
Por Diana Galindo
Ahora que Patricia está en Tierra del Fuego, una ciudad que, al contrario de su nombre, es sumamente fría, se acuerda de sus días de estudiante. Todo fue muy rápido. Sin saber por qué, aprendió cinco idiomas. Hablando con la gente, llegó hasta el sur y cada día tenía que decir un discurso en un nuevo idioma para ganarse el pan. Cuando pasaba frente a la escuela de idiomas, subiendo una colina muy larga, con casas adornadas de flores y enredaderas, pensaba que luego de los estudios encontraría un lugar para ella.
Esta semana, por ejemplo, se juntó con unos italianos y les mostró la ciudad. Ellos le dieron una moneda plateada que ella pudo intercambiar por un sándwich y una noche más de hospedaje. El martes tuvo que subir por los cerros, mostrando las galerías de arte a unos franceses que estaban fascinados y que escondían muy bien el miedo; ellos tampoco tenían ya muchas monedas plateadas, pero no podían dejar que esto se notara. Y así sobrevivían los habitantes de la ciudad, mientras unos pulpos enormes coleccionaban monedas dentro de la ciudad. Porque en estos intercambios de palabras y sonrisas nerviosas, donde se movían las monedas plateadas sin detenerse, había excesos de dinero que iban a las manos de unos ancianos marinos, que también estaban asustados. Medio ciegos, vivían en cuevas rodeadas de arañas venenosas.
Mientras las noches de Patricia se iban en seguir estudiando idiomas, buscando la palabra correcta para que se abrieran las puertas —porque estaba a la deriva, tanteando el terreno, pasando el tiempo entre cervezas y lágrimas—, a veces no alcanzaba propina y entonces se quedaba en casa, durmiendo. Durante la noche, de alguna manera, las cosas se arreglaban y se le regalaba la perspectiva de otro día; pero se daba cuenta de que se le estaba agotando la fuerza, de que no podía darles a los ciudadanos de aquella ciudad los conocimientos que buscaban: unas matemáticas avanzadas para seguir construyendo casas de madera y blindar toda la ciudad, porque estaban preocupados. Aunque sonreían y estudiaban historia y matemáticas, tenían a veces, en la noche, sueños con animales parlanchines que los perseguían en medio de la oscuridad, con dardos en las manos.
Diana Galindo (Estado de México, 1994) es magíster en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.

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