Blog

  • Brújula

    Fotografía: Aaron Burden

    Era un hombre que nunca tuvo un lugar fijo. Ningún sitio lo hacía sentir en casa. La tristeza de saberse un paria lo perseguía. Estuvo en muchos lugares, aunque nunca se estableció en ninguno.

    Conoció a mucha gente, pero nunca formó un lazo afectivo. Cruzó ríos, pero nunca mojó sus pies en ellos. Conoció la miseria humana, la mezquindad, pero también la bondad, aunque su corazón no distinguía un sentimiento del otro. Caminó muchas veces por diversos senderos, a veces con lluvia, otras bajo un sol insolente. Pero siempre volvía al mismo lugar: una porción de tierra a las orillas de un pueblo pequeño, de no más de cincuenta casas.

    Cuando llegaba ahí, se liberaba de su equipaje y lo colocaba a su lado. Él se hincaba en el suelo polvoriento. La aridez que reinaba en ese lugar se parecía muchísimo a él: seco, olvidado y terriblemente vacío, sin vida. Una vieja casa en ruinas le recordaba su vida: destruida.

    Aunque nunca se lo dijo a nadie, cuando llegaba a ese lugar su mente retrocedía años atrás, y en sus recuerdos esa tierra árida florecía. El viento le regalaba un aroma a flores, y escuchaba el bullicio que provenía de aquella casa de paredes rosadas, con ventanas rústicas en forma de arco. Las jaulas colgadas al exterior albergaban una media docena de pajarillos que no dejaban de trinar y hacer ruido durante todo el día.

    Y luego, el pasillo. Era largo, con helechos a su alrededor y un aroma campestre, a humedad, a vida. Las vigas que sostenían esa casa eran de madera, y las paredes del interior dejaban ver los ladrillos de barro con que estaba construida. Las voces de la gente que habitaba aquella casa dejaban imaginar la alegría que los inundaba. Siempre había un motivo para estar felices: la llegada de la primavera, una lluvia que refrescara con su olor húmedo la casa y sus alrededores, el nacimiento de alguna cría de los animales que habitaban el lugar: pajaritos, gallinas o algún conejo.

    El hombre se perdía en estos pensamientos y se olvidaba del tiempo y del lugar mientras su cabeza lo trasladaba a los años felices y maravillosos. Podía oler el aroma de la comida que emanaba de aquella cocina que tenía en la esquina una estufa pequeña, pero que siempre estaba caliente de tanto usarse. Si no estaba cocinando algún tipo de mole, estaba hirviendo alguna gallina. A su costado, un trastero de madera casi derramaba los jarros y platos de barro que contenía. Había una mesita que hacía las veces de comedor, y junto a ella, una tinaja de barro que conservaba el agua helada y con un sabor a tierra.

    Después de horas de evocar esos recuerdos, el hombre volvía a su realidad, e inevitablemente las lágrimas asomaban a sus ojos. Sobre todo porque siempre el recuerdo más maravilloso llegaba al final: una joven mujer saliendo de la cocina, portando un delantal de flores que cubría parcialmente su vestido color naranja. Su pequeña figura caminaba lenta pero dulcemente, como si flotara. Sus huaraches, de cuero con dos correas delgadas, apenas tocaban el piso. Y su cabello, suelto al hombro, negro como el azabache y con olor a durazno.

    Detrás de ella asomaban dos caritas sonrientes. Esas pequeñas parecían tener destellos que alumbraban todo a su alrededor. Esa imagen era, para él, un retrato de la felicidad.

    Y luego, el recuerdo cruel: aquel incendio en el pequeño poblado, cuando los hombres estaban fuera, en las actividades comunales, sembrando para cosechar y repartir entre todos el fruto del esfuerzo. Pero esa tarde no pudieron estar donde sus mujeres fueron incapaces de detener la desgracia.

    El recuerdo fue tan vívido que pudo verse el resplandor del fuego en sus pupilas. Solo duró un instante, antes de dar paso a un torrente de lágrimas que bajaban por su rostro. Era incapaz de sentir algo más que el calor de ese líquido que corría por sus mejillas, como si al mojar su rostro pudiera lavar sus heridas. Era inevitable: el dolor lo hacía huir a cualquier parte. Sin embargo, la brújula de su sentir lo hacía regresar inevitablemente al mismo lugar. A su lugar.

    Era incapaz de abandonar sus recuerdos. Le llevó su vida, y la vida de ellas, hacer esa pequeña colección de momentos que inmortalizó en la memoria.

    Toma sus cosas, las carga nuevamente al hombro y vuelve a comenzar el viaje, aunque está seguro de que su brújula lo guiará en algún momento de regreso a este, su lugar. Voltea a ver la vieja casa, y luego el polvoriento piso. Les dirige una triste mirada que carga una promesa: «volveré pronto».

    Alma Rosa Olvera Santos
    Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.

