Dedicado a Héctor Suarez, el camarada Tirantes.

Mecánica nacional fue la película que se estrenó en 1972 y que, en la praxis popular de nuestra idiosincrasia, mantiene vigente su temática. La formulación de hipótesis sobre ello le corresponde a los especialistas en antropología y ciencias políticas. Gregorio es el personaje que Héctor Suárez interpreta de manera inmejorable. El actor, a lo largo de su exitosa carrera, tuvo el talento innato para adentrarse en la psique de sus personajes; él no «actuaba» lo que representaba, sino que le daba vida, le daba alma. Antes que nada, el señor Suárez era un mexicano convencido de su labor y compromiso consigo mismo y con los habitantes de este país. La comicidad fue su vínculo con la sociedad, la risa…

Lagunilla mi barrio, llevada a la pantalla grande en 1980, representó la aproximación de una realidad plasmada en el celuloide que conmovió a miles de cinéfilos, y más aún, a una incontable cantidad de mexicanos que vivían en el otrora Distrito Federal. El estreno de la película en los barrios y colonias de la ciudad de México fue una prolongación de la vida real de las personas que se identificaron con su reparto.

El mil usos vino a consolidar la carrera artística de Héctor Suárez. Su estreno fue espectacular; la clase trabajadora de México no concebía dejar de verla. La película mostraba una provincia mexicana tan preconcebida como lo estaba la vida de los habitantes de la capital y su zona conurbada. En ese año, el Distrito Federal ya no quería más migración; sin embargo, a diario llegaban a la megápolis miles de personas dispuestas a iniciar una nueva vida, al costo que fuera. El smog ya era un problema grave, tanto como la inmovilidad social, pese a contar con el Sistema de Transporte Colectivo Metro. Los chilangos se multiplicaban como peces en el agua y no había forma de controlar —o siquiera moderar— la migración al centro político del país.

¿Qué nos pasa? sorprendió a propios y extraños en 1986, alcanzando pronto los niveles de audiencia esperados. “El Tigre” Emilio Azcárraga Milmo y el productor Emilio Larrosa estaban de plácemes. Los personajes que Héctor Suárez interpretaba cada martes por la noche, con un estilo humorístico envuelto en sarcasmo “a la mexicana”, lograron altos ratings. Los anunciantes deseaban colocar sus productos en la barra de comerciales de Chapultepec 18. “El no hay” y sus ademanes se repetían en hogares y centros de trabajo; Ciriaco era objeto de burlas y motivo de comentarios en reuniones, lo mismo que Tránsito López y Tomás.

La Cosa fue la continuación de ¿Qué nos pasa? a principios de los años noventa, coincidiendo con el cambio de Imevisión a TV Azteca. El talento de Héctor Suárez seguía intacto; su creatividad no menguó tras su salida de Televisa, pese a los rumores. La Cosa continuó divirtiendo a un sector importante del público los martes a las nueve de la noche. El actor de primer orden seguía dando vida a personajes con los que cualquiera encontraba semejanzas en su entorno social, y, siguiendo la línea de sus películas y programas, se mantenía asertivo con actuaciones plausibles y loables.

En entrevistas posteriores —ya en el nuevo milenio y sin compromisos con las empresas para las que trabajó—, Héctor Suárez no tuvo reparo en exponer sus ideas sobre toda su trayectoria. Era natural que los entrevistadores tuvieran decenas de preguntas sobre su labor en las últimas tres décadas del siglo XX, y él no se andaba por las ramas ni evadía respuestas. El Tirantes explicó lo que siempre quiso transmitir con sus personajes: proyectar a miles de mexicanos que se reían con sus actuaciones. Su amor por México jamás estuvo en duda. Usó a la industria cinematográfica, a Televisa y a Imevisión para sus fines sociales. Muy en el fondo, habría querido ver una reacción distinta de quienes se carcajeaban con sus creaciones, pero nunca fue así; y eso, quizá, le generó cierta amargura. Héctor Suárez estaba lleno de conciencia social y habría deseado ver un México mejor antes de partir, pero tampoco fue así. La opinión que tenía de su pueblo nunca la expresó como algunos críticos habrían esperado; sin embargo, dijo «verdades» que incomodaron a muchos ciudadanos de este país… su país… nuestro país.

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