A las siete de la noche, Carla se sumerge en una nueva sensación del tiempo. Se prepara un té caliente; con libreta y bolígrafo en mano, se sienta a escribir. En enero comenzó una historia sobre unos jóvenes que estudiaban magia en una escuela donde les enseñaban a transformarse en criaturas mitológicas; la terminó en abril.
Poco a poco descubrió que el tiempo que dedicaba a tomar té y escribir era mágico. Al terminar aquel libro, comenzó otro de haikus y poemas breves. Cuando lo finalizó, se sintió fatigada y sin inspiración; dejó de escribir y también de tomar el té a las siete.
Esos días pensó mucho en su vida, y sintió el peso de su soledad. Hacía tiempo que había pospuesto ver a sus amigas. Se había sumergido tanto en sus escritos que se olvidó de su vida social.
Como si fuera una coincidencia, una de sus amigas la contactó y acordaron ir a tomar un café. El aroma de la mezcla chai le recordó su labor literaria, que había detenido por varios meses. Mientras platicaban, Carla le contó a su amiga sobre los libros que escribió y sobre unos sueños que tuvo.
—Hace poco he vuelto a soñar que camino por las calles de Europa. Me he dado cuenta de que las ciudades son muy similares y están conectadas por túneles y pasadizos.
—Creo que tengo que ir a Lisboa a tomar el té y escribir un nuevo libro de cuentos —le dijo a su amiga Olivia, mientras tomaba un sorbo de su té.
—Es muy interesante que puedas ver calles y ciudades en sueños. Significa que estás por moverte a un nuevo lugar.
—Me gustaría tener más tiempo para viajar —el anhelo se notaba en la voz de Carla—. Luego de que empecé a beber té regularmente, ¿te diste cuenta de que los rituales alargan el tiempo?
—Sí, me gusta esa sensación. Viajar también es un ritual.
—Te deseo mucho éxito, amiga.
—Gracias. Espero que podamos vernos pronto, para intercambiar nuestros libros.
—Yo también —concluyó Olivia amablemente, y salieron del café.
Diana Galindo Barajas Escritora mexicana nacida en el Estado de México en 1994. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Ha publicado los libros Despliegue de pájaros (Ediciones El Humo, 2012), Spiritual Kingdom (El Humo, 2014), El mundo desde afuera (El Humo, 2019), Las pasiones de la luz (Infame Turba Editorial, 2022) y Atlas magnético (Ígneo Editorial, 2025). Su obra poética forma parte de la antología Poesía en sí (Escuela Normal Superior de Querétaro, 2015).
Los hombres excepcionales enfrentan su vida a fuerzas oscuras incapaces de soportar la luz que irradia su espíritu, y de esas fuerzas oscuras, formadas por sombras de mediocridad, hipocresía social, fanatismo, envidia y rencores, sale la mano del sempiterno descendiente de Caín que los asesina.
—Alfonso Quiroz Cuarón, Psicoanálisis del magnicidio (1965)
La contradicción es tan humana como la imperfección. Se puede ser material en extremo sin poder evitarlo, al igual que espiritual sin desearlo ni mediatizarlo… es una inercia social infalible con la cual deben alternar quienes llegan al estrellato. Las personas encasillamos a nuestros semejantes —y a la gente del ambiente artístico— en estereotipos, pero no hay estereotipo que valga cuando se vive constantemente en el efecto pendular de ir de un lado a otro. Nada es estático. En el mundo de la música, las cosas no son distintas: con el regreso mediático (y añorado) de Caifanes, el negocio del entretenimiento estaba de fiesta… también sus fans.
OCESA, Ticketmaster, Televisa y Coca-Cola no desaprovecharon el momento de ser parte del show business. Los integrantes de Caifanes pueden ser espirituales y tener ideales inmutables, pero eso no significa que le rehúyan al dinero ni a la megalomanía. La banda es, en su esencia, aspaventera y vive para el aplauso; difícilmente se iban a privar de ver el Foro Sol rendido a sus pies.
Comenzaron siendo una banda para un público que, por antonomasia, iba contra el monopolio televisivo en México. Por eso, cuando los vieron en el Canal de las Estrellas, primero con Raúl Velasco en Siempre en Domingo y luego con Verónica Castro en Aquí está, muchos se desencantaron de su grupo preferido. En los años ochenta, ser anti-Televisa era ser cool. El tradicional esquema de fabricar artistas —impulsado por Emilio Azcárraga Milmo y su comité ejecutivo conformado por Emilio Díaz Barroso, Guillermo Cañedo de la Bárcena y Miguel Alemán Velasco— generaba millones, pero resultaba chocante para la clase pensante e independiente de una nación ávida de nuevas propuestas. Sin embargo, a Caifanes el mainstream les llegó al precio… y la oportunidad de ser completamente famosos estaba a sus pies. Desde entonces, aquella banda de rock que se inició en los bares del entonces Distrito Federal se convirtió en una rockstar nacional. De México para el mundo.
Las Insólitas Imágenes de Aurora fue el subterráneo antecedente de Caifanes. Caifanes es la historia de un final no feliz que no termina; la historia de una banda que nació fiel a sus principios anticomerciales, pero que, cuando llegó a la cima, se convirtió en iconoclasta de su propio mito. Un surrealismo mexicano que permitió a miles de fans verlos juntos durante años, y en intervalos con Jaguares, con la esperanza de volver a reunir a los miembros originales y sanar heridas internas. Es el voyeurismo por excelencia que alimenta al espectáculo, siempre hambriento de noticias sensacionalistas. Son, también, la nostalgia de un tiempo que no volverá: los años noventa fueron su época dorada.
Con la llegada de The Rolling Stones a México, Caifanes fue elegida para abrir sus conciertos en enero de 1995, justo al concluir el año de los demonios sueltos en la política mexicana. Tras su plausible actuación, Saúl se despidió del público de sus Majestades Británicas con un: «Gracias, raza, los dejamos con la banda más grande del planeta… ».
La creatividad brillaba en Diego Herrera, Sabo Romo, Alfonso André, Saúl Hernández y Alejandro Marcovich. Protagonistas de una historia pop masificada que nació en el underground del rock mexicano, con Rockotitlán como punto de partida. Desde allí despegaron hacia la cumbre con varios discos bien elaborados. Hispanoamérica ya los esperaba con los brazos abiertos, justo cuando irrumpía la maquinaria enajenante de «Rock en tu Idioma”. En el ámbito hispanohablante, diversas bandas alzaron la voz: Argentina con Soda Stereo, España con Héroes del Silencio y México con Caifanes a la vanguardia.
Una nueva generación de jóvenes mexicanos —distantes de los hippies de Avándaro— estaba ávida de propuestas musicales y literarias distintas. Lejos también del rock urbano que giraba en círculos imaginarios, envuelto en tópicos de resentimiento social y anarquismo ya anacrónicos. Muchos de sus fans originales, veteranos de Avándaro, habían sido convertidos por el establishment en héroes y víctimas, sin oponer resistencia a esa narrativa impuesta desde las sombras del poder. La entonces PGR formó gruesos expedientes.
Los poderes fácticos habían ganado la batalla contra el rock. Después de Avándaro, la herencia de Three Souls in My Mind fue condenada al ostracismo de los hoyos funky que ya había profetizado Parménides García Saldaña. Con El Tri de Alex y Chela Lora, las cosas comenzaron a cambiar.
Caifanes vino a ser, en parte, iconoclasta del rock hecho en México que revistas como La Mosca en la Pared denostaron en varias ediciones, a diferencia de Conecte, de José Luis Pluma, y Banda Rockera, de Vladimir Hernández, que siempre apoyaron el movimiento sin condiciones. Hugo García Michel y su línea editorial representaban la postura crítica, a veces con apelativos que no reproduciremos aquí. El tema sigue abierto.
«Demasiado bueno para ser real», dice un dicho común. Con Caifanes no fue la excepción. Tras el lanzamiento de El nervio del volcán, y su última presentación el 18 de agosto de 1995 en San Luis Potosí, anunciaron su fin. Justo en la cima. Las razones, múltiples y sensacionalistas, se resumieron en emociones, vísceras y sangre. Dos personalidades disímiles pero creativas —Saúl y Alejandro— marcaron el rumbo del pop mexicano y sacaron a relucir sus diferencias en el estudio de grabación. Los rencores afloraron.
El introvertido Marcovich no iba a permitir que Saúl le dictara cómo hacer las cosas. Sabía lo que hacía, y comenzaban a notarse celos profesionales hacia el poder mediático del vocalista. Cada quien tiene su versión.
Resulta irónico: cuando lograron lo que tanto soñaron, todo se vino abajo. El nervio del volcán vendía como nunca, y aún no había piratería. El legado de Caifanes quedó intacto en la memoria de sus fans. Algún día serán una banda de culto. Es una pena que los conflictos entre Marcovich y Saúl hayan dejado en el limbo a Sabo, Diego y Alfonso. Los cinco eran Caifanes, y lo serán siempre.
En entrevista con Javier Poza, Sabo Romo expresó que nunca le agradó la llegada de Marcovich, aunque aceptó por consenso. Según él, Alejandro no aportó gran cosa, algo con lo que —quien esto escribe— no concuerda. El guitarrista argentino fue fundamental: compositor, arreglista, letrista. Su visión antropológica aportó a la banda la importancia de los ritmos del folclor mexicano y el uso de samplers. Aquí no es así lo demuestra: Saúl solo aportó la voz.
La disolución de Caifanes refleja también aspectos de nuestra idiosincrasia. Los egos dominaron. Aunque hubo una reconciliación, las diferencias resurgieron. El vocalista y el guitarrista exponen sus argumentos, dejando al resto sin voz ni voto, lo cual rompe cualquier equilibrio.
La primera reconciliación llegó tarde. Muchos fans ya tenían otras prioridades. La voz de Saúl ya no era la misma, tras varias operaciones de garganta. Basta escucharlo en vivo con Afuera para notar que ya no alcanza las notas altas. Aunque dijeron que su regreso no fue por dinero, los precios de los boletos dicen otra cosa. Antes, ir a un toquín era mucho más accesible.
Querétaro (Querétarock) tampoco fue ajeno al hechizo de Caifanes. En 1988, el auditorio Josefa Ortiz de Domínguez los recibió con entusiasmo juvenil. La tecnología del recinto lucía, y el público se entregó, esperando que cerraran con La Negra Tomasa. No ocurrió, pese a las insistencias. Desde su lanzamiento, esa canción sonó en todas las fiestas ochenteras, aunque Caifanes ya tenía suficiente material como para no ser encasillado por ella.
En marzo de 1989 se anunció la gira Rockonexión Pepsi con Rod Stewart, y Caifanes sería telonero en el Estadio Corregidora. Pero, para sorpresa general, la empresa Art Beat Music, filial de Televisa, condicionó su participación a que la banda pagara por tocar. Rechazaron dignamente y fueron reemplazados.
Volvieron en 1994 con El nervio del volcán en la Plaza de Toros Santa María. Como Jaguares, regresaron en 1999 a una tocada cargada de nostalgia. El público pedía canciones de Caifanes. Y cuando por fin “El Vampiro” tocó el rasgueo acústico de La célula que explota, el entusiasmo fue total: «Hay veces que no tengo ganas de verte…».
El tan esperado regreso fue en octubre de 2011, en el Estadio Municipal. Los precios, inalcanzables para la clase trabajadora, atrajeron a un público snob más preocupado por figurar que por disfrutar. La magia era otra. En marzo de 2022 tocaron de nuevo en el Josefa Ortiz de Domínguez. Los precios, una vez más, excluyeron al pueblo. ¿Para qué insistir? La clase trabajadora sigue sin acceso.
Cada mañana despertaba deseando que el suave viento tocara su rostro y refrescara su vida, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Recorría las cortinas y tapaba la ventana, tratando de ocultar ese espacio cuadrado que prometía sensaciones que ella insistía en negar. Su rostro estaba cada día más pálido; resentía la ausencia del calor del sol y la falta de aire fresco, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Se refugiaba en aquel rincón de la habitación donde el olor a moho le recordaba los años de humedad oculta.
Su salud física y emocional comenzaban a resentir aquel encierro, la falta de luz, de aire, de vida. Pero ella se resistía a dejar abierta la ventana… Se santiguaba sentada en la cama para alejar los pensamientos que la asaltaban de vez en cuando al ver las sábanas, impecablemente blancas, horrorosamente pulcras.
Un día se hartó. Ya no pudo respirar. Sintió asco del olor a moho y de aquel espacio reducido y oscuro, tan oscuro y lúgubre que lo blanco de las sábanas lastimó sus ojos.
¡¡Y decidió abrir la ventana!!
Pero no fue un viento suave lo que entró… Fue un huracán que mezcló sus cabellos, sus ideas y sus sentidos. Tiró y desordenó lo que encontró a su paso, revolvió y ensució las sábanas de tal manera que le encantó y nunca más las quiere ver pulcras.
Desvaneció el olor a moho de aquel rincón humedecido. Cambió todo de lugar y de sentido de manera tan radical que nunca volverá a ser como antes… Su cabeza, sus sentidos y el mundo entero giraban en una vorágine sin sentido, pero tortuosamente gozosa y placentera.
¡¡Y luego se fue!! ¡¡Revolvió su mundo y luego se fue!!
Quisiera culparlo por todo lo que cambió, por lo que destruyó, pero no puede… porque fue ella quien abrió la ventana.
Alma Rosa Olvera Santos Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.
Daniela Quintero Hernández es promotora y gestora cultural, así como escritora autodidacta. Licenciada en Turismo Alternativo, cuenta con diplomados en Literatura, Letras Hispánicas, Escritura Creativa, Arteterapia, Herbolaria Mexicana, Historia y Filosofía. Su obra ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, con distinciones como el premio de narrativa poética Matriz de amor y el fragmento Cuahuitl. Es autora de dos libros publicados y ha participado en diversas antologías. Su poesía y narrativa abordan temas como la maternidad, la justicia social y la conexión espiritual con la naturaleza. Actualmente trabaja en su tercer libro, centrado en el vínculo entre las raíces indígenas y la modernidad. Además, imparte talleres de escritura creativa, arteterapia y círculos de sanación para mujeres. Es locutora en la radiodifusora Radioactivatx.org y se desempeña como vicepresidenta del Consejo Mundial de la Paz en el estado de Querétaro.
Fue aquel jueves 24 de mayo del 2007 cuando Alejandro Toledo presentó su entonces reciente trabajo editorial, Dos escritores secretos, una compilación de trece ensayos sobre los escritores mexicanos Efrén Hernández y Francisco Tario, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Gracias al auspicio del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, la presentación tuvo lugar en una conocida cafetería del centro de la ciudad.
Enfático, Toledo afirmó que Dos escritores secretos no pretende “crear monumentos a Efrén Hernández ni a Francisco Tario, sino lograr que la obra de estos escritores secretos y raros encuentre lectores que deseen explorarlos, que se sientan atraídos por una literatura diferente y particular emanada de nuestra nación”. Esta ambición representa, para el autor, un buen riesgo: “se trata de que las obras de Hernández y Tario sean necesariamente leídas”.
La presentación consistió en una reflexión en torno a los textos reunidos en la compilación. Según el compilador, “se puede apreciar incluso el carácter extraño y raro de los dos escritores mexicanos”. Para Toledo, el objetivo principal es “compartir el descubrimiento de dos escritores mexicanos que han sido poco valorados en el espectro literario nacional y permitir que sus obras circulen; no busco que se les rindan homenajes oficiales, sino que sepamos que existen”.
El evento, que derivó en una charla entre el autor y los asistentes, sirvió como marco para debatir las aportaciones literarias de Hernández y Tario, así como para descubrir similitudes y diferencias entre ambos escritores. Sus obras fueron analizadas por los trece ensayistas jóvenes que participaron en la compilación, provenientes de distintas regiones de la República.
Toledo destacó la principal característica que define a los escritores raros, como Hernández y Tario: su escasa producción literaria, que, sin embargo, delata su genialidad. Puso como ejemplo a Juan Rulfo, “quien, con solo dos libros, desistió de ser una figura intelectual permanente; quizás, en caso contrario, habría escrito solamente libros malos”.
Los ensayos reunidos en Dos escritores secretos tienen un doble propósito: fomentar el estudio del estado del arte de la literatura nacional y promover la producción ensayística entre jóvenes escritores mexicanos. “Se trató de extender una invitación a compartir puntos de vista sobre los diferentes enfoques creativos que ofrecen Hernández y Tario. Los ensayistas se sintieron afortunados de recibir esta invitación y respondieron con un buen trabajo, que ahora el lector tiene en sus manos”, refirió Toledo.
El compilador reconoce que la propuesta de crear esta obra fue bien recibida por los ensayistas jóvenes: “A quienes contribuyeron con la obra les gustó haber tenido un contacto literario con Efrén Hernández y Francisco Tario”. Además, destacó que la compilación cumple con dos funciones esenciales: “Por un lado, permite que los escritores tomen conciencia de las sociedades literarias que se agrupan en torno a un autor; por otro, ayuda a los jóvenes ensayistas a descubrir que, muchas veces, los escritores menos conocidos son los más interesantes”.
Lejos de la mecánica tradicional de una presentación de libro, este evento prescindió de panel, moderador y un gran foro para convertirse en un diálogo directo entre el autor y los asistentes, construido a partir del libro. Para Toledo, en esta presentación la forma fue fondo: “Los mismos Hernández y Tario promueven ser leídos por públicos muy selectos, que aspiran a tener una experiencia literaria diferente y que no necesariamente se cuentan por cientos. No buscamos una lectura masiva, sino adecuada”.
Autor de James Joyce y sus alrededores (2005), Alejandro Toledo sostiene que “a la mayoría de los críticos literarios les cuesta mucho entender el trabajo de los escritores raros, como en el caso de Hernández y Tario. Frecuentemente, este tipo de escritores son tachados de menores, dado que no se adaptan a las formas literarias típicas, como la novela, la poesía o el relato, sino todo lo contrario”.
Sobre los perfiles de Dos escritores secretos, el autor destaca: “Los escritores raros presentan generalmente una peculiaridad tanto en su escritura como en su personalidad y figura pública. Efrén Hernández era muy carismático, amable y simpático; incluso contaba con un círculo de seguidores, a pesar de su escritura transgresora. En contraste, Francisco Tario siempre se mantuvo distante de todo contacto público: no presentó ningún libro ni otorgó entrevistas”.
Alejandro Toledo explicó que la selección de los ensayos no fue un proceso estricto. “A partir de la invitación a los ensayistas, los textos fueron surgiendo y se incluyeron conforme me llegaban; no hubo una selección de material”. No obstante, destacó que trató de evitar la repetición temática: “Algunos escribieron sobre poesía, otros sobre narrativa y algunos más sobre los aforismos de Hernández”.
A partir de la lectura de los ensayos, se advierte un interesante valor pedagógico para el estudio y análisis literario, según la interpretación de los textos que cada ensayista aporta. Alejandro Toledo no descarta la posibilidad de que los ensayos reunidos en Dos escritores secretos constituyan una contribución relevante para el estudio de la literatura nacional desconocida o infravalorada: “Creo que los ensayistas encontraron en esta propuesta una oportunidad para interpretar a Hernández y Tario desde una perspectiva particular. Su trabajo constituye una forma de revelar alternativas creativas ante los modelos literarios impuestos. Pero el mayor beneficiado es el lector, quien tendrá la oportunidad de acercarse a la obra de dos genios de la literatura poco valorados”, concluyó.
La música y la imaginación son el poder de la mente para formar imágenes de cosas no presentes en los sentidos. La historia del pop y su música pueden ser un indicador de cómo usar la imaginación para cambiar el mundo, dejarlo como está o volverlo intrascendente. La tendencia global es hacerlo intrascendente y dejarlo como está.
En los años abruptos del rock, cuando este se asumía por antonomasia como una música iconoclasta y juvenil, sus paladines y héroes (de vinilo) difícilmente podían caer en la incongruencia del ser. La filosofía de Heidegger —toda proporción guardada— bien podría caber en este escrito. Las acepciones están aquí.
El origen y nacimiento del rock en esas décadas no eran precisamente un tópico que los seguidores de las bandas y solistas de ese género habrían llevado a un simposio. Las universidades públicas no estaban abiertas para eso. En México, el rock era denostado por las clases sociales y políticas, y todos cabían en el mismo saco. Ni cómo ayudarlos. Los enemigos del capitalismo y, por consecuencia, amigos del comunismo, se escuchaban obtusos en cuanto al rock. Lo siguen estando. Sin embargo, en el origen del rock estaban —y siguen estando— las respuestas que no están en el viento.
La historia es extensa y nace en los Estados Unidos. Cuando los actores del rock estaban en los estudios de grabación, la creatividad brotaba a flor de piel, y cada año surgían nuevas propuestas y, con ellas, novedosas rolas que sus millones de fans alrededor del mundo querían tener en sus respectivas colecciones de elepés, sencillos de 45 rpm y casetes. Las voraces compañías discográficas hacían su chamba, y el rock llegaba a todos los rincones del mundo occidental, donde el fetichismo del consumo era parte de la estructura del rock and roll. Lo sigue estando, pero ahora con otros matices y, ahora sí, en todo el planeta, donde la civilización del espectáculo gira en torno a revivals que se reproducen por todos los rincones del globo terráqueo.
México no es la excepción. Desde el boom del rock en vivo en los años noventa, los rockstars que llegan a tierra azteca no traen nada nuevo ni algo que realmente valga la pena para pagar un boleto.
En diciembre de 1997, U2 regresó a tierra azteca con el PopMart Tour y la promoción de su nuevo disco, acompañado de una mercadotecnia sin límites. El compact disc Pop llegó a todos los rincones del planeta, y la gira estuvo en sintonía con el comercializado álbum de la banda irlandesa. Esto viene a cuento por una razón: las nuevas canciones de U2 no complacieron a miles de sus fans alrededor del mundo, y no faltaron los motivos. Pop adolecía de congruencia respecto a sus trabajos anteriores. U2 daba la impresión de haber caído en un bache creativo y, ante el millonario compromiso con su disquera de editar un nuevo disco, Bono tuvo la ocurrencia de mezclar su estilo característico con la onda discothèque. Pasada la efervescencia de la millonaria gira, el cd Pop pareció pasar sin pena ni gloria en las tiendas de discos, entiéndase Mix Up o Tower Records. The Joshua Tree y Achtung Baby habían sido la cúspide de U2, mientras que Pop quedaba como un sentimiento culposo para Bono.
En el fabuloso concierto David Foster and Friends celebrado en Las Vegas, con Peter Cetera como invitado, el exvocalista de Chicago amagó con cantar ópera —y lo hizo muy bien—, pero sólo por un instante. Valió la pena escucharlo incursionar en ese género, aunque rápidamente retomó su camino y deleitó a la audiencia con un medley de su autoría. Son esos detalles los que se agradecen en estos maestros del pop.
Cuando la gira 360° de U2 llegó a México en 2011, la banda irlandesa ofreció dos grandiosos conciertos en el Estadio Azteca, con la novedad de un escenario circular ubicado en el centro de la cancha. En el segundo concierto y casi al final, Bono hizo cantar a todo el respetable el Cielito Lindo, que comenzó a escucharse en las potentes bocinas. La canción emblema de una nación resonó gloriosa, y los fans de U2 le agradecieron a Bono la fabulosa ocurrencia. Extrañamente, los medios que cubrieron el evento no le dieron difusión a ese momento, que por minutos hizo sentir patriotas a más de 110 mil seguidores de U2; sin embargo, los asistentes salieron juntos y felices esa noche de primavera. El rock había hecho posible que un irlandés acompañara a miles de mexicanos en una sola voz. No era un hecho aislado: en su primera visita a México con la gira Zoo TV Tour, en el Palacio de los Deportes y tras cuatro noches de espectáculo, en la última Bono se desplayó con La Bamba, lo que provocó el paroxismo total entre los asistentes al Domo de Hierro de Iztacalco. En el siglo XXI, en una gira de Kiss en la Arena Monterrey, Paul Stanley hizo lo mismo con La Bamba para deleite del público regio. Esa noche, el riff del guitarrista y cantante de Kiss sonó elevado y el aplauso fue prolongado.
En febrero de 1990, Bon Jovi y su banda llegaron a Guadalajara con el New Jersey Tour, un evento accidentado celebrado en el Estadio Olímpico de la U de G. Originalmente, el concierto estaba planeado para realizarse en Querétaro, pero con el antecedente de nota roja en el primer concierto de Rod Stewart, el gobernador temió nuevos brotes de violencia y negó los permisos. Finalmente, tras amenazas de la poderosa FEG, el evento fue posible, y como grupo telonero, se presentó un mariachi. Los fans de Bon Jovi correspondieron con total entrega y disfrutaron la sorpresa de principio a fin. No se sabe si la idea fue del rockstar de la noche o de los organizadores, pero en la ciudad del mariachi, un mariachi abrió el concierto de una banda de rock pop. Esa noche, nadie le pudo dar un mal nombre al amor… Aventuro a pensar que el gran héroe de la guitarra, Carlos Santana, debió sentirse orgulloso al enterarse del suceso. Cabe decir que al ídolo de Autlán, Jalisco, siempre lo ha acompañado la congruencia en lo que hace, dice y toca para sus leales fans.
En una presentación de El Tri en el programa nocturno En Vivo, conducido por Ricardo Rocha en los años ochenta, la banda incluyó en su repertorio de esa noche la rola de Eric Burdon & The Animals, La Casa del Sol Naciente. La ocurrencia de Lora no desentonó con sus propias canciones; con esa ejecución en vivo en el Canal de las Estrellas de Televisa, Alex Lora dio cátedra de su talento para interpretar buen rock en inglés, con músicos a la altura de las circunstancias.
Cuando en los noventa se dio el boom de las grabaciones en vivo con orquesta sinfónica, el rock llevó el estandarte de esa novedosa manera de interpretar sus canciones junto a maestros de la música. Con el formato desenchufado ocurrió algo similar. Tesla lo inició con Five Man Acoustical Jam en 1990, y de ahí en adelante, la lista es larga. En México, El Tri lo grabó de ambas maneras. No era algo nuevo, ni con orquesta ni unplugged, pero la industria discográfica vio una veta de oro por explotar, coincidiendo con la llegada del Beta y el VHS. Para las grandes bandas de rock del planeta, tocar con una sinfónica o en versión unplugged era una forma de demostrar su adaptabilidad sin problemas, logrando que la música llegara, sin culpa alguna, tanto a los ortodoxos de la música clásica como a los fans del rock.
En una de las presentaciones de Coldplay en Buenos Aires, los fans de Soda Stereo debieron sentirse orgullosos cuando el vocalista de la banda rindió homenaje a Gustavo Cerati al interpretar De Música Ligera. Al final, los aplausos no cesaron.
Metallica, en septiembre de 2024 en México, con tres toquines de alarido, cubrió el otrora Foro Sol de un aura de sentimiento culposo entre sus fans o neofans convertidos en improvisados fotógrafos. ¿Dónde estaban los thrashers, los headbangers, el mosh, el slam que disfrutaron de Metallica en 1993 y 2009? La Chona, La Negra Tomasa, El ADO y Los Luchadores sonaron a una pachanga que dio pie a todo tipo de opiniones. En el ajedrez de la mercadotecnia, nada es casual; la dinámica consumista impone su propia lógica, y el sentimiento culposo no abona entre los fans de Metallica. Esas noches de heavy metal en la Magdalena Mixhuca demostraron que el fetichismo del consumo es un conjunto de elementos interrelacionados, donde la banda angelina también es pieza clave.
Cuba nos recibe con tres filas en la seguridad del aeropuerto. En dos ocasiones, cierran una y nos redirigen a otra. «Bienvenidos a Cuba, así es aquí, tengan paciencia», nos calma un turista. «Los cubanos hacemos fila por todo», comenta Ariel, el taxista que nos lleva del Aeropuerto Internacional José Martí a La Habana Vieja. «La fila de coches que ven a su derecha es por la falta de gasolina». Así comienza nuestra travesía hacia la calle Galiano, nuestro hogar compartido por una semana. «Los últimos tres días nos han mandado a casa; tampoco hay transporte público». Recordamos cuando en 2019 las gasolineras en Querétaro sufrieron desabasto. «Fue una semana; aquí es una constante. Sólo podemos cargar cuarenta litros», afirma Ariel, pensativo. «No les diré que aquí todo es bello como lo suelen hacer los guías de turistas. Estamos muy mal. La gente se va. En 2019 éramos once millones; ahora apenas somos ocho. El edificio a su izquierda es el Ministerio de Comunicación; no comunica nada». Nos instalamos en el departamento y el administrador nos indica que al otro lado de la calle venden pizza. Al salir, nos abordan diversos taxistas. Cruzamos la calle para llegar a la pizzería, donde nos formamos tras los habitantes del barrio, vestidos con ropa americana, en la ventana de una tienda pobremente abastecida. Mientras esperamos, el hedor de un río de basura en la esquina se mezcla con el aroma de las primeras pizzas, que sus dueños sostienen en las manos ante la falta de papel para envolverlas. Estamos al tanto de la escasez de artículos básicos en la isla, pero una cosa es saberlo y otra muy distinta experimentarlo. El domingo exploramos la capital, que nos sorprende con sus contrastes: la cúpula dorada del Capitolio encandila al visitante, pero no logra ocultar las casas en ruinas que nos obligan a caminar por la calle. «Por el riesgo de que se caiga alguna piedra», nos advirtió el buen Ariel. Una ciudad con rostro de posguerra sonríe, chimuela, revelando un diente de oro. Yadira Cruz, Héctor Alejo y yo habíamos venido a Cuba para presentar nuestras obras en la Feria Internacional del Libro de La Habana. No nos tocaría en la sede del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, así que lo visitamos en nuestro día libre. Declinamos la oferta de un taxista que pedía mil quinientos pesos cubanos (poco más de 1200 pesos mexicanos) y, en su lugar, tomamos una guagua por cinco. Caminamos por el histórico baluarte defensivo de la ciudad y disfrutamos del bellísimo atardecer sobre la bahía. El tradicional cañonazo de las 21 horas rememora el disparado en la época colonial para anunciar el cierre de la muralla. En los puestos de editoriales observamos los precios de los libros cubanos, que oscilan entre diez y cien pesos cubanos. En ese instante confirmamos que nuestras obras serían invendibles. De regreso, nuevamente en la guagua, alguien grita: «¡Recórranse hasta el fondo, que no hay más transportes, todos deben caber!». Los siguientes días son un desfile de presentaciones en el “Encuentro de jóvenes escritores de Iberoamérica”. El lunes, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, coincidimos en un panel con la actriz Patricia Rodda, el escritor Octavio Castillo, la escritora Fabiola Pinel y Antonio Nazzaro, del Centro Cultural Tina Modotti, para intercambiar ideas sobre “Literatura emergente y resiliencia: retos y alternativas de promoción literaria desde lo multidisciplinar”. Destacan los videopoemas, la combinación de distintas artes, la creación de comunidad entre artistas y la exploración de redes sociales sin enfatizar el propio nombre. En la tarde, donamos ejemplares de nuestros libros a la biblioteca de la Casa de las Américas, tras disfrutar de recitales de poesía a cargo de escritores locales premiados, como Nathaly Hernández, Liset Prego y Lorena Velázquez, bajo la conducción de Sinecio Verdecia, director de la Casa de la Poesía. El martes leemos en el Pabellón Cuba. Bajo la conducción del escritor cubano Raúl Aguiar compartimos fragmentos de Jessie y el dragón, Detrás del muro y Anagnórica centuria. Luego nos entrevistan en el programa A buena hora en Radio Taino, “La FM de Cuba”. En la tarde presenciamos los homenajes a Basilia Papastamatíu y Virgilio López Lémus, a quien estaba dedicada la FILH 2025. Finalmente, una feria que homenajea a sus escritores en vida. En la noche leemos poesía en la UNEAC, donde me siento un fraude: «De poeta no tengo un pelo, ni soy joven y, como alemana, represento a México». Yadira y Héctor se lucen con su canción Lejos de tu lado, y yo quedo cautivada por la pluma del escritor Luis Enrique Mirambert y su poema sobre Chernóbil. El miércoles nos vamos de pinta para seguir explorando La Habana: tomamos mojitos en La Bodeguita del Medio, como Hemingway, y estampamos mensajes en sus paredes. Deambulamos por la Plaza de la Revolución, nos trasladamos en el emblemático coco taxi y recorremos el pulmón de la capital, el Parque Almendares, a bordo de un descapotable clásico. El jueves nos esperan en la Casa de la Poesía. Presentamos nuestras obras más recientes: Arrebatos, desvelos y verdades, Bajo tu mirada y Querido soldado desconocido. Al finalizar, rifamos ejemplares que gozan de gran popularidad entre los asistentes. Despedimos el día en la Casa del Alba, leyendo poesía y narrativa, y con la segunda presentación de Lejos de tu lado. El viernes, en la gran final del evento, escuchamos los proyectos artísticos para las comunidades cubanas, elaboramos un tendedero literario con poemas ajenos y, en un programa infantil conducido por el escritor Maikel Rodríguez, Yadira declama un poema propio. «Me sorprende el nivel de empatía y admiración visto y sentido entre todos, una real comunidad literaria», expresa Héctor Alejo. Llega la hora de decir «Hasta luego» a nuestros congéneres literarios, quienes nos acercaron a la isla en versos, dejando una huella profunda en nosotros. “Si renazco en poeta, quiero nacer en La Habana”, se maravilla Yadira Cruz. Agradecemos de corazón la gestión eficiente y amorosa del evento y de nuestra participación a Yanelys Encinosa, poeta, ensayista, gestora cultural y editora de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Próximamente, en la sección Rosa Bengala del periódico Noticias, les compartiremos textos para que tengan oportunidad de conocerla a ella y a los poetas y escritores cubanos que nos deleitaron con sus creaciones durante nuestra estancia en La Habana. Al lado de la rabia que expresa su pluma y la melodiosidad con la que recitan, nuestros textos parecen no conocer la precariedad. Se ganaron mi respeto por no elegir el camino de los otros tres millones de cubanos, sino por quedarse e intentar cambiar el país, un verso a la vez.
Con el reciente fallecimiento de Paul Auster, el pasado 30 de abril del 2024, tanto su obra como publicaciones con citas de lo que dijo, o supuestamente dijo en algún momento de su vida, se han desbordado en las redes sociales.
Hay una publicación en específico que la vi la semana pasada en Twitter y, como suele ocurrir en la vecindad de las redes sociales, emigró a Facebook en donde, como también suele ocurrir, siempre llegan las noticias tarde. Dicha publicación es la siguiente:
«No seas un escritor. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido. Paul Auster».
Aparecía así, el puro texto sin ninguna imagen ni referencia que nos colocara en contexto; ya no digamos que sustentara que efectivamente Auster había sido el autor de dicha frase. Las respuestas a los comentarios van desde los comentarios hilarantes hasta las invectivas de quienes se sienten profundamente ofendidos por tal aseveración. Incluso hay quienes, indignados, preguntan quién diablos es ese tal Paul Auster.
De pronto, en una especie de plot twist, recordé que esta frase la había escuchado hace más de diez años en un video en YouTube titulado Paul Auster to Young Writers: Lose the Ego. El video fue producido y publicado por Big Think, un portal web multimedia fundado en 2007 por Victoria Brown y Peter Hopkins, en donde se publican entrevistas y mesas redondas con expertos de una amplia gama de campos.
El video no tiene desperdicio, sigue siendo tan vigente desde su fecha de aparición, el 23 de abril del 2012. A continuación, les comparto la traducción de la intervención de Paul Auster quien, en poco menos de tres minutos, responde con su magistral elocuencia a dos preguntas. La primera fue: «¿Cómo puede alguien leer como un buen escritor?».
Paul Auster (PA): Bueno, una vez más, entramos en un territorio muy turbio porque todo es una cuestión de gustos. Quiero decir, tengo los escritores que más me importan, los escritores que creo que son los más grandes del pasado y del presente. Pero mi lista sería muy diferente, tal vez, de la suya. Pero supongo que lo importante para los escritores jóvenes es leer, leer a los buenos. Y supongo que con eso me refiero a los que han resistido la prueba del tiempo. Ya sabes, los grandes. Hawthorne, Melville, Dostoievski, Tolstoi, Kafka, Dickens, creo que ahí es donde sacarás más provecho. Y cuando ves cómo hacen las cosas de manera brillante, Flaubert, ya sabes, todos los nombres que conocemos. Pero están ahí por una razón, porque realmente son los mejores escritores. Y creo que hay que aprender de los grandes.
La segunda pregunta fue: «¿Cuál es la trampa más común en la que caen los escritores principiantes?». Aquí es donde aparece el enunciado en cuestión.
PA: Trampa común, supongo que una especie de egoísmo, importancia personal, incapacidad de mirar fuera de sí mismos, y creo que es importante mirar muy de cerca el mundo, todo lo que sucede a tu alrededor, y a veces para los jóvenes es difícil. Para hacer eso.
Y la otra cosa es apegarse demasiado a algunas de las cosas que crees que son inteligentes y que estás haciendo. Creo que la inteligencia tiene sus puntos, su lugar en el mundo, tal vez, pero la necesidad imperiosa de hacerlo es lo que contribuye al buen trabajo. El deseo de hacerlo realmente no te ayuda. Es cuando es absolutamente necesario.
Entonces, cuando hablo con escritores jóvenes, principalmente les digo: no lo hagas. No seas escritor, es una manera terrible de vivir tu vida, no se gana nada con ella más que pobreza, oscuridad y soledad. Entonces, si te gustan todas esas cosas, lo que significa que realmente estás deseando hacerlo, entonces sigue adelante y hazlo. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te pide que lo hagas. Y supongo que es este sentimiento de logro el que a veces sienten los jóvenes: «Bueno, ¡por supuesto que mi libro debería publicarse! Por supuesto que debería poder ganarme la vida con esto». Bueno, simplemente no funciona de esa manera.
Dios te hará invencible con esta espada (Letra Capital, 2023) de Alonso Barrera es una obra de una enorme profundidad, donde el personaje, Juana de Arco, no sólo, de por sí, es un símbolo de fuerza, valentía y liderazgo, sino que también engloba siglos de condicionamientos donde el sexo determina el constructo social y cultural conformado a partir de generaciones previas interminables; donde la biología determina las acciones, comportamientos, hábitos “correctos e incorrectos” de lo que puede o no puede, de lo que debe o no debe hacer un hombre y una mujer. Cuando en realidad, el aspecto biológico no tendría que determinar la conducta social. Si Juana de Arco hubiera nacido varón ¿la hubieran condenado a morir quemada en una hoguera por hereje?