    *Foto de Aaron Burden en Unsplash

  • Mnemósine: una memoria visual en construcción

    En un ecosistema cada vez más saturado de imágenes, detenerse a pensar la fotografía se vuelve un acto de resistencia. De ahí la importancia de proyectos como Mnemósine, una revista electrónica independiente que desde mayo de 2023 ha apostado por recuperar, reflexionar y dialogar en torno a la imagen y la memoria. Nacida como una iniciativa de Andrés Monroy Pérez, en el seno del Club de Fotografía del Centro Queretano de la Imagen, esta publicación trimestral se ha convertido en un espacio de encuentro para fotógrafos, investigadores, artistas visuales y amantes de la fotografía.

    Más que una revista, Mnemósine es un archivo en movimiento, un ejercicio colectivo que busca honrar la relación entre la imagen y la memoria a través de artículos, ensayos visuales, testimonios y colaboraciones interdisciplinarias. Su nombre —clara alusión a la diosa griega de la memoria— revela ya su vocación: fijar lo efímero, repensar lo visible, preguntarse por el devenir de lo que fue capturado por la lente.

    En su quinto número, Mnemósine se adentra en un territorio poco explorado: los fotógrafos y estudios fotográficos durante la segunda mitad del siglo XX. Un periodo marcado por profundas transformaciones tecnológicas, sociales y culturales, que incidieron directamente en las prácticas fotográficas del país. Este dossier se nutre de las contribuciones de Alejandro Pérez Cervantes, Analí Núñez, Carlos Recio Dávila, León Pablo Bárcenas, Joaquín Garzafox, Mauricio Medina, Rocío B. Ortiz, Ruy Caballero y del propio Andrés Monroy, además de incluir una participación especial del cartonista Fraga.

    Cada texto ofrece una perspectiva particular sobre la labor de aquellos fotógrafos de estudio que, con cámara en mano, registraron bautizos, bodas, entierros, retratos familiares y momentos clave en la vida de sus comunidades. Una labor artesanal que hoy, frente al vértigo digital, merece ser repensada y valorada. Lejos de la nostalgia fácil, los textos proponen una mirada crítica, afectiva y documentada de esa época que aún habita nuestros álbumes y archivos.

    La revista se encuentra disponible para lectura libre y gratuita en línea a través del siguiente enlace: https://acortar.link/zoGgzc. Con motivo de la presentación de este número, se han impreso algunos ejemplares físicos, disponibles a un costo de recuperación de $50 pesos. Una forma de preservar también el tacto, el papel, el objeto como forma de memoria.

    Mnemósine es, además, una invitación abierta: quienes deseen colaborar pueden hacerlo, siempre y cuando sus propuestas giren en torno a la fotografía, la imagen y la memoria. La revista se construye como un espacio horizontal y colectivo, donde cada mirada aporta a la reconstrucción de un pasado visual compartido.

    En un mundo saturado de selfies y algoritmos, Mnemósine propone otra forma de mirar: más lenta, más crítica, más humana. Una mirada que no olvida.

    La presentación del número 5 de Mnemósine será este jueves 29 de junio a las 18.00 h en el Coro Bajo del Centro Estatal de las Artes. La entrada es libre.

  • Querétaro en la Fiesta del Libro y la Rosa, Morelia 2025

    El pasado mes de mayo, los días 23, 24 y 25, se llevó a cabo la Fiesta del Libro y la Rosa en Morelia, Michoacán, con el tema “Fronteras Imaginarias”. Diversas librerías, artesanos y emprendimientos culturales dieron vida a uno de los eventos más esperados del año. En esta edición, el Consejo Literario Queretano (CLQ) tuvo presencia en el Centro Cultural UNAM con un stand donde se ofreció el catálogo de editoriales queretanas: Par Tres, Eólica, Revarena, Pinos Alados, N.E.L., Ediciones El Desvelo, SandungoStudio y Gris Tormenta, así como de editoriales amigas como La Comuna Girondo, de Toluca, y Lebrí, de San Juan del Río, entre otras.

    Comenzamos con todo el viernes 23, con un merecido homenaje a diversas figuras célebres de Michoacán por su trayectoria como gestores culturales. Destacamos especialmente al maestro Jesús Baldovinos Romero, quien fue reconocido como uno de los gestores culturales independientes más importantes por su incansable labor en la mediación y promoción de la lectura. Celebramos su reconocimiento y nos unimos al festejo en honor a otras figuras notables del ámbito cultural michoacano. El maestro Baldovinos, que nos visitó desde Lázaro Cárdenas en la edición 2024 del encuentro de editores locales La Ciudad de los Libros, ha sido un aliado cultural del CLQ durante los últimos años, además de colaborador de otros colectivos culturales en comunidades del estado de Querétaro.

