Etiqueta: Literatura

  • Distrito Central, una novela polifónica sobre identidades y memorias

    En la vasta producción literaria de Juan Antonio Isla (Querétaro, 1950), Distrito Central: un nuevo modelo para armar (Helvética, 2024) se erige como una pieza narrativa clave que explora las fronteras entre lo personal, lo colectivo y lo artístico. A través de un complejo entramado de voces y memorias, Isla entrelaza los secretos familiares con las realidades sociales de una entidad geográfica cambiante, revelando una obra de inusitada profundidad que desafía las convenciones de la novela tradicional. Este próximo 29 de noviembre, en el Museo de Arte de Querétaro, se presentará oficialmente esta obra, invitando a lectores a ser parte de en una experiencia literaria cautivadora.

    En el centro de la novela se encuentra Gerardo Santander, un personaje que, tras un exilio autoimpuesto en Nueva York y Hollywood, regresa al Distrito Central, el barrio que lo vio crecer, con un ambicioso proyecto: crear un filme híbrido, a medio camino entre el documental y la autobiografía. Acompañado por Djurek Volta, un productor ucraniano que comparte su visión artística, Gerardo decide construir su película con las historias de su comunidad, utilizando a sus propios vecinos y familiares como protagonistas.

    El proyecto de Gerardo, aunque ficticio, se convierte en un espejo de las dinámicas narrativas de la novela misma. Isla estructura Distrito Central como un rompecabezas narrativo, donde las piezas —cada historia, cada personaje— se ensamblan en un corpus que trasciende la suma de sus partes. Este enfoque, descrito por el propio autor como una sucesión de pequeñas historias agrupadas, permite al lector asumir un rol activo en la construcción de sentido, configurando un diálogo íntimo entre texto y lector.

    Una de las mayores fortalezas de esta obra radica en su habilidad para capturar lo extraordinario en lo ordinario. Las calles del Distrito Central, sus habitantes y sus rutinas se convierten en escenarios que Isla describe con minuciosidad y sensibilidad. A través de esta lente, la novela da voz a una comunidad que, aunque aparentemente periférica, es el corazón palpitante de las transformaciones sociales y culturales.

    La introspección psicológica de los personajes es otro de los elementos destacados de la novela. Isla profundiza en los conflictos internos de sus protagonistas, abordando temas como el alcoholismo, los secretos familiares, la sexualidad y la memoria colectiva. Esto no solo humaniza a los personajes, sino que los sitúa como representantes de una sociedad en transición, atrapada entre el peso de las tradiciones y las exigencias de la modernidad.

    El erotismo emerge como un eje transversal en Distrito Central. Sin caer en lo explícito, Isla dota a su prosa de una carga sensual que se convierte en un vehículo para explorar las pasiones humanas y los vínculos afectivos. Las escenas de corte erótico, descritas con maestría, oscilan entre lo visceral y lo poético, aportando matices a la narrativa que enriquecen su profundidad emocional.

    Este erotismo, sin embargo, no es un fin en sí mismo, sino un medio para desentrañar las complejidades de las relaciones humanas. En las palabras del propio autor, su intención no es únicamente describir una realidad externa, sino involucrarse profundamente con las emociones y los conflictos de sus personajes. Esto confiere a la novela un carácter visceral y honesto que resuena con los lectores.

    Uno de los logros más destacados de la novela es su capacidad para situar a un ente geográfico contemporáneo (quizás Querétaro) en el contexto de su propia historia. Isla retrata una ciudad en constante evolución, donde las tradiciones y costumbres del siglo XIX conviven, a veces de forma conflictiva, con las inercias del siglo XXI. Este enfoque histórico y sociológico dota a la novela de una dimensión adicional, convirtiéndola en un testimonio de las transformaciones culturales y sociales de nuestra región.

    El Distrito Central se convierte así en un microcosmos que encapsula los desafíos y las oportunidades de la modernidad. Las historias individuales de los personajes, aunque profundamente personales, adquieren un carácter universal al situarse en este contexto más amplio, haciendo de la novela una reflexión tanto sobre la identidad colectiva como sobre las contradicciones inherentes al progreso.

    La estructura polifónica de Distrito Central es otro de sus rasgos definitorios. Isla no se limita a una única perspectiva narrativa, sino que emplea múltiples voces para construir un mosaico de experiencias y emociones. Esta técnica no sólo enriquece la complejidad de la trama, sino que también refuerza el tema central de la novela: la multiplicidad de perspectivas que conforman la verdad colectiva.

    El narrador omnisciente, aunque presente, no es un observador distante. Por el contrario, Isla lo describe como un participante con agencia, involucrado emocionalmente con sus personajes y sus historias. Este enfoque permite a los lectores experimentar la narrativa desde dentro, sintiéndose parte del entramado emocional que da vida a la novela.

    Distrito Central: un nuevo modelo para armar es mucho más que una novela; es una experiencia literaria que invita a los lectores a reflexionar sobre las complejidades de la identidad, la memoria y la comunidad. Con una prosa que combina la precisión de un documentalista con la sensibilidad de un poeta, Juan Antonio Isla nos entrega una obra que, al igual que la película ficticia de Gerardo Santander, se convierte en un espejo multifacético de nuestra propia realidad.

