Enseñar arte no es enseñar a copiar una técnica. Es abrir un espacio donde el error es fértil, donde la voz se afina no solo con palabras, sino con formas, gestos, colores, materiales
Cada aula de artes visuales, por precaria o improvisada que parezca, es un territorio de posibilidad. ¿Qué se enseña ahí, realmente? ¿A dibujar? ¿A pintar? ¿A reproducir estilos? No. Se enseña —o al menos se intenta— a mirar distinto, a sentir con más capas, a sostener una intención.
En estos tiempos, donde lo inmediato domina y lo estético se confunde con lo superficial, formar a un creador es casi un acto de resistencia. No se trata de moldear genios ni de fabricar artistas con nombre comercial, sino de acompañar procesos auténticos, incluso contradictorios, muchas veces frágiles. Desde el primer trazo en un diario de trabajo hasta la última pincelada de una pieza en exposición, hay todo un recorrido que merece ser valorado, visibilizado, reflexionado.
Trabajo con jóvenes de preparatoria y universidad. Cada semestre me sorprenden con las preguntas que traen consigo: —¿Esto está bien? —¿Puedo hacer esto así? —¿Cómo sé si ya terminé?
Detrás de esas dudas, lo que emerge es la necesidad de afirmar su autonomía creativa. Y ahí, como docente, más que corregir, mi tarea es abrir caminos. No existe una fórmula única ni un trayecto recto. Hay obras que nacen de la duda, del ensayo torpe, de la conversación inesperada.
Recuerdo, por ejemplo, una sesión en la que trabajábamos máscaras de cartonería en primer grado de bachillerato. Una alumna decidió romper el molde y construir una máscara a partir de su historia familiar, fusionando elementos naturales —ramas secas, flores prensadas— con papel maché. Lo que surgió no fue solo un objeto estéticamente potente, sino un relato íntimo, una afirmación visual de su identidad. En lugar de evaluarla con criterios técnicos aislados, el grupo se reunió en un ejercicio colectivo de lectura e interpretación: —¿Qué transmite esta pieza? —¿Cómo dialoga con la tradición? —¿Qué recursos usó para narrarse a sí misma?
Ese tipo de experiencias son fundamentales para entender la pedagogía artística. No se trata solo de enseñar a producir objetos, sino de formar una sensibilidad, una forma de estar en el mundo con preguntas, con cuerpo, con imágenes.
Hablar de pedagogía artística es hablar de tiempo: el tiempo que toma encontrar una voz propia, el tiempo que no siempre encaja en los calendarios escolares. Pero también es hablar de libertad, de vínculos, de ese espacio íntimo y colectivo donde alguien se atreve, por fin, a decir algo con una imagen.
Esta columna se asoma al “aula abierta” como un territorio de gestos, preguntas y silencios, donde el arte y la enseñanza se entrelazan en su forma más viva. Porque formar artistas es también formar ciudadanas, testigos, hacedores de mundo. Y porque detrás de cada obra estudiantil —incluso la más sencilla— hay una decisión ética: la de expresarse cuando nadie lo pidió, la de resistir al olvido, la de dejar una huella.
Miriam Uribe Zavala es artista visual, docente en artes plásticas y cultura visual, y colaboradora en procesos pedagógicos y creativos. Su trabajo se desarrolla en la intersección entre la enseñanza, la expresión artística y la reflexión crítica sobre las formas de ver y hacer en el aula.
Se trastocaron los planes y todo cambió de ruta. Vuelta a empezar. ¿Cuál es el hilo?
Vuelven las malditas y benditas preguntas.
Es humano interrogarnos y dudar.
Buen artículo de Edmundo González Llaca (“Exorcizando mis fantasmas políticos”, El Jicote, Diálogo Q, 24-Jun-2025), hay que ver la segunda parte de su exorcismo. ¿Poco a poco o de golpe nos convertimos en lo que odiamos? ¿Es el caso de Andrés Manuel López Obrador? ¿Dios del poder? ¿La verdad o la justicia o el poder? Reflexiones críticas en torno a la 4T y el sistema mexicano. ¿Qué piensan y que dicen los ciudadanos? (La segunda parte el próximo viernes, si vivos, 11-Jul-2025).
¿Cuál era la idea original del techo? Que todos tenemos un techo, que es elástico y se rompe.
