etiqueta: Literatura

  • Coordenada Artística: KOUTSOMPOLÉVOPATÍA*

    Coordenada Artística: KOUTSOMPOLÉVOPATÍA*

    Imagen: Europeana

    —Hola, buenas tardes.

    —Buenas tardes.

    —¿Todo está bien?

    —Sí, bueno, te cuento que el día de hoy Erika llegó tarde, se quedó platicando con Tomás en el café de la esquina. Él la cita ahí para esconderse de Lidia, porque es una tóxica. Le llama como cuarenta veces al día y lo stalkea todo el tiempo en redes; dicen que hasta creó un perfil falso para espiarlo. A mí una vez hasta me empujó sólo porque se me ocurrió hablarle a Tomás para que recogiera su correspondencia. ¿Tú crees?

    Y luego, ¿ya supiste que Beto le mandó una nude a Gina?, no sé cómo, pero la foto ya anda rolando por el whats, y ¿qué te digo?, ahora Beto hasta tiene un club de fans. Y yo creo que discutieron por eso, porque por las cámaras de recepción, vi que Gina llegó entró llorando, igual y ya terminaron. ¿Será?

    —Señora, me refiero, a que ¿si todo está bien con su pedido?

    *Koutsompolévopatia: Del griego κουτσομπόλης. Sustantivo masculino: chismoso (aquel que habla de terceros partidos, a menudo negativamente). Y del griego πάθεια: sufrir, experimentar, padecer. Irrefrenable impulso por contar chismes.

    Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de Sentimientos, Toc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.

  • Hojas sucias / Letras de Emergencia 27

    Hojas sucias / Letras de Emergencia 27

    JF, Q, viernes 11-Jul-2025.

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    Las hojas de los días caen como caen las hojas de la vida, hojas limpias y sucias.

    Edmundo: La mejor definición de la Sheinbaum es la de Savater: «Es López Obrador sin gracia». Cuídate, échale paciencia y sigue atormentado buscando la palabra exacta.

    Final Copa Oro Estados Unidos-México… Himnos… Comerciales… Gol de EU… Gol de México… Gol de México… Un juego apretado. Buenos goles. México venció 2-1 y es campeón de la Copa Oro 2025. Gran alegría para el público mexicano-americano de allá y acá.

    El canario en huesos todavía canta. ¿Qué canta? La vida y la muerte, el amor y la pelea, la amistad y la adversidad…

    Como decía Eduardo Nicol: «Es necesario ejercer el magisterio de la interrogación».

    Nueva transferencia de la UAQ por 3,750 pesos (4-Jul-2025, lo de siempre), gracias.

    No precipites las cosas. Un día malo puede ser un día bueno. Dignidad en la adversidad.

    ¿Renovarse o morir? Los viejos redoblamos nuestros vicios y defectos. Letras de Emergencia 27 y Letras en Movimiento 19.

    Cae el sol sobre mi piel desnuda, brazos, piernas, cara, muy agradable, la certeza y la dicha de estar vivo.

    Las explosiones de odio envenenan la vida social y familiar-personal.

    Una hojita amorosamente armada con la retacería encontrada.

    Voy casi en cámara lenta frente a la prisa del mundo allá afuera.

    Dos semanas vitales rumbo al 19 de julio.

    Perdido en un mar de direcciones, nombres, calles, en duermevela.

    Luz, mucha luz, pura luz, bendita luz, en el silencio y la oscuridad.

    El ruido de las llantas y los motores no deja oír el dulce trinar de las aves.

    El viejo y el hombre llamado Solo, solos los dos. Oscuridad. Silencio. Soledad. Diario del viejo. Lo lee Solo. Cada mirada es otra interpretación, otra perspectiva, una rendija del mundo.

    Las palabras esenciales me persiguen: dignidad, adversidad, vivir, sobrevivir, no hundirse, resistir, pelear…

    El hambre, el frío, el miedo. La última mirada al cielo. Dos películas de Gillo Pontocorvo. La otra es Queimada, con Marlon Brando, 1969.  

    Mundial de clubes, semifinales y final. Quedan cuatro: Fluminense, Chelsea, PSG y Real Madrid. ¿Quiénes disputarán la final?

    Carísimas las cosas en los súpers de la colonia fifí y las banquetas como las de la Presidentes.

    Mala noche. No llegó el sueño reparador. Excelentes actuaciones de Marlon Brando y del esclavo negro José Dolores. Historia conocida y repetida. Gran música de fondo de Ennio Morricone.

    PSG borró 4-0 al Real Madrid. Sin palabras. Un concierto de buen futbol de los ganadores. Un acordeón. Esperaba un juego apretado y no tan desigual. PSG-Chelsea será la final del Mundial de Clubes el domingo 13-VII-2025. ¿Quién es el gran favorito?

    Como hay un último concierto hay una última palabra. Que es el principio y el fin. El ciclo se repite y parece interminable.