    Distrito central es un testimonio del poder de la literatura para capturar lo efímero, para dar voz a los marginados y para explorar las infinitas posibilidades del arte como medio de representación. En el panorama de la literatura contemporánea, Distrito Central se yergue como un hito que reafirma el talento y la visión de Juan Antonio Isla.

    *Fotografías: Mónica Zárate

  • Arrebatos, desvelos y verdades: una noche con Yadira Cruz

    El Centro de las Artes de Querétaro fue sede de la presentación del nuevo libro de la escritora y artista plástica Yadira Cruz M. El pasado jueves 29 de mayo, dentro del programa de presentaciones Tomo la Palabra —espacio gestionado por el Consejo Literario Queretano— y enmarcada por la arquitectura del Coro Bajo, mismo lugar donde, hace siete años, cuando aún funcionaba como galería, vio la luz el movimiento plástico WomenPOPwer, la autora dio a conocer su obra: Arrebatos, desvelos y verdades.

    La muestra se vistió de gala con la participación de la periodista y escritora Mariana Perusquía Mendoza y de la escritora y gestora cultural María Rebeca Mendoza, quienes desmenuzaron ante el público algunos fragmentos del libro, resaltando la versatilidad de Yadira para reunir distintos géneros literarios en una sola pieza que atrapa y desarma desde las primeras páginas. La obra fusiona poesía y narrativa en «textos que —en palabras de Mariana Perusquía— nos van describiendo ciertos momentos de su día a día, de su pasado, de momentos catárticos y de situaciones cotidianas que nos ponen un poco la piel eriza… Encuentro en las palabras de la autora un texto sanador, del que ella resurge como un ave fénix que se desprende de las letras para compartirlas sin esperar nada, pero con la certeza de que alguno de estos instantes narrativos pueda ser el cuadro de alguien más».

    En una frase o en varias páginas, la habilidad de Yadira para tocar las fibras más sensibles del lector se percibe en cada una de las piezas. «Este libro la describe tal cual… Creo que, más allá de todo, está lleno de verdades. Ella se conoce y se da a conocer a través de él, pero al mismo tiempo nos provoca conocernos a nosotros mismos en alguno de sus poemas o de la narrativa, en los que podemos identificar esos momentos que todos pasamos en nuestras vidas», apunta Rebeca Mendoza, quien además compartió la anécdota de cómo se conocieron y cómo la literatura las salvó para poder llegar a la FIL Guadalajara en 2022, en un contexto marcado por intensas protestas en sus inmediaciones.

    La velada cerró con la presentación de Disidentes, proyecto musical en el que la autora Yadira Cruz M. y el escritor Héctor Alejo Rodríguez mostraron sus dotes de cantautores, interpretando Lejos de mi lado y, por primera vez, Incapaz. Entre los invitados se dieron cita diversas personalidades del ámbito literario y cultural, como la secretaria de Cultura Ana Paola López Birlaín; la comisionada de la DGETi en el estado de Querétaro, Julieta González Juárez; el director de Difusión y Patrimonio Cultural de la SECULT, Arturo Mora Campos; el presidente de la mesa directiva del Consejo Literario Queretano, Mauricio Sosa; la artista plástica Norma Ballesteros; y las escritoras Andrea Luna y Tzolkin Montiel, además de familiares y amigos.

    Fotografías: Andrea Luna y Santiago Quintero

  • Té chai

    Photo by hayriyenur . on Pexels.com

    A las siete de la noche, Carla se sumerge en una nueva sensación del tiempo. Se prepara un té caliente; con libreta y bolígrafo en mano, se sienta a escribir. En enero comenzó una historia sobre unos jóvenes que estudiaban magia en una escuela donde les enseñaban a transformarse en criaturas mitológicas; la terminó en abril.

    Poco a poco descubrió que el tiempo que dedicaba a tomar té y escribir era mágico. Al terminar aquel libro, comenzó otro de haikus y poemas breves. Cuando lo finalizó, se sintió fatigada y sin inspiración; dejó de escribir y también de tomar el té a las siete.

    Esos días pensó mucho en su vida, y sintió el peso de su soledad. Hacía tiempo que había pospuesto ver a sus amigas. Se había sumergido tanto en sus escritos que se olvidó de su vida social.

    Como si fuera una coincidencia, una de sus amigas la contactó y acordaron ir a tomar un café. El aroma de la mezcla chai le recordó su labor literaria, que había detenido por varios meses. Mientras platicaban, Carla le contó a su amiga sobre los libros que escribió y sobre unos sueños que tuvo.

    —Hace poco he vuelto a soñar que camino por las calles de Europa. Me he dado cuenta de que las ciudades son muy similares y están conectadas por túneles y pasadizos.

    —Creo que tengo que ir a Lisboa a tomar el té y escribir un nuevo libro de cuentos —le dijo a su amiga Olivia, mientras tomaba un sorbo de su té.

