Por Héctor Alejo Rodríguez

Las olas apenas los balancean, pero el silencio pesa más que el salitre. A bordo de la balsa, el tiempo es una línea tensa entre el vacío del cielo y el abismo. No hay brújula; sólo el roce rítmico del agua contra la madera porosa que empieza a beberse el océano. Al horizonte, una luz parpadea. No es un faro, ni una isla. Es el reflejo de la luna sobre los restos de una embarcación que repite su naufragio.

A pie de lago. Fotografía por Héctor Alejo Rodríguez al borde del Lago de Cuitzeo.

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