  • Primeras palabras

    Primeras palabras

    Sentado en un banco, atado con una bufanda que a veces era obra de su madre y otras del hermano de su madre, el niño observaba el mundo sin moverse. No porque no pudiera, sino porque no encontraba razón para hacerlo. Todo lo que le interesaba era lo que podía ver, tocar, oler, probar. Nunca se perdía en fantasías ni se distraía con juegos imaginarios: la realidad era suficiente, y lo demás le resultaba ajeno. Nadie parecía alarmado: comía bien, no mostraba dolor y su salud nunca fue motivo de preocupación. Tonto no era: rechazaba lo que no le gustaba, salvo que lograran convencerlo de que aquello era comestible y que, quizá, podría gustarle. No bastaba con insistir: hacía falta una buena charla, una invitación a descubrir, no una orden ni una explicación vacía.

    El banco era siempre el mismo, uno de los que estaban afuera del puesto de comida, que un día decidieron meter adentro para colocar al niño ahí. A veces, el frío de la mañana se colaba por las rendijas y le hacía temblar, pero nadie parecía notarlo. La bufanda, más que abrigo, era una soga suave que lo mantenía en su sitio, como si el mundo temiera que, de soltarse, pudiera perderse para siempre. Los adultos pasaban de largo: algunos con miradas de lástima, otros con indiferencia. Nadie preguntaba por qué no jugaba, por qué no reía, por qué no hablaba.

    No era que no pudiera hablar, simplemente no tenía nada que decir. Todo lo entendía, y cada detalle, cada gesto, cada palabra quedaba registrado en su mente con una precisión casi dolorosa. El hermano de su madre, paciente y atento, atendía a los clientes del puesto de comida mientras conversaba con ellos. La mayoría de las pláticas le parecían insulsas, carentes de profundidad, pero de vez en cuando llegaba alguien con una algarabía contagiosa o con un conocimiento tan nuevo que lo embelesaba y lo dejaba pensando durante días. Su madre y el hermano de su madre, en cambio, llenaban el aire de conversaciones profundas, de temas complejos que lo mantenían ocupado, saciando su hambre de conocimiento.

    Había días en que la soledad era tan densa que podía sentirla en la lengua, como un sabor amargo que no se iba ni con el mejor de los dulces. No prestaba atención a otros niños ni le interesaba lo que hacían; su mundo giraba en torno a dos necesidades: el hambre de conocimiento y el hambre de comida. Nadie se acercaba. Nadie intentaba entenderlo. Los adultos, cuando se dignaban a hablarle, lo hacían con palabras huecas, con diminutivos que le resultaban insultantes: “¿Quieres agüita? ¿Quieres un dulce?”. Él solo quería que le hablaran de verdad, que le preguntaran qué pensaba, su opinión sobre cualquier cosa.

    Con el tiempo, los libros dejaron de ser solo para los adultos: ahora leían en voz alta para él. La lectura, antes refugio de los mayores en los ratos libres, se convirtió en un ritual compartido. No escuchaba para imaginar, sino para entender: pedía respuestas, datos, explicaciones. Las historias fantásticas le resultaban irrelevantes; prefería los relatos donde todo podía comprobarse, donde nada quedaba a la interpretación. Los días pasaban, y la rutina le resultaba grata. Solo existían tres cosas en su mundo: hambre de alimento, hambre de conocimiento y una sensación rara.

    Pero incluso la rutina puede volverse cruel. Había tardes en que el hambre de conocimiento era tan grande que dolía, un vacío en el pecho que no se llenaba ni con las mejores lecturas de unas horas antes. A veces, el hermano de su madre estaba demasiado ocupado para leerle, y entonces el niño se quedaba mirando un punto fijo, repasando mentalmente lo que había aprendido, reconstruyendo detalles de la realidad, nunca inventando nada. No sabía cómo imaginar: su mente no fabricaba mundos, solo ordenaba lo que ya existía.

    En esos momentos de pausa, notaba que la casa seguía vibrando con la energía de su madre. Ella no se detenía nunca: siempre inventando algo nuevo, preparando la mejor comida, buscando sorprender a todos con algo diferente e innovador. Eso lo confundía. Sus silencios no eran de cansancio, sino de concentración, de estar tramando la siguiente maravilla. Así, mientras el niño se refugiaba en la realidad y el conocimiento, la madre tejía a su alrededor un mundo de posibilidades concretas, de sabores y sorpresas tangibles.

    Así durante un número incalculable de días. No había prisa, no había necesidad de apresurarse. La vida transcurría tranquila, entre lecturas, comidas y silencios compartidos.

    Hasta que un día, algo cambió. Un nuevo sentimiento irrumpió en su vida: la ira. Todo ocurrió mientras escuchaba una lectura sobre edificios, muy técnica… hermosa; por fin comprendía cómo se mantenían en pie las construcciones cercanas. El hermano de su madre, como siempre, le explicaba con detalle cada elemento del entorno. A diferencia de otros niños, a él no le hablaban con diminutivos ni simplificaciones; sabían que distinguía alimentos, bebidas, y sabía perfectamente cuáles prefería y por qué. Parecía entender todo lo que se le leía.

