Etiqueta: Cuento

  • Té chai

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    A las siete de la noche, Carla se sumerge en una nueva sensación del tiempo. Se prepara un té caliente; con libreta y bolígrafo en mano, se sienta a escribir. En enero comenzó una historia sobre unos jóvenes que estudiaban magia en una escuela donde les enseñaban a transformarse en criaturas mitológicas; la terminó en abril.

    Poco a poco descubrió que el tiempo que dedicaba a tomar té y escribir era mágico. Al terminar aquel libro, comenzó otro de haikus y poemas breves. Cuando lo finalizó, se sintió fatigada y sin inspiración; dejó de escribir y también de tomar el té a las siete.

    Esos días pensó mucho en su vida, y sintió el peso de su soledad. Hacía tiempo que había pospuesto ver a sus amigas. Se había sumergido tanto en sus escritos que se olvidó de su vida social.

    Como si fuera una coincidencia, una de sus amigas la contactó y acordaron ir a tomar un café. El aroma de la mezcla chai le recordó su labor literaria, que había detenido por varios meses. Mientras platicaban, Carla le contó a su amiga sobre los libros que escribió y sobre unos sueños que tuvo.

    —Hace poco he vuelto a soñar que camino por las calles de Europa. Me he dado cuenta de que las ciudades son muy similares y están conectadas por túneles y pasadizos.

    —Creo que tengo que ir a Lisboa a tomar el té y escribir un nuevo libro de cuentos —le dijo a su amiga Olivia, mientras tomaba un sorbo de su té.

    —Es muy interesante que puedas ver calles y ciudades en sueños. Significa que estás por moverte a un nuevo lugar.

    —Me gustaría tener más tiempo para viajar —el anhelo se notaba en la voz de Carla—. Luego de que empecé a beber té regularmente, ¿te diste cuenta de que los rituales alargan el tiempo?

    —Sí, me gusta esa sensación. Viajar también es un ritual.

    —Te deseo mucho éxito, amiga.

    —Gracias. Espero que podamos vernos pronto, para intercambiar nuestros libros.

    —Yo también —concluyó Olivia amablemente, y salieron del café.

    Diana Galindo Barajas
    Escritora mexicana nacida en el Estado de México en 1994. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Ha publicado los libros Despliegue de pájaros (Ediciones El Humo, 2012), Spiritual Kingdom (El Humo, 2014), El mundo desde afuera (El Humo, 2019), Las pasiones de la luz (Infame Turba Editorial, 2022) y Atlas magnético (Ígneo Editorial, 2025). Su obra poética forma parte de la antología Poesía en sí (Escuela Normal Superior de Querétaro, 2015).

  • La ventana

    Cada mañana despertaba deseando que el suave viento tocara su rostro y refrescara su vida, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Recorría las cortinas y tapaba la ventana, tratando de ocultar ese espacio cuadrado que prometía sensaciones que ella insistía en negar. Su rostro estaba cada día más pálido; resentía la ausencia del calor del sol y la falta de aire fresco, pero se resistía a dejar abierta la ventana… Se refugiaba en aquel rincón de la habitación donde el olor a moho le recordaba los años de humedad oculta.

    Su salud física y emocional comenzaban a resentir aquel encierro, la falta de luz, de aire, de vida. Pero ella se resistía a dejar abierta la ventana… Se santiguaba sentada en la cama para alejar los pensamientos que la asaltaban de vez en cuando al ver las sábanas, impecablemente blancas, horrorosamente pulcras.

    Un día se hartó. Ya no pudo respirar. Sintió asco del olor a moho y de aquel espacio reducido y oscuro, tan oscuro y lúgubre que lo blanco de las sábanas lastimó sus ojos.

    ¡¡Y decidió abrir la ventana!!

    Pero no fue un viento suave lo que entró… Fue un huracán que mezcló sus cabellos, sus ideas y sus sentidos. Tiró y desordenó lo que encontró a su paso, revolvió y ensució las sábanas de tal manera que le encantó y nunca más las quiere ver pulcras.

    Desvaneció el olor a moho de aquel rincón humedecido. Cambió todo de lugar y de sentido de manera tan radical que nunca volverá a ser como antes… Su cabeza, sus sentidos y el mundo entero giraban en una vorágine sin sentido, pero tortuosamente gozosa y placentera.

    ¡¡Y luego se fue!!
    ¡¡Revolvió su mundo y luego se fue!!

    Quisiera culparlo por todo lo que cambió, por lo que destruyó, pero no puede… porque fue ella quien abrió la ventana.

    Alma Rosa Olvera Santos
    Feminista, aficionada a las letras. Ganadora del tercer lugar en Narrativa del IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Vivencias 2011, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Buenos Aires, Argentina.