Etiqueta: Autores

  • Aula abierta: ¿Cómo se evalúa lo invisible?

    Aula abierta: ¿Cómo se evalúa lo invisible?

    Hay una pregunta que me persigue desde hace años: ¿cómo se evalúa un proceso artístico sin traicionarlo? ¿Cómo traducir la complejidad de una búsqueda, el temblor de una decisión, la honestidad de una forma, en una rúbrica numérica? En el aula, donde conviven lo institucional y lo íntimo, esta pregunta se vuelve urgente.

    Una obra puede estar inacabada y, sin embargo, contener más riesgo que una pieza perfecta. Puede haber un trazo torpe que diga más que una técnica impecable. ¿Cómo explicarlo en un reporte? ¿Cómo justificarlo en una boleta? A veces siento que el lenguaje de la evaluación llega tarde, como si intentara encerrar algo que ya se ha fugado.

    El arte no es un problema a resolver, sino una experiencia que se atraviesa. Evaluarlo implica reconocer esto: que no siempre hay resultados visibles, que el sentido se gesta en capas, que hay aprendizajes que no se anuncian en voz alta. Y, sin embargo, como docentes, debemos nombrar, escribir, registrar. Entonces aparece el dilema: ¿cómo no reducir el gesto a un número?, ¿cómo no aplanar la singularidad?

    No tengo una respuesta única, pero he encontrado algunas pistas. Una de ellas es escuchar. No solo lo que dicen los estudiantes, sino cómo lo dicen: dónde dudan, dónde insisten, dónde brillan. Otra: mirar el proceso como si fuera una obra en sí misma, con sus decisiones, pausas y pliegues. Acompañar no es señalar errores, sino afinar la mirada junto al otro.

    Recuerdo a una estudiante que presentó una pieza mínima: un dibujo apenas insinuado, casi ausente. Al principio pensé que no había terminado. Luego me contó que no había podido trabajar durante semanas por la muerte de su abuela, pero que un día, al mirar una sombra sobre la pared, sintió que algo se había movido dentro. Dibujó esa sombra. Eso fue todo. Y eso fue suficiente. ¿Cómo se evalúa eso?

    Evaluar en arte exige desaprender ciertos hábitos: la obsesión por el producto, la urgencia del control, la ilusión de la objetividad. No se trata de renunciar al criterio, sino de afinarlo: saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo proponer y cuándo sostener el vacío. A veces, la mejor retroalimentación es una pregunta abierta o un silencio que deja espacio para que el otro se escuche a sí mismo.

    En el aula abierta, la evaluación puede ser otra cosa: una conversación, una lectura colectiva, una deriva de preguntas. Puede ser una bitácora, una exposición íntima, un relato del propio proceso. Lo importante es que el estudiante se reconozca ahí, no como quien cumple, sino como quien habita el hacer.

    Evaluar en arte no es medir, es comprender. Es cuidar el lenguaje con el que hablamos de lo que aún está naciendo. Porque si algo enseña el arte, es que lo valioso no siempre se ve de inmediato. A veces florece en el margen, en lo que no se entrega a tiempo, en lo que apenas comienza.

    Y quizá, al final, lo que evaluamos no es la obra, sino el modo en que alguien se atrevió a decir algo con ella.

    Miriam Uribe es artista visual, docente en artes plásticas y cultura visual, y colaboradora en procesos pedagógicos y creativos. Su trabajo se desarrolla en la intersección entre la enseñanza, la expresión artística y la reflexión crítica sobre las formas de ver y hacer en el aula.

  • Coordenada Artística: Toda mi vida me han juzgado

    Coordenada Artística: Toda mi vida me han juzgado

    Me han juzgado por ser alta, tener sobrepeso, usar lentes y odiar el futbol.

    De niña me juzgaron por preferir una bicicleta, ser hija de madre divorciada, gustar del ajedrez; elegir cereal de vainilla, subirme a un árbol, no saber usar vestido, y escoger leer en vez de TV.

    Me han juzgado por atreverme a crear sin miedo al qué dirán, escuchar la música que escucho, hacerme tatuajes, pensar libre, amar incondicionalmente, elegir a mis amigos, y preferir una tarde de café que una noche de alcohol.