    Ese día, sin embargo, la lectura fue interrumpida por la llegada de un hombre desconocido. Era uno de esos clientes que nunca miran a los ojos, que hablan fuerte para que todos los escuchen, pero que no dicen nada. Se acercó al niño y, sin pensarlo, comenzó a hablarle como si fuera un animal cualquiera, con una voz chillona y palabras torpes. “¿Quién tiene tu nariz? ¿Sabes aplaudir? A ver… di Ma… Ma…”. El niño sintió una punzada en el pecho, una mezcla de vergüenza y rabia. ¿Por qué todos asumían que era menos pensante que una bestia? ¿Por qué nadie veía lo que pasaba por su mente?

    La palabra salió como un disparo, clara y fuerte, cargada de todo el desprecio que sentía. No era una palabra bonita ni amable, pero era suya. Por un instante, el mundo se detuvo. El hombre se quedó boquiabierto, incapaz de responder. El hermano de su madre, al escuchar la voz, dejó caer todo, incluso el dinero sobre la mesa, y gritó: “¡Está hablando! ¡Está hablando!”. La madre llegó corriendo, pero no hubo lágrimas ni abrazos, solo una mirada de satisfacción, como si al fin hubiera hecho lo que se esperaba de él.

    Después de ese día, todos querían escucharlo hablar. Le hacían preguntas tontas, le pedían que repitiera palabras, que dijera su nombre, que contara hasta diez. Nadie parecía interesado en lo que realmente pensaba. Nadie preguntaba por lo que observaba, por lo que entendía del mundo real. El niño, agotado, dejó de hablar tanto como pudo. Descubrió que el cansancio era el único refugio, el único lugar donde nadie podía alcanzarlo, donde podía ser solo él, sin expectativas, sin decepciones, sin la presión de fingir que podía soñar o imaginar.

    Los días siguieron, y con ellos, nuevas explosiones de ira, nuevas palabras que sorprendían y descolocaban a quienes lo rodeaban. No todos estaban preparados para un ser así, tan pequeño y tan ajeno a lo esperado. Apenas tenía unos cuantos años vividos, y ya el mundo parecía no saber dónde ponerlo. La infancia apenas comenzaba a mostrar su verdadero rostro: uno donde la realidad era la única guía, y la incomodidad de los demás, una constante.

    Foto de Xiaohang Zhang en Unsplash

  • Techo / Letras de Emergencia 26

    Techo / Letras de Emergencia 26

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    JF, Q, viernes 4-Jul-2025.

    Se trastocaron los planes y todo cambió de ruta. Vuelta a empezar. ¿Cuál es el hilo?

    Vuelven las malditas y benditas preguntas.

    Es humano interrogarnos y dudar.

    Buen artículo de Edmundo González Llaca (“Exorcizando mis fantasmas políticos”, El Jicote, Diálogo Q, 24-Jun-2025), hay que ver la segunda parte de su exorcismo. ¿Poco a poco o de golpe nos convertimos en lo que odiamos? ¿Es el caso de Andrés Manuel López Obrador? ¿Dios del poder? ¿La verdad o la justicia o el poder? Reflexiones críticas en torno a la 4T y el sistema mexicano. ¿Qué piensan y que dicen los ciudadanos? (La segunda parte el próximo viernes, si vivos, 11-Jul-2025).

    ¿Cuál era la idea original del techo? Que todos tenemos un techo, que es elástico y se rompe.

    Van y vienen las ideas y me dejan exhausto.

    No agotes las ideas ni las fuerzas, deja algo para mañana, cuando el agua vuelva a fluir. Allí va la bestia negra, mugiendo.

    Dos películas fallidas ayer con Marina. Una no la pudimos ver y la otra nos sacó de onda. Y las moscas. El pollo a la plancha estuvo rico.

    ¿Es AMLO el payaso continental americano? Carlos Fuentes y JCMR a propósito de Hugo Chávez. El político y el contexto.

    Recibí transferencia de la UAQ por 3,750 pesos. Gracias.

    Nada compensa la carestía de la vida, semana a semana, en el súper, el mercado, los Oxxos, las tiendas de la esquina.

    Como sea aún tengo recursos y es mejor poco que nada. Ya hice el trabajo de la semana. ¿Qué haré ahora? Ver futbol, cine, poesía, hacer los ejercicios del cuerpo y la cabeza. Preguntar y dudar.

    –Edmundo: «Otro caso dramático de némesis son los judíos: víctimas del holocausto y ahora verdugos de un genocidio» (28-Jun-2025).

    –Los políticos y los intelectuales se arrojan con saña puñados de arena en los ojos. Algunos se han quedado ciegos: ven sólo sus fantasmas, sus obsesiones. La mayoría ha perdido el habla, no la voz: gritan sin parar. ¿Cómo acabará todo esto? No lo sé. (OP, gracias a Casa Octavio Paz). Gracias a nuestro clásico siempre contemporáneo.

    38 días sin salir a la calle. Ya hice mis ejercicios. Bajé y subí las escaleras casi clandestinamente. Con seguridad.

    Veo de lejos la realidad del mundo.

    –La realidad y los temas sociales son siempre una gran fuente de inspiración para crear historias. Santiago Requejo, cineasta español. Crear historias arriesgando el pellejo.

    Replegarse es otra manera de seguir y estar en el frente. Sin bajar la guardia.