Van y vienen las ideas y me dejan exhausto.
No agotes las ideas ni las fuerzas, deja algo para mañana, cuando el agua vuelva a fluir. Allí va la bestia negra, mugiendo.
Dos películas fallidas ayer con Marina. Una no la pudimos ver y la otra nos sacó de onda. Y las moscas. El pollo a la plancha estuvo rico.
¿Es AMLO el payaso continental americano? Carlos Fuentes y JCMR a propósito de Hugo Chávez. El político y el contexto.
Recibí transferencia de la UAQ por 3,750 pesos. Gracias.
Nada compensa la carestía de la vida, semana a semana, en el súper, el mercado, los Oxxos, las tiendas de la esquina.
Como sea aún tengo recursos y es mejor poco que nada. Ya hice el trabajo de la semana. ¿Qué haré ahora? Ver futbol, cine, poesía, hacer los ejercicios del cuerpo y la cabeza. Preguntar y dudar.
–Edmundo: «Otro caso dramático de némesis son los judíos: víctimas del holocausto y ahora verdugos de un genocidio» (28-Jun-2025).
–Los políticos y los intelectuales se arrojan con saña puñados de arena en los ojos. Algunos se han quedado ciegos: ven sólo sus fantasmas, sus obsesiones. La mayoría ha perdido el habla, no la voz: gritan sin parar. ¿Cómo acabará todo esto? No lo sé. (OP, gracias a Casa Octavio Paz). Gracias a nuestro clásico siempre contemporáneo.
38 días sin salir a la calle. Ya hice mis ejercicios. Bajé y subí las escaleras casi clandestinamente. Con seguridad.
Veo de lejos la realidad del mundo.
–La realidad y los temas sociales son siempre una gran fuente de inspiración para crear historias. Santiago Requejo, cineasta español. Crear historias arriesgando el pellejo.
Replegarse es otra manera de seguir y estar en el frente. Sin bajar la guardia.
Comida con Marina y me trajo buena despensa, gracias. Falta mi milanesa con papas, jajaja.
Gracias al amigo Carlos Campos por publicar mis textos en la Revista Luna negra:
Ayer me di una vuelta por el primer Tianguis de Juguetes y Coleccionables en Satélite. Entre figuras, viniles, muñecos vintage y reliquias pop, me llevé más que recuerdos: capturé momentos.
No soy fotógrafo, pero le eché ganas.
David Álvarez (Querétaro, 1990) es sociólogo, periodista, director de la revista Saltapatrás y gestor cultural en la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha publicado los libros Porca Miseria y Vulgatría.
En un país donde las estadísticas suelen hablar de rezagos en lectura, Tisha Guevara apuesta por crear espacios donde leer no sea una actividad solitaria, mucho menos excluyente. Narradora, promotora cultural y mediadora de lectura, ha hecho de la literatura un puente para la escucha, el diálogo y la visibilidad de la diferencia. Desde proyectos como Diversidades Lectorxs y Sala de Lectura Parvada, su trabajo se distingue por el enfoque inclusivo, la horizontalidad y la convicción de que leer transforma tanto como acompaña.
Un club que nace del diálogo
Diversidades Lectorxs es uno de los proyectos más conocidos de Tisha Guevara. Su origen, como muchas iniciativas significativas, fue íntimo y familiar: «Fue idea de mi hijo, después de una charla en donde comentaba que hay población adolescente que no tiene un espacio imparcial para expresar sus ideas, identidad y pensamientos». Así nació este club de lectura para todas las edades, que trabaja desde una mirada diversa e incluyente.
Lo que distingue a Diversidades Lectorxs de otros espacios similares es su capacidad de albergar y potenciar la pluralidad: aquí se lee desde la diferencia, se conversa con apertura, se cuestionan los estereotipos. «La literatura da voz, representa, visibiliza, empodera y concientiza a la sociedad sobre las incuestionables diversidades», afirma Tisha, citando el lema que guía a su grupo.
La lectura como refugio y herramienta
En 2023, Tisha impulsó el proyecto Biblioteca Humana en el marco del Día Mundial contra la Homo Lesbo Bi Transfobia. Allí, como en muchos otros de sus esfuerzos, la oralidad y la literatura se convirtieron en herramientas poderosas para la empatía. Contar una historia —la propia o la ajena— implica un acto de reconocimiento que puede transformar la forma en que nos percibimos y somos percibidos.