    Me han juzgado por no cumplir estereotipos, no ajustarme al molde de lo que dicen que se debe ser o hacer, no aspirar a ser un ama de casa, decidir no ser madre; aún hay quien me juzga por no depender de un varón para hacer y tomar decisiones en mi vida. 

    Me han juzgado por soñar, creer y alcanzar…

    Toda mi vida me han juzgado…

    Y esos jueces me causaron mucho daño, pero también, me ayudaron a conocer, aceptar y amar a la persona que soy hoy. Entendí que son personas que tienen tanto miedo, que prefieren poner su atención en terceros que en sí mismos. Lo sé porque en algún momento yo también me juzgue sin darme la oportunidad de conocerme.

    Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de SentimientosToc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.

  • Hitlaro: el eco de lo no dicho

    En el horizonte literario de Querétaro, pocas primeras novelas se atreven a explorar con tanta osadía los territorios del tiempo, la muerte y lo femenino como lo hace Hitlaro (Helvética, 2025), ópera prima de Mariana Perusquía. Concebida durante su etapa universitaria y escrita con la espontaneidad y la intensidad de quien aún no sabe del todo que está escribiendo una novela, este libro aparece finalmente publicado dos décadas después bajo el sello de Helvética, con una portada realizada por la artista Andrea Perusquía Mendoza, hermana de la autora. Más que un debut tardío, Hitlaro es una aparición madurada por el tiempo y por la conciencia de que toda historia importante encuentra su propio momento para ser contada.

    La novela abre con un gesto íntimo y sencillo: Sara, una mujer joven, regresa con su esposo Adrián y su hijo Julián al pueblo de donde él es originario. La motivación parece inocente: acompañar a su suegra tras la muerte del patriarca. Pero pronto el lector intuye que hay algo más denso, algo no resuelto en ese regreso a lo rural. Hitlaro, el pueblo que da nombre al libro, es un lugar imaginario, pero se siente profundamente real: una comunidad marcada por el abandono, las supersticiones y la persistencia de lo no dicho. En sus calles polvorientas y casas detenidas en el tiempo se agitan fuerzas invisibles, memorias enterradas y ecos que susurran a través de las generaciones.

    Lo más fascinante de Hitlaro es cómo combina el drama familiar con una atmósfera sobrenatural que nunca se recarga del todo en lo fantástico, sino que se desliza como una presencia latente. A lo largo de la historia, Mariana Perusquía construye un universo donde la maldición, la reencarnación y el enfrentamiento intergeneracional se entretejen sin perder la dimensión humana de sus personajes. Sara, la protagonista, es una figura compleja: madre, esposa, forastera, y poco a poco, médium involuntaria de una memoria ancestral. Su travesía no es sólo geográfica ni doméstica; es una incursión en los pliegues del tiempo y en los traumas heredados, particularmente aquellos vinculados a la violencia, el linaje y el poder masculino.

    En el centro de la trama resuenan elementos del gótico rural: la mansión familiar detenida en un esplendor polvoriento, las visiones en el espejo, los susurros que cruzan la barrera entre vivos y muertos. No obstante, Perusquía evita los clichés del género para ofrecer algo más cercano a una alegoría íntima. La aparición de personajes como Rebeca —figura espectral que acompaña y confronta a Sara— sugiere la existencia de una genealogía femenina de resistencia que se perpetúa a través de los siglos. Hitlaro no es simplemente una historia de fantasmas: es un relato sobre la transmisión del dolor y la necesidad de redención.

    Uno de los momentos más potentes del libro ocurre cuando Sara, atrapada en un fragmento de espejo —una imagen que resuena con el mito de Narciso pero también con el trauma de lo inasible—, debe enfrentar a su propio hijo, Julián, que ha dejado de ser el niño tímido que conocía para transformarse en una figura ambigua y amenazante. La tensión entre el amor maternal y la sospecha del mal se convierte aquí en una alegoría poderosa: ¿cómo distinguir al heredero de la herencia? ¿Qué parte de lo que se transmite es inevitable, y cuál puede ser interrumpida por el acto consciente de una mujer?