    Comida con Marina y me trajo buena despensa, gracias. Falta mi milanesa con papas, jajaja.

    Gracias al amigo Carlos Campos por publicar mis textos en la Revista Luna negra:

    Ana Rosa, nueva amistad gracias a JAEN, qepd, amén.

    Maestra exigente monitorea mis ejercicios malhechos y me regaña.

    Amistad, fraternidad, exigencias de amor, crítica solidaria.     

  • Estado de sitio / Letras de Emergencia 25

    Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

    JF, Q, viernes 27 de junio del 2025.

    Enigma político contemporáneo.

    AMLO es el político mexicano de la segunda mitad del siglo XX y primera del XXI.

    Nadie como él entre nosotros, es fácil condenarlo, es humano reconocerlo.

    El tiempo y los otros confirmarán lo que vemos y no vemos.

    ¿Es posible suspender el juicio y no equivocarse?

    No somos marionetas del destino, pero sí damos maromas en el tiempo.

    La peste de los buenos no blanquea la peste de los malos.

    Nada quedará de ti, palabrero, salvo quizá tus palabras.

    “Pasan / los semi-dioses desnudos / con pata de palo, tuertos, / diamantes y zafiros machacados, / el ritmo, roto, / el agua, seca. / Sería horrible morir en este día / en que ya todo está muerto…”. Carlos Pellicer, “Poema aislado”, 1970. (Gracias a Malva Flores).

    (Con problemas para poner el punto y coma, la M, la C, la V).

    Enigma electrónico personal.

    ¿Con quién dialogas, palabrero? Con la lluvia del tiempo.

    Fuera del ChatGPT. Sin ninguna ayuda.

    Como un pobre palabrero. Sin acordeones.

    Me paro a limpiar la mesa extraña y lavar los trastes del fregadero.

    Desconcentrado de mis humildes palabras.

    Día de futbol y cine. Últimas entregas de junio. ¿Y luego

    ¿Cuánto tiempo estaré más aquí, maniatado?

    Gracias por sus palabras de aliento y buenos deseos Alejandra, Germán, Efraín y estimada vecina y casera (saludos a don Manuel). Estoy bien, en lo posible y haciendo mucho ejercicio para recuperarme de la operación de la cadera. Y falta la de la hernia. Pues sí, ya viene el mes de julio y entonces festejaremos todo el mes. Saludos y gracias por sus buenas vibras. Fraternalmente, Julio F., Q, lunes 23-Jun-2025.

    Al fin ha amainado la lluvia. Sabe bien el café con mi galletita.

    ¿Con quién dialogas? Las palabras hablan unas con otras y con el silencio. Silencio en la cuadra ajena y extraña.

    ¿Cuál es mi sitio en este estado de sitio?

    ¿Cuál es tu sitio en tu propio y ajeno estado de sitio? Ese es el dilema y la libertad de la vida.

    No son preguntas retóricas, son preguntas y respuestas personales de adentro.

    30 días lejos de casa y encerrado sin salir de este departamento del sur oriente de la ciudad. ¿Aguantaré otro mes encerrado?

    Veo Papillon (de Franklin J. Schaffner, 1973, con Steve McQueen y Dustin Hoffman), quien pasó años encerrado en la celda de castigo de la Isla del Diablo. Ya recorriste buena parte del camino y no hay final ni salida, ya lo sabes palabrero.

  • De Berlín a Tlatelolco: una historia a tres voces y tres países

    Un oficial nazi fugitivo, una joven chiapaneca marcada por la historia cafetalera del sur de México y un guionista de Hollywood exiliado por la persecución anticomunista: tres destinos que no deberían cruzarse, y sin embargo, lo hacen. Así es De Berlín a Tlatelolco (Par Tres, 2025), la novela escrita a cuatro manos por Sabine Schütze y Alejandra Camposeco, que inaugura una trilogía ambiciosa donde la historia se entrelaza con la ficción para iluminar un periodo clave del siglo XX.

    La novela, recientemente publicada, abarca un periodo que va de 1945 hasta el terremoto de 1957 en la Ciudad de México. Pero sus ecos alcanzan el movimiento estudiantil del 68, al cual las autoras planean llegar en los próximos volúmenes. «La idea original era escribir una novela histórica entre Alemania y México. La Segunda Guerra Mundial, y en especial los campos de concentración, han sido temas que siempre me han fascinado», explica Schütze. La autora de origen alemán ya había abordado ese contexto en su novela Querido soldado desconocido, por lo que quedarse en esa época resultó natural. «Había leído libros como The Ratline o The Odessa File, y me impactó descubrir cuántos oficiales nazis lograron escapar sin enfrentar consecuencias».

    Esa fascinación se volvió motor creativo cuando Schütze descubrió que muchos alemanes emigraron a México antes incluso de la guerra, especialmente a fincas cafetaleras del sur. Algunos de sus descendientes terminaron combatiendo en la Segunda Guerra Mundial, pese a haberse criado en territorio mexicano. De allí nació el personaje de Ana, hija del ama de llaves de una familia alemana en Chiapas.