«Nosotras apostamos por la literatura para generar y cultivar no exclusión, género disidente y diversidad. La literatura puede ser un refugio, una voz y un espejo», explica. Esa convicción se extiende a todos los proyectos que ha llevado adelante como mediadora de lectura, y que suelen ir más allá del texto escrito, incorporando lo corporal, lo artístico y lo comunitario.
Parvada: leer para volar en comunidad
Más que un círculo de lectura, Parvada es un formato de organización y dinámica de los clubes. Bajo ese nombre —que alude al vuelo colectivo de los pájaros— Tisha ha encabezado una serie de grupos, talleres y encuentros que buscan promover la lectura como experiencia estética, emocional y social. «Además de la literatura como herramienta artística, cultural y de conocimiento, el trabajo en equipo, la sincronicidad y la empatía han sido detonantes para una experiencia no sólo literaria sino humana», explica.
Lo que Parvada deja claro es que leer no se trata sólo de acumular páginas, sino de construir vínculos, horizontes comunes y afectividades compartidas. En ese sentido, se trata también de una pedagogía del cuidado.
Autores locales: lectura con raíces
Uno de los sellos del trabajo de Tisha Guevara es el impulso a autores locales. En un contexto donde las grandes editoriales y los catálogos extranjeros suelen dominar, leer literatura queretana en voz alta y discutirla con lectores de todas las edades genera un impacto singular. «Cuando hemos leído obra literaria queretana hay curiosidad, emoción, mucha charla sobre las obras… el conocer a la escritora o al escritor es otra experiencia de acercamiento», comenta.
Este gesto, que parece simple, tiene implicaciones profundas: activa un sentido de pertenencia, de historia y de comunidad. Leer autores locales no sólo es reconocer la literatura que se escribe cerca, sino también afirmarse en el territorio, en la experiencia propia.
Cultura de paz y creatividad: el taller de Plush Toys
Además de sus clubes y círculos, Tisha ha participado en proyectos como el Taller de Plush Toys, una iniciativa original de otro mediador que ella llevó a escuelas primarias. Los personajes de peluche, diseñados con fines pedagógicos, fueron usados para trabajar con niñas y niños temas como cultura de paz, perspectiva de género, prevención del acoso escolar, inclusión, lenguaje incluyente y deconstrucción de estereotipos.
Esta forma lúdica y creativa de acercarse a temas complejos demuestra la amplitud del enfoque de Tisha, siempre en diálogo con las infancias y adolescencias. Leer, conversar, imaginar y jugar son parte de la misma constelación formativa.
Leer en comunidad, leer en horizontalidad
La experiencia de leer en comunidad es transformadora. En Diversidades Lectorxs, los asistentes —muchas veces adolescentes— llegan con timidez, pero rápidamente encuentran un espacio de confianza. «Sin duda se genera un gran compañerismo y amistad», comenta Tisha.
El criterio para seleccionar los textos es colectivo y horizontal. «Se busca de acuerdo a las personas que asisten: novela, narrativas educativas, cuentos, documentales…». La curaduría compartida es parte del espíritu del grupo: todas las voces importan, todas las experiencias suman.
Desafíos y resistencias
Como promotora cultural con un enfoque de inclusión, Tisha ha enfrentado desafíos importantes, sobre todo de tipo económico. «Lo más difícil es el recurso. Al ser un espacio gratuito para la población —que además son estudiantes— nos ha costado financiar materiales», dice. Aun así, han logrado salir adelante con creatividad, cooperación y apoyo comunitario. Un ejemplo es la donación de acervo literario por parte de la Secretaría de Cultura del Municipio de Querétaro, o la hospitalidad del Centro de Arte Emergente, donde actualmente sesionan.
Lecturas que marcan y textos que transforman
Más allá de los libros, lo que ha marcado recientemente a Tisha Guevara como lectora ha sido el testimonio vivo de la comunidad diversa. «No me ha marcado una novela, sino la realidad que la comunidad género inconforme y queer enfrenta en la vida real», asegura. En ese sentido, menciona ensayos, artículos, documentales y la labor de activistas como fuentes de inspiración y conocimiento.