    —Es muy interesante que puedas ver calles y ciudades en sueños. Significa que estás por moverte a un nuevo lugar.

    —Me gustaría tener más tiempo para viajar —el anhelo se notaba en la voz de Carla—. Luego de que empecé a beber té regularmente, ¿te diste cuenta de que los rituales alargan el tiempo?

    —Sí, me gusta esa sensación. Viajar también es un ritual.

    —Te deseo mucho éxito, amiga.

    —Gracias. Espero que podamos vernos pronto, para intercambiar nuestros libros.

    —Yo también —concluyó Olivia amablemente, y salieron del café.

    Diana Galindo Barajas
    Escritora mexicana nacida en el Estado de México en 1994. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Ha publicado los libros Despliegue de pájaros (Ediciones El Humo, 2012), Spiritual Kingdom (El Humo, 2014), El mundo desde afuera (El Humo, 2019), Las pasiones de la luz (Infame Turba Editorial, 2022) y Atlas magnético (Ígneo Editorial, 2025). Su obra poética forma parte de la antología Poesía en sí (Escuela Normal Superior de Querétaro, 2015).

  • La ventana

    Cada mañana despertaba deseando que el suave viento tocara su rostro y refrescara su vida, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Recorría las cortinas y tapaba la ventana, tratando de ocultar ese espacio cuadrado que prometía sensaciones que ella insistía en negar. Su rostro estaba cada día más pálido; resentía la ausencia del calor del sol y la falta de aire fresco, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Se refugiaba en aquel rincón de la habitación donde el olor a moho le recordaba los años de humedad oculta.

    Su salud física y emocional comenzaban a resentir aquel encierro, la falta de luz, de aire, de vida. Pero ella se resistía a dejar abierta la ventana… Se santiguaba sentada en la cama para alejar los pensamientos que la asaltaban de vez en cuando al ver las sábanas, impecablemente blancas, horrorosamente pulcras.

    Un día se hartó. Ya no pudo respirar. Sintió asco del olor a moho y de aquel espacio reducido y oscuro, tan oscuro y lúgubre que lo blanco de las sábanas lastimó sus ojos.

    ¡¡Y decidió abrir la ventana!!

    Pero no fue un viento suave lo que entró… Fue un huracán que mezcló sus cabellos, sus ideas y sus sentidos. Tiró y desordenó lo que encontró a su paso, revolvió y ensució las sábanas de tal manera que le encantó y nunca más las quiere ver pulcras.

    Desvaneció el olor a moho de aquel rincón humedecido. Cambió todo de lugar y de sentido de manera tan radical que nunca volverá a ser como antes… Su cabeza, sus sentidos y el mundo entero giraban en una vorágine sin sentido, pero tortuosamente gozosa y placentera.

    ¡¡Y luego se fue!!
    ¡¡Revolvió su mundo y luego se fue!!

    Quisiera culparlo por todo lo que cambió, por lo que destruyó, pero no puede… porque fue ella quien abrió la ventana.

    Alma Rosa Olvera Santos
    Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.

  • Poemas

    Woman Taking Her Chemise (c by National Gallery of Art is licensed under CC-CC0 1.0

    Soy todas 

    Soy todas mis edades

    La adultez que intento ignorar

    cuando observo las manchas en mis manos

    mientras corto frutas para el almuerzo.

    Las náuseas de mi adolescencia,

    la vejez prematura que me susurra,

    empujándome poco a poco hacia la soledad.

    Pero, sobre todo,

    soy esa niña infinita

    que nunca se ha ido,

    la que corre descalza bajo la lluvia,

    la que trepa los árboles

    y se queda abrazada a ellos,

    susurrándoles secretos.

    Soy esta infancia absoluta

    que atraviesa mi vida como un río eterno:

    mi ingenuidad, mi valentía,

    mi risa y mis lágrimas.

    Soy la rodilla lacerada,

    los rasguños de mi gato.

    Soy el vaivén de un columpio oxidado,

    la valentía de lanzar una carcajada al cielo,

    la ingenuidad que sigue creyendo en lo imposible.

    Soy el abrazo eterno de mis abuelos,

    el eco de sus bendiciones,

    la cocina viva de mis tías del pueblo,

    donde el maíz canta en el comal

    y el aroma a flores frescas

    me recuerda de dónde vengo.

    Soy la flor amarilla

    que se aferra a la vida

    en medio del campo,

    la que gira al sol sin miedo.

    Soy los libros que me construyeron,

    los poemas que me salvaron,

    el abrazo de la naturaleza

    que siempre me devuelve a mí misma.

    Soy las risas de mis hijos,

    el reflejo de su alegría,

    la promesa de que esa niña en mí

    nunca desaparecerá.

    Soy la guerra que no entiendo afuera

    y la batalla que arde dentro de mí.

    Soy el recuerdo de mis padres felices,

    el viento al que entrego mis penas,

    el fuego al que confío mi dolor,

    pidiéndole que deje el aprendizaje.

    Todo nace y muere en mi niña infinita.

    Soy todas las mujeres antes de mí.