    Alejandra Camposeco recuerda que al inicio ni siquiera sabían qué periodo exacto abarcaría la novela: «Yo propuse algunas fechas al azar, y al final Sabine y yo decidimos ir del fin de la guerra hasta la matanza de Tlatelolco». Esa decisión no fue menor. No sólo establecía el marco histórico de la trilogía, sino que permitía incorporar otras tensiones de la posguerra, como la persecución anticomunista en Estados Unidos, especialmente en Hollywood, encabezada por el senador Joseph McCarthy.

    Fue así como surgieron los tres protagonistas centrales: Otto, un oficial de la SS que huye de Europa; Ana, una joven chiapaneca atrapada entre dos mundos; y Bill Brown (BB), un guionista estadounidense que escapa de la “lista negra” de Hollywood y llega a México buscando una nueva vida. «Lo genial de esta colaboración es que Sabine aporta toda esa riqueza cultural alemana que yo nunca habría imaginado, y yo sumo la perspectiva mexicana. Lo difícil fue la reescritura para que no se notaran los cambios de pluma», confiesa Camposeco.

    El rigor de la investigación histórica es una de las fortalezas del libro. Las autoras encontraron que San Carlos de Perote, una antigua fortaleza en Veracruz, fue usada como campo de detención para ciudadanos del Eje durante la guerra. La información era escasa, pero lograron rastrear publicaciones como Perote y los nazis de Carlos Inclán Fuentes y testimonios de investigadores que documentaron esos episodios poco conocidos.

    Otra dificultad fue comprender la devastación cafetalera ocurrida en 1957. Gracias a Ma. Amalia Toriello, quien escribía un libro sobre la finca Hamburgo en Chiapas, supieron que un viento violento defolió las plantas, dejándolas improductivas por años. Ese tipo de detalles, que podrían parecer anecdóticos, enriquecen el trasfondo narrativo.

    Camposeco admite que nunca había incursionado en el género histórico. «Imaginaba que requería investigación, pero la realidad fue abrumadora. Aunque debo decir que fue también la parte más divertida. Me encantó aprender tanta historia, y lograr que los hechos se convirtieran en un escenario sin que pareciera que intentamos dar una lección».

    El libro aborda temas complejos como la culpa, la obsesión, el amor y la redención, pero lo hace desde la contención emocional. «Nunca nos ha gustado el melodrama», dice Camposeco. «ambas somos secas y pragmáticas, aunque creo que tenemos un alma romántica escondida por ahí». Schütze coincide: «Otto encarna la crueldad nacida del vacío y del miedo a perder el control; Ana y Jürgen viven un amor imposible desde el inicio. La culpa está presente en todos, no como castigo, sino como compañía».

    Un contexto que destaca en la novela es la persecución macartista en Hollywood. Camposeco recuerda que el detonante fue la película Trumbo: la lista negra de Hollywood, con Bryan Cranston. Le interesó la idea de que el comunismo, tan presente en la posguerra, también impactó en México, donde el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista comenzaron a influir en la juventud: «El personaje de Bill Brown escapa de Hollywood porque no quiere involucrarse, pero termina enfrentándose a esa ideología como profesor en la UNAM. En el segundo tomo hablaremos de la revolución cubana, que también forma parte de este telón de fondo».

    La trilogía está cuidadosamente planificada. El segundo volumen continuará después del sismo de 1957, y llegará hasta 1963. El escenario regresará a la finca cafetalera, ahora golpeada por un entorno hostil. Los Wächter, la familia alemana, intentarán recuperar el control mientras la tensión entre Otto, Ana y Jürgen se intensifica. También aparecerá Acapulco en su época dorada, como otro de los espacios donde se despliega la narrativa.

    La tercera parte, como anticipa el título, llegará a la tragedia de Tlatelolco en 1968. «Nos interesa mostrar cómo ciertos procesos históricos, aparentemente desconectados, terminan por confluir en un mismo país, en una misma historia. Porque la historia, como la memoria, no es lineal. Es una red de ecos y resonancias».

    De Berlín a Tlatelolco no es solo una novela histórica; es una exploración de lo humano desde la ficción documentada. Una historia escrita por dos autoras que se complementan no solo en estilo, sino en visión del mundo. En un momento donde la literatura mexicana y latinoamericana busca nuevas formas de narrar el pasado, Schütze y Camposeco han encontrado una voz compartida que, sin caer en simplificaciones, ilumina los claroscuros de una época crucial.

    Y esto apenas comienza.

  • Una tarde para recordar: Samanta Echevarría presenta Memorias de Tierra Adentro

    Querétaro, Qro., domingo 22 junio 2025.— La lluvia no logró empañar el ánimo de una tarde que quedará grabada en la memoria de quienes asistieron a la emotiva presentación del libro Memorias de Tierra Adentro de Samanta Echevarría, en el histórico Mesón de los Cómicos de la Legua. Cuando escampó, parecía que incluso el clima se alineaba para abrir paso a un evento profundamente conmovedor y literario.

    Editado por Helvética, sello independiente que apuesta por voces significativas y personales, el libro fue presentado por un panel de lujo: Carlos Campos, editor de la obra; Eduardo Rabell, cronista del municipio de Querétaro y autor del prólogo; Ana Arias Servín, periodista, editora y crítica literaria; y, por supuesto, la autora, que compartió con profunda emotividad y gratitud desbordante el proceso íntimo de reconstruir su historia familiar.