    El sábado 24, el foro 3 del Centro Cultural UNAM recibió, en una presentación compartida, a Ramón Moreno Carreño con su novela Pueblo Chico, una historia poblada de voces coloquiales, melancolía intrínseca, un toque espectral de realismo mágico y un hilo narrativo sostenido por capítulos breves. Lo acompañó Adán Lomelí Valle con L’a…mor…te, un libro inclasificable entre el relato corto y la prosa poética, dotado de un erotismo delicado y un desbalance entre el amor y la muerte. Dos propuestas estéticas distintas, muy bien recibidas por los asistentes a la Fiesta del Libro y la Rosa.

    El domingo 25, el Foro 1 recibió cuatro propuestas infantiles provenientes de Querétaro:

    • Yolanda Rubioceja, ganadora del premio Alas y Raíces, habló de Quía y el misterio del dispar de zapatos, obra que cautivó al público por su particularidad: puede leerse desde el final hasta el principio, y está pensada especialmente para personas zurdas.
    • Jesús Zarazúa, quien celebra 25 años como mediador y promotor de lectura, compartió Las provocaciones de Chuyo, un libro infantil ilustrado que invita a chicos y grandes a leer.
    • Isabel Gamma, prolífica escritora radicada en Querétaro, presentó la colección Tomatolio, integrada por cuatro libros cuyo protagonista, un conejo de largas orejas, ha acompañado a muchos niños en su proceso de aprendizaje como primeros lectores.
    • Raquel Torres del Hoyo cerró la mesa con Quetzel, la guardiana del bosque, un libro infantil cuya enseñanza también resuena entre lectores adultos, con un misticismo característico de toda su obra.

    Culminaron así tres días intensos de promoción y difusión de la literatura hecha en Querétaro, con presentaciones de libros, intercambio de ejemplares —como el realizado con Emmanuelle Brío— y el arduo trabajo a ras de piso que implica permanecer cerca de doce horas al día atendiendo un stand, una labor exigente que no siempre se reconoce. Agradecemos profundamente a la comunidad literaria que se sumó para lograr presencia fuera de Querétaro, en espacios tan representativos e importantes para el lector.

    Salir de los queridos foros locales y expandir el público lector potencial para los escritores en y de Querétaro es una tarea compleja, pero necesaria, que la mesa GAT’HO NUHU del CLQ se ha propuesto llevar a cabo. Con el apoyo de la Secretaría de Cultura, que brindó transporte, y gracias al esfuerzo colectivo de nuestra comunidad, esta participación fue posible.

    Cabe destacar el compromiso del presidente del CLQ, Mauricio Sosa, quien permaneció en el stand los tres días completos, atendiendo sin descanso. Quienes se dedican a los bazares y ferias del libro saben el nivel de desgaste físico y mental que implica una jornada de esta magnitud. Esto —quiero pensar— es una señal clara del compromiso del CLQ con la comunidad de escritores, y espero también motive la colaboración de todas y todos en futuras aventuras literarias, dentro y fuera del estado.

    En estos tres días, varios ejemplares de autores queretanos ya encontraron lugar en los libreros de los lectores de Morelia, gracias al esfuerzo conjunto y la colaboración solidaria en favor de la literatura hecha en Querétaro.

    Rocio B. Ortiz

    Es originaria Tula de Allende, Hidalgo, y radica en Querétaro desde los cinco años de edad. Inició su formación artística en 2010 en los talleres del Seminario de Creación Literaria, de la mano del poeta Arturo Santana. Es licenciada en Estudios Literarios por la Universidad Autónoma de Querétaro, y autora de Amoroso vacío (Herring Publishers,2015; Infinita, 2021; Eliona, 2022), coordinadora de la librería El Desvelo.

  • Lo que nadie te ha dicho de la Poesía Open Mic

    *

    Un día voy a escribir un libro sobre la impuntualidad de los poetas mexicanos.

    *

    Llevo 11 años organizando noches de poesía open mic. La primera sesión se llamaba Poesía precoz, porque en ese entonces, junto con unos amigos de la SOGEM, apenas comenzábamos a escribir poemas. Se nos hizo provocador poner como encabezado: Lo más selecto de la cultura queretana invita.

    *

    A veces me da el ímpetu de organizar noches de open mic cada mes; otras, cada dos o tres. La última vez fue en 2024, bajo el pretexto de invocar a la lluvia. Y al otro día llovió.

    *

    Luego me entra una hueva inmensa y pasan largas temporadas sin organizar nada. A veces llegan 50 personas; otras, no viene nadie a leer o escuchar poemas. Lo que funciona es mencionar en el cartel a quienes van a leer. Sólo así llega un público promedio de entre 10 y 20 personas.

    *

    Zeppelin Music Factory es el espacio ideal para leer poemas. Ya tiene sonido instalado, y el escenario decorado con grafitis inspirados en Basquiat le da mucha ondita y se ve desde todas partes. Aun así, me gustaría hacer una noche de poesía al aire libre, con luna llena, para transformarnos en licántropos.