Entre los autores que han leído en sus círculos figuran Meredith Russo, Alice Oseman, Fernando Rivas, Radclyffe Hall, Javier Malpica, entre otros. Narrativas contemporáneas que dialogan con la identidad, el amor, la diferencia y la transformación social.
Narrar también es resistir
Además de la mediación lectora, Tisha tiene otro amor: la narración oral. «Me gustaría mucho dedicarle más tiempo a ello», dice. La palabra dicha en voz alta, el cuento que se despliega en la presencia del otro, es también una forma de lectura en comunidad.
Y como todo en su camino, está atravesado por una intención: conectar con las demás personas. Porque en la literatura —leída, contada, compartida— cabe el mundo entero. Y también caben sus fracturas, sus diferencias, sus esperanzas.
Tisha Guevara (Orizaba, Veracruz) es mediadora de lectura, narradora coeducativa, gestora cultural y tallerista. Licenciada en Derecho por la Universidad Veracruzana, ha orientado su trayectoria a la promoción de los Derechos Humanos, la Cultura de Paz y las perspectivas de género, especialmente en el trabajo con infancias y adolescencias. Desde 2020 coordina clubes de lectura con enfoque inclusivo, como Nube de Luciérnagas, Diku Deni, Pan y Rosas y Diversidades Lectorxs, este último con una sólida labor en torno a la diversidad, el lenguaje incluyente y la horizontalidad lectora.
Actualmente colabora con la Biblioteca del Museo de la Ciudad y el Centro de Seguridad Social del IMSS, donde imparte talleres de comprensión lectora y clubes cinéfilo-literarios como Maestros del horror. Es también tallerista en prevención del acoso escolar y deconstrucción de estereotipos de género, y ha escrito sus propios cuentos cortos como parte de esta labor. Interesada en la neurocomunicación, la meditación, el diseño de experiencia y las neurodivergencias, Tisha integra diversas herramientas para enriquecer su práctica cultural y educativa. Se sigue formando en narración oral, experiencia del usuario y pedagogías críticas, apostando siempre por la lectura como un acto transformador.
¿Quieres unirte a Diversidades Lectorxs? Busca sus actividades en colaboración con el Centro de Arte Emergente, en la ciudad de Querétaro. Consulta más información y convocatorias en redes sociales o escribe directamente a Tisha Guevara. Leer en comunidad, desde la diferencia, también es un acto de amor.
AMLO es el político mexicano de la segunda mitad del siglo XX y primera del XXI.
Nadie como él entre nosotros, es fácil condenarlo, es humano reconocerlo.
El tiempo y los otros confirmarán lo que vemos y no vemos.
¿Es posible suspender el juicio y no equivocarse?
No somos marionetas del destino, pero sí damos maromas en el tiempo.
La peste de los buenos no blanquea la peste de los malos.
Nada quedará de ti, palabrero, salvo quizá tus palabras.
“Pasan / los semi-dioses desnudos / con pata de palo, tuertos, / diamantes y zafiros machacados, / el ritmo, roto, / el agua, seca. / Sería horrible morir en este día / en que ya todo está muerto…”. Carlos Pellicer, “Poema aislado”, 1970. (Gracias a Malva Flores).
(Con problemas para poner el punto y coma, la M, la C, la V).
Enigma electrónico personal.
¿Con quién dialogas, palabrero? Con la lluvia del tiempo.
Fuera del ChatGPT. Sin ninguna ayuda.
Como un pobre palabrero. Sin acordeones.
Me paro a limpiar la mesa extraña y lavar los trastes del fregadero.
Desconcentrado de mis humildes palabras.
Día de futbol y cine. Últimas entregas de junio. ¿Y luego
¿Cuánto tiempo estaré más aquí, maniatado?
Gracias por sus palabras de aliento y buenos deseos Alejandra, Germán, Efraín y estimada vecina y casera (saludos a don Manuel). Estoy bien, en lo posible y haciendo mucho ejercicio para recuperarme de la operación de la cadera. Y falta la de la hernia. Pues sí, ya viene el mes de julio y entonces festejaremos todo el mes. Saludos y gracias por sus buenas vibras. Fraternalmente, Julio F., Q, lunes 23-Jun-2025.
Al fin ha amainado la lluvia. Sabe bien el café con mi galletita.