    Soy la abuela revolucionaria,

    la que tejió sueños de libertad

    con las manos arrugadas por el tiempo.

    Soy la mujer medicina,

    Aquella que canta a la luna y al fuego,

    la que susurra secretos al viento

    y sana con hierbas y palabras.

    Fui la esclava mutilada,

    la que resistió con el alma intacta.

    La escritora en anonimato,

    la que escribió en sombras

    para que otros pudieran ver la luz.

    Huelo a palo santo,

    y del romero en mi cabello

    brotan raíces de protección.

    Soy todas las mujeres que caminaron antes,

    las que, firmes en guerra,

    atacan sin piedad alguna,

    pero con justicia en el corazón.

    Soy el copal a medianoche,

    un rezo que sube al cielo entre el humo sagrado.

    Soy poesía a las tres de la madrugada,

    esas palabras que sangran desde el alma

    cuando todo duerme.

    Soy el café amargo de la mañana,

    El bolero de antaño que invoca,

    la danza que envuelve la pasión

    y despierta los cuerpos al amor.

    Soy todas ellas.

    Soy cada verso, cada nota, cada batalla.

    Soy la memoria viva

    de las que soñaron, lucharon y amaron.

    Pero nada puede robarme esa niña:

    ni el tiempo,

    ni las responsabilidades,

    ni los días grises.

    Sigo abrazada a la vida

    y a la tierra que me vio nacer.

    Ayahuasca

    Aún conservo invierno de aquel momento,

    cinco hectáreas de abrazo, un corcho de vino,

    79 maneras para defenderse de la vida

    y el desespero de encontrarte.

    Recordé que alguna vez escuché del anciano

    que las personas pueden vivir hasta trece vidas.

    Así que, retornando al desespero de encontrarte,

    y ver el cielo en tus pupilas,

    quise comprobar por medio de lo sagrado

    y en mi auxilio viajar a tu encuentro.

    La poderosa diosa femenina vegetal

    se apoderó de mí,

    cada átomo se convirtió en complejos y hermosísimos fractales

    que formaban infinitas galaxias.

    Viajando entre mundos, por fin te encontré:

    viajabas con Alejandro Magno

    a la conquista de Persépolis.

    Fue rápido, pero pude rozar

    la huella del índice de tu muñeca.

    Años después te encontré

    pintando un cuadro en el Renacimiento.

    Supe que eras tú al ver tu pincel

    dibujando mi cabello

    y esa silueta que tanto te gusta.

    Amé encontrarte en los setenta, Londres,

    concierto de Led Zeppelin.

    No me extrañó, entendí por qué irradias

    energía pura con la música.

    Las veces que te busqué y otras tantas que te encontré,

    sumaron diez, en punto de las diez.

    Mi alma se aferró a tus vidas,

    mi espíritu a mi vida.

    Piloto de carreras, filósofo,

    vaya combinación de arte y perfección.

    Aunque no nos conocíamos,

    cuando nuestros ojos se encontraron

    en aquel momento inefable.

    En este momento, mi búsqueda de la felicidad

    había terminado.

    Es algo extraño, ¿sabes?,

    porque, a pesar de no estar a tu lado en el presente,

    en el pasado siempre te encontré.

    Me tomaste de la mano,

    y el venado azul apareció.

    Sus ojos como espejos reflejaron

    las constelaciones dentro de su pecho,

    su aliento perfumado de tierra y hojas secas.

    Danzamos con él en un círculo sagrado,

    bajo la luna llena que iluminaba el rito.

    El suelo vibraba en geometría sagrada,

    en cada paso, una línea,

    una forma perfecta que tejía el universo.

    Y la voz ancestral nos susurraba,

    nos guiaba a través de los latidos del cosmos.

    Cerré los ojos, y vi el mar,

    el río, las estrellas, y tú.

    En cada rincón de la tierra,

    había una historia de nosotros,

    un susurro, una danza,

    una vida compartida que no termina

    Porque incluso en lo sagrado sigues apareciendo tú. 

    n243_w1150 by BioDivLibrary is licensed under CC-PDM 1.0

    Bordados de vida 

    Bordas la vida con tus manos gastadas,  

    refugias la historia,  

    transmites la esencia que nos fue robada.  

    En hamaca,  

    o en petate,  

    de tu luna dorada.  

    Remachas la vida,  

    suspiros en verde,  

    anhelos en blanco,  

    tristezas de rojo,  

    cada unión es un día,  

    plasmado en el tiempo,  

    tenangos coloridos  

    formando la flora,  

    formando la fauna,  

    sembradora de semillas  

    en los surcos de la tela,  

    raíces enlazadas con los hilos del amor,  

    fortaleza a tu nación.  

    Con habilidosas manos,  

    tejiendo historias en telas,  

    los pueblos originarios 

    forjando su legado,  

    cada puntada un eco  

    de susurros ancestrales,  

    un canto que resuena  

    en el viento de los valles.  

    Hamacas y petates,  

    Con tu luna dorada,  

    resguardan secretos,  

    sueños y pasados,  

    en hilos de colores,  

    la vida se entrelaza,  

    cada puntada es un día,  

    un instante guardado.  