    *

    Una vez un poeta se aventó 20 minutos leyendo. No hallaba la forma de decirle que le parara a su mame. Desde entonces, se limita la lectura a un máximo de cinco minutos, y el público lo agradece.

    *

    Cuando hay más de siete poetas en la lista, la noche de poesía open mic se vuelve aburrida, y ya nadie pela a los últimos que pasan a leer. Más vale calidad que cantidad. Entre mayor número de poetas, mayor probabilidad de público asistente. Pero está claro que no podemos tener lecturas de 20 poetas en un cartel: es noche, no festival de poesía.

    *

    Sueño con el día en que la gente pague 100 pesos por venir a escuchar mis poemas.

    *

    Una vez pagué 250 pesos por escuchar los poemas de un bato. No recuerdo su nombre, pero tenía miles de seguidores en Instagram. Era mamado, con tatuajes en los brazos, y escribía poemas muy cursis. Llenó el lugar. La gente le compraba su libro y hacía fila para que les leyera su poema favorito. Eso ni a Jaime Sabines ni a Octavio Paz les pasó. Tampoco al tipo de poetas que yo leo les va a pasar. Cabe decir que me la pasé muy bien. El evento era una mezcla de stand-up comedy, consejos amorosos y lectura de poemas a la carta.

    *

    El miércoles 11 de junio de 2025, a las 8 p.m., se realizó un evento que titulé Poesía de sombra, como preámbulo a la presentación del libro Los boxeadores (Ed. Casa Bonsái, 2025) de Ricardo Escartín. Los poetas que estaban anotados en el cartel fuimos:

    RICARDO ESCARTÍN
    VICTORIA PIEDRA
    VIRGINIA ESCOTO
    OMAR TREJO
    YUNO HDZ
    ALMA MORÁN
    RODRIGO
    EL RODRO RINCÓN
    CHARLY PACHECO
    DANIEL ORTEGA
    JAVIER PACHECO
    ÁNGEL CRISTÓBAL ÁLVAREZ
    TSIÓ DAVI
    MAU MALLET
    RAFAEL VOLTA

    De los anotados, a cinco personas les valió madre y no asistieron. Incluso uno tuvo el descaro de mandar sus textos para que alguien más los leyera. Se me hizo un poco ridículo. Supongo que a quienes no vinieron les dio miedo mojarse o se quedaron atrapados en una inundación. No pasa nada si no vienes: las lluvias en Querétaro son culeras y extremas. Todo se paraliza. Los que fuimos nos la pasamos bien. Las noches de poesía son una reunión de camaradas para ver qué está escribiendo cada quien. Incluso sirven para probar poemas y tallerearlos con la reacción del público.

    *

    En Zeppelin han leído todo tipo de poetas: premiados, avanzados, becados, principiantes, publicados, no publicados, rechazados, famosos, desconocidos, poetas que dejaron de ser poetas, poetas a los que ya no les hablo o que no me hablan. Algunos nombres: Luis Alberto Arellano, Julián Herbert, Juana Adcock, Ismael Velázquez Juárez, Ángel Ortuño, Horacio Warpola, Anaclara Muro, Romina Cazón, Asiel Adán Sánchez, Alejandro del Castillo, Tzolkin Montiel, Dalia Larisa, Nadia Bernal, Tadeus Argüello, Yudi Martínez, Samuel Martínez, Mauricio Caudillo, Javier Pacheco, Eric Urías, Montserrat Acuña, Amanda Durán, Yolanda Segura, Danucho Kun, Elizabeth Haro, Elsa Treviño, José Velasco, Emmanuel Vizcaya, Rocío Benítez… y un largo etcétera.

    *

    El recién creado Instituto de Ciencias Semiaplicadas y Otras Actividades Metafóricas es la casa productora encargada de organizar las actividades literarias, incluidas las noches de poesía open mic en el Zeppelin. La prestigiosa casa londinense We Are The Music es la responsable, en el mismo lugar y de manera exclusiva para México, de todos los eventos musicales. Música y poesía son hermanas, pero no son lo mismo.

    *

    No sé cuándo se volverá a organizar otra lectura de poesía open mic. Debe de haber algo especial que motive a hacerlo. Aunque tal vez, solo debería bastar la poesía. ¿No es así?

    *Fotografías: Sara Servín y Rafael Volta

    Rafael Volta, (Querétaro, 1977).

    Becario del PECDA Querétaro 2023 en al área de Literatura-Creadores Con Trayectoria. Actualmente funge como gestor cultural de la sala de lectura Edgar Allan Poe, especializada en poesía, ciencia ficción y terror. Organiza noches de Poesía Open Mic y de Crítica Literaria.

    Sus libros se pueden descargar en rafaelvolta.hotglue.me

  • La escritura como espejo: finaliza el taller “Lo sublime del yo” de Eduardo Garay Vega

    Querétaro, Qro., 12 de junio de 2025. — La tarde del miércoles 11 de junio concluyó el taller “Lo sublime del yo: entre la autoficción y la crónica”, dirigido por el escritor y periodista Eduardo Garay Vega, como parte de su proyecto apoyado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2025.

