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  • Tapar los ojos: animar la verdad en tiempos de desinformación

    Tapar los ojos: animar la verdad en tiempos de desinformación

    Por Carlos Campos

    El cortometraje “Tapar los ojos”, realizado por Adrián Andreí Guerra y Sofía Romo Saavedra, obtuvo el primer lugar en la categoría 19 a 25 años dentro de la etapa estatal del Concurso Nacional de Transparencia en Corto 2025, convocado por la Secretaría de la Contraloría. Con el tema “Mecanismos de impulso a la transparencia para combatir la desinformación”, el corto propone una mirada crítica sobre la forma en que los medios distorsionan la realidad.

    ¿Cómo surgió la idea del corto?
    La idea nació al reflexionar sobre cómo los medios y la desinformación “tapan” la realidad. Ya sea a través de lo que escuchamos, leemos o vemos, muchas veces consumimos información falsa o manipulada. De ahí surge la metáfora de las manos: representan cómo se nos cubren los ojos para impedirnos ver con claridad. El mensaje principal es generar conciencia de que no todo lo que vemos es correcto o neutral; muchas veces hay una agenda detrás.

    ¿Cuál fue el mayor reto creativo o técnico al abordar la temática?
    El mayor reto fue terminar a tiempo el corto. Para una animación 2D, tres semanas es un periodo muy corto considerando la cantidad de segundos y frames que realizamos. Fue una carrera contrarreloj que nos obligó a planear con precisión cada movimiento y cada escena.

    ¿Cómo vivieron el proceso del concurso y qué significa para ustedes haber obtenido el primer lugar estatal?
    Lo vivimos como un gran trabajo en equipo. Uno avanzaba en una parte mientras el otro seguía con otra; fue un caos organizado donde la rapidez y la entrega a tiempo eran esenciales. Fue como armar un rompecabezas desde cero. Obtener el primer lugar representa el fruto de nuestro esfuerzo y la certeza de lo que podemos lograr con compromiso y colaboración.

    De cara a la etapa nacional, ¿qué expectativas tienen y cómo fortalecerán la propuesta?
    Nos emociona mucho haber pasado a la siguiente etapa; sinceramente, no lo esperábamos. Estamos ajustando detalles de edición e iluminación para resaltar aún más lo que ya tenemos. Nuestra meta es mantener una idea concisa y clara, de modo que el mensaje llegue de forma directa y comprensible.

    ¿Qué papel creen que juegan los jóvenes en la construcción de una cultura de transparencia y en la lucha contra la desinformación?
    Creemos que los jóvenes tenemos un papel clave. Somos quienes habitamos el mundo digital, donde la desinformación se propaga con mayor fuerza. Por eso, está en nosotros crear conciencia, aprender a verificar fuentes, revisar dos veces lo que compartimos y desarrollar un criterio propio. Hoy, eso es lo único que nos protege de caer en lo falso.

    “Tapar los ojos” es, al final, un llamado a mirar con más profundidad: a no dejar que nadie —ni las pantallas, ni los discursos, ni las apariencias— nos robe la posibilidad de ver la verdad.

    El cortometraje se puede ver aquí: https://www.facebook.com/share/v/1CugYsz3Pn/?mibextid=wwXIfr

  • Tisha Guevara: leer desde la diferencia, leer en comunidad

    Tisha Guevara: leer desde la diferencia, leer en comunidad

    En un país donde las estadísticas suelen hablar de rezagos en lectura, Tisha Guevara apuesta por crear espacios donde leer no sea una actividad solitaria, mucho menos excluyente. Narradora, promotora cultural y mediadora de lectura, ha hecho de la literatura un puente para la escucha, el diálogo y la visibilidad de la diferencia. Desde proyectos como Diversidades Lectorxs y Sala de Lectura Parvada, su trabajo se distingue por el enfoque inclusivo, la horizontalidad y la convicción de que leer transforma tanto como acompaña.

    Un club que nace del diálogo

    Diversidades Lectorxs es uno de los proyectos más conocidos de Tisha Guevara. Su origen, como muchas iniciativas significativas, fue íntimo y familiar: «Fue idea de mi hijo, después de una charla en donde comentaba que hay población adolescente que no tiene un espacio imparcial para expresar sus ideas, identidad y pensamientos». Así nació este club de lectura para todas las edades, que trabaja desde una mirada diversa e incluyente.