    Tenangos brillantes,  

    con flora y fauna enlazada,  

    sembradora de semillas  

    en el corazón bordado,  

    raíz de un pueblo fuerte,  

    en su tejido, 

    toda la historia,  

    la esencia que fue robada  

    ahora florece con ardor,  

    la cultura y la memoria,  

    en cada tejido, con amor 

    y calma,  

    como un canto eterno  

    de amor y esperanza.  

    Más allá de la pantalla

    En el vasto océano de pantallas brillantes,

    donde la perfección se vuelve un eco lejano,

    fingido, impuesto, como un reflejo distante,

    navegamos entre redes,

    atrapados en la trama de un tiempo virtual.

    Sexo gratis, libros de almas,

    tesoros escondidos en un mar de bits y bytes,

    bellezas fugaces, frágiles,

    como hojas que caen en un otoño sin fin.

    Pláticas profundas, pero ¿son reales?

    Voces que flotan en la niebla digital,

    donde la verdad se convierte en un lujo,

    cada vez más cara,

    como el oro olvidado en un naufragio virtual.

    Duele ver la vida así,

    en este laberinto de ilusiones,

    donde lo simple se vuelve espejismo,

    la esencia ahogada en la velocidad del clic.

    Corazón Enjaulado

    En un rincón del alma, un jilguero canta,

    400 voces que al viento se levantan.

    Su trino es un susurro de libertad anhelada,

    pero el eco del mundo lo mantiene enjaulada.

    Mujer, portadora de mil melodías,

    con la esencia del sol y la luna en tus días,

    naciste con el don de pintar con palabras,

    pero el mundo a veces te guarda en sombras.

    Cada nota que brota es un grito callado,

    un canto silenciado, un sueño olvidado.

    Las hojas susurran secretos al viento,

    mientras tu corazón lucha lento.

    Eres el jilguero que anhela volar,

    pero la jaula del juicio te impide soñar.

    Las 400 voces que el cielo te dio,

    se ahogan en un mundo que no te escuchó.

    Despierta, ¡oh musa!, en tu esencia pura,

    rompe las cadenas, deja que se cure

    tu arte, tu fuerza, tu luz desbordante,

    pues en tu corazón, hay un canto vibrante.

    La vida es un lienzo donde debes pintar,

    tu historia, tus sueños, tu verdad sin par.

    Que el jilguero vuele, que el viento lo abrace,

    mujer de mil voces, ¡tu espíritu no cese!

    En cada verso, en cada suspiro,

    hay un eco de lucha que nunca se retira.

    Corazón enjaulado, pero fuerte y sincero,

    tus 400 voces un canto eterno.

    Daniela Quintero Hernández es promotora y gestora cultural, así como escritora autodidacta. Licenciada en Turismo Alternativo, cuenta con diplomados en Literatura, Letras Hispánicas, Escritura Creativa, Arteterapia, Herbolaria Mexicana, Historia y Filosofía. Su obra ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, con distinciones como el premio de narrativa poética Matriz de amor y el fragmento Cuahuitl. Es autora de dos libros publicados y ha participado en diversas antologías. Su poesía y narrativa abordan temas como la maternidad, la justicia social y la conexión espiritual con la naturaleza. Actualmente trabaja en su tercer libro, centrado en el vínculo entre las raíces indígenas y la modernidad. Además, imparte talleres de escritura creativa, arteterapia y círculos de sanación para mujeres. Es locutora en la radiodifusora Radioactivatx.org y se desempeña como vicepresidenta del Consejo Mundial de la Paz en el estado de Querétaro.

  • Dos escritores secretos: Efrén Hernández y Francisco Tario

    Fue aquel jueves 24 de mayo del 2007 cuando Alejandro Toledo presentó su entonces reciente trabajo editorial, Dos escritores secretos, una compilación de trece ensayos sobre los escritores mexicanos Efrén Hernández y Francisco Tario, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Gracias al auspicio del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, la presentación tuvo lugar en una conocida cafetería del centro de la ciudad.

    Enfático, Toledo afirmó que Dos escritores secretos no pretende “crear monumentos a Efrén Hernández ni a Francisco Tario, sino lograr que la obra de estos escritores secretos y raros encuentre lectores que deseen explorarlos, que se sientan atraídos por una literatura diferente y particular emanada de nuestra nación”. Esta ambición representa, para el autor, un buen riesgo: “se trata de que las obras de Hernández y Tario sean necesariamente leídas”.

    La presentación consistió en una reflexión en torno a los textos reunidos en la compilación. Según el compilador, “se puede apreciar incluso el carácter extraño y raro de los dos escritores mexicanos”. Para Toledo, el objetivo principal es “compartir el descubrimiento de dos escritores mexicanos que han sido poco valorados en el espectro literario nacional y permitir que sus obras circulen; no busco que se les rindan homenajes oficiales, sino que sepamos que existen”.