    Perusquía escribe con un estilo directo, lírico por momentos, pero sin afectación. Hay una sensibilidad clara por el ritmo narrativo, por la cadencia del habla popular y por el suspenso emocional. La novela avanza entre escenas oníricas, recuerdos brumosos y confrontaciones físicas que, lejos de saturar la prosa, la llenan de matices. El lector no siempre tiene la certeza de lo que ocurre —ni falta que hace— porque lo importante en Hitlaro no es tanto el qué sino el cómo se revela lo invisible, cómo se filtra lo soterrado.

    Desde un punto de vista temático, Hitlaro podría leerse como una meditación sobre la reencarnación, pero también como una crítica al peso de las estructuras patriarcales y al silenciamiento de las mujeres dentro de las genealogías familiares. El pueblo como escenario es también una metáfora del cuerpo femenino: un espacio ocupado, abandonado, lleno de secretos. Sara, al final, no es sólo una protagonista sino una especie de conducto entre generaciones, una intérprete que escucha lo que las otras no pudieron decir.

    No es casual que Mariana Perusquía haya elegido publicarse como autora independiente. La historia de Hitlaro no sólo narra una lucha contra el destino sino que también representa, en su publicación misma, una forma de tomar las riendas de su voz como narradora. Escribir desde Querétaro, desde lo íntimo, desde la marginalidad de una autora debutante, es también un gesto político. Esta es una novela que nació a contracorriente del tiempo editorial, escrita por alguien que, como ella misma ha dicho, soñaba con ser Isabel Allende y encontró, en la escritura, una forma de actuar: Mariana encontró a Mariana.

    Al final del libro, cuando Sara despierta sin saber si todo lo vivido ha sido un sueño, una visión o una reencarnación, el lector también queda suspendido en ese limbo entre lo real y lo simbólico. Esa es, quizás, la mayor virtud de Hitlaro: su capacidad de perturbarnos suavemente, como lo hacen los sueños que parecen tener un mensaje cifrado.

    Mariana Perusquía se suma, con esta primera novela, a una generación de escritoras mexicanas que están renovando el imaginario literario desde lo local, lo simbólico y lo femenino. Hitlaro es un debut honesto, inquietante y lleno de posibilidades. Un libro que no grita, pero resuena como un eco persistente que seguirá acompañando a quienes se atrevan a cruzar ese espejo donde el tiempo, la historia y los afectos se reflejan una y otra vez.

  • La memoria es un campo magnético

    La memoria es un campo magnético

    Hace poco escuché que la Tierra funciona gracias a un campo magnético que nos protege de la radiación solar. Este fenómeno se debe a que su núcleo líquido genera una especie de capa protectora que se extiende desde el interior hasta los límites del planeta. Esa protección, presente en toda la superficie terrestre, me parece una metáfora poderosa: una memoria latente que sólo necesita un estímulo, una imagen o una cierta cantidad de energía para activarse.

    Me gusta pensar que, al igual que la Tierra, nuestra memoria es algo que nos fue asignado desde el origen: un acervo de revelaciones ocultas que, mediante algún estímulo, se desdobla y nos ofrece epifanías cotidianas. Atlas magnético (Ígneo Chile, 2025) es una invocación a esa memoria onírica que fluye, que gotea entre cornisas, fisuras y ramificaciones de una existencia que se manifiesta en la carne de los días.

    Diana Galindo construye un rito escritural a partir de imágenes sagradas y surrealistas, evocando una memoria suspendida que espera ser revelada mediante un proceso de presentificación. En Atlas magnético, la escritora recupera los pasos perdidos a partir de un destello de realidad que, como una pizca de verdad, se vuelve poema. Galindo desdobla, a través del proceso poético, una visión perenne del instante para regalarnos una epifanía que otorga memoria e identidad a los días y a las horas.

    A continuación, les presentamos un fragmento de libro:

    Manto 

    No sé en qué viento, entre qué tierra, descansará mi cuerpo un día.

    Pero mientras vivo, aprendo.

    La experiencia se conoce 

    a la orilla de los ojos y del agua.