    Lo que distingue a Diversidades Lectorxs de otros espacios similares es su capacidad de albergar y potenciar la pluralidad: aquí se lee desde la diferencia, se conversa con apertura, se cuestionan los estereotipos. «La literatura da voz, representa, visibiliza, empodera y concientiza a la sociedad sobre las incuestionables diversidades», afirma Tisha, citando el lema que guía a su grupo.

    La lectura como refugio y herramienta

    En 2023, Tisha impulsó el proyecto Biblioteca Humana en el marco del Día Mundial contra la Homo Lesbo Bi Transfobia. Allí, como en muchos otros de sus esfuerzos, la oralidad y la literatura se convirtieron en herramientas poderosas para la empatía. Contar una historia —la propia o la ajena— implica un acto de reconocimiento que puede transformar la forma en que nos percibimos y somos percibidos.

    «Nosotras apostamos por la literatura para generar y cultivar no exclusión, género disidente y diversidad. La literatura puede ser un refugio, una voz y un espejo», explica. Esa convicción se extiende a todos los proyectos que ha llevado adelante como mediadora de lectura, y que suelen ir más allá del texto escrito, incorporando lo corporal, lo artístico y lo comunitario.

    Parvada: leer para volar en comunidad

    Más que un círculo de lectura, Parvada es un formato de organización y dinámica de los clubes. Bajo ese nombre —que alude al vuelo colectivo de los pájaros— Tisha ha encabezado una serie de grupos, talleres y encuentros que buscan promover la lectura como experiencia estética, emocional y social. «Además de la literatura como herramienta artística, cultural y de conocimiento, el trabajo en equipo, la sincronicidad y la empatía han sido detonantes para una experiencia no sólo literaria sino humana», explica.

    Lo que Parvada deja claro es que leer no se trata sólo de acumular páginas, sino de construir vínculos, horizontes comunes y afectividades compartidas. En ese sentido, se trata también de una pedagogía del cuidado.

    Autores locales: lectura con raíces

    Uno de los sellos del trabajo de Tisha Guevara es el impulso a autores locales. En un contexto donde las grandes editoriales y los catálogos extranjeros suelen dominar, leer literatura queretana en voz alta y discutirla con lectores de todas las edades genera un impacto singular. «Cuando hemos leído obra literaria queretana hay curiosidad, emoción, mucha charla sobre las obras… el conocer a la escritora o al escritor es otra experiencia de acercamiento», comenta.

    Este gesto, que parece simple, tiene implicaciones profundas: activa un sentido de pertenencia, de historia y de comunidad. Leer autores locales no sólo es reconocer la literatura que se escribe cerca, sino también afirmarse en el territorio, en la experiencia propia.

    Cultura de paz y creatividad: el taller de Plush Toys

    Además de sus clubes y círculos, Tisha ha participado en proyectos como el Taller de Plush Toys, una iniciativa original de otro mediador que ella llevó a escuelas primarias. Los personajes de peluche, diseñados con fines pedagógicos, fueron usados para trabajar con niñas y niños temas como cultura de paz, perspectiva de género, prevención del acoso escolar, inclusión, lenguaje incluyente y deconstrucción de estereotipos.

    Esta forma lúdica y creativa de acercarse a temas complejos demuestra la amplitud del enfoque de Tisha, siempre en diálogo con las infancias y adolescencias. Leer, conversar, imaginar y jugar son parte de la misma constelación formativa.

    Leer en comunidad, leer en horizontalidad

    La experiencia de leer en comunidad es transformadora. En Diversidades Lectorxs, los asistentes —muchas veces adolescentes— llegan con timidez, pero rápidamente encuentran un espacio de confianza. «Sin duda se genera un gran compañerismo y amistad», comenta Tisha.

    El criterio para seleccionar los textos es colectivo y horizontal. «Se busca de acuerdo a las personas que asisten: novela, narrativas educativas, cuentos, documentales…». La curaduría compartida es parte del espíritu del grupo: todas las voces importan, todas las experiencias suman.

    Desafíos y resistencias

    Como promotora cultural con un enfoque de inclusión, Tisha ha enfrentado desafíos importantes, sobre todo de tipo económico. «Lo más difícil es el recurso. Al ser un espacio gratuito para la población —que además son estudiantes— nos ha costado financiar materiales», dice. Aun así, han logrado salir adelante con creatividad, cooperación y apoyo comunitario. Un ejemplo es la donación de acervo literario por parte de la Secretaría de Cultura del Municipio de Querétaro, o la hospitalidad del Centro de Arte Emergente, donde actualmente sesionan.