    El evento, que derivó en una charla entre el autor y los asistentes, sirvió como marco para debatir las aportaciones literarias de Hernández y Tario, así como para descubrir similitudes y diferencias entre ambos escritores. Sus obras fueron analizadas por los trece ensayistas jóvenes que participaron en la compilación, provenientes de distintas regiones de la República.

    Toledo destacó la principal característica que define a los escritores raros, como Hernández y Tario: su escasa producción literaria, que, sin embargo, delata su genialidad. Puso como ejemplo a Juan Rulfo, “quien, con solo dos libros, desistió de ser una figura intelectual permanente; quizás, en caso contrario, habría escrito solamente libros malos”.

    Los ensayos reunidos en Dos escritores secretos tienen un doble propósito: fomentar el estudio del estado del arte de la literatura nacional y promover la producción ensayística entre jóvenes escritores mexicanos. “Se trató de extender una invitación a compartir puntos de vista sobre los diferentes enfoques creativos que ofrecen Hernández y Tario. Los ensayistas se sintieron afortunados de recibir esta invitación y respondieron con un buen trabajo, que ahora el lector tiene en sus manos”, refirió Toledo.

    El compilador reconoce que la propuesta de crear esta obra fue bien recibida por los ensayistas jóvenes: “A quienes contribuyeron con la obra les gustó haber tenido un contacto literario con Efrén Hernández y Francisco Tario”. Además, destacó que la compilación cumple con dos funciones esenciales: “Por un lado, permite que los escritores tomen conciencia de las sociedades literarias que se agrupan en torno a un autor; por otro, ayuda a los jóvenes ensayistas a descubrir que, muchas veces, los escritores menos conocidos son los más interesantes”.

    Lejos de la mecánica tradicional de una presentación de libro, este evento prescindió de panel, moderador y un gran foro para convertirse en un diálogo directo entre el autor y los asistentes, construido a partir del libro. Para Toledo, en esta presentación la forma fue fondo: “Los mismos Hernández y Tario promueven ser leídos por públicos muy selectos, que aspiran a tener una experiencia literaria diferente y que no necesariamente se cuentan por cientos. No buscamos una lectura masiva, sino adecuada”.

    Autor de James Joyce y sus alrededores (2005), Alejandro Toledo sostiene que “a la mayoría de los críticos literarios les cuesta mucho entender el trabajo de los escritores raros, como en el caso de Hernández y Tario. Frecuentemente, este tipo de escritores son tachados de menores, dado que no se adaptan a las formas literarias típicas, como la novela, la poesía o el relato, sino todo lo contrario”.

    Sobre los perfiles de Dos escritores secretos, el autor destaca: “Los escritores raros presentan generalmente una peculiaridad tanto en su escritura como en su personalidad y figura pública. Efrén Hernández era muy carismático, amable y simpático; incluso contaba con un círculo de seguidores, a pesar de su escritura transgresora. En contraste, Francisco Tario siempre se mantuvo distante de todo contacto público: no presentó ningún libro ni otorgó entrevistas”.

    Alejandro Toledo explicó que la selección de los ensayos no fue un proceso estricto. “A partir de la invitación a los ensayistas, los textos fueron surgiendo y se incluyeron conforme me llegaban; no hubo una selección de material”. No obstante, destacó que trató de evitar la repetición temática: “Algunos escribieron sobre poesía, otros sobre narrativa y algunos más sobre los aforismos de Hernández”.

    A partir de la lectura de los ensayos, se advierte un interesante valor pedagógico para el estudio y análisis literario, según la interpretación de los textos que cada ensayista aporta. Alejandro Toledo no descarta la posibilidad de que los ensayos reunidos en Dos escritores secretos constituyan una contribución relevante para el estudio de la literatura nacional desconocida o infravalorada: “Creo que los ensayistas encontraron en esta propuesta una oportunidad para interpretar a Hernández y Tario desde una perspectiva particular. Su trabajo constituye una forma de revelar alternativas creativas ante los modelos literarios impuestos. Pero el mayor beneficiado es el lector, quien tendrá la oportunidad de acercarse a la obra de dos genios de la literatura poco valorados”, concluyó.