    Carlos Campos destacó que Memorias de Tierra Adentro es un libro que «no idealiza el pasado ni romantiza la pobreza o la violencia doméstica. Echevarría escribe con la lucidez de quien sabe que las raíces también duelen y que sólo al narrarlas podemos comprendernos mejor».

    Por su parte, Eduardo Rabell subrayó la capacidad de la autora para tender un puente entre la historia personal y los grandes momentos de la Historia de México: del Segundo Imperio al constitucionalismo, del conservadurismo al presente. «Es un diálogo entre memoria y nación», señaló.

    Ana Arias Servín fue enfática al reconocer la sensibilidad narrativa de Echevarría: «Tiene la magia que sólo las autoras mexicanas saben imprimir: la de pintar con palabras dos paisajes al mismo tiempo —el íntimo y el colectivo— desde la Conquista Española hasta nuestros días».

    La autora, queretana radicada en Estados Unidos desde hace dos décadas, compartió que fue en conversaciones cotidianas con su familia donde comenzaron a revelarse fragmentos de una historia que terminó convirtiéndose en un rompecabezas lleno de revelaciones: “La Historia de México se desplegaba ante mis ojos”, confesó.

    A través de 13 relatos, Memorias de Tierra Adentro entrelaza la crónica familiar con el relato nacional, con una mirada que no olvida el rigor histórico, pero que está sostenida por una escritura cálida y profundamente emocional.

    La presentación fue acompañada por la presencia de personalidades del ámbito cultural y político, como la secretaria de Cultura del Estado de Querétaro, Ana Paola López Birlain, en representaciónde Mauricio Kuri González, gobernador del Estado, quien reconoció el valor de esta obra: «Uno se siente orgulloso de ser queretano cuando puede, a través de relatos como este, conocer quiénes hicieron esta historia maravillosa. Sigamos promoviendo nuestra identidad, porque eso es lo que nos hace grandes».

    La jornada concluyó con una cálida firma de libros y la participación de una orquesta de cámara, sellando una noche que celebró la memoria, la escritura y el amor por las raíces.

    Memorias de Tierra Adentro confirma a Samanta Echevarría como una narradora imprescindible para entender el presente a través del pulso íntimo del pasado. Una apuesta valiente que Helvética edita con la convicción de que recordar también es una forma de sanar.

    *Fotografías de Mónica Zárate

  • Brújula

    Fotografía: Aaron Burden

    Era un hombre que nunca tuvo un lugar fijo. Ningún sitio lo hacía sentir en casa. La tristeza de saberse un paria lo perseguía. Estuvo en muchos lugares, aunque nunca se estableció en ninguno.

    Conoció a mucha gente, pero nunca formó un lazo afectivo. Cruzó ríos, pero nunca mojó sus pies en ellos. Conoció la miseria humana, la mezquindad, pero también la bondad, aunque su corazón no distinguía un sentimiento del otro. Caminó muchas veces por diversos senderos, a veces con lluvia, otras bajo un sol insolente. Pero siempre volvía al mismo lugar: una porción de tierra a las orillas de un pueblo pequeño, de no más de cincuenta casas.

    Cuando llegaba ahí, se liberaba de su equipaje y lo colocaba a su lado. Él se hincaba en el suelo polvoriento. La aridez que reinaba en ese lugar se parecía muchísimo a él: seco, olvidado y terriblemente vacío, sin vida. Una vieja casa en ruinas le recordaba su vida: destruida.

    Aunque nunca se lo dijo a nadie, cuando llegaba a ese lugar su mente retrocedía años atrás, y en sus recuerdos esa tierra árida florecía. El viento le regalaba un aroma a flores, y escuchaba el bullicio que provenía de aquella casa de paredes rosadas, con ventanas rústicas en forma de arco. Las jaulas colgadas al exterior albergaban una media docena de pajarillos que no dejaban de trinar y hacer ruido durante todo el día.

    Y luego, el pasillo. Era largo, con helechos a su alrededor y un aroma campestre, a humedad, a vida. Las vigas que sostenían esa casa eran de madera, y las paredes del interior dejaban ver los ladrillos de barro con que estaba construida. Las voces de la gente que habitaba aquella casa dejaban imaginar la alegría que los inundaba. Siempre había un motivo para estar felices: la llegada de la primavera, una lluvia que refrescara con su olor húmedo la casa y sus alrededores, el nacimiento de alguna cría de los animales que habitaban el lugar: pajaritos, gallinas o algún conejo.

    El hombre se perdía en estos pensamientos y se olvidaba del tiempo y del lugar mientras su cabeza lo trasladaba a los años felices y maravillosos. Podía oler el aroma de la comida que emanaba de aquella cocina que tenía en la esquina una estufa pequeña, pero que siempre estaba caliente de tanto usarse. Si no estaba cocinando algún tipo de mole, estaba hirviendo alguna gallina. A su costado, un trastero de madera casi derramaba los jarros y platos de barro que contenía. Había una mesita que hacía las veces de comedor, y junto a ella, una tinaja de barro que conservaba el agua helada y con un sabor a tierra.

