
En la suave geografía,
cada plano nos carga de energía,
minerales, recuerdos.
Ando por el lugar de calles
de nombres únicos, edificios de numismática, bailan bajo la luna sobre la cabeza de los
prófugos.
No olvidaré esos días,
esa niebla que me protegía
mientras leía libros y me adentraba en bucles temporales para olvidarme del dolor.
El tiempo explotó.
No hay flores muertas,
sigo aquí escribiendo.
Pero de esas flechas doradas,
la materia de los sueños
pone cerca de mi mano lo que mi voluntad deseaba.
Un negocio que me roba el tiempo,
las flores se abren más rápido,
el amor llega como una flecha, se va igual, dejando la canasta llena de flores doradas.
En estos tiempos, la abundancia rebosa,
miel y rosas se derraman,
faltan manos para recoger
lo que va quedando.
En el camino
El encuentro en la geografía adecuada
protegía tu cabeza, que estaba llena de dones.
Yo era quien buscaba,
me volví gloriosa de tanto templar el carácter.
Quizás algo nos preparaba para la pérdida,
esa íntima verdad que esconden los humanos sobre el escorial de las lágrimas vividas y
soñadas.
Los suspiros sobre la cama, y,
aun así, nuestros ángeles
nos escondían con su poder,
hasta donde una línea del tiempo
iluminaba, más allá de donde la nostalgia
abarcó con su luz.

Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.
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