  • Un verso a la vez

    Cuba nos recibe con tres filas en la seguridad del aeropuerto. En dos ocasiones, cierran una y nos redirigen a otra. «Bienvenidos a Cuba, así es aquí, tengan paciencia», nos calma un turista. «Los cubanos hacemos fila por todo», comenta Ariel, el taxista que nos lleva del Aeropuerto Internacional José Martí a La Habana Vieja. «La fila de coches que ven a su derecha es por la falta de gasolina». Así comienza nuestra travesía hacia la calle Galiano, nuestro hogar compartido por una semana. «Los últimos tres días nos han mandado a casa; tampoco hay transporte público». Recordamos cuando en 2019 las gasolineras en Querétaro sufrieron desabasto. «Fue una semana; aquí es una constante. Sólo podemos cargar cuarenta litros», afirma Ariel, pensativo. «No les diré que aquí todo es bello como lo suelen hacer los guías de turistas. Estamos muy mal. La gente se va. En 2019 éramos once millones; ahora apenas somos ocho. El edificio a su izquierda es el Ministerio de Comunicación; no comunica nada».
    Nos instalamos en el departamento y el administrador nos indica que al otro lado de la calle venden pizza. Al salir, nos abordan diversos taxistas. Cruzamos la calle para llegar a la pizzería, donde nos formamos tras los habitantes del barrio, vestidos con ropa americana, en la ventana de una tienda pobremente abastecida. Mientras esperamos, el hedor de un río de basura en la esquina se mezcla con el aroma de las primeras pizzas, que sus dueños sostienen en las manos ante la falta de papel para envolverlas. Estamos al tanto de la escasez de artículos básicos en la isla, pero una cosa es saberlo y otra muy distinta experimentarlo.
    El domingo exploramos la capital, que nos sorprende con sus contrastes: la cúpula dorada del Capitolio encandila al visitante, pero no logra ocultar las casas en ruinas que nos obligan a caminar por la calle. «Por el riesgo de que se caiga alguna piedra», nos advirtió el buen Ariel. Una ciudad con rostro de posguerra sonríe, chimuela, revelando un diente de oro.
    Yadira Cruz, Héctor Alejo y yo habíamos venido a Cuba para presentar nuestras obras en la Feria Internacional del Libro de La Habana. No nos tocaría en la sede del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, así que lo visitamos en nuestro día libre. Declinamos la oferta de un taxista que pedía mil quinientos pesos cubanos (poco más de 1200 pesos mexicanos) y, en su lugar, tomamos una guagua por cinco. Caminamos por el histórico baluarte defensivo de la ciudad y disfrutamos del bellísimo atardecer sobre la bahía. El tradicional cañonazo de las 21 horas rememora el disparado en la época colonial para anunciar el cierre de la muralla. En los puestos de editoriales observamos los precios de los libros cubanos, que oscilan entre diez y cien pesos cubanos. En ese instante confirmamos que nuestras obras serían invendibles. De regreso, nuevamente en la guagua, alguien grita: «¡Recórranse hasta el fondo, que no hay más transportes, todos deben caber!».
    Los siguientes días son un desfile de presentaciones en el “Encuentro de jóvenes escritores de Iberoamérica”. El lunes, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, coincidimos en un panel con la actriz Patricia Rodda, el escritor Octavio Castillo, la escritora Fabiola Pinel y Antonio Nazzaro, del Centro Cultural Tina Modotti, para intercambiar ideas sobre “Literatura emergente y resiliencia: retos y alternativas de promoción literaria desde lo multidisciplinar”. Destacan los videopoemas, la combinación de distintas artes, la creación de comunidad entre artistas y la exploración de redes sociales sin enfatizar el propio nombre. En la tarde, donamos ejemplares de nuestros libros a la biblioteca de la Casa de las Américas, tras disfrutar de recitales de poesía a cargo de escritores locales premiados, como Nathaly Hernández, Liset Prego y Lorena Velázquez, bajo la conducción de Sinecio Verdecia, director de la Casa de la Poesía.
    El martes leemos en el Pabellón Cuba. Bajo la conducción del escritor cubano Raúl Aguiar compartimos fragmentos de Jessie y el dragón, Detrás del muro y Anagnórica centuria. Luego nos entrevistan en el programa A buena hora en Radio Taino, “La FM de Cuba”. En la tarde presenciamos los homenajes a Basilia Papastamatíu y Virgilio López Lémus, a quien estaba dedicada la FILH 2025. Finalmente, una feria que homenajea a sus escritores en vida. En la noche leemos poesía en la UNEAC, donde me siento un fraude: «De poeta no tengo un pelo, ni soy joven y, como alemana, represento a México». Yadira y Héctor se lucen con su canción Lejos de tu lado, y yo quedo cautivada por la pluma del escritor Luis Enrique Mirambert y su poema sobre Chernóbil.
    El miércoles nos vamos de pinta para seguir explorando La Habana: tomamos mojitos en La Bodeguita del Medio, como Hemingway, y estampamos mensajes en sus paredes. Deambulamos por la Plaza de la Revolución, nos trasladamos en el emblemático coco taxi y recorremos el pulmón de la capital, el Parque Almendares, a bordo de un descapotable clásico.
    El jueves nos esperan en la Casa de la Poesía. Presentamos nuestras obras más recientes: Arrebatos, desvelos y verdades, Bajo tu mirada y Querido soldado desconocido. Al finalizar, rifamos ejemplares que gozan de gran popularidad entre los asistentes. Despedimos el día en la Casa del Alba, leyendo poesía y narrativa, y con la segunda presentación de Lejos de tu lado.
    El viernes, en la gran final del evento, escuchamos los proyectos artísticos para las comunidades cubanas, elaboramos un tendedero literario con poemas ajenos y, en un programa infantil conducido por el escritor Maikel Rodríguez, Yadira declama un poema propio. «Me sorprende el nivel de empatía y admiración visto y sentido entre todos, una real comunidad literaria», expresa Héctor Alejo.
    Llega la hora de decir «Hasta luego» a nuestros congéneres literarios, quienes nos acercaron a la isla en versos, dejando una huella profunda en nosotros. “Si renazco en poeta, quiero nacer en La Habana”, se maravilla Yadira Cruz. Agradecemos de corazón la gestión eficiente y amorosa del evento y de nuestra participación a Yanelys Encinosa, poeta, ensayista, gestora cultural y editora de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.
    Próximamente, en la sección Rosa Bengala del periódico Noticias, les compartiremos textos para que tengan oportunidad de conocerla a ella y a los poetas y escritores cubanos que nos deleitaron con sus creaciones durante nuestra estancia en La Habana. Al lado de la rabia que expresa su pluma y la melodiosidad con la que recitan, nuestros textos parecen no conocer la precariedad. Se ganaron mi respeto por no elegir el camino de los otros tres millones de cubanos, sino por quedarse e intentar cambiar el país, un verso a la vez.