    A lo largo de varias sesiones, este espacio formativo propuso una reflexión crítica y creativa sobre las posibilidades narrativas de la experiencia personal, moviéndose entre los límites de la autoficción y la crónica contemporánea. Garay Vega, reconocido por su trabajo en medios culturales y por su exploración literaria del yo, orientó a los participantes en un proceso de escritura que buscó ir más allá del testimonio para alcanzar dimensiones estéticas y simbólicas del relato propio.

    El cierre del taller se realizó en el Coro Bajo del Centro de las Artes de Querétaro, un ambiente de lectura colectiva y diálogo íntimo, donde los asistentes pudieron compartir fragmentos de los textos trabajados durante el proceso. Los participantes —Paty Romero, Brenda García Aguirre, Jacobo Jardón y José Olmedo— presentaron avances de piezas que se nutren de la vida cotidiana, la memoria, el cuerpo, el duelo, la ciudad y sus intersecciones con la identidad.

    El taller apostó por el cruce entre lo literario y lo vivencial, ofreciendo herramientas teóricas y técnicas de escritura, al tiempo que abrió un espacio de contención y escucha para abordar los dilemas éticos y creativos que implica narrarse a sí mismo.

    Con este proyecto, Garay Vega no sólo reafirma su compromiso con la formación de nuevas voces narrativas, sino también con la construcción de espacios que permitan pensar el yo como una forma legítima —y urgente— de decir el mundo.

    El taller Lo sublime del yo se suma a una serie de propuestas que, gracias al apoyo del PECDA Querétaro, impulsan la profesionalización y la visibilidad de prácticas artísticas locales con mirada crítica, experimental y profundamente humana.

  • Poesía y activismo bajo el cielo de San Francisquito

    El pasado domingo 8 de junio, el Barrio Indígena Urbano San Francisquito se convirtió en escenario de una intensa jornada artística durante el cierre del Festival de Poesía y Activismo, celebrado dentro del Tianguis Cultural San Francisquito. Con una programación diversa y comprometida, la tarde transcurrió entre bordados, palabras alzadas y versos insurgentes.

    La jornada comenzó a las 16:00 hrs con un Taller de Bordado Colectivo, guiado por Bordando Lunas y el Colectivo Paliacate, que propuso una forma de resistencia desde la aguja, el hilo y la memoria textil. Mujeres y disidencias se dieron cita para entretejer símbolos de lucha, ternura y memoria compartida.

    A las 17:00 hrs, la palabra tomó cuerpo en la presentación del Taller de Spoken Word “Poesía en Voz Alta”, donde voces jóvenes e intensas como Mademoiselle Peligro, Emican, DanidePaz, Bruja Narcisa, Clary, Mar Adentro, Daniela Hernández y Caña Quemada tomaron el micrófono para declamar textos nacidos desde la rabia, el deseo y la utopía.

    Uno de los momentos más esperados llegó a las 18:30 hrs, con la presentación de dos voces internacionales profundamente ligadas a la defensa de los pueblos y las lenguas: el poeta maya y activista yucateco Pedro Uc Be, y la poeta y activista colombiana Luisa Villa, quienes compartieron poesía que vibra con las luchas territoriales, lingüísticas y espirituales de América Latina.

    Luisa Villa. Fotografía © Arturo Rivera Vargas

    El Slam de Poesía con micrófono abierto encendió los ánimos a partir de las 19:30 hrs, con la participación de Cobos, Maestra Furia, Gaby Navajas, Javier Pacheco, MPalabrash, Mara, Charly Pacheco, Luis Ar Osorno y Dafne. Verso tras verso, se celebró un acto de comunidad y desobediencia poética, donde la palabra se volvió consigna, bálsamo y bandera.

    La jornada cerró con un energético DJ Set de Chaui Mantra, quien fusionó ritmos del sur global con beats contemporáneos, sellando una noche de resistencia festiva, donde la cultura comunitaria, el arte y la poesía refrendaron su papel como herramientas de transformación social.

    El Tianguis Cultural San Francisquito, ubicado habitualmente en Calle Industria esquina Dr. Lucio, en el Barrio Indígena Urbano San Francisquito, se ha consolidado como un espacio autónomo y vivo, en el que las expresiones artísticas dialogan con la memoria colectiva, la defensa del territorio y el gozo compartido. El cierre del Festival de Poesía y Activismo fue prueba de ello: la palabra puede ser también una forma de futuro.

  • Distrito Central, una novela polifónica sobre identidades y memorias

    En la vasta producción literaria de Juan Antonio Isla (Querétaro, 1950), Distrito Central: un nuevo modelo para armar (Helvética, 2024) se erige como una pieza narrativa clave que explora las fronteras entre lo personal, lo colectivo y lo artístico. A través de un complejo entramado de voces y memorias, Isla entrelaza los secretos familiares con las realidades sociales de una entidad geográfica cambiante, revelando una obra de inusitada profundidad que desafía las convenciones de la novela tradicional. Este próximo 29 de noviembre, en el Museo de Arte de Querétaro, se presentará oficialmente esta obra, invitando a lectores a ser parte de en una experiencia literaria cautivadora.