    Después de horas de evocar esos recuerdos, el hombre volvía a su realidad, e inevitablemente las lágrimas asomaban a sus ojos. Sobre todo porque siempre el recuerdo más maravilloso llegaba al final: una joven mujer saliendo de la cocina, portando un delantal de flores que cubría parcialmente su vestido color naranja. Su pequeña figura caminaba lenta pero dulcemente, como si flotara. Sus huaraches, de cuero con dos correas delgadas, apenas tocaban el piso. Y su cabello, suelto al hombro, negro como el azabache y con olor a durazno.

    Detrás de ella asomaban dos caritas sonrientes. Esas pequeñas parecían tener destellos que alumbraban todo a su alrededor. Esa imagen era, para él, un retrato de la felicidad.

    Y luego, el recuerdo cruel: aquel incendio en el pequeño poblado, cuando los hombres estaban fuera, en las actividades comunales, sembrando para cosechar y repartir entre todos el fruto del esfuerzo. Pero esa tarde no pudieron estar donde sus mujeres fueron incapaces de detener la desgracia.

    El recuerdo fue tan vívido que pudo verse el resplandor del fuego en sus pupilas. Solo duró un instante, antes de dar paso a un torrente de lágrimas que bajaban por su rostro. Era incapaz de sentir algo más que el calor de ese líquido que corría por sus mejillas, como si al mojar su rostro pudiera lavar sus heridas. Era inevitable: el dolor lo hacía huir a cualquier parte. Sin embargo, la brújula de su sentir lo hacía regresar inevitablemente al mismo lugar. A su lugar.

    Era incapaz de abandonar sus recuerdos. Le llevó su vida, y la vida de ellas, hacer esa pequeña colección de momentos que inmortalizó en la memoria.

    Toma sus cosas, las carga nuevamente al hombro y vuelve a comenzar el viaje, aunque está seguro de que su brújula lo guiará en algún momento de regreso a este, su lugar. Voltea a ver la vieja casa, y luego el polvoriento piso. Les dirige una triste mirada que carga una promesa: «volveré pronto».

    Alma Rosa Olvera Santos
    Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.

    *Foto de Aaron Burden en Unsplash

  • Lo que nadie te ha dicho de la Poesía Open Mic

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    Un día voy a escribir un libro sobre la impuntualidad de los poetas mexicanos.

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    Llevo 11 años organizando noches de poesía open mic. La primera sesión se llamaba Poesía precoz, porque en ese entonces, junto con unos amigos de la SOGEM, apenas comenzábamos a escribir poemas. Se nos hizo provocador poner como encabezado: Lo más selecto de la cultura queretana invita.

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    A veces me da el ímpetu de organizar noches de open mic cada mes; otras, cada dos o tres. La última vez fue en 2024, bajo el pretexto de invocar a la lluvia. Y al otro día llovió.

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    Luego me entra una hueva inmensa y pasan largas temporadas sin organizar nada. A veces llegan 50 personas; otras, no viene nadie a leer o escuchar poemas. Lo que funciona es mencionar en el cartel a quienes van a leer. Sólo así llega un público promedio de entre 10 y 20 personas.

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    Zeppelin Music Factory es el espacio ideal para leer poemas. Ya tiene sonido instalado, y el escenario decorado con grafitis inspirados en Basquiat le da mucha ondita y se ve desde todas partes. Aun así, me gustaría hacer una noche de poesía al aire libre, con luna llena, para transformarnos en licántropos.

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    Una vez un poeta se aventó 20 minutos leyendo. No hallaba la forma de decirle que le parara a su mame. Desde entonces, se limita la lectura a un máximo de cinco minutos, y el público lo agradece.

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    Cuando hay más de siete poetas en la lista, la noche de poesía open mic se vuelve aburrida, y ya nadie pela a los últimos que pasan a leer. Más vale calidad que cantidad. Entre mayor número de poetas, mayor probabilidad de público asistente. Pero está claro que no podemos tener lecturas de 20 poetas en un cartel: es noche, no festival de poesía.

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    Sueño con el día en que la gente pague 100 pesos por venir a escuchar mis poemas.

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    Una vez pagué 250 pesos por escuchar los poemas de un bato. No recuerdo su nombre, pero tenía miles de seguidores en Instagram. Era mamado, con tatuajes en los brazos, y escribía poemas muy cursis. Llenó el lugar. La gente le compraba su libro y hacía fila para que les leyera su poema favorito. Eso ni a Jaime Sabines ni a Octavio Paz les pasó. Tampoco al tipo de poetas que yo leo les va a pasar. Cabe decir que me la pasé muy bien. El evento era una mezcla de stand-up comedy, consejos amorosos y lectura de poemas a la carta.