    Sí, el mar desaparecerá, 

    lo sabe quien ha sido apuntado con un arma

    o con un símbolo sobre la cabeza.

    El cuerpo se contrae, jadeante, 

    busca el amor y la calma.

    Agustín Vizcayno Sánchez (Querétaro, 1986) es licenciado en Lenguas Modernas en Español y maestro en Estudios Literarios. Ha publicado Cuando Dios usa mallones (Ediciones El Humo, 2018), El canto del Kaiju (Fondo Editorial de Querétaro, 2019), Once señores gordos en uniforme unitalla (Fondo Editorial de Querétaro, 2021), y en 2024, Yo también fui James Bond y Soy huapanguero (Letra Capital). Ha colaborado en revistas como El Grito Literario, El Humo, Fantastique, Enchiridion y Teresa Magazine.

    Diana Galindo (Estado de México, 1994) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro. Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

  • Coordenada Artística: KOUTSOMPOLÉVOPATÍA*

    Coordenada Artística: KOUTSOMPOLÉVOPATÍA*

    Imagen: Europeana

    —Hola, buenas tardes.

    —Buenas tardes.

    —¿Todo está bien?

    —Sí, bueno, te cuento que el día de hoy Erika llegó tarde, se quedó platicando con Tomás en el café de la esquina. Él la cita ahí para esconderse de Lidia, porque es una tóxica. Le llama como cuarenta veces al día y lo stalkea todo el tiempo en redes; dicen que hasta creó un perfil falso para espiarlo. A mí una vez hasta me empujó sólo porque se me ocurrió hablarle a Tomás para que recogiera su correspondencia. ¿Tú crees?

    Y luego, ¿ya supiste que Beto le mandó una nude a Gina?, no sé cómo, pero la foto ya anda rolando por el whats, y ¿qué te digo?, ahora Beto hasta tiene un club de fans. Y yo creo que discutieron por eso, porque por las cámaras de recepción, vi que Gina llegó entró llorando, igual y ya terminaron. ¿Será?

    —Señora, me refiero, a que ¿si todo está bien con su pedido?

    *Koutsompolévopatia: Del griego κουτσομπόλης. Sustantivo masculino: chismoso (aquel que habla de terceros partidos, a menudo negativamente). Y del griego πάθεια: sufrir, experimentar, padecer. Irrefrenable impulso por contar chismes.

    Yadira Cruz M. es escritora y artista visual radicada en Querétaro. Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, ha complementado su formación en comunicación, artes plásticas, derechos humanos y social business. Es autora de Sentimientos, Toc, toc, ¡Imaginación despierta! y Neftis: Reflejos de luna (Ed. Ariadna), obra con la que representó a Querétaro en la FIL Guadalajara 2022. Ha participado en encuentros internacionales de poesía y expuesto sus obras plásticas en muestras como Desfragmentaciones y WomenPOPwer. Colabora en Cultura 360 de RTQ desde 2020, y se desempeña también como promotora cultural, tallerista y compositora afiliada a la SACM.

  • Hojas sucias / Letras de Emergencia 27

    Hojas sucias / Letras de Emergencia 27

    JF, Q, viernes 11-Jul-2025.

    _____

    Las hojas de los días caen como caen las hojas de la vida, hojas limpias y sucias.

    Edmundo: La mejor definición de la Sheinbaum es la de Savater: «Es López Obrador sin gracia». Cuídate, échale paciencia y sigue atormentado buscando la palabra exacta.

    Final Copa Oro Estados Unidos-México… Himnos… Comerciales… Gol de EU… Gol de México… Gol de México… Un juego apretado. Buenos goles. México venció 2-1 y es campeón de la Copa Oro 2025. Gran alegría para el público mexicano-americano de allá y acá.

    El canario en huesos todavía canta. ¿Qué canta? La vida y la muerte, el amor y la pelea, la amistad y la adversidad…

    Como decía Eduardo Nicol: «Es necesario ejercer el magisterio de la interrogación».

    Nueva transferencia de la UAQ por 3,750 pesos (4-Jul-2025, lo de siempre), gracias.

    No precipites las cosas. Un día malo puede ser un día bueno. Dignidad en la adversidad.