    Lecturas que marcan y textos que transforman

    Más allá de los libros, lo que ha marcado recientemente a Tisha Guevara como lectora ha sido el testimonio vivo de la comunidad diversa. «No me ha marcado una novela, sino la realidad que la comunidad género inconforme y queer enfrenta en la vida real», asegura. En ese sentido, menciona ensayos, artículos, documentales y la labor de activistas como fuentes de inspiración y conocimiento.

    Entre los autores que han leído en sus círculos figuran Meredith Russo, Alice Oseman, Fernando Rivas, Radclyffe Hall, Javier Malpica, entre otros. Narrativas contemporáneas que dialogan con la identidad, el amor, la diferencia y la transformación social.

    Narrar también es resistir

    Además de la mediación lectora, Tisha tiene otro amor: la narración oral. «Me gustaría mucho dedicarle más tiempo a ello», dice. La palabra dicha en voz alta, el cuento que se despliega en la presencia del otro, es también una forma de lectura en comunidad.

    Y como todo en su camino, está atravesado por una intención: conectar con las demás personas. Porque en la literatura —leída, contada, compartida— cabe el mundo entero. Y también caben sus fracturas, sus diferencias, sus esperanzas.

    Tisha Guevara (Orizaba, Veracruz) es mediadora de lectura, narradora coeducativa, gestora cultural y tallerista. Licenciada en Derecho por la Universidad Veracruzana, ha orientado su trayectoria a la promoción de los Derechos Humanos, la Cultura de Paz y las perspectivas de género, especialmente en el trabajo con infancias y adolescencias. Desde 2020 coordina clubes de lectura con enfoque inclusivo, como Nube de Luciérnagas, Diku Deni, Pan y Rosas y Diversidades Lectorxs, este último con una sólida labor en torno a la diversidad, el lenguaje incluyente y la horizontalidad lectora.

    Actualmente colabora con la Biblioteca del Museo de la Ciudad y el Centro de Seguridad Social del IMSS, donde imparte talleres de comprensión lectora y clubes cinéfilo-literarios como Maestros del horror. Es también tallerista en prevención del acoso escolar y deconstrucción de estereotipos de género, y ha escrito sus propios cuentos cortos como parte de esta labor. Interesada en la neurocomunicación, la meditación, el diseño de experiencia y las neurodivergencias, Tisha integra diversas herramientas para enriquecer su práctica cultural y educativa. Se sigue formando en narración oral, experiencia del usuario y pedagogías críticas, apostando siempre por la lectura como un acto transformador.


    ¿Quieres unirte a Diversidades Lectorxs?
    Busca sus actividades en colaboración con el Centro de Arte Emergente, en la ciudad de Querétaro.
    Consulta más información y convocatorias en redes sociales o escribe directamente a Tisha Guevara.
    Leer en comunidad, desde la diferencia, también es un acto de amor.

  • De Berlín a Tlatelolco: una historia a tres voces y tres países

    Un oficial nazi fugitivo, una joven chiapaneca marcada por la historia cafetalera del sur de México y un guionista de Hollywood exiliado por la persecución anticomunista: tres destinos que no deberían cruzarse, y sin embargo, lo hacen. Así es De Berlín a Tlatelolco (Par Tres, 2025), la novela escrita a cuatro manos por Sabine Schütze y Alejandra Camposeco, que inaugura una trilogía ambiciosa donde la historia se entrelaza con la ficción para iluminar un periodo clave del siglo XX.

    La novela, recientemente publicada, abarca un periodo que va de 1945 hasta el terremoto de 1957 en la Ciudad de México. Pero sus ecos alcanzan el movimiento estudiantil del 68, al cual las autoras planean llegar en los próximos volúmenes. «La idea original era escribir una novela histórica entre Alemania y México. La Segunda Guerra Mundial, y en especial los campos de concentración, han sido temas que siempre me han fascinado», explica Schütze. La autora de origen alemán ya había abordado ese contexto en su novela Querido soldado desconocido, por lo que quedarse en esa época resultó natural. «Había leído libros como The Ratline o The Odessa File, y me impactó descubrir cuántos oficiales nazis lograron escapar sin enfrentar consecuencias».

    Esa fascinación se volvió motor creativo cuando Schütze descubrió que muchos alemanes emigraron a México antes incluso de la guerra, especialmente a fincas cafetaleras del sur. Algunos de sus descendientes terminaron combatiendo en la Segunda Guerra Mundial, pese a haberse criado en territorio mexicano. De allí nació el personaje de Ana, hija del ama de llaves de una familia alemana en Chiapas.