  • Paul Auster a escritores jóvenes: Pierde tu ego

    Con el reciente fallecimiento de Paul Auster, el pasado 30 de abril del 2024, tanto su obra como publicaciones con citas de lo que dijo, o supuestamente dijo en algún momento de su vida, se han desbordado en las redes sociales.

    Hay una publicación en específico que la vi la semana pasada en Twitter y, como suele ocurrir en la vecindad de las redes sociales, emigró a Facebook en donde, como también suele ocurrir, siempre llegan las noticias tarde. Dicha publicación es la siguiente:

    «No seas un escritor. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido. Paul Auster».

    Aparecía así, el puro texto sin ninguna imagen ni referencia que nos colocara en contexto; ya no digamos que sustentara que efectivamente Auster había sido el autor de dicha frase. Las respuestas a los comentarios van desde los comentarios hilarantes hasta las invectivas de quienes se sienten profundamente ofendidos por tal aseveración. Incluso hay quienes, indignados, preguntan quién diablos es ese tal Paul Auster.

    De pronto, en una especie de plot twist, recordé que esta frase la había escuchado hace más de diez años en un video en YouTube titulado Paul Auster to Young Writers: Lose the Ego. El video fue producido y publicado por Big Think, un portal web multimedia fundado en 2007 por Victoria Brown y Peter Hopkins, en donde se publican entrevistas y mesas redondas con expertos de una amplia gama de campos.

    El video no tiene desperdicio, sigue siendo tan vigente desde su fecha de aparición, el 23 de abril del 2012. A continuación, les comparto la traducción de la intervención de Paul Auster quien, en poco menos de tres minutos, responde con su magistral elocuencia a dos preguntas. La primera fue: «¿Cómo puede alguien leer como un buen escritor?».

    Paul Auster (PA): Bueno, una vez más, entramos en un territorio muy turbio porque todo es una cuestión de gustos. Quiero decir, tengo los escritores que más me importan, los escritores que creo que son los más grandes del pasado y del presente. Pero mi lista sería muy diferente, tal vez, de la suya. Pero supongo que lo importante para los escritores jóvenes es leer, leer a los buenos. Y supongo que con eso me refiero a los que han resistido la prueba del tiempo. Ya sabes, los grandes. Hawthorne, Melville, Dostoievski, Tolstoi, Kafka, Dickens, creo que ahí es donde sacarás más provecho. Y cuando ves cómo hacen las cosas de manera brillante, Flaubert, ya sabes, todos los nombres que conocemos. Pero están ahí por una razón, porque realmente son los mejores escritores. Y creo que hay que aprender de los grandes.

    La segunda pregunta fue: «¿Cuál es la trampa más común en la que caen los escritores principiantes?». Aquí es donde aparece el enunciado en cuestión.

    PA: Trampa común, supongo que una especie de egoísmo, importancia personal, incapacidad de mirar fuera de sí mismos, y creo que es importante mirar muy de cerca el mundo, todo lo que sucede a tu alrededor, y a veces para los jóvenes es difícil. Para hacer eso.

    Y la otra cosa es apegarse demasiado a algunas de las cosas que crees que son inteligentes y que estás haciendo. Creo que la inteligencia tiene sus puntos, su lugar en el mundo, tal vez, pero la necesidad imperiosa de hacerlo es lo que contribuye al buen trabajo. El deseo de hacerlo realmente no te ayuda. Es cuando es absolutamente necesario.

    Entonces, cuando hablo con escritores jóvenes, principalmente les digo: no lo hagas. No seas escritor, es una manera terrible de vivir tu vida, no se gana nada con ella más que pobreza, oscuridad y soledad. Entonces, si te gustan todas esas cosas, lo que significa que realmente estás deseando hacerlo, entonces sigue adelante y hazlo. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te pide que lo hagas. Y supongo que es este sentimiento de logro el que a veces sienten los jóvenes: «Bueno, ¡por supuesto que mi libro debería publicarse! Por supuesto que debería poder ganarme la vida con esto». Bueno, simplemente no funciona de esa manera.

    El video puede verse en el siguiente enlace: https://youtu.be/gxHkjX0ZDlA?si=EP3eiCkI9-zlXp9R