    ¿Renovarse o morir? Los viejos redoblamos nuestros vicios y defectos. Letras de Emergencia 27 y Letras en Movimiento 19.

    Cae el sol sobre mi piel desnuda, brazos, piernas, cara, muy agradable, la certeza y la dicha de estar vivo.

    Las explosiones de odio envenenan la vida social y familiar-personal.

    Una hojita amorosamente armada con la retacería encontrada.

    Voy casi en cámara lenta frente a la prisa del mundo allá afuera.

    Dos semanas vitales rumbo al 19 de julio.

    Perdido en un mar de direcciones, nombres, calles, en duermevela.

    Luz, mucha luz, pura luz, bendita luz, en el silencio y la oscuridad.

    El ruido de las llantas y los motores no deja oír el dulce trinar de las aves.

    El viejo y el hombre llamado Solo, solos los dos. Oscuridad. Silencio. Soledad. Diario del viejo. Lo lee Solo. Cada mirada es otra interpretación, otra perspectiva, una rendija del mundo.

    Las palabras esenciales me persiguen: dignidad, adversidad, vivir, sobrevivir, no hundirse, resistir, pelear…

    El hambre, el frío, el miedo. La última mirada al cielo. Dos películas de Gillo Pontocorvo. La otra es Queimada, con Marlon Brando, 1969.  

    Mundial de clubes, semifinales y final. Quedan cuatro: Fluminense, Chelsea, PSG y Real Madrid. ¿Quiénes disputarán la final?

    Carísimas las cosas en los súpers de la colonia fifí y las banquetas como las de la Presidentes.

    Mala noche. No llegó el sueño reparador. Excelentes actuaciones de Marlon Brando y del esclavo negro José Dolores. Historia conocida y repetida. Gran música de fondo de Ennio Morricone.

    PSG borró 4-0 al Real Madrid. Sin palabras. Un concierto de buen futbol de los ganadores. Un acordeón. Esperaba un juego apretado y no tan desigual. PSG-Chelsea será la final del Mundial de Clubes el domingo 13-VII-2025. ¿Quién es el gran favorito?

    Como hay un último concierto hay una última palabra. Que es el principio y el fin. El ciclo se repite y parece interminable.

  • 19 Letras en Movimiento 19 Hojas limpias

    19 Letras en Movimiento 19 Hojas limpias

    Checking garbage cans FSA (Farm by Library of Congress is licensed under CC-CC0 1.0

    JF, miércoles 9-Jul-2025.

    Escribir con la fuerza de los hechos. Las ideas también son hechos que en verdad suceden, ciertos o falsos.  

    Los trabajos y los días, nada es fácil, ni una cosa ni otra.

    Romper las propias barreras, carajo.

    Bajé y subí las escaleras, crucé la calle y fui al Súper Q, compré cosas. Gracias al señor Guillermo, conserje del edificio.

    La inteligencia artificial de mi cabeza me engaña en sueños, en duermevela. Inteligencia chafa.

    Cada frase me cuesta una vida.

    Los gustos de niño y adolescente, la decepción del adulto mayor.

    El hombre mosca limpiando los vidrios de las oficinas del edificio de enfrente.

    Como decía un clásico político Q: «la basura es muy chismosa».

    Rompí en cachitos mis notas del día y las busco en la basura.

    En letras y en números, de lo perdido lo que aparezca, peor es nada.

    ¿Cómo demonios hacer más con poco?

    Ni más ni menos, lo posible de lo necesario.

    Palabras limpias en un mundo sucio.

    No decir más de lo necesario. Cerrar el pico. 

  • Techo / Letras de Emergencia 26

    Techo / Letras de Emergencia 26

    Photo by Leah Newhouse on Pexels.com

    JF, Q, viernes 4-Jul-2025.

    Se trastocaron los planes y todo cambió de ruta. Vuelta a empezar. ¿Cuál es el hilo?

    Vuelven las malditas y benditas preguntas.

    Es humano interrogarnos y dudar.