¿Con quién dialogas? Las palabras hablan unas con otras y con el silencio. Silencio en la cuadra ajena y extraña.
¿Cuál es mi sitio en este estado de sitio?
¿Cuál es tu sitio en tu propio y ajeno estado de sitio? Ese es el dilema y la libertad de la vida.
No son preguntas retóricas, son preguntas y respuestas personales de adentro.
30 días lejos de casa y encerrado sin salir de este departamento del sur oriente de la ciudad. ¿Aguantaré otro mes encerrado?
Veo Papillon (de Franklin J. Schaffner, 1973, con Steve McQueen y Dustin Hoffman), quien pasó años encerrado en la celda de castigo de la Isla del Diablo. Ya recorriste buena parte del camino y no hay final ni salida, ya lo sabes palabrero.
Un oficial nazi fugitivo, una joven chiapaneca marcada por la historia cafetalera del sur de México y un guionista de Hollywood exiliado por la persecución anticomunista: tres destinos que no deberían cruzarse, y sin embargo, lo hacen. Así es De Berlín a Tlatelolco (Par Tres, 2025), la novela escrita a cuatro manos por Sabine Schütze y Alejandra Camposeco, que inaugura una trilogía ambiciosa donde la historia se entrelaza con la ficción para iluminar un periodo clave del siglo XX.
La novela, recientemente publicada, abarca un periodo que va de 1945 hasta el terremoto de 1957 en la Ciudad de México. Pero sus ecos alcanzan el movimiento estudiantil del 68, al cual las autoras planean llegar en los próximos volúmenes. «La idea original era escribir una novela histórica entre Alemania y México. La Segunda Guerra Mundial, y en especial los campos de concentración, han sido temas que siempre me han fascinado», explica Schütze. La autora de origen alemán ya había abordado ese contexto en su novela Querido soldado desconocido, por lo que quedarse en esa época resultó natural. «Había leído libros como The Ratline o The Odessa File, y me impactó descubrir cuántos oficiales nazis lograron escapar sin enfrentar consecuencias».
Esa fascinación se volvió motor creativo cuando Schütze descubrió que muchos alemanes emigraron a México antes incluso de la guerra, especialmente a fincas cafetaleras del sur. Algunos de sus descendientes terminaron combatiendo en la Segunda Guerra Mundial, pese a haberse criado en territorio mexicano. De allí nació el personaje de Ana, hija del ama de llaves de una familia alemana en Chiapas.
Alejandra Camposeco recuerda que al inicio ni siquiera sabían qué periodo exacto abarcaría la novela: «Yo propuse algunas fechas al azar, y al final Sabine y yo decidimos ir del fin de la guerra hasta la matanza de Tlatelolco». Esa decisión no fue menor. No sólo establecía el marco histórico de la trilogía, sino que permitía incorporar otras tensiones de la posguerra, como la persecución anticomunista en Estados Unidos, especialmente en Hollywood, encabezada por el senador Joseph McCarthy.
Fue así como surgieron los tres protagonistas centrales: Otto, un oficial de la SS que huye de Europa; Ana, una joven chiapaneca atrapada entre dos mundos; y Bill Brown (BB), un guionista estadounidense que escapa de la “lista negra” de Hollywood y llega a México buscando una nueva vida. «Lo genial de esta colaboración es que Sabine aporta toda esa riqueza cultural alemana que yo nunca habría imaginado, y yo sumo la perspectiva mexicana. Lo difícil fue la reescritura para que no se notaran los cambios de pluma», confiesa Camposeco.
El rigor de la investigación histórica es una de las fortalezas del libro. Las autoras encontraron que San Carlos de Perote, una antigua fortaleza en Veracruz, fue usada como campo de detención para ciudadanos del Eje durante la guerra. La información era escasa, pero lograron rastrear publicaciones como Perote y los nazis de Carlos Inclán Fuentes y testimonios de investigadores que documentaron esos episodios poco conocidos.
Otra dificultad fue comprender la devastación cafetalera ocurrida en 1957. Gracias a Ma. Amalia Toriello, quien escribía un libro sobre la finca Hamburgo en Chiapas, supieron que un viento violento defolió las plantas, dejándolas improductivas por años. Ese tipo de detalles, que podrían parecer anecdóticos, enriquecen el trasfondo narrativo.