    Alejandra Camposeco recuerda que al inicio ni siquiera sabían qué periodo exacto abarcaría la novela: «Yo propuse algunas fechas al azar, y al final Sabine y yo decidimos ir del fin de la guerra hasta la matanza de Tlatelolco». Esa decisión no fue menor. No sólo establecía el marco histórico de la trilogía, sino que permitía incorporar otras tensiones de la posguerra, como la persecución anticomunista en Estados Unidos, especialmente en Hollywood, encabezada por el senador Joseph McCarthy.

    Fue así como surgieron los tres protagonistas centrales: Otto, un oficial de la SS que huye de Europa; Ana, una joven chiapaneca atrapada entre dos mundos; y Bill Brown (BB), un guionista estadounidense que escapa de la “lista negra” de Hollywood y llega a México buscando una nueva vida. «Lo genial de esta colaboración es que Sabine aporta toda esa riqueza cultural alemana que yo nunca habría imaginado, y yo sumo la perspectiva mexicana. Lo difícil fue la reescritura para que no se notaran los cambios de pluma», confiesa Camposeco.

    El rigor de la investigación histórica es una de las fortalezas del libro. Las autoras encontraron que San Carlos de Perote, una antigua fortaleza en Veracruz, fue usada como campo de detención para ciudadanos del Eje durante la guerra. La información era escasa, pero lograron rastrear publicaciones como Perote y los nazis de Carlos Inclán Fuentes y testimonios de investigadores que documentaron esos episodios poco conocidos.

    Otra dificultad fue comprender la devastación cafetalera ocurrida en 1957. Gracias a Ma. Amalia Toriello, quien escribía un libro sobre la finca Hamburgo en Chiapas, supieron que un viento violento defolió las plantas, dejándolas improductivas por años. Ese tipo de detalles, que podrían parecer anecdóticos, enriquecen el trasfondo narrativo.

    Camposeco admite que nunca había incursionado en el género histórico. «Imaginaba que requería investigación, pero la realidad fue abrumadora. Aunque debo decir que fue también la parte más divertida. Me encantó aprender tanta historia, y lograr que los hechos se convirtieran en un escenario sin que pareciera que intentamos dar una lección».

    El libro aborda temas complejos como la culpa, la obsesión, el amor y la redención, pero lo hace desde la contención emocional. «Nunca nos ha gustado el melodrama», dice Camposeco. «ambas somos secas y pragmáticas, aunque creo que tenemos un alma romántica escondida por ahí». Schütze coincide: «Otto encarna la crueldad nacida del vacío y del miedo a perder el control; Ana y Jürgen viven un amor imposible desde el inicio. La culpa está presente en todos, no como castigo, sino como compañía».

    Un contexto que destaca en la novela es la persecución macartista en Hollywood. Camposeco recuerda que el detonante fue la película Trumbo: la lista negra de Hollywood, con Bryan Cranston. Le interesó la idea de que el comunismo, tan presente en la posguerra, también impactó en México, donde el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista comenzaron a influir en la juventud: «El personaje de Bill Brown escapa de Hollywood porque no quiere involucrarse, pero termina enfrentándose a esa ideología como profesor en la UNAM. En el segundo tomo hablaremos de la revolución cubana, que también forma parte de este telón de fondo».

    La trilogía está cuidadosamente planificada. El segundo volumen continuará después del sismo de 1957, y llegará hasta 1963. El escenario regresará a la finca cafetalera, ahora golpeada por un entorno hostil. Los Wächter, la familia alemana, intentarán recuperar el control mientras la tensión entre Otto, Ana y Jürgen se intensifica. También aparecerá Acapulco en su época dorada, como otro de los espacios donde se despliega la narrativa.

    La tercera parte, como anticipa el título, llegará a la tragedia de Tlatelolco en 1968. «Nos interesa mostrar cómo ciertos procesos históricos, aparentemente desconectados, terminan por confluir en un mismo país, en una misma historia. Porque la historia, como la memoria, no es lineal. Es una red de ecos y resonancias».

    De Berlín a Tlatelolco no es solo una novela histórica; es una exploración de lo humano desde la ficción documentada. Una historia escrita por dos autoras que se complementan no solo en estilo, sino en visión del mundo. En un momento donde la literatura mexicana y latinoamericana busca nuevas formas de narrar el pasado, Schütze y Camposeco han encontrado una voz compartida que, sin caer en simplificaciones, ilumina los claroscuros de una época crucial.

    Y esto apenas comienza.