    Buen artículo de Edmundo González Llaca (“Exorcizando mis fantasmas políticos”, El Jicote, Diálogo Q, 24-Jun-2025), hay que ver la segunda parte de su exorcismo. ¿Poco a poco o de golpe nos convertimos en lo que odiamos? ¿Es el caso de Andrés Manuel López Obrador? ¿Dios del poder? ¿La verdad o la justicia o el poder? Reflexiones críticas en torno a la 4T y el sistema mexicano. ¿Qué piensan y que dicen los ciudadanos? (La segunda parte el próximo viernes, si vivos, 11-Jul-2025).

    ¿Cuál era la idea original del techo? Que todos tenemos un techo, que es elástico y se rompe.

    Van y vienen las ideas y me dejan exhausto.

    No agotes las ideas ni las fuerzas, deja algo para mañana, cuando el agua vuelva a fluir. Allí va la bestia negra, mugiendo.

    Dos películas fallidas ayer con Marina. Una no la pudimos ver y la otra nos sacó de onda. Y las moscas. El pollo a la plancha estuvo rico.

    ¿Es AMLO el payaso continental americano? Carlos Fuentes y JCMR a propósito de Hugo Chávez. El político y el contexto.

    Recibí transferencia de la UAQ por 3,750 pesos. Gracias.

    Nada compensa la carestía de la vida, semana a semana, en el súper, el mercado, los Oxxos, las tiendas de la esquina.

    Como sea aún tengo recursos y es mejor poco que nada. Ya hice el trabajo de la semana. ¿Qué haré ahora? Ver futbol, cine, poesía, hacer los ejercicios del cuerpo y la cabeza. Preguntar y dudar.

    –Edmundo: «Otro caso dramático de némesis son los judíos: víctimas del holocausto y ahora verdugos de un genocidio» (28-Jun-2025).

    –Los políticos y los intelectuales se arrojan con saña puñados de arena en los ojos. Algunos se han quedado ciegos: ven sólo sus fantasmas, sus obsesiones. La mayoría ha perdido el habla, no la voz: gritan sin parar. ¿Cómo acabará todo esto? No lo sé. (OP, gracias a Casa Octavio Paz). Gracias a nuestro clásico siempre contemporáneo.

    38 días sin salir a la calle. Ya hice mis ejercicios. Bajé y subí las escaleras casi clandestinamente. Con seguridad.

    Veo de lejos la realidad del mundo.

    –La realidad y los temas sociales son siempre una gran fuente de inspiración para crear historias. Santiago Requejo, cineasta español. Crear historias arriesgando el pellejo.

    Replegarse es otra manera de seguir y estar en el frente. Sin bajar la guardia.

    Comida con Marina y me trajo buena despensa, gracias. Falta mi milanesa con papas, jajaja.

    Gracias al amigo Carlos Campos por publicar mis textos en la Revista Luna negra:

    Ana Rosa, nueva amistad gracias a JAEN, qepd, amén.

    Maestra exigente monitorea mis ejercicios malhechos y me regaña.

    Amistad, fraternidad, exigencias de amor, crítica solidaria.     

  • De Berlín a Tlatelolco: una historia a tres voces y tres países

    Un oficial nazi fugitivo, una joven chiapaneca marcada por la historia cafetalera del sur de México y un guionista de Hollywood exiliado por la persecución anticomunista: tres destinos que no deberían cruzarse, y sin embargo, lo hacen. Así es De Berlín a Tlatelolco (Par Tres, 2025), la novela escrita a cuatro manos por Sabine Schütze y Alejandra Camposeco, que inaugura una trilogía ambiciosa donde la historia se entrelaza con la ficción para iluminar un periodo clave del siglo XX.

    La novela, recientemente publicada, abarca un periodo que va de 1945 hasta el terremoto de 1957 en la Ciudad de México. Pero sus ecos alcanzan el movimiento estudiantil del 68, al cual las autoras planean llegar en los próximos volúmenes. «La idea original era escribir una novela histórica entre Alemania y México. La Segunda Guerra Mundial, y en especial los campos de concentración, han sido temas que siempre me han fascinado», explica Schütze. La autora de origen alemán ya había abordado ese contexto en su novela Querido soldado desconocido, por lo que quedarse en esa época resultó natural. «Había leído libros como The Ratline o The Odessa File, y me impactó descubrir cuántos oficiales nazis lograron escapar sin enfrentar consecuencias».