Camposeco admite que nunca había incursionado en el género histórico. «Imaginaba que requería investigación, pero la realidad fue abrumadora. Aunque debo decir que fue también la parte más divertida. Me encantó aprender tanta historia, y lograr que los hechos se convirtieran en un escenario sin que pareciera que intentamos dar una lección».
El libro aborda temas complejos como la culpa, la obsesión, el amor y la redención, pero lo hace desde la contención emocional. «Nunca nos ha gustado el melodrama», dice Camposeco. «ambas somos secas y pragmáticas, aunque creo que tenemos un alma romántica escondida por ahí». Schütze coincide: «Otto encarna la crueldad nacida del vacío y del miedo a perder el control; Ana y Jürgen viven un amor imposible desde el inicio. La culpa está presente en todos, no como castigo, sino como compañía».
Un contexto que destaca en la novela es la persecución macartista en Hollywood. Camposeco recuerda que el detonante fue la película Trumbo: la lista negra de Hollywood, con Bryan Cranston. Le interesó la idea de que el comunismo, tan presente en la posguerra, también impactó en México, donde el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista comenzaron a influir en la juventud: «El personaje de Bill Brown escapa de Hollywood porque no quiere involucrarse, pero termina enfrentándose a esa ideología como profesor en la UNAM. En el segundo tomo hablaremos de la revolución cubana, que también forma parte de este telón de fondo».
La trilogía está cuidadosamente planificada. El segundo volumen continuará después del sismo de 1957, y llegará hasta 1963. El escenario regresará a la finca cafetalera, ahora golpeada por un entorno hostil. Los Wächter, la familia alemana, intentarán recuperar el control mientras la tensión entre Otto, Ana y Jürgen se intensifica. También aparecerá Acapulco en su época dorada, como otro de los espacios donde se despliega la narrativa.
La tercera parte, como anticipa el título, llegará a la tragedia de Tlatelolco en 1968. «Nos interesa mostrar cómo ciertos procesos históricos, aparentemente desconectados, terminan por confluir en un mismo país, en una misma historia. Porque la historia, como la memoria, no es lineal. Es una red de ecos y resonancias».
De Berlín a Tlatelolco no es solo una novela histórica; es una exploración de lo humano desde la ficción documentada. Una historia escrita por dos autoras que se complementan no solo en estilo, sino en visión del mundo. En un momento donde la literatura mexicana y latinoamericana busca nuevas formas de narrar el pasado, Schütze y Camposeco han encontrado una voz compartida que, sin caer en simplificaciones, ilumina los claroscuros de una época crucial.
Querétaro, Qro., domingo 22 junio 2025.— La lluvia no logró empañar el ánimo de una tarde que quedará grabada en la memoria de quienes asistieron a la emotiva presentación del libro Memorias de Tierra Adentro de Samanta Echevarría, en el histórico Mesón de los Cómicos de la Legua. Cuando escampó, parecía que incluso el clima se alineaba para abrir paso a un evento profundamente conmovedor y literario.
Editado por Helvética, sello independiente que apuesta por voces significativas y personales, el libro fue presentado por un panel de lujo: Carlos Campos, editor de la obra; Eduardo Rabell, cronista del municipio de Querétaro y autor del prólogo; Ana Arias Servín, periodista, editora y crítica literaria; y, por supuesto, la autora, que compartió con profunda emotividad y gratitud desbordante el proceso íntimo de reconstruir su historia familiar.
Carlos Campos destacó que Memorias de Tierra Adentro es un libro que «no idealiza el pasado ni romantiza la pobreza o la violencia doméstica. Echevarría escribe con la lucidez de quien sabe que las raíces también duelen y que sólo al narrarlas podemos comprendernos mejor».
Por su parte, Eduardo Rabell subrayó la capacidad de la autora para tender un puente entre la historia personal y los grandes momentos de la Historia de México: del Segundo Imperio al constitucionalismo, del conservadurismo al presente. «Es un diálogo entre memoria y nación», señaló.
Ana Arias Servín fue enfática al reconocer la sensibilidad narrativa de Echevarría: «Tiene la magia que sólo las autoras mexicanas saben imprimir: la de pintar con palabras dos paisajes al mismo tiempo —el íntimo y el colectivo— desde la Conquista Española hasta nuestros días».
