Por Raúl Álvarez Huerta, Rock and Raúl
Si pudiera dejar de pensar, aunque me quede, aunque me acurruque en silencio en un rincón, no me olvidaré. Estaré allí, pesaré sobre el piso. Soy, soy, existo, pienso luego existo; soy porque pienso. ¿Por qué pienso? No quiero pensar, soy porque pienso que no quiero ser, pienso que… ¿por qué?
—Jean Paul Sartre, La náusea
Roxy Music es una banda londinense que, en su mejor momento, estuvo integrada por Bryan Ferry (piano), Brian Eno (sintetizador), Phil Manzanera (guitarra), Andy Mackay (saxofón), Paul Thompson (batería), Paul Carrack (teclado), Graham Simpson (bajo eléctrico), Eddie Jobson (violín), John Wetton (bajo eléctrico), Gary Tibbs (bajo eléctrico), John Gustafson (bajo eléctrico) y Andy Newmark (batería).
Roxy Music representa ese tipo de rock-pop que sedujo a dos generaciones ansiosas de escuchar sonidos distintos a los de las edulcoradas bandas británicas, que ya habían entregado lo mejor de sus amplios repertorios a millones de seguidores de los vinilos, vinilos que para entonces ya mostraban el desgaste del tiempo. Para quienes fueron jóvenes en los años sesenta, la vida comenzaba a pasar factura: el hipismo había muerto y los Fab Four (léase The Beatles) debían enfrentar su propia mortalidad en solitario. En una entrevista para la revista Playboy en noviembre de 1980, John Lennon prácticamente sentenció: «Los Beatles ya habían dado lo mejor y no había más que agregar». Quizá tenía razón: a mediados de los setenta, Queen era amo y señor de los escenarios del rock, y cada LP suyo dejaba un legado imborrable.

En 1986, Bryan Ferry, vocalista de Roxy Music, trabajó en el soundtrack de la película Nueve semanas y media, protagonizada por Kim Basinger. Slave to love fue la canción que aportó el toque necesario que un productor de cine como Jack Nitzsche requería para trascender en sus plausibles trabajos.
En 1982, More than this llegó al cuadrante radiofónico de Stereorey FM 92.5 (lo que después sería MVS Radio) en el entonces Distrito Federal. Anecdótico era escucharla de noche, caminando por la Zona Rosa o Insurgentes Sur, buscando un lugar de esparcimiento en un sabadito, al estilo de Chava Flores, sin miedo a la diversión.
“Pude sentir en ese momento, no había forma de saber, hojas caídas en la noche… ¿Quién puede decir dónde están soplando? Tan libre como el viento, ojalá aprendiendo… ¿Por qué el mar en la marea? No tiene forma de girar.”
La canción habla de alguien que, pese a lo que sucede a su alrededor, prefiere mantenerse al margen: un autista social que ya no está dispuesto a arriesgar más de lo necesario. Antes lo había arriesgado todo, con optimismo total; ahora prefiere no volver a cruzar el río por temor a naufragar en aguas turbulentas y desconocidas. Un sujeto atípico en una década de protagonismo social espontáneo entre los habitantes de la Ciudad de México, cuando, pese a las crisis económicas, socializar en 1982 seguía siendo una regla no escrita en todas las clases sociales del DF.
“Más que esto, sabes que no hay nada. Más que esto, dime una cosa. Más que esto, oh, no hay nada. Fue divertido por un tiempo, no había forma de saber. Como un sueño en la noche, ¿quién puede decir a dónde vamos? Más que esto, sabes que no hay nada, más que esto, dime una cosa, más que esto, no, no hay nada.”
«Decidirse es renunciar» es una frase de Luis García Postigo que asocio inevitablemente con More than this. La vida nos obliga a tomar decisiones que marcan el rumbo en las encrucijadas del destino, elecciones que determinan nuestro futuro. «Decidirse es renunciar» bien podría ser la paráfrasis de la canción de Roxy Music.

More than this nos traslada, sin proponérselo, a tiempos pretéritos que resurgen en nuestra memoria como un playback nostálgico de aquel lejano 1982. Para las generaciones del siglo XXI, suena a un tiempo remoto con el que no sienten identificación; reacción natural que se repite de generación en generación. En 2050 pasará lo mismo: quizá More than this y Roxy Music ya no estén en el imaginario de quienes vivan entonces. Pero hoy, la canción sigue siendo una de las más bellas piezas pop de la época.
La canción ha pasado la prueba del tiempo y se convirtió en referente para músicos que buscan acordes e inspiraciones propias. En su momento, Roxy Music marcó un parteaguas: ¿hacia dónde iba el rock-pop? La pregunta no era nueva, pero seguía siendo pertinente al inicio de los años ochenta, cuando surgían talentos deseosos de alcanzar el nivel de las grandes estrellas.
More than this es, en muchos sentidos, un nihilismo ochentero en medio de la incertidumbre de la Guerra Fría: un existencialismo atravesado por la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, esta vez definida por la bomba atómica. En la práctica, la Guerra Fría impidió que estallara una guerra «caliente» en los ochenta, y por fortuna, todos esos años fueron, precisamente, más que eso…

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