    Esa fascinación se volvió motor creativo cuando Schütze descubrió que muchos alemanes emigraron a México antes incluso de la guerra, especialmente a fincas cafetaleras del sur. Algunos de sus descendientes terminaron combatiendo en la Segunda Guerra Mundial, pese a haberse criado en territorio mexicano. De allí nació el personaje de Ana, hija del ama de llaves de una familia alemana en Chiapas.

    Alejandra Camposeco recuerda que al inicio ni siquiera sabían qué periodo exacto abarcaría la novela: «Yo propuse algunas fechas al azar, y al final Sabine y yo decidimos ir del fin de la guerra hasta la matanza de Tlatelolco». Esa decisión no fue menor. No sólo establecía el marco histórico de la trilogía, sino que permitía incorporar otras tensiones de la posguerra, como la persecución anticomunista en Estados Unidos, especialmente en Hollywood, encabezada por el senador Joseph McCarthy.

    Fue así como surgieron los tres protagonistas centrales: Otto, un oficial de la SS que huye de Europa; Ana, una joven chiapaneca atrapada entre dos mundos; y Bill Brown (BB), un guionista estadounidense que escapa de la “lista negra” de Hollywood y llega a México buscando una nueva vida. «Lo genial de esta colaboración es que Sabine aporta toda esa riqueza cultural alemana que yo nunca habría imaginado, y yo sumo la perspectiva mexicana. Lo difícil fue la reescritura para que no se notaran los cambios de pluma», confiesa Camposeco.

    El rigor de la investigación histórica es una de las fortalezas del libro. Las autoras encontraron que San Carlos de Perote, una antigua fortaleza en Veracruz, fue usada como campo de detención para ciudadanos del Eje durante la guerra. La información era escasa, pero lograron rastrear publicaciones como Perote y los nazis de Carlos Inclán Fuentes y testimonios de investigadores que documentaron esos episodios poco conocidos.

    Otra dificultad fue comprender la devastación cafetalera ocurrida en 1957. Gracias a Ma. Amalia Toriello, quien escribía un libro sobre la finca Hamburgo en Chiapas, supieron que un viento violento defolió las plantas, dejándolas improductivas por años. Ese tipo de detalles, que podrían parecer anecdóticos, enriquecen el trasfondo narrativo.

    Camposeco admite que nunca había incursionado en el género histórico. «Imaginaba que requería investigación, pero la realidad fue abrumadora. Aunque debo decir que fue también la parte más divertida. Me encantó aprender tanta historia, y lograr que los hechos se convirtieran en un escenario sin que pareciera que intentamos dar una lección».

    El libro aborda temas complejos como la culpa, la obsesión, el amor y la redención, pero lo hace desde la contención emocional. «Nunca nos ha gustado el melodrama», dice Camposeco. «ambas somos secas y pragmáticas, aunque creo que tenemos un alma romántica escondida por ahí». Schütze coincide: «Otto encarna la crueldad nacida del vacío y del miedo a perder el control; Ana y Jürgen viven un amor imposible desde el inicio. La culpa está presente en todos, no como castigo, sino como compañía».

    Un contexto que destaca en la novela es la persecución macartista en Hollywood. Camposeco recuerda que el detonante fue la película Trumbo: la lista negra de Hollywood, con Bryan Cranston. Le interesó la idea de que el comunismo, tan presente en la posguerra, también impactó en México, donde el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista comenzaron a influir en la juventud: «El personaje de Bill Brown escapa de Hollywood porque no quiere involucrarse, pero termina enfrentándose a esa ideología como profesor en la UNAM. En el segundo tomo hablaremos de la revolución cubana, que también forma parte de este telón de fondo».

    La trilogía está cuidadosamente planificada. El segundo volumen continuará después del sismo de 1957, y llegará hasta 1963. El escenario regresará a la finca cafetalera, ahora golpeada por un entorno hostil. Los Wächter, la familia alemana, intentarán recuperar el control mientras la tensión entre Otto, Ana y Jürgen se intensifica. También aparecerá Acapulco en su época dorada, como otro de los espacios donde se despliega la narrativa.