    En el centro de la novela se encuentra Gerardo Santander, un personaje que, tras un exilio autoimpuesto en Nueva York y Hollywood, regresa al Distrito Central, el barrio que lo vio crecer, con un ambicioso proyecto: crear un filme híbrido, a medio camino entre el documental y la autobiografía. Acompañado por Djurek Volta, un productor ucraniano que comparte su visión artística, Gerardo decide construir su película con las historias de su comunidad, utilizando a sus propios vecinos y familiares como protagonistas.

    El proyecto de Gerardo, aunque ficticio, se convierte en un espejo de las dinámicas narrativas de la novela misma. Isla estructura Distrito Central como un rompecabezas narrativo, donde las piezas —cada historia, cada personaje— se ensamblan en un corpus que trasciende la suma de sus partes. Este enfoque, descrito por el propio autor como una sucesión de pequeñas historias agrupadas, permite al lector asumir un rol activo en la construcción de sentido, configurando un diálogo íntimo entre texto y lector.

    Una de las mayores fortalezas de esta obra radica en su habilidad para capturar lo extraordinario en lo ordinario. Las calles del Distrito Central, sus habitantes y sus rutinas se convierten en escenarios que Isla describe con minuciosidad y sensibilidad. A través de esta lente, la novela da voz a una comunidad que, aunque aparentemente periférica, es el corazón palpitante de las transformaciones sociales y culturales.

    La introspección psicológica de los personajes es otro de los elementos destacados de la novela. Isla profundiza en los conflictos internos de sus protagonistas, abordando temas como el alcoholismo, los secretos familiares, la sexualidad y la memoria colectiva. Esto no solo humaniza a los personajes, sino que los sitúa como representantes de una sociedad en transición, atrapada entre el peso de las tradiciones y las exigencias de la modernidad.

    El erotismo emerge como un eje transversal en Distrito Central. Sin caer en lo explícito, Isla dota a su prosa de una carga sensual que se convierte en un vehículo para explorar las pasiones humanas y los vínculos afectivos. Las escenas de corte erótico, descritas con maestría, oscilan entre lo visceral y lo poético, aportando matices a la narrativa que enriquecen su profundidad emocional.

    Este erotismo, sin embargo, no es un fin en sí mismo, sino un medio para desentrañar las complejidades de las relaciones humanas. En las palabras del propio autor, su intención no es únicamente describir una realidad externa, sino involucrarse profundamente con las emociones y los conflictos de sus personajes. Esto confiere a la novela un carácter visceral y honesto que resuena con los lectores.

    Uno de los logros más destacados de la novela es su capacidad para situar a un ente geográfico contemporáneo (quizás Querétaro) en el contexto de su propia historia. Isla retrata una ciudad en constante evolución, donde las tradiciones y costumbres del siglo XIX conviven, a veces de forma conflictiva, con las inercias del siglo XXI. Este enfoque histórico y sociológico dota a la novela de una dimensión adicional, convirtiéndola en un testimonio de las transformaciones culturales y sociales de nuestra región.

    El Distrito Central se convierte así en un microcosmos que encapsula los desafíos y las oportunidades de la modernidad. Las historias individuales de los personajes, aunque profundamente personales, adquieren un carácter universal al situarse en este contexto más amplio, haciendo de la novela una reflexión tanto sobre la identidad colectiva como sobre las contradicciones inherentes al progreso.

    La estructura polifónica de Distrito Central es otro de sus rasgos definitorios. Isla no se limita a una única perspectiva narrativa, sino que emplea múltiples voces para construir un mosaico de experiencias y emociones. Esta técnica no sólo enriquece la complejidad de la trama, sino que también refuerza el tema central de la novela: la multiplicidad de perspectivas que conforman la verdad colectiva.

    El narrador omnisciente, aunque presente, no es un observador distante. Por el contrario, Isla lo describe como un participante con agencia, involucrado emocionalmente con sus personajes y sus historias. Este enfoque permite a los lectores experimentar la narrativa desde dentro, sintiéndose parte del entramado emocional que da vida a la novela.

    Distrito Central: un nuevo modelo para armar es mucho más que una novela; es una experiencia literaria que invita a los lectores a reflexionar sobre las complejidades de la identidad, la memoria y la comunidad. Con una prosa que combina la precisión de un documentalista con la sensibilidad de un poeta, Juan Antonio Isla nos entrega una obra que, al igual que la película ficticia de Gerardo Santander, se convierte en un espejo multifacético de nuestra propia realidad.