La autora, queretana radicada en Estados Unidos desde hace dos décadas, compartió que fue en conversaciones cotidianas con su familia donde comenzaron a revelarse fragmentos de una historia que terminó convirtiéndose en un rompecabezas lleno de revelaciones: “La Historia de México se desplegaba ante mis ojos”, confesó.
A través de 13 relatos, Memorias de Tierra Adentro entrelaza la crónica familiar con el relato nacional, con una mirada que no olvida el rigor histórico, pero que está sostenida por una escritura cálida y profundamente emocional.
La presentación fue acompañada por la presencia de personalidades del ámbito cultural y político, como la secretaria de Cultura del Estado de Querétaro, Ana Paola López Birlain, en representaciónde Mauricio Kuri González, gobernador del Estado, quien reconoció el valor de esta obra: «Uno se siente orgulloso de ser queretano cuando puede, a través de relatos como este, conocer quiénes hicieron esta historia maravillosa. Sigamos promoviendo nuestra identidad, porque eso es lo que nos hace grandes».
La jornada concluyó con una cálida firma de libros y la participación de una orquesta de cámara, sellando una noche que celebró la memoria, la escritura y el amor por las raíces.
Memorias de Tierra Adentro confirma a Samanta Echevarría como una narradora imprescindible para entender el presente a través del pulso íntimo del pasado. Una apuesta valiente que Helvética edita con la convicción de que recordar también es una forma de sanar.
Querétaro, Qro. — La tarde del jueves 19 de junio se volvió escenario de un diálogo vibrante entre el pensamiento, el arte y la subjetividad creadora. A las 19:00 horas, en la sala principal de la Galería Libertad, se llevó a cabo la presentación de La alienación del yo y la creatividad en la semiótica, el más reciente libro del poeta y doctor en artes Cristian Martín Padilla Vega, publicado por la editorial Helvética.
La mesa estuvo integrada por Carlos Campos, editor del sello, el académico y crítico cinematográfico Juan José Lara Ovando, y el propio autor. Cada uno de ellos aportó una lectura distinta pero complementaria de la obra, que fue recibida con entusiasmo por un recinto lleno de asistentes del ámbito cultural, académico y artístico de Querétaro.
En su intervención, Carlos Campos subrayó el planteamiento central del ensayo: “Padilla Vega articula un planteamiento audaz: la alienación del yo —ese desdoblamiento doloroso que toda subjetividad creadora enfrenta en el acto artístico— no es una falla, sino un motor de la expresión simbólica. Y el arte, en lugar de curar esa fractura, la vuelve visible y la transmuta en belleza.”
Por su parte, Lara Ovando aportó una lectura lúcida desde la dramaturgia y el cine. Destacó la capacidad del autor para integrar la figura de Tennessee Williams al análisis estético y sociológico, colocándolo junto a otros grandes como Eugene O’Neill, Arthur Miller y Neil Simon: “Williams representa, tal vez como nadie, la condición del yo enfrentado a la sensibilidad del artista”, apuntó el especialista.
El autor, visiblemente conmovido, compartió con el público el origen de esta obra, que nace de su tesis doctoral en artes, así como su gratitud por contar con un prólogo del filósofo Mauricio Beuchot. También reflexionó sobre el cuerpo del actor como un signo viviente, sobre la hermenéutica como herramienta propicia para la comprensión de la vida y obra del artista, y sobre la creación artística como una forma de habitar la fractura sin necesidad de negarla, lejos de equivocismos y univocismos.
La presentación se convirtió en mucho más que un acto editorial: fue una conversación interdisciplinaria entre la filosofía, el arte escénico, la poesía y la teoría crítica. El público participó con preguntas y comentarios que evidenciaron el interés por una obra que, como pocas, apuesta por la profundidad conceptual sin renunciar a la sensibilidad estética.
La alienación del yo y la creatividad en la semiótica forma parte del catálogo de Helvética, una editorial queretana que continúa abriendo espacio a voces críticas e innovadoras dentro del panorama literario contemporáneo. El libro ya está disponible en Amazon, en Helvética y próximamente en librerías independientes.
La noche cerró con una cálida firma de ejemplares y un ambiente de celebración por la palabra pensada y sentida. En tiempos de discursos simplificados, Padilla Vega nos recuerda que la complejidad también puede ser un acto de libertad y belleza.