    La tercera parte, como anticipa el título, llegará a la tragedia de Tlatelolco en 1968. «Nos interesa mostrar cómo ciertos procesos históricos, aparentemente desconectados, terminan por confluir en un mismo país, en una misma historia. Porque la historia, como la memoria, no es lineal. Es una red de ecos y resonancias».

    De Berlín a Tlatelolco no es solo una novela histórica; es una exploración de lo humano desde la ficción documentada. Una historia escrita por dos autoras que se complementan no solo en estilo, sino en visión del mundo. En un momento donde la literatura mexicana y latinoamericana busca nuevas formas de narrar el pasado, Schütze y Camposeco han encontrado una voz compartida que, sin caer en simplificaciones, ilumina los claroscuros de una época crucial.

    Y esto apenas comienza.

  • Una tarde para recordar: Samanta Echevarría presenta Memorias de Tierra Adentro

    Querétaro, Qro., domingo 22 junio 2025.— La lluvia no logró empañar el ánimo de una tarde que quedará grabada en la memoria de quienes asistieron a la emotiva presentación del libro Memorias de Tierra Adentro de Samanta Echevarría, en el histórico Mesón de los Cómicos de la Legua. Cuando escampó, parecía que incluso el clima se alineaba para abrir paso a un evento profundamente conmovedor y literario.

    Editado por Helvética, sello independiente que apuesta por voces significativas y personales, el libro fue presentado por un panel de lujo: Carlos Campos, editor de la obra; Eduardo Rabell, cronista del municipio de Querétaro y autor del prólogo; Ana Arias Servín, periodista, editora y crítica literaria; y, por supuesto, la autora, que compartió con profunda emotividad y gratitud desbordante el proceso íntimo de reconstruir su historia familiar.

    Carlos Campos destacó que Memorias de Tierra Adentro es un libro que «no idealiza el pasado ni romantiza la pobreza o la violencia doméstica. Echevarría escribe con la lucidez de quien sabe que las raíces también duelen y que sólo al narrarlas podemos comprendernos mejor».

    Por su parte, Eduardo Rabell subrayó la capacidad de la autora para tender un puente entre la historia personal y los grandes momentos de la Historia de México: del Segundo Imperio al constitucionalismo, del conservadurismo al presente. «Es un diálogo entre memoria y nación», señaló.

    Ana Arias Servín fue enfática al reconocer la sensibilidad narrativa de Echevarría: «Tiene la magia que sólo las autoras mexicanas saben imprimir: la de pintar con palabras dos paisajes al mismo tiempo —el íntimo y el colectivo— desde la Conquista Española hasta nuestros días».

    La autora, queretana radicada en Estados Unidos desde hace dos décadas, compartió que fue en conversaciones cotidianas con su familia donde comenzaron a revelarse fragmentos de una historia que terminó convirtiéndose en un rompecabezas lleno de revelaciones: “La Historia de México se desplegaba ante mis ojos”, confesó.

    A través de 13 relatos, Memorias de Tierra Adentro entrelaza la crónica familiar con el relato nacional, con una mirada que no olvida el rigor histórico, pero que está sostenida por una escritura cálida y profundamente emocional.

    La presentación fue acompañada por la presencia de personalidades del ámbito cultural y político, como la secretaria de Cultura del Estado de Querétaro, Ana Paola López Birlain, en representaciónde Mauricio Kuri González, gobernador del Estado, quien reconoció el valor de esta obra: «Uno se siente orgulloso de ser queretano cuando puede, a través de relatos como este, conocer quiénes hicieron esta historia maravillosa. Sigamos promoviendo nuestra identidad, porque eso es lo que nos hace grandes».

    La jornada concluyó con una cálida firma de libros y la participación de una orquesta de cámara, sellando una noche que celebró la memoria, la escritura y el amor por las raíces.

    Memorias de Tierra Adentro confirma a Samanta Echevarría como una narradora imprescindible para entender el presente a través del pulso íntimo del pasado. Una apuesta valiente que Helvética edita con la convicción de que recordar también es una forma de sanar.

    *Fotografías de Mónica Zárate