    Distrito central es un testimonio del poder de la literatura para capturar lo efímero, para dar voz a los marginados y para explorar las infinitas posibilidades del arte como medio de representación. En el panorama de la literatura contemporánea, Distrito Central se yergue como un hito que reafirma el talento y la visión de Juan Antonio Isla.

    *Fotografías: Mónica Zárate

  • Manuel Naredo emociona con Braulio en el círculo de lectura Descorchando Libros

    Querétaro, Qro., 11 de junio.— Ni la lluvia impidió que la literatura hiciera lo suyo. La más reciente sesión del círculo de lectura Descorchando Libros se convirtió en una velada entrañable gracias a la presencia del escritor Manuel Naredo Naredo, quien conversó con los asistentes sobre Braulio (Calygramma, 2022), novela que entrelaza memoria, historia y emoción.

    Durante el encuentro, llevado a cabo en el espacio cultural La Bohena Vida, el autor compartió detalles sobre el proceso de escritura y las motivaciones personales que lo llevaron a narrar la vida de su padre, marcada por los ecos de la Guerra Civil Española, el exilio y las búsquedas de sentido en tierras ajenas.

    Inspirado en largas conversaciones con su padre, pero también en sus propios recuerdos de infancia, Naredo construye en Braulio un retrato íntimo y conmovedor. La obra narra las vivencias de su padre como soldado republicano, atrapado en una de las etapas más oscuras del siglo XX, pero también como un hombre severo, protector y profundamente humano en el entorno familiar.

    Los lectores compartieron impresiones y lecturas del libro, destacando su calidad narrativa, el cuidado en el lenguaje y la capacidad del autor para conmover sin recurrir al artificio. La novela provocó momentos de profunda reflexión en torno al dolor, el desarraigo y la identidad, abordados desde una voz literaria íntima y cuidadosamente elaborada.

    La experiencia dejó claro que Braulio no sólo posee un valor testimonial, sino también una belleza literaria que lo vuelve una obra digna de ser leída, comentada y compartida.

    Descorchando Libros, que se realiza en La Bohena Vida, ubicado en Madero 153, Centro, continúa consolidándose como un espacio plural, afectivo y abierto al diálogo literario. La visita de Manuel Naredo lo confirmó: la literatura sigue convocando, incluso cuando el cielo se desploma sobre la ciudad.

  • Anamnesis o la Tempestad de la Memoria

    Mayo de 2025 fue el mes de las tempestades en Querétaro capital. No había llovido con tal intensidad desde hacía siete años, según las estadísticas de Protección Civil. La tarde, bochornosa y amenazada por la lluvia, coincidía con la expectativa futbolera del fallido tetracampeonato del América en la final del fútbol mexicano: no era, en apariencia, el mejor día para ir al teatro un domingo a las siete de la tarde, en el foro principal del Museo de la Ciudad.

    La anamnesis es una reminiscencia. Recuerdos vagos e imprecisos. Traer a la memoria lo que está lejano en el tiempo o casi olvidado. En medicina, es la información aportada por el paciente durante la consulta para construir su historial clínico.

    En la fila, el público no pasa de las diez personas. Es el cierre de temporada. Aun así, la compañía Barón Negro, fundada por Carlos Casas, ha estandarizado y madurado desde hace tiempo la calidad de sus montajes a un nivel que sobresale en el ámbito local, y que fácilmente podría exportarse a otras latitudes latinoamericanas. La recompensa del público a este esfuerzo es ingrata: si la función no es gratuita o no está subsidiada por las instituciones, el espectador promedio queretano difícilmente paga un boleto de 200 pesos para ir al teatro.

    Anamnesis es la reescritura e interpretación de El rey Lear, de William Shakespeare, realizada por Jaime Chabaud. La escenografía propuesta por Daniel Velázquez consiste en una cortina blanca que cubre todo el ancho y alto de la caja escénica, como metáfora de un mar de la memoria que se desvanece en el infinito. Quizá lo único que persista —y lo último que se nos olvide— sea el nombre propio. En la esquina superior izquierda de esta memoria de tela sobresale un letrero luminoso con la palabra LEAR. La cortina es iluminada con cinco arbotantes superiores que proyectan cascadas de luz —o de recuerdos— que pronto se perderán en el dolor del personaje principal. Una silla de ruedas sirve como trono desvencijado. Dos bancos y una lámpara crean una atmósfera lúgubre, como si estuviéramos en el cuarto de hospital de un moribundo. La imagen en conjunto evoca una ausencia minimalista.

    Las actuaciones de las tres hijas de Lear —Goneril, Regan y Cordelia— recaen en la actriz María Fernanda Monroy Gómez. El bufón, quien a su vez cumple el papel de enfermero, es interpretado por Mauricio Figueroa. Las actuaciones de ambos son sobrias. Destaca la interpretación del rey Lear por Franco Vega, quien, ataviado con una bata de hospital, nos contagia el sufrimiento de una enfermedad mental incurable. La dirección de Carlos Casas construye postales escénicas en las cuales cada actor irradia un carácter distintivo, apoyado por la impecable iluminación de Alfredo Pérez. Asistimos a un microuniverso trágico en blanco y negro que ocurre en el necrocapitalismo del siglo XXI. Los reyes, cuando caen en desgracia, lo hacen con elegancia.