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    El miércoles 11 de junio de 2025, a las 8 p.m., se realizó un evento que titulé Poesía de sombra, como preámbulo a la presentación del libro Los boxeadores (Ed. Casa Bonsái, 2025) de Ricardo Escartín. Los poetas que estaban anotados en el cartel fuimos:

    RICARDO ESCARTÍN
    VICTORIA PIEDRA
    VIRGINIA ESCOTO
    OMAR TREJO
    YUNO HDZ
    ALMA MORÁN
    RODRIGO
    EL RODRO RINCÓN
    CHARLY PACHECO
    DANIEL ORTEGA
    JAVIER PACHECO
    ÁNGEL CRISTÓBAL ÁLVAREZ
    TSIÓ DAVI
    MAU MALLET
    RAFAEL VOLTA

    De los anotados, a cinco personas les valió madre y no asistieron. Incluso uno tuvo el descaro de mandar sus textos para que alguien más los leyera. Se me hizo un poco ridículo. Supongo que a quienes no vinieron les dio miedo mojarse o se quedaron atrapados en una inundación. No pasa nada si no vienes: las lluvias en Querétaro son culeras y extremas. Todo se paraliza. Los que fuimos nos la pasamos bien. Las noches de poesía son una reunión de camaradas para ver qué está escribiendo cada quien. Incluso sirven para probar poemas y tallerearlos con la reacción del público.

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    En Zeppelin han leído todo tipo de poetas: premiados, avanzados, becados, principiantes, publicados, no publicados, rechazados, famosos, desconocidos, poetas que dejaron de ser poetas, poetas a los que ya no les hablo o que no me hablan. Algunos nombres: Luis Alberto Arellano, Julián Herbert, Juana Adcock, Ismael Velázquez Juárez, Ángel Ortuño, Horacio Warpola, Anaclara Muro, Romina Cazón, Asiel Adán Sánchez, Alejandro del Castillo, Tzolkin Montiel, Dalia Larisa, Nadia Bernal, Tadeus Argüello, Yudi Martínez, Samuel Martínez, Mauricio Caudillo, Javier Pacheco, Eric Urías, Montserrat Acuña, Amanda Durán, Yolanda Segura, Danucho Kun, Elizabeth Haro, Elsa Treviño, José Velasco, Emmanuel Vizcaya, Rocío Benítez… y un largo etcétera.

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    El recién creado Instituto de Ciencias Semiaplicadas y Otras Actividades Metafóricas es la casa productora encargada de organizar las actividades literarias, incluidas las noches de poesía open mic en el Zeppelin. La prestigiosa casa londinense We Are The Music es la responsable, en el mismo lugar y de manera exclusiva para México, de todos los eventos musicales. Música y poesía son hermanas, pero no son lo mismo.

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    No sé cuándo se volverá a organizar otra lectura de poesía open mic. Debe de haber algo especial que motive a hacerlo. Aunque tal vez, solo debería bastar la poesía. ¿No es así?

    *Fotografías: Sara Servín y Rafael Volta

    Rafael Volta, (Querétaro, 1977).

    Becario del PECDA Querétaro 2023 en al área de Literatura-Creadores Con Trayectoria. Actualmente funge como gestor cultural de la sala de lectura Edgar Allan Poe, especializada en poesía, ciencia ficción y terror. Organiza noches de Poesía Open Mic y de Crítica Literaria.

    Sus libros se pueden descargar en rafaelvolta.hotglue.me

  • La escritura como espejo: finaliza el taller “Lo sublime del yo” de Eduardo Garay Vega

    Querétaro, Qro., 12 de junio de 2025. — La tarde del miércoles 11 de junio concluyó el taller “Lo sublime del yo: entre la autoficción y la crónica”, dirigido por el escritor y periodista Eduardo Garay Vega, como parte de su proyecto apoyado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2025.

    A lo largo de varias sesiones, este espacio formativo propuso una reflexión crítica y creativa sobre las posibilidades narrativas de la experiencia personal, moviéndose entre los límites de la autoficción y la crónica contemporánea. Garay Vega, reconocido por su trabajo en medios culturales y por su exploración literaria del yo, orientó a los participantes en un proceso de escritura que buscó ir más allá del testimonio para alcanzar dimensiones estéticas y simbólicas del relato propio.

    El cierre del taller se realizó en el Coro Bajo del Centro de las Artes de Querétaro, un ambiente de lectura colectiva y diálogo íntimo, donde los asistentes pudieron compartir fragmentos de los textos trabajados durante el proceso. Los participantes —Paty Romero, Brenda García Aguirre, Jacobo Jardón y José Olmedo— presentaron avances de piezas que se nutren de la vida cotidiana, la memoria, el cuerpo, el duelo, la ciudad y sus intersecciones con la identidad.

    El taller apostó por el cruce entre lo literario y lo vivencial, ofreciendo herramientas teóricas y técnicas de escritura, al tiempo que abrió un espacio de contención y escucha para abordar los dilemas éticos y creativos que implica narrarse a sí mismo.

    Con este proyecto, Garay Vega no sólo reafirma su compromiso con la formación de nuevas voces narrativas, sino también con la construcción de espacios que permitan pensar el yo como una forma legítima —y urgente— de decir el mundo.

    El taller Lo sublime del yo se suma a una serie de propuestas que, gracias al apoyo del PECDA Querétaro, impulsan la profesionalización y la visibilidad de prácticas artísticas locales con mirada crítica, experimental y profundamente humana.