Cabe destacar que, Alonso, lo hace de una forma sumamente clara, porque no sólo nos habla de lo que vive una joven del siglo XV (la Doncella de Orleans), desde sus 12 años en un contexto específico, sino que lo teje, lo enlaza con lo que sigue sucediendo ahora, siglos después. Donde los derechosno se dan por ser una persona, sino que esos derechos se ganan a partir del sexo o del color de piel o de elementos detonantes que superan, en mucho, los preceptos universales de igualdad, equidad, respeto e inclusión.
¿Sobre qué se puntualiza en la obra? Sobre la disminución y sometimiento a las mujeres como directriz normalizada, donde pareciera que se repiten las conductas de Virilidad consabidas que permiten ceremonias de sometimiento reiterativas que potencian el orden asimétrico establecido; donde hombre = dominación y control, y la mujer = obediencia y sumisión. A lo largo de la historia se han dado cambios, pero no han sido realmente significativos, de lo contrario, La Manada grupo conformado por cinco jóvenes de sexo masculino en España, en el 2016, nunca hubiera hecho la atrocidad que cometió con una joven… y mucho menos la gente pensaría lo que externa el personaje Shanne:
Muchos creen que a esa chica le pasó lo que le pasó porque no era virgen.
En este mundo a las brujas hay que echarlas a la leña. O mandarles una jauría de perros. O darlas de comer a una piara de cerdos. O entregarlas a una manada de hombres para que a dentelladas y embestidas satisfagan su deseo. (Barrera, 2023, p. 28)
¿Qué nos ha sucedido en muchos aspectos donde la sororidad[1], apenas en la actualidad está tomando fuerza? Donde ya se habla y se denuncian las vejaciones, acosos y violaciones:
Porque ellos creen que en nuestro sexo está el origen del caos. ¿O no es así, hermanas? #Yo También he sido víctima de las miradas de los hombres. #Yo también he sido presa del cortejo que solo busca fornicación y divertimento. #Yo También he visto el fin del mundo bailando en las pupilas del otro sexo. #AMí También me violaron cuando era niña. (Barrera, 2023, p. 37)
Esta denuncia expuesta en forma de arte por parte de Alonso nodeja cabo suelto, lo hace de forma integral ya que las estructuras impuestas desde los ámbitos familiares, educativos, ideológicos y culturales nos han sido implantadas de generación en generación y han marcado la vida de muchos hombres y mujeres.
Así que nos presenta no sólo a la mujer, sino también a un hombre supuestamente emancipado, pero que, en realidad, aún sigue los patrones consabidos, de que el hombre es sinónimo del más fuerte, del que es capaz de superar las adversidades, y controlar sus emociones. Por el hecho de nacer hombres, gozan de poder social y de muchos privilegios, aunque eso signifique suprimir varias de las emociones, necesidades y posibilidades tales como la ternura, la empatía, el miedo, la tristeza y la compasión. Y se suprimen porque, socialmente, tienden a estar asociadas con la feminidad. Esta incapacidad afectiva tiene, por tanto, repercusiones sobre la vida de pareja y la vida familiar en cuanto a cómo se educará a la siguiente generación: “Porque así es el ciclo de la vida, es la ley de los más fuertes, la Naturaleza de este mundo” (Barrera, 2023, p. 33).
¿Es así o podemos cambiar? Así como hay teorías feministas, hay teoría de liberación masculina la cual busca escaparse de los comportamientos típicos de la masculinidad como la opresión, agresión y dominación a la mujer.
Es necesaria la reconstrucción discursiva y práctica desde todos los ámbitos: laboral, educativo, religioso, familiar, desde los medios de comunicación y la salud y, sobre todo, desde lo ideológico y social en general. Nuevas perspectivas que se conformen en conjunto y que permitan transformaciones que beneficien a todo el ser humano sin importar su sexo o su preferencia sexual. Siendo iguales, pero respetando las diferencias, donde las formas de pensar, sentir y comportarse no estén sujetas al “deber ser de un hombre o el deber ser de una mujer”.
Mientras tanto, ojalá estas imágenes se queden pronto en la historia que cuando se vuelve a ellas sea para recordar un pasado que no queremos repetir:
Quizás eres una hermosa chica de piel negra que se quedó dormida en el Metro camino al Bronx, y sueña todo esto mientras dos jóvenes la miran y se miran entre ellos. Eres tú esa ama de casa a quien el marido apuñala y estos son sus últimos pensamientos. Eres tú la muchacha ahogada en el espejo, una respuesta brillante en un concurso de belleza, una mujer en Tijuana llamada Juana que busca a su hermana en un basurero. Eres acaso una poeta en los ochenta escribiendo un poema sobre el fuego, su hija de nombre María que arde hasta las cenizas dentro de él, o eres tan solo una actriz combatiendo el horror con una espada de utilería. (Barrera, 2023, p. 56).
Gracias infinitas Alonso Barrera por esta reflexión, esta denuncia hecha arte, para lo cual hiciste viva voz gracias a tu impecable dirección bajo la fuerte, tierna y, al mismo tiempo, desgarradora actuación de María que encarna a una jovencita que, en nombre de Dios, rompió todo paradigma posible, fue valiente, aguerrida y líder. Que la sociedad de su época usó y que, al percibir su poder tembló, ¿Qué hicieron ante el miedo que esto les produjo? Destruirla como terminaron haciendo… Esta destrucción ante lo que tememos ¿ha cambiado en la actualidad?
* Texto leído en la presentación de Dios te hará invencible con esta espada, el pasado viernes 17 de febrero, en el Centro Cultural La Fábrica.
[1] Sororidad: relación de solidaridad entre mujeres.