    Jaime Chabaud es un dramaturgo de amplio oficio. Toma la parte final de la extensa obra y la inicia cuando el Rey Lear ha perdido casi toda su memoria y es incapaz de limpiarse el culo. Altera la anécdota al insertar un periodo de quince años en los cuales no ha visto a Cordelia, después de haber repartido su reino. Al reencontrarse padre e hija, ocurre una vuelta de tuerca arriesgada que se presta a la ambigüedad: ¿quién está soñando y recordando a quién?

    El texto conserva la complejidad de Lear, de sus hijas y la sabiduría e ironía del bufón-enfermero. Al terminar la obra, me queda la sensación de que todos, en algún momento de nuestras vidas, nos volveremos obsoletos en cuerpo y conocimiento. Seremos reemplazados por nuevas generaciones que hacen las cosas más rápido. Lo más preciado que perdemos no es el dinero. El amor, y el recuerdo del amor, se desvanecerán dentro de la estatua de carne en que nos convertiremos. Es inevitable padecer el olvido propio y ajeno. Anamnesis, o El rey Lear reloaded, estarán ahí para recordárnoslo.

    *Texto y fotografías de Rafael Volta

    Rafael Volta, (Querétaro, 1977).

    Becario del PECDA Querétaro 2023 en al área de Literatura-Creadores Con Trayectoria. Actualmente funge como gestor cultural de la sala de lectura Edgar Allan Poe, especializada en poesía, ciencia ficción y terror. Organiza noches de Poesía Open Mic y de Crítica Literaria.

    Sus libros se pueden descargar en rafaelvolta.hotglue.me

  • Arrebatos, desvelos y verdades: una noche con Yadira Cruz

    El Centro de las Artes de Querétaro fue sede de la presentación del nuevo libro de la escritora y artista plástica Yadira Cruz M. El pasado jueves 29 de mayo, dentro del programa de presentaciones Tomo la Palabra —espacio gestionado por el Consejo Literario Queretano— y enmarcada por la arquitectura del Coro Bajo, mismo lugar donde, hace siete años, cuando aún funcionaba como galería, vio la luz el movimiento plástico WomenPOPwer, la autora dio a conocer su obra: Arrebatos, desvelos y verdades.

    La muestra se vistió de gala con la participación de la periodista y escritora Mariana Perusquía Mendoza y de la escritora y gestora cultural María Rebeca Mendoza, quienes desmenuzaron ante el público algunos fragmentos del libro, resaltando la versatilidad de Yadira para reunir distintos géneros literarios en una sola pieza que atrapa y desarma desde las primeras páginas. La obra fusiona poesía y narrativa en «textos que —en palabras de Mariana Perusquía— nos van describiendo ciertos momentos de su día a día, de su pasado, de momentos catárticos y de situaciones cotidianas que nos ponen un poco la piel eriza… Encuentro en las palabras de la autora un texto sanador, del que ella resurge como un ave fénix que se desprende de las letras para compartirlas sin esperar nada, pero con la certeza de que alguno de estos instantes narrativos pueda ser el cuadro de alguien más».

    En una frase o en varias páginas, la habilidad de Yadira para tocar las fibras más sensibles del lector se percibe en cada una de las piezas. «Este libro la describe tal cual… Creo que, más allá de todo, está lleno de verdades. Ella se conoce y se da a conocer a través de él, pero al mismo tiempo nos provoca conocernos a nosotros mismos en alguno de sus poemas o de la narrativa, en los que podemos identificar esos momentos que todos pasamos en nuestras vidas», apunta Rebeca Mendoza, quien además compartió la anécdota de cómo se conocieron y cómo la literatura las salvó para poder llegar a la FIL Guadalajara en 2022, en un contexto marcado por intensas protestas en sus inmediaciones.

    La velada cerró con la presentación de Disidentes, proyecto musical en el que la autora Yadira Cruz M. y el escritor Héctor Alejo Rodríguez mostraron sus dotes de cantautores, interpretando Lejos de mi lado y, por primera vez, Incapaz. Entre los invitados se dieron cita diversas personalidades del ámbito literario y cultural, como la secretaria de Cultura Ana Paola López Birlaín; la comisionada de la DGETi en el estado de Querétaro, Julieta González Juárez; el director de Difusión y Patrimonio Cultural de la SECULT, Arturo Mora Campos; el presidente de la mesa directiva del Consejo Literario Queretano, Mauricio Sosa; la artista plástica Norma Ballesteros; y las escritoras Andrea Luna y Tzolkin Montiel, además de familiares y amigos.

    Fotografías: Andrea Luna